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viernes, 18 de octubre de 2019

FRANCISCO FAJARDO, EL HIJO DE LA CACICA GUAIQUERÍ












FRANCISCO FAJARDO, EL HIJO DE LA CACICA GUAIQUERÍ
Por
Luis Heraclio Medina C.
A raíz de ciertas noticias ocurridas recientemente se me ocurrió preguntarles a algunas personas si sabían quien fue Francisco Fajardo.  Varias fueron las respuestas que obtuve:
-Ni idea de quien fue.
-Un patriota de la independencia.
-El tipo que construyó una avenida en Caracas.
-Un conquistador español.

Entonces creo que es bueno recordar los viejos estudios de la primaria, en aquellos tiempos cuando los chamos venezolanos estudiábamos una materia que se llamaba “Historia  de Venezuela”, materia prácticamente arrancada de los programas de estudios, por aquellos a quienes les conviene tener a una colectividad de ignorantes, a quienes mentir y engañar fácilmente.

LA CACICA ISABEL
Francisco Fajardo fue un mestizo margariteño.  Nació aproximadamente entre  1524 y 1528, apenas unos veinticinco años después de que Colón llegara a Venezuela.  Era hijo de una princesa guaiquerí llamada  Isabel.  Isabel había sido obsequiada a su padre, un español llamado también Francisco, por el abuelo materno de nuestro personaje, el cacique Charaima.  Es de recordar que en la cultura de muchas de las tribus amerindias era común utilizar a sus mujeres como mercancía; las regalaban a los visitantes, las intercambiaban por otra mercancía, o animales, las prestaban a los huéspedes, etc. La tribu del abuelo Charaima era conocida como los “mayas”, establecida en la parte península de Araya, que nada tiene que ver con el famoso imperio del mismo nombre que existió en Centroamérica siglos antes. 

De este amancebamiento entre Francisco Fajardo padre y la princesa Isabel, nació Francisco.  Luego, de que Fajardo padre tuviera que huir de Margarita, Isabel que posiblemente prefería la fogosidad veraniega y latina de los españoles a la proverbial pereza y pasividad de los hombres de su misma sangre, se casó con otro español, Alonso Carreño y procreó a otros dos hijos de nombres Alonso y Juan, que serían permanentes compañeros de aventuras de su hermano mayor.
Francisco fue el primer hijo de Isabel. Luego de que el Viejo Fajardo huyó de
Margarita, Isabel tuvo dos hijos más con Alonso Carreño.
Isabel, noble de sangre por ser hija, nieta y sobrina de caciques, era muy respetada entre su gente y entre los españoles.  Debió ser muy bella, por aquellos tiempos, el poeta Juan de Castellanos, en su obra Elegía de Varones Ilustres de Indias le dedicó estos versos:

“Doña Isabel la India se decía
Señora principal, mujer bastante,
A quien grande respeto se tenía
Toda la tierra firme circunstante”

EL VIEJO FAJARDO
En cuanto a su padre, al que llamaremos el viejo Fajardo, era hijo de Don Martín Fernández Fajardo y nieto de Alonso Añez Fajardo, señor de Montealegre, por lo tanto era un hidalgo.  ¿Qué quiere decir esto? Hidalgo es la abreviación de “hijo de algo”, es decir, descendiente de un noble.  Sin entrar en mayores detalles debemos recordar que en aquellos tiempos, en Europa había una institución legal conocida como “el mayorazgo” y “primogenitura”, esto significaba que en una familia noble, el primer hijo varón, era el que heredaba títulos, tierras y riquezas.  Los otros hijos eran “hijos de algo”, “hidalgos”, tenían nobleza de origen, pero no tenían derecho a heredar el título.  
Muchos de los “hidalgos”, no tenían más remedio que dedicarse al sacerdocio o a la milicia con la esperanza de conseguir ascenso social, reconocimientos y riquezas.  Otros se convertían en aventureros. Quizás este último sea el caso del viejo Fajardo.  Sea esta oportuna la ocasión para desmentir, una vez más, parte de esa “leyenda negra” inventada por los ingleses y repetida hoy por algunos de que los conquistadores eran todos unos delincuentes y vagos recién salidos de las cárceles. A “hacer América” vinieron gentes de todas clases y condiciones hidalgos, bastardos, aventureros, etc, quizás el único factor común que tenían era que para todos la peligrosa aventura resultaba mejor que quedarse en Europa, donde sus posibilidades de ascenso social estaban limitadas. Hoy vemos un fenómeno parecido con los miles de venezolanos buscan por el mundo un modo de vida mejor.

El viejo Fajardo llegó a ser la autoridad en Margarita, el “Teniente”.  Allí le tocó defender a la isla de Cubagua del ataque del pirata hispano-francés Diego Ingenios, que atacó Margarita en 1528, en uno de los primeros ataques piratas en el Caribe que registra la historia.  En esa ocasión el Viejo Fajardo, junto a medio centenar de guaiqueríes vasallos de Isabel su mujer, unidos en una sola tropa y a bordo de varias curiaras atacaron con fechas envenenadas al buque pirata “La Rochelle” de Ingenios y lo hicieron retirarse. Algunos historiadores consideran que este es el primer combate naval registrado desde el descubrimiento.  El Viejo Fajardo sería entonces el primer defensor de esa tierra bautizada Venezuela ante una agresión extranjera.
Francisco Fajardo, el Viejo, junto a medio centenar de guerreros guaiqueríes defendió la isla de Cubagua del ataque del buque pirata francés "Rochele"
Pero en lo administrativo la gestión del Viejo Fajardo fue mala, no cumplió con el poblamiento de la isla, no rindió cuentas, fue destituido  y cuando le nombraron un sustituto se rebeló y se negó a entregar el poder, por lo que hubo que reducirlo por la fuerza. Para evitar ser condenado por rebelión tuvo que huir a Europa, dejando a Isabel con el pequeño Francisco en Margarita.

LOS VIAJES DE FRANCISCO
EL PRIMER VIAJE
Isabel desde que era un niño le contaba al joven margariteño sobre las tierras de sus abuelos, de los fértiles valles, lo fresco del clima, los bosques, los caudalosos ríos de las montañas que había mas allá de la pobre, calurosa y árida isla que lo vio nacer. El muchacho, de sangre noble europea por padre y noble guaiquerí por madre,  era de fuerte y emprendedor carácter, astuto, valeroso e inteligente.
Francisco escuchaba de su madre los relatos de las tierras que había mas allá
de su isla, de donde provenía la familia de Isabel.
 Seguramente se le habían inculcado ideas de grandeza por parte de sus progenitores.  Dominaba aparte del castellano y el idioma materno, también las lenguas de las otras tribus de la costa venezolana.  Los relatos de su madre y los deseos de mejorar su fortuna y salir de la pobreza lo entusiasmaron a viajar a esas costas y tratar de poblarla, empresa que contó con el apoyo de Isabel, quien soñaba con una vida mejor para su hijo.
En abril de 1555 Francisco hace su primer viaje de exploración: Con los escasos recursos que tenía, apenas dos piraguas acompañado de sus dos hermanos y otro margariteño, así como de unos veinte guaiqueríes súbditos de su madre y llevando una poca mercancía para intercambiar con los nativos de las tierras a donde se dirigía.   Navegando hacia el oeste, bordeando la costa,  llegó hasta Chuspa, en la parte más norteña de lo que hoy llamamos el Estado Miranda.
Allí salieron a su encuentro unos cien indígenas capitaneados por los dos caciques de la zona, de nombres Sacama y Niscoto.  Francisco, hablando en su idioma, pidió permiso para desembarcar y les explicó que andaba en son de paz, con intenciones de comerciar y hacer amistad.  En el lugar cambió parte de las mercancías que traía por otras que obtuvo de los lugareños y afianzó su amistad para futuros viajes. A los tres días se embarcó nuevamente hacia el Oeste, llegando hasta donde reinaba el poderoso cacique Naiguatá, tío de su madre Isabel, donde igualmente intercambió objetos y recibió hospedaje, fomentando la amistad, más aún cuando supieron que era nieto del cacique Charayma.  Desde allí entabló relaciones con otras tribus, lo que le permitió recorrer durante varios meses aquellas tierras y observar con sus propios ojos, lo que desde niño le había descrito su madre. A finales de año regresó a Margarita, con algo de oro y unas joyas producto de su comercio.

EL SEGUNDO VIAJE
Francisco permaneció todo el 1556 en Margarita y viene a hacer su segundo viaje en el año siguiente. Este será su primer viaje con intenciones de poblar. Ahora le acompañan su mamá, la princesa Isabel, personaje fundamental de su vida y aventuras, sus hermanos Juan y Alonso, otros tres margariteños y un portugués.  También vienen cien guaiqueríes vasallos de la princesa Isabel; lleva también algunas armas y más mercancía para el trueque. Esta vez desembarca más cerca que la primera, en Píritu, donde se encuentra con tribus de indoamericanos cristianizados, cuyos jefes eran dos caciques amigos Alonso Coyegua y Juan Caballo.  Allí se suman a la expedición cuatro españoles. También se le incorpora el cacique Caballo con otros cien indoamericanos.
La cacica Isabel acompañó a su hijo Francisco a partir de su segundo viaje de exploración y poblamiento.

Desembarcó esta vez cerca de Chuspa, en un lugar llamado Panecillo, donde fue recibido por los caciques del lugar, de la tribu de los caracas,  Paisana y Guaimacuare, quienes ya habían escuchado sobre el explorador-comerciante y quienes serían personajes que tendrán importancia fundamental en el destino de nuestro personaje. En vista de la presencia de la princesa Isabel y la buena fama de Francisco labrada en sus tratos anteriores, los caciques reinantes les hicieron saber que les permitirían establecerse en el Valle de Panecillo, donde podrían labrar y fomentar un poblado.  Francisco había logrado sus objetivos ¡
Ahora bien, el joven explorador  realizó sus diligencias por su propia cuenta y riesgo, sin tener ninguna autorización o consentimiento de las autoridades de la provincia, quienes tenían que otorgarle los permisos correspondientes para poblar conforme a la ley.  Así las cosas, Fajardo dejó a su gente en el Valle de Panecillo construyendo casas y labrando la tierra y con apenas dos acompañantes  se embarcó hasta el puerto de Borburata, en lo que hoy es el Estado Carabobo.  
Un extraordinaro viaje emprendió Fajardo desde Borburata hasta El Tocuyo.
Desde allí emprende camino por tierra hasta El Tocuyo, en tierras de lo que hoy es el Estado Lara, donde tenía su asiento el gobernador, quien luego de escuchar su petición le da autoridad para poblar toda la costa desde Borburata hasta Macarapana con facultades para poblar todas las villas y lugares que considerase convenientes. Por la misma ruta regresó a Panecillo, donde su gente, inquieta por su tardanza, ya había construido varias casas y con la autoridad que tenía fundo la villa con el nombre de “Rosario”, según Oviedo y Baños.  Según el Hermano Nectario María, Oviedo se equivoca y la villa fundada por Fajardo se llamó “Villa Catia”
Pero al poco tiempo algunos de los soldados de Fajardo incurrieron en abusos y vejaciones en contra de la población del lugar.  Hartos de los abusos, los caciques se reunieron en asamblea para discutir el desalojo de Fajardo y su gente. Guaimacuare y Paisana tomaron posiciones antagónicas; mientras el primero era partidario de pedirle pacíficamente a Fajardo se retirase a Margarita, Paisana era de la opinión de atacarlo inmediatamente. Al final decidieron expulsar a Fajardo con la fuerza de las armas, pero   Guaimacuare dio aviso a su amigo de que se planeaba un ataque en su contra. Francisco Fajardo preparó la defensa, levantó empalizadas y destacó centinelas listos para repeler el ataque que se produjo a los pocos días. Las tropas de Fajardo eran los cien guaiqueríes, los cien piritus del cacique Caballo y otros diez hombres ente mestizos margariteños y españoles. La pequeña villa resistió el ataque; con flechas y espadas derrotaron a las fuerzas del cacique Paisano causándole muchas bajas.
El único sitio por donde Fajardo podía retirarse era por mar, porque la villa estaba sitiada por todos sus costados excepto la costa, pero Fajardo no podía huir como era su voluntad, hasta que no reparara las piraguas, que se encontraban deterioradas, entonces planeó un ataque contra de las fuerzas de Paisano, que permanecían rodeando la villa. Así, en una noche oscura, utilizando casi todas sus fuerzas, y dejando a su madre con una pequeña escolta en el poblado Francisco tomó por asalto el campo de los de Paisana, que se encontraban todos dormidos, causándole muchos muertos, y retirándose tras sus seguras empalizadas prontamente. 
Las tropas de Fajardo, así como las de casi todos los conquistadores, eran
guerreros de tribus cristianizadas, enemigos de las otras tribus que adversaban
a los españoles.

Paisana aquella misma noche levantó el sitio y huyó del lugar con lo que le quedaba de su ejército.  Superado el asedio los de Fajardo se dieron a la tarea de buscar los materiales para reparar sus pequeñas naves para retirarse, pero en ese ínterin la princesa Isabel y varios  de los guerreros guaiqueríes y piritus de Fajardo  murieron envenenados por Paisana, quien había envenenado el pozo de la villa. La muerte de su madre fue algo devastador para Francisco.
A punto retirarse a Margarita, llegaron unos emisarios de Paisana pidiendo permiso para venirlo a ver y hacer las paces, a lo que Francisco accedió dándole garantías, pero Fajardo fue advertido por Guaimacuare de que se trataba de una treta para asesinarlo.  Tan pronto apareció Paisana, Fajardo lo capturo y lo ejecutó sin fórmula de juicio, junto a otros diez jefes que venían con su cacique.  A los demás guerreros enemigos los dejó en libertad. Inmediatamente tomó sus piraguas y partieron rumbo a Margarita.  Eran los últimos días de 1558.

EL TERCER VIAJE
En 1559 Fajardo organiza otra expedición desde Margarita, esta vez con toda la autoridad necesaria, para lo que previamente había viajado hasta La Española (hoy Santo Domingo, República Dominicana) donde directamente solicitó autorización a la Real Audiencia.  En Margarita consigue unos doscientos guaiqueríes y una docena de españoles y mestizos; Adicionalmente tiene la ayuda de su amigo el cacique Guaicamacuare de Caruao, donde desembarca y deja a su gente para ir por tierra hasta el lejano Tocuyo a presentar sus credenciales al nuevo gobernador, el ambicioso Pablo  Collado.  En el peligroso trayecto por tierra, en aquella peligrosa tierra casi virgen, sin ningún tipo de caminos, y llena de tribus hostiles y desconfiadas, logra salir airoso ya que el locuaz y vehemente aventurero se entiende en los dialectos locales y hace valer su condición de hijo de Isabel, la reputada cacica guaiquerí.  El cacique Terepaima, jefe de los meregotos, llega hasta escoltarlo hasta las cercanías de Valencia para que siga seguro su camino.
En el Tocuyo el entusiasta gobernador Collado le presta su apoyo también que le envía 30 soldados, y ganado y le da el título de “teniente general” bajo su jurisdicción. De regreso se detiene en Valencia, donde adquiere más ganado para su hato y otros materiales necesarios, y se le incorporan otros hombres.  Con sus reses atraviesa lo que hoy llamamos los Valles de Aragua, se encuentra nuevamente con Terepaima y le regala una vaca y continúa hasta su destino protegido por los meregotos. 
En Valencia Francisco compró ganado para su hato, y se le incorporaron nuevos
pobladores.
Se instaló en  el Valle de unos indios que los españoles llamaban “Caracas” por una planta que así llamaban los nativos.   Se estableció de manera pacífica y fundó un hato y un pueblo que llamó “San Francisco”, en honor al santo de su nombre, en el lugar que hoy ocupa la ciudad de Caracas, de manera que Fajardo es el primer fundador de la ciudad que hoy llamamos Caracas, el precursor de la ciudad, que mas tarde fundaría de manera formal Diego de Losada.  En la costa del mar también fundó un puerto, que en honor a su gobernador llamó “Villa del Collado”.  Es lo que hoy llamamos Caraballeda. 
Villa Collado se llamó el puerto que fundó Fajardo, donde hoy queda
Caraballeda.

Allí fomentó su cría, con abundantes pastos y aguas, que rápidamente fue creciendo, todo en armonía con sus vecinos, los toromaimas, los chagaragatos y los teques.  Es de aclarar que ninguna tribu se llamaba “los caracas”, ya que ese fue el nombre genérico con que los españoles le dieron a todos esos indígenas, por ser éste el nombre con que una de esas tribus denominaba a una planta muy común en el lugar.
Al año siguiente en Macarao descubrió una mina de oro que comenzó a explotar. Pero el codicioso gobernador Collado, al conocer del oro encontrado por Fajardo, lo destituyó y nombró en su lugar a uno de los suyos, dándole a Fajardo el simple cargo de autoridad de la Villa del Collado.  Pero el sustituto de Fajardo que no tenía ni las habilidades, ni el valor de Fajardo, entró rápidamente en conflicto con los indios caracas de Guaicaipuro y temeroso, abandonó el lugar. Luego Collado envió al fundador de Mérida Juan Rodríguez Suarez, veterano conquistador que guerreó con Guaicaipuro y lo venció en varios combates, lo que llevó al cacique a pedir la paz a lo que Rodríguez Suarez accedió.  En el lugar donde Fajardo había fundado su hato San Francisco, Rodríguez Suárez funda la Villa San Francisco poblándolo con varios vecinos y con sus tres pequeños niños, pero tan pronto partió Rodríguez a trabajar en las minas Guaicaipuro rompió su palabra empeñada en el armisticio y atacó la indefensa Villa San Francisco, asesinando a todos los desarmados pobladores, incluso a los pequeños niños de Rodríguez, quemando las casas y matando a todo el ganado. Mas tarde, cuando Rodríguez Suárez viaja con media docena de españoles a combatir al Tirano Aguirre que se encontraba por Valencia, es emboscado por centenares de guerreros de Guaicaipuro y luego de tres días de bizarros combates muere.  A todas estas, Fajardo, casi solo en el puerto de Villa del Collado, pide ayuda al gobernador Collado en el Tocuyo, pero el apoyo que sale de aquella ciudad es emboscado por arahuacos y meregotos a mitad de camino y la expedición resulta aniquilada.   Ante el cerco que le ponen los indígenas evacua El Collado hacia Borburata y Margarita.

EL FIN DE FAJARDO
Para 1564 el incansable y perseverante Fajardo tenía lista una nueva expedición.  Contaba con soldados, caballos y equipo suficiente. Pero una vez más los resentidos y envidiosos le iban a jugar una mala pasada.  Al desembarcar en Cumaná, buscando más voluntarios para su expedición, el justicia mayor de aquella ciudad Alonso Cobos lo hizo apresar y luego de un juicio sumario lo ejecutó.  Pero los aguerridos margariteños no dejaron las cosas así.  Españoles de Margarita, mestizos y Guaiqueríes comandados por el justicia mayor de la isla cruzaron el mar, detuvieron a Cobos y luego de juzgado fue ahorcado y su cuerpo dividido en cuartos. Al gobernador Collado tampoco le fue bien; luego de derrotado el Tirano Aguirre fue acusado de cobardía, destituido y enviado preso a España donde estuvo a punto de ser ejecutado.

Esa fue la vida de Francisco Fajardo, uno de los primeros venezolanos, ni español ni amerindio, sino un genuino representante de la nueva raza.  Un hombre amante de su familia, de su madre y sus hermanos, que siempre lo acompañaron en sus aventuras, un hombre emprendedor, innovador, perseverante y valiente, que no se daba por vencido, cuyo único sueño era salir de la pobreza con el trabajo duro, sembrando, criando ganado y explotando minas. Un hombre inteligente, políglota, que igual se entendía con los guerreros guaiqueríes que con los más altos funcionarios de  la Real Audiencia en Santo Domingo. Fue una víctima de los resentidos, de los envidiosos, de los mediocres,  de los que quieren enriquecerse con el trabajo de los demás. Esos fueron sus enemigos ayer y lo siguen siendo hoy en día, quinientos años después.
FUENTES:
Gerendas Kiss, Alejandro. “Historia de Venezuela Narrada año por año” Editorial Edimax. Caracas. 2005
Hermano Nectario María. “HISTORIA DE VENEZUELA” Edit. Venezuela. Caracas 1943
Oviedo y Baños, José de. “Los Bélzares. El Tirano Aguirre. Diego de Lozada”  Monte Ávila Editores. Caracas. Tipografía Vargas. 1972
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA (Edición Digital)


sábado, 17 de diciembre de 2016

INDIANA JONES EN BUSCA DE LA RUTA DE SIMON BOLIVAR.

Hiram Bingham y su réplica de Holliwood, Indiana Jones.

INDIANA JONES EN BUSCA DE LA RUTA DE SIMON BOLIVAR.
Por Luis Heraclio Medina C.
Noviembre de 2016
La imagen de un gringo de sombrero de fieltro,  revólver al cinto y un chaquetón arrugado protagonizando exploraciones y aventuras en tierras exóticas recuerda a todo el mundo a Harrison Ford en su personaje ficticio de “INDIANA JONES”, pero pocos saben que Indiana Jones fue inspirado en un personaje de la vida real, el explorador norteamericano Hiram Bingham, el re-descubridor y divulgador de las famosas ruinas perdidas de Machu Pichu.  Pero todavía son menos los que sabe Bingham, el Indiana Jones de la vida real inició su extraordinaria carrera de exploraciones y descubrimientos nada menos que en la llanura de Carabobo, en nuestra Venezuela, para finalizar en la exploración de Machu Pichu que lo hizo famoso mundialmente.


EL INDIANA JONES DE LA VIDA REAL
Esta semana se celebra el nacimiento de Bingham, nacido el 19 de noviembre de 1.875; quien al igual que el personaje del cine, el verdadero Hiram Bingham, era un extraordinario sujeto que llevaba una doble vida: por una parte era un distinguido catedrático de las universidades de  Yale, Princeton  y Harvard, profesor de historia de Latinoamérica, pero también era explorador y aventurero.  A todas estas actividades hay que sumarle las de fotógrafo, militar, aviador, héroe de guerra,  político, senador, escritor, y admirador de Bolívar y Páez,  entre otras cosas.


EL INICIO DE LAS AVENTURAS DE HIRAM BINGHAM
En su carácter de historiador de la América del Latina, Bingham se sintió cautivado por las proezas militares de Simón Bolívar, cuyas campañas estuvo estudiando por ocho años en las universidades norteamericanas, pero sostenía que no se habían encontrado ni mapas de los lugares de las batallas ni recuentos fidedignos de estas acciones. Su interés lo llevó a organizar un primer viaje a Suramérica,  a Venezuela y Colombia en el año de 1.906 para poder conocer in situ los lugares donde se habían desarrollado las marchas y batallas de Bolívar.  Llega a escribir:
“He llegado a la conclusión de que si yo deseo comprender este período de la historia de Suramérica es necesario para mi tomar una expedición que debe tener por objeto un estudio, no solamente el país donde Bolivar peleó y vivió y visitar las escenas de las batallas de Carabobo y Boyacá, sino también hacer una exploración de la ruta de estas campañas”
  De esta primera expedición ha dejado un maravilloso testimonio escrito, denominado “Diario de una Expedición a través de Venezuela y Colombia 1.906- 1.907 – Una exploración de la ruta de Bolívar realizada en Marzo de 1.819 y los Campos de Batalla de Boyacá y Carabobo” (The Journal of an Expedition Across Venezuela and Colombia 1906-1907 AN  XPLORATION OF THE ROUTE OF BOLIVAR'S CELEBRATED MARCH OF 1819 AND OF THE BATTLE-FIELDS OF BOYACA AND CARABOBO)  en el cual en un lenguaje sumamente ameno nos lleva casi de la mano a recorrer la Venezuela de hace más de cien años, muy parecida a la que vio la guerra de independencia, completamente atrasada, sin casi vías de comunicación y con grandes extensiones de terreno casi vírgenes. Con un estilo a veces periodístico, a veces científico describe cuidadosamente lugares, personas, animales, costumbres y paisajes, haciendo apreciaciones de historia, geografía, etnología, naturalismo, etc.  Compara lo que ve con lo que ha conocido en otros lugares, critica lo que no le gusta y elogia lo que considera valioso.  También nos deja un importante registro fotográfico, con un enorme número de fotos en el libro, alogo inusual para la época. Más de cien fotos ilustran la obra.


LA EXPEDICIÓN
Bingam llega a La Guaira en tiempos de Cipriano Castro, un 4 de diciembre de 1.906, algo enfermo con un dengue contraído en Puerto Rico, su escala luego de salir de NY. Empieza describiendo el bonito trayecto en tren desde el puerto hasta la capital.  Pasa un mes en Caracas, donde se incorpora a la expedición el Dr. Hamilton Rice,  otro explorador y aventurero perteneciente a la Royal Geografic Society.  Durante su estadía en la capital contacta a diplomáticos extranjeros y a políticos y científicos e historiadores venezolanos.  Ninguno de los extranjeros ha llegado más allá de Valencia, y le sugieren desistir de la aventura, ya que Venezuela adentro es un territorio primitivo, inundado en invierno y sin vías de comunicación. Las personalidades venezolanas le informan que debido al reciente invierno que ha sido muy fuerte debe haber todavía lugares inaccesibles  Inquiere a los historiadores criollos sobre sus exploraciones en los campos de batalla y queda estupefacto al recibir la respuesta: “No nos ha hecho falta conocer los terrenos de los eventos porque hemos leído todos los libros sobre el tema.”

Centenares de fotos ilustran el libro de Bingham, como esta, una de las primeras a su llegada a Caracas.


En Caracas se hospeda en la embajada norteamericana, una espaciosa casa del gral Matos, de quien dice gastó dos millones de dólares en el financiamiento de la revolución fracasada contra Castro.  
Lo primero que le impresiona es que debido a una disputa del gobierno con la compañía del cable, es imposible enviar o recibir mensajes de cable desde Venezuela al exterior, las noticias del mundo llegan con hasta una semana de atraso  provenientes de las Antillas holandesas.
Se entera de que ese año las el invierno ha sido muy fuerte en los llanos y es casi imposible viajar, a menos que sea por vía fluvial.  Sus planes originales de conocer Achaguas se frustran por las inundaciones y decide ir al Apure, luego de pasar por Valencia y Campo de Carabobo.



Cuenta cómo ve Caracas, dice que rara vez hay algún desorden, que hay muchos policías bien uniformados de azul y armados de carabinas, que le recuerdan a los gendarmes de Paris.  Ve soldados de caqui barato confinados en muchos cuarteles.  Se queja de la gran cantidad de vendedores de loterías y mendigos y enfermos en las calles caraqueñas, en las que nota una mezcla de estilos francés y español. Comenta sobre las pequeñas pulperías, sastrerías, barberías y boticas. Su gran número le hace recordar las ciudades de el Sur de Europa. Señala que el bolívar vale unos veinte centavos de $. Los carruajes  también se le parecen a los franceses y nos cuenta de las tarifas de los carros de alquiler.  Observa que todos andan despacio en las calles, a excepción de los choferes de alquiler.  Es común que los caballeros anden de bastón.  Observa mucho vagos en la Plaza, dice que no hay casi indios, muchos mestizos, algunos rasgos franceses y alemanes, ve pocos rasgos completamente españoles y ningún anglosajón.
Apreciaciones de tipo etnográfico también hace el explorador en su libro.
  Todas las casas le parecen iguales (las viejas casas coloniales) , se queja de lo estrecho de calles y aceras y de lo atravesado de los postes de teléfono que no permiten caminar . Dice que el Sur de Caracas es atravesado por un “atractivo río”  y que hay un bonito nuevo suburbio con  modernas calles y puentes llamado “El Paraiso”  donde Castro y sus amigos han construido maravillosas mansiones.  Allí no recuerda haber visto mas bellos colores: el azul intenso del cielo, el lijero azul de las distantes montañas con sus verdes sombras y jardines, los techos rojos y las calles negras hacen una hermosa combinación.

Villa Zoila, la mansión del presidente Castro, a la época del viaje de Bingham, fotografiada por el mismo explorador.

Hace un recorrido por los tradicionales lugares de interés de la capital: capitolio, universidad, las Acedemias, y se queja amargamente del pobre estado del museo de Ciencias Naturales: “Uno siente que el museo no es muy querido por las autoridades”, en cambio, queda maravillado por la Biblioteca Nacional.


En una reunión con diplomáticos extranjero sólo escucha  sobre la enfermedad de Castro, Algunos dicen que su vida está en peligro.
Visita el hospital Vargas y observa modernos métodos aunque  se sorprende de que los médicos no usen guantes de goma, encuentra un buen laboratorio de bacteriología muy bien dotado y atendido por un joven médico.
Asiste a los toros, al juego de lotería, que en su criterio atenta contra el trabajo, a un concierto decepcionante  y al Club Concordia y La India, los mejores de Caracas. Las mujeres de Caracas le parecen muy apagadas, dice que no salen de sus casas y que se limitan a hablar con sus vecinos desde sus ventanas.
Encuentra una excelente colección de historia natural en manos de los hermanos capuchinos, mucho mejor conservada y organizada que la de el Museo.
Disfrutó de las celebraciones de navidad y año nuevo, dejando pormenorizada relación de nuestras costumbres y usos.

La plaza Bolívar, para año nuevo, captada por el lente de Bingham.

VALENCIA
Antes partir, sus amigos le hacen ver su temor por lo incierto de su viaje, le dicen que temen que no logre llegar y estar temerosos de su destino.  Ninguno de los extranjeros con quienes ha tratado jamás han llegado llano adentro.  Relata sobre su equipo; teodolitos, prismáticos, compases, sextante, cocina de campaña, linternas, sillas de montar, mecates, hamacas, tiendas de campaña, mantas, raciones de emergencia como café, chocolate, azúcar, sal, equipos quirugicos, un winchester y un máuser, dos escopetas, tres revólveres y abundante munición, unos pocos mapas y la ropa necesaria etc.
Sale el tren alemán de Caracas el 3 de enero a las 8am, se queja de que le obligan a pagar exageradamente un sobrepeso que no es tal.  Protesta por lo que considera un ultraje: 65 dolares de Caracas a Valencia.  Describe el viaje por cañaverales y un bello valle densamente cubierto por un follaje tropical alternado con diversas plantaciones y montañas de lado y lado.  Cuenta hasta noventa túneles, ninguno muy largo. Luego, el Lago de Valencia con un solitario vapor, una parada abrupta del tren por un sujeto dormido en el medio de los rieles y por fin llegan a Valencia.

El monolito valenciano, foto Hiram Bingham 1.906

Valencia se le parece a Caracas, la misma clase de carruajes, algo más viejos y descuidados, las calles menos limpias,  y las casas más pobres. Le gustan la Catedral y la Plaza. Conoce al padre Voghera, quien le ha acompañado en el tren, es el director de  Colegio Salesiano, donde estudian 90 muchachos y trece internos, el instituto cuenta con teatro e imprenta. Presenta su carta de recomendación al Presidente del Estado, pero este parece sentirse algo incómodo y lo remite al gobernador de distrito.

Panorámica de Valencia, se observan el Teatro Municipal, la Cárcel y el Cuartel  foto Hiram Bingham 1.906


Para el 8 de enero compra las 5  mulas necesarias luego de galopar con ellas en el centro de la ciudad para verificar su condición. Dice que la gente es amable. Conoce a Don Carlos Stelling, cuyo abuelo materno luchó en Carabobo. En Caracas y Valencia aceptan billetes de banco, pero para llano adentro tiene que llevar plata u oro, le han advertido.  Las monedas de oro (onzas) son españolas del s. XVIII y mexicanas, peruanas y colombianas.   Las de plata son venezolanas.
En Valencia se hospeda en un hotel de un italiano que había viajado por Magadascar, Australia, China y California, que tiene habitaciones descuidadas, pero comida excelente.  No dice el nombre ni del italiano ni de su hotel.  Compran una carreta fuerte y contratan a un cochero,  Rafael Rivas, recomendado por Stelling, quien ha viajado hasta Barinas y está dispuesto a viajar hasta el Arauca. Mientras termina de apertrecharse explora la ciudad y se monta en el campanario de la Catedral, desde donde logra varias de las primeras fotografías desde una altura de la ciudad.


Desde la torre de la catedral valenciana  foto Hiram Bingham 1.906

El 10 de enero están listos a las seis de la mañana para partir, pero el cochero no aparece hasta las once porque había ido a despedirse de toda su familia. A lo largo de todo el libro se queja de la impuntualidad de los venezolanos, que nunca salen temprano.  Luego de horas de camino, hacen parada en una agradable posada a las afueras de TocuyitoSe instalan finalmente en su primer objetivo; lo que suponen es el sitio de la batalla de Carabobo, señalado por un hito colocado por el gobierno de Castro,  encuentran a un tuerto vagabundo , “el bohemio Bernardo” Recorren colinas y valles, Bernardo los lleva hasta la colina de Bellavista (Buenavista)  Bingham  tiene especial interés en encontrar la pica por donde la Legión Británica pudo alcanzar el valle para dar batalla a los realistas.

Campo de Carabobo, el lugar de la batalla  foto Hiram Bingham 1.906

En Carabobo permanece varios días explorando y alternando con caballeros cazadores que vienen desde Valencia a cazar venados.  En sus exploraciones por el Campo inmoortal conoce simpáticos ancianos, casi centenarios que tratan de engañarlo alegando que vivieron los tiempos de la batalla.
Allí conoce a Don Alfredo Pietri, quien lo lleva a los lugares por donde posiblemente incursionó la Legión Británica para llegar a enfrentar a las tropas españolas y en el recorrido encuentran antiguas armas de la guerra. 
Comenta con ironía que un historiador venezolano le ha comentado que considera una pérdida de tiempo el recorrer el campo de batalla y que él ha escrito mucho sobre la misma, pero que jamás ha ido a Carabobo.
LLANO ADENTRO
El 21 abandona el Campo de Carabobo, siguiendo la ruta del río Chirgua, llegan a Tinaquillo, Guamita, rio Tamanaco, Macapó.  Describe el clima, las gentes, la topografía, las aves, peces, ríos y cascadas con una sencillez y claridad que parece que estuvieramos acompañándolo en la expedición.
Encuentra a Tinaco, la encrucijada a los llanos centrales y occidentales, bien dotado con un hotel, varias tiendas y posadas.  Se sorprende del número de iguanas y dice que es el animal más rápido que haya visto.

Ruinas de San Carlos, foto Hiram Bingham 1.906

Se duele del estado de Sn Carlos, antes una floreciente ciudad, ahora arruinada por terremotos, guerras y plagas.  Dice que en toda América no hay ruinas tan pintorescas; se maravilla de los frescos y relieves que encuentra en las paredes de algunas lujosas casas arruinadas, así como sus pisos de mosaicos, que le recuerdan a Roma y Pompeya.
Observa las prácticas de los llaneros y se impresiona con las quemas provocadas y con los caminos de bachacos (hormigas).
Guanare  foto Hiram Bingham 1.906


A fines de mes abandonan Guanare por el río, que los maravilla con sus enormes manadas de garzas, y continúan la ruta hacia Barinas siguiendo el cableado del telégrafo. Describe nuevas especies de aves, peces, reptiles y monos
Luego, las ruinas de Tucupido, el camino a Barinas por Bocono era infranqueable para el carro, y que deben Ir por Sabaneta, cruzar el río Bocono diez millas más abajo, la selva alrededor del río y para llegar hasta Sabaneta donde pernoctan en la posada, el punto intermedio entre Guanare y Barinas.Una ruda ruta por la selva, muy difícil para la carreta,  Hace cuidadosas observaciones sobre los hormigueros y los caminos de hormigas, que junto con moscas, abejas y toda clase de insectos les hacían la vida imposible.  Luego Barrancas. Barinas.  Conoce la  historia del marqués que apoyó a los realistas y su famoso palacio “La Marqueseña” 

La Marqueseña  foto Hiram Bingham 1.906


Estima que la población de esos lugares,que han perdido su riqueza y grandeza debió ser diez veces más de lo que es ahora.  Nota patios para bolas criollas en casi cada pulpería.  
  Observa la elemental producción de la zona: cerdos, plátanos, café, papelón y cueros. El 4 de febrero con un guía contratado, sale de Barinas donde finalizaba la línea de telégrafo, rumbo a Guasdualito, sorteando dificultades por lo inhóspito de el paisaje lleno de  pantanos, ríos infranqueables y selvas impenetrables. Rio Paguei. Pueblos de nombres casi olvidados como Totomal o San Silvestre, Suripa, La Calzada, Grateral, La Tigra. Se entusiasma al recorrer los lugares por donde Páez bregó las batallas de la independencia.  Habla de un lugar conocido como “El Templo de la Independencia” donde supuestamente Páez organizó a los bravos de Apure y vivió por 3 años.  Describe las jornadas de los llaneros cruzando los ríos infestados de caimanes con centenares de cabezas de ganado.





Siguen la ruta hacia el Arauca por caminos de ganado, no hay ningún tipo de carreteras, cazan iguanas y armadillos, lapas, venados, observan espejismos en la llanura infinita, critica la pereza del llanero: comen mal, tienen maíz pero no lo muelen para hacer arepas y prefieren darlo a los animales.  Muchas vacas lecheras, pero poco ordeño.   Llegan a Las Queseras del Medio, el Amparo, un Guasdualito completamente arruinado, en algunas partes la gente sale corriendo despavorida al verlos armados, pensando que se trata de una revolución o de bandoleros. El 10 de Febrero llegaron a la población de Arauca, en Colombia, para proseguir la ruta de el Libertador hasta Pantano de Vargas y Boyacá, pero sus expedición por los llanos de Colombia será otra historia.   Luego vendrán otras expediciones por Suramérica hasta finalizar con su sensacional redescubrimiento y divulgación  de las ruinas peruanas de Machupichu.