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martes, 1 de octubre de 2019



UN VALENCIANO, EL PIONERO DEL USO DE LA PENICILINA EN VENEZUELA
por
Luis Heraclio Medina C.
En estos días se están cumpliendo los noventa y un años del descubrimiento de la penicilina, el primero de los antibióticos utilizados por la medicina.  El hecho se le atribuye generalmente a Alexander Fleming, quien al finalizar sus vacaciones de septiembre en 1928, de manera accidental observó la muerte de unas bacterias expuestas al hongo penicilium, pero el antibiótico no se pudo purificar e industrializar para su uso terapéutico hasta los años cuarenta, en plena segunda guerra mundial, en los Estados Unidos.  En esos tiempos, la penicilina, por ser un elemento estratégico, era considerada casi como un secreto militar y su distribución estaba severamente restringida, de manera que no se conseguía fácilmente. En nuestro país apenas algunas dosis se podían obtener por la embajada norteamericana, luego de rigurosos trámites.


Fue un médico valenciano, el venereólogo Medardo Medina López, el pionero del uso de la penicilina en nuestro país.  Desde mediados de 1945, aun antes de que finalizara la guerra Medina López pudo obtener directamente desde los Estados Unidos abundantes dosis de penicilina que empezó a aplicar en su consultorio contra el flagelo de la sífilis, que junto con la tuberculosis y el paludismo tenían azotada a la población venezolana.

La introducción del fármaco en Venezuela fue una verdadera novedad, que reseñaron los medios de prensa con bombos y platillos. Centenares de personas infestadas acudían diariamente a curarse con “el remedio milagroso” o “la medicina de moda”.  En declaraciones a “ULTIMAS NOTICIAS” en enero de 1946 el galeno valenciano señalaba al periodista quinientos frascos vacíos que había aplicado en menos de dos meses. Y la sala de espera estaba llena de pacientes esperando por su turno…


El doctor Medardo Medina, nacido en Valencia en 1888, hijo del médico y militar del mismo nombre.  Según recuerdan Enrique Bernardo Núñez en “Signos en el Tiempo” y Miguel Colombet en “Carabobo Histórico y Pintoresco” el joven Medardo hizo sus primeros estudios en el famoso “Colegio Requena” en 1901, donde destacó desde muy temprano, llegando a ser editor del diario que se imprimía en el colegio llamado “El Aerópago”.  Apenas graduado de bachiller, el Concejo Municipal de Valencia le da el cargo de “Ayudante del Médico del Hospital de Caridad”, donde entra en contacto directo con el mundo de la medicina y la enfermedad. Al estar cerrada la Universidad de Valencia, fue a estudiar a la capital, donde  terminó sus estudios de medicina en la Universidad de Caracas en 1912, año en el que el dictador Juan Vicente Gómez clausuró la casa de estudios.  Fue alumno de los famosos doctores Revenga, Bueno y José Gregorio Hernández.

Desde sus primeros años de ejercicio se dedicó al estudio al problema médico-social que lo preocupaba: las enfermedades venéreas (llamadas hoy ETS), publicando varios libros de corte científico, entre ellos: “La Marcha Invasora de la Sífilis”, “1020 Aplicaciones del 606”, “Los Peligros de la Sífilis”, “1020 Aplicaciones del 606”y “El Bismuto en el Tratamiento de la Sífilis”, el cual en 1.926 se hizo acreedor de un galardón otorgado por la revista catalana “Les Nouvelles Connaissances Medicales”.  

Su preocupación por la salud pública lo llevó a ser columnista fijo de los diarios de la épóca, tales como “EL UNIVERSAL”, “LA ESFERA” y  “EL HERALDO”.  También era articulista de en “Billiken”, “El Heraldo”, “Revista Científica” “La Religión”, “El País”,  “A.N.A.F.”, “Gacetilla Bayer” y “Miniatura” donde trataba de manera novedosa, y hasta audaz y polémica temas tales como educación sexual, higiene, alcoholismo, herencia, matrimonio, prostitución, eugeneisa, delincuencia, medicina laboral, etc y sus artículos eran replicados en numerosas revistas de América Latina. Fueron centenares de los artículos que escribió en su carrera, tratando de  educar y concienciar.
Por más de 30 años Medina (y todos los médicos) estuvieron tratando las infecciones bacterianas con distintas medicinas, muchas de ellas derivadas de elementos altamente peligrosos como el arsénico, elemento fundamental de fármacos como el “606” y el “SALVARSAN”, pero desde 1945 la terapéutica dio un vuelco total con la introducción de la penicilina.

Medardo Medina López el primero en usar la penicilina, también fue el último en ir a su consultorio y a visitar a sus pacientes en coche o a caballo.  Aún en los años 30 cuando la los automóviles eran populares en nuestras ciudades la figura del elegante médico manejando su “quitrín” halado por dos bellos y briosos corceles o sobre un impresionante palomino era una imagen digna de recordar.






Medardo Medina López, el último médico a caballo.

BIBLIOGRAFIA:
Album de recortes del Dr. Medardo Medina López
Nuñez,  Enrique Bernardo “SIGNOS EN EL TIEMPO “ Ediciones del Ejecutivo del Estado Carabobo. Secretaría de Educación y Cultura. Valencia 1969
Colombet, Miguel. “CARABOBO HISTORICO Y PINTORESCO”







domingo, 18 de agosto de 2019

LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA


LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA
Por
Luis Heraclio Medina C.
Generalmente cuando a un venezolano se le habla de coches y cocheros en lo único que piensa es en una vieja canción de Billo¨s que menciona a Isidoro, el último cochero de Caracas, pero los cocheros fueron personajes muy importantes  en todas nuestras ciudades, tanto como el personaje de la canción e incluso algunos perduraron en nuestras calles hasta hace relativamente poco tiempo. 

En el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, no existían ni carreteras, ni mucho menos autopistas, casi no había puentes.  La gente, para viajar utilizaba el ferrocarril, su caballo o en algunos casos los coches.  Igualmente para el traslado de las mercancías y las cargas se utilizaban las “parihuelas” que eran una especie de camilla para llevar una carga, llevada por dos hombres o los coches tirados por una bestia, generalmente una mula o caballos.
La primera línea de coches de que se tenga conocimiento data de 1851, era la “José Berenguer & Cía” que ofrecía sus servicios entre Valencia y Pto. Cabello. Salían de Valencia los lunes y jueves a las seis de la mañana y de Puerto Cabello los martes y sábados a la misma hora. Suponemos que en aquellos tiempos se tardarían unas diez o doce horas en el trayecto.  Cada asiento valía cinco pesos y el único equipaje permitido por pasajero era una muda de ropa. Además había que pagar un real por el peaje.  Por su parte, el Dr. Enrique Mandry Llanos (In-Formate Nro. 371 mayo 2004) recuerda que en el año de 1866 una línea de coches (Legorburu y Cía.) que hacía la ruta Caracas-La Victoria fue la primera en solicitar autorización al Concejo Municipal de nuestra ciudad para extender su ruta hasta Valencia.  Seguramente estas líneas duraron  poco tiempo, porque debieron ser desplazadas cuando aparecieron el “Ferrocarril Inglés” y el  “Ferrocarril Alemán”, porque eran mucho más rápidos y cómodos.  En esos tiempos había varias líneas internas de coches en la ciudad, entre las que recuerda a “Coches de Carabobo” de Leopoldo Velásquez, las cuales empezaron a ser reglamentadas por una ordenanza municipal  de 1883.
Coche frutero en la Venezuela de principios de siglo.
El transporte pesado en esos tiempos se hacía por unos rústicos coches generalmente manejados por su propietario,  tirados generalmente por mulas que eran más fuertes y menos briosas que los caballos. Estos coches se encargaban de las grandes mudanzas, de el aseo urbano, de la carga de los toros muertos en las corridas de Arenas de Valencia, tierra para matas, cemento, herramientas y en fin, el aserrín y los restos de madera de los aserraderos,  todo aquello que no había como transportarlo en parihuela o a caballo.  Estos coches continuaron existiendo hasta bien entrado el siglo XX, ya que su costo era mucho menor que el de los vehículos a gasolina y se los encontraba estacionados en plena calle, en distintos lugares de la ciudad, especialmente por los lados de la esquina de la Candelaria.  De estos coches el último del que se tiene recuerdo es el de un señor conocido como “Mantequilla”, que en los últimos tiempos se dedicaba al transporte y venta de tierra abonada, según recuerda Federico J. Kuper Sauné en un artículo en  la In-Formate Nro. 250 de marzo de 1993.
El antiguamente famoso "Mantequilla" el último de los cocheros de carga de Valencia.
Otro cochero, distinto y algo más reciente, era el señor Ramón López, quien tenía una caballeriza, si mal no recuerdo, en la Parroquia San José, por los lados de Agua Blanca, que en los años sesenta  hacía un recorrido por el norte de la ciudad con un simpático coche de tablitas multicolores en el que paseaba a los niños por las calles de las urbanizaciones.  También en ocasiones hacía su recorrido con unos seis o siete caballos en nos sacaban a pasear por el sector, una experiencia inolvidable para los niños de aquellos tiempos.
El cochecito de Ramón López, que hacía las delicias de los niños en los años sesenta.
También debo señalar a otro cochero, valenciano nato, pero que fue más conocido en Caracas que en su propia ciudad natal, me refiero a mi tío abuelo el Dr. Medardo Medina López.  Al contrario de los anteriores que eran unos sencillos hombres de pueblo, el tío Medardo era un destacado científico, paradigma de la elegancia y la caballerosidad, que aunque tenía un automóvil, no era amigo de manejarlo y prefería salir a pasar consulta a sus pacientes, o simplemente a pasear en un bellísimo “quitrín” o pequeño coche descubierto tirado por dos magníficos corceles (en otros países llamado spiderphaeton).  
El Dr. Medardo Medina con sus soberbios caballos alazanes.
Tenía dos parejas de bellos caballos, un par de alazanes (marrones, vamos a decir) y un par de bayos (catires en dos tonos, para entender mejor)  Medardo, amante de los caballos, insistía en usar su coche, todavía en los años 30, cuando ya todo el  mundo andaba en automóvil. Sus andares por las calles de Caracas eran tan llamativos que en diversas revistas y periódicos de la época se le hicieron reportajes gráficos.
El par de hermosos bayos del tío Medardo, nacidos en Cagua, en la hacienda de González Gorrondona, hijos de un andaluz.
En una oportunidad, paseando por El Paraíso, tuvo que parar su “quitrín” ya que a su lado pasaba a gran velocidad  una caravana de automóviles con escolta motorizada.  Era el dictador Juan Vicente Gómez.  Un poco más adelante, de manera abrupta, se detuvo la caravana presidencial y de uno de los lujosos automóviles se bajó un oficial, que corrió hasta donde estaba Medardo:
-Buenos días señor, manda a decir mi general Gómez que en cuánto le vende los caballos, que están muy bonitos.
Medardo tragó grueso, pensó en las arbitrariedades y brutalidades del dictador que no tenía ningún escrúpulo a la hora de obtener lo que quería.
-Dígale al general, que mis caballos no están en venta, que son para mí como parte de mi familia.
El militar salió corriendo hasta el automóvil presidencial, habló algo con el pasajero y regresó corriendo nuevamente donde Medardo.
-Mi general Gómez dice que lo felicita, que alguien que quiere tanto así a sus animales debe conservarlos siempre, y que tenga buenos días.
Y como el militar  llegó, se fue.  Medardo pudo continuar con sus paseos en coche por muchos años más.
Paseando en el quitrín. 
FUENTES
Revistas In-Formate Nros. 240, 311, 362 y  380.
Archivo Fundhea (Derbys López)
Archivo personal de Medardo Medina López.
REVISTA ELITE, LEYENDA:
NATURA TRIUNFA DE LA MECANICA

Un coche en los carnavales de Valencia a finales del siglo XIX
En plena era automovilística cuando nuestras estrechas calles colonialesresultan casi intransitables para el pacífico viandante, que vive en continua zozobra, aturdido por el alboroto de bocinas y cornetas, raro y plausible es el buen gusto del doctor Medado Medina, propietario de esta arrogante pareja de caballos –nacidos en Cagua, de padre genuinamente andaluz y de una yegua media sangre- que unce al lujoso tilburí en el cual pasea por las tardes. El doctor Medina pagó Bs. 6.000 por los dos pencos; uno de ellos cuenta tres años de edad y el otro tres años y medio. Vieron la complicada luz mundanal en los potreros de los González Gorrondona.
Otros coches venezolanos del siglo XIX y principios del XX:



















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martes, 28 de noviembre de 2017

LA CAPTURA DE ROMAN DELGADO CHALBAUD, LOS MORMONES Y MI TATARABUELA

Uno de los personajes mas interesantes de la historia contemporánea de Venezuela es sin duda, el general Román Delgado Chalbaud.  Su vida describe una elipse desde ser el compadre, socio y mejor amigo del dictador Juan Vicente Gómez hasta su enemigo a muerte (muerte, literalmente).  Es una vida que ha dado ya para dos interesantísimas novelas (“De la Rotunda a la Calle Larga” de Vicente Ibarra y “Falke” de Federico Vegas), y de la que se puede sacar el libreto para la mas extraordinaria película que se quiera filmar en Venezuela que reuniría drama, acción y pasión. 
El gral Román Delgado Chalbaud, en sus tiempos de fortuna política y económica.

Desde que, siendo un adolescente, conocí de la epopeya del “Falke” el personaje me cautivó y mas aún cuando me contaron las particulares circunstancias de su captura.
 El merideño Delgado Chalbaud, como militar activo en la marina de guerra participó en diversas operaciones militares en el gobierno de Cipriano Castro. Mas tarde y a raíz del golpe de estado que Gómez le da a Castro surge una enorme afinidad entre el merideño y el tachirense. Román Delgado era un hombre innovador, y extremadamente ambicioso, tanto en lo político como en lo económico.  Fue él quien trajo al primer avión a Venezuela, con el aviador norteamericano Frank Boland.  Con el gobierno de su compadre Gómez va subiendo como la espuma.  Junto con Gómez se apoderan de las acciones que el depuesto presidente Cipriano Castro tenía en la Compañía Fluvial del Orinoco, luego llamada Compañía Fluvial y Costanera de Venezuela, que tenía el monopolio de la navegación por todas nuestras costas y rios.  Este solo monopolio les generaba enormes ganancias en tiempos en que prácticamente no existían carreteras ni mucho menos líneas aéreas y todo el transporte de ganado, cosas y personas se realizaba por barco, y por supuesto, con los barcos de estos dos compadres.  Como si fuera poco Gómez también le concede a Román la renta de las estampillas y el monopolio de las salinas.  Delgado se convierte en millonario amparado por Gómez.
El dictador Juan Vicente Gómez, en una de las pocas imágenes
 a color que se tienen del personaje

EL NEGOCIO DE LOS BANCOS
En 1911 el gobierno de Gómez lo comisiona para ir a Europa a estudiar la posibilidad de ciertas inversiones que incluían, entre otras cosas,  la posibilidad de  instalar en nuestro país otros bancos, distintos del Banco de Venezuela (privado), que era prácticamente el único que existía. Al llegar a Europa, el codicioso Román, conoce a un oscuro personaje que es quien le hace el lobby ante los banqueros europeos, este sujeto es conocido como “Bolo Pacha”, pero su verdadero nombre era Paul Bolo, un francés, que decía ser nacional de un país del medio oriente, donde pertenecía a una familia de algún jeque o pachá, y que era muy rico.  
Bolo Pacha o Paúl Bolo, el oscuro personaje que "colaboraba" con
Román Delgado Chalbaud en el negocio.
En realidad Bolo Pachá, aunque pertenecía a una familia honorable, era la oveja negra de la familia,  era un hábil estafador, había estado preso en Francia, España y Argentina y era bígamo, ya que había podido casarse con dos viudas ricas.   Su habilidad con la palabra y la ingenuidad de la sociedad de principios de siglo le habían permitido codearse con los magnates franceses  y también con ciertos extranjeros, entre estos cayo Román Delgado Chalbaud.  Y es así como el venezolano, asistido por el embaucador francés, logra el interés de capitales franceses para instalar dos bancos en nuestro país: un Banco Nacional y un Banco Territorial, que se encargarían de la emisión de la moneda y de las operaciones hipotecarias, por supuesto con capital francés. Con su proyecto debajo del brazo regresa Román a Venezuela, seguramente soñando con ser el dueño de algún palacio o Francia y en otras ganancias que le podrían derivar de concretarse el asunto de los nuevos bancos.  En esos tiempos Gómez no se había convertido todavía en el absoluto dictador; tenía un Consejo de Gobierno, un órgano de consulta y discusión,  en el cual, honorables venezolanos todavía se atrevían a levantar su voz de protesta ante lo que consideraban inconveniente.  Al llegar el proyecto de los bancos franceses al Consejo de Gobierno, de manera airada y contundente se opusieron varios de sus miembros.  El argumento que preocupaba es que una potencia extranjera tendría una enorme injerencia en la soberanía nacional, en algo tan importante como la banca y sobre todo recordando los recientes sucesos del bloqueo anglo-germano de años anteriores. Se llegó a opinar que era una re-colonización de Venezuela.  A la cabeza de esta oposición  estuvo “El Mocho” Hernández quien fue tan elocuente que hasta insultó al propio Gómez en plenas deliberaciones.  También  Vicente Lecuna, para la época presidente del Banco de Venezuela le hizo serias objeciones al proyecto, que terminaron de convencer a Gómez.  Cuando Delgado, a quien Gómez había aceptado todas sus proposiciones y negocios anteriores,  se entera de que su proyecto bancario ha sido descartado, su gestión se ha perdido  y sus ganancias se han esfumado,  entra en cólera y empieza a tramar la traición a su compadre-presidente.  Román empieza a planear su conspiración, junto con sus hermanos y algunos miembros del Consejo de Gobierno.  Dicen que el complot no incluía sólo el golpe de estado, sino también el asesinato de Gómez; pero los espías y confidentes del dictador eran muchos y los envidiosos del poderoso Delgado eran muchos también y no tarda el general-presidente de enterarse de la traición de su predilecto. Casi todos los implicados abandonan rápidamente el país, pero Delgado se queda.
Panfleto que publicó Delgado en defensa de sus
diligencias en Europa
LA DISCUSION
Una vez convencido del plan, Gómez le ordena comparecer a Delgado a su despacho, donde según coinciden todos los relatos, de una manera fría y descompuesta, con una mirada de rencor, de fiera herida, sin saludar el dictador le habría dicho al militar y marino la famosa frase:
General Delgado, tengo para mis enemigos, la muerte de agujita y grillos de 70 libras. Además, ¿qué culpa tiene la estaca, si la rana salta y se ensarta"?
Delgado trató de excusarse, alegando que todo se trataba de sus enemigos que trataban de mal ponerlo con su jefe y se retiró.

LA CAPTURA
La falta de lealtad de Román cayó terriblemente a Gómez.  El dictador había tratado al merideño casi como a un hijo; la confianza era absoluta, se cuenta que Delgado era el único entraba en los aposentos del Jefe sin anunciarse previamente, cuentan que Gómez estaba irritado por completo a raíz de esta traición.  Después de meditar la situación Gómez le ordena a su espaldero, el indio colombiano Eloy Tarazona: Llame al coronel Agustín Tirado Medina y dígale que se presente de inmediato.
Según contó  el propio Tirado Medina a Pedro José Muñoz,  antiguo miembro de la Academia de la Historia, en su libro “La Noria de los Días” citado por Francisco Carreño Delgado* los hechos ocurrieron como sigue:
“En el termino de la distancia se presentó ante Gómez el coronel Tirado Medina, quien para los momentos era Jefe Civil de la Parroquia San Juan, donde había dado muy buenos resultados.  Legó muy sonriente y optimista porque pensaba que se le convocaba para ofrecerle un cargo de mayor importancia en la administración pública, pero le esperaba un balde de agua fría.  Apenas al estar frente al presidente éste le dijo: 
-“Coronel Tirado Medina, lo he llamado porque tengo que confiarle un encargo de suma gravedad y tengo confianza en que Ud. sabrá cumplirla: Mañana en la mañana, prenda Ud. al general Delgado Chalbaud y llévelo a la Rotunda
Agustín, todavía sin reponerse de la sorpresiva misión, atinó sólo a preguntar:
“¿Y si se resiste?
La orden es prenderlo. Usted verá como lo hace.”
Sigue contando Tirado Medina:
Volví a mi casa y ordené que me hicieran una jarra de café bien cargado.  Me encerré en mi cuarto y comencé a pasearme de un lado a otro, pensando cómo me las arreglaría para cumplir el peligroso y difícil cometido.  Antes de las cinco de la mañana ya estaba frente a la casa de Puente Yanes a Tracabordo…Acababa De llegar su coche, una magnífica Victoria, descubierta por ambos lados, tirada por una pareja de briosos caballos castaños…
Inesperadamente irrumpió en la vía una carreta conducida por un isleño, que subía de Perico a Puente Yanes.  Avancé y en tono enérgico le ordené que atravesara la carreta en la esquina a lo cual accedió…El general Delgado Chalbaud emprendió su marcha hacia donde yo estaba.  Ante el obstáculo de la carreta, el cochero prorrumpió en airadas protestas, y el general, distraído vino a darse cuenta de mi presencia cuando yo ya había llegado hasta el coche y entrado por el lado derecho donde venía él sentado…-Buenos días coronel¡ ¿Qué lo trae por aquí? Avanzando el cuerpo dentro del coche y poniendo el revólver en el vientre del general, le advertí: “No se mueva general.  Está detenido¡ y rápidamente lo desarmé. Sin cruzar palabras siguieron directamente hasta la Rotunda.
Doce años estaría preso en la siniestra cárcel el general Delgado.
Ahora bien, Gómez tenía bajo sus órdenes a miles de soldados, cientos de policías, docenas de edecanes,  a los chácharos y cualquier cantidad de espías…¿Qué lo decidió a encomendar esta misión especialmente al coronel Tirado Medina?  Es una interrogante que siempre he tenido.  Quizás era su expresa intención de que Delgado fuera capturado vivo, lo que no cualquiera sería capaz de hacer y seguramente vio en Tirado Medina tanto el temple como la prudencia necesarias para llevar a cabo la misión.
EL PRIMO AGUSTÍN
Por allá por la década de los setenta, siendo yo un adolescente y cuando comentaba estos episodios con mi abuelo, quien vivió intensamente los tiempos de la dictadura gomecista, sorpresivamente me informó el detalle que me hizo interesar más en la cuestión:  El coronel Agustín Tirado Medina era su primo hermano.  Era hijo de una hermana de mi bisabuelo el general Medardo Heraclio Medina.  Aparte de militar y político era contador o tenedor de libros, como se decía antes, un hombre muy culto que hasta había escrito un texto de matemáticas que se utilizaba en las escuelas en aquellos tiempos. Lamentablemente no requerí de mi abuelo más datos de su primo. ¿Cómo se llamaba su madre? ¿Cómo es que siendo los Medina furibundos enemigos de Gómez uno de sus primos se encontraba trabajando en el gobierno? ¿Se llegaron a conocer los primos?  Cuarenta años han pasado desde que anoté los datos que  me contó mi abuelo al margen de la novela “De la Rotunda a la Calle Larga” para que no fueran olvidados al paso del tiempo.
LOS MORMONES Y SU AYUDA A ENCONTRAR ANCESTROS.
Por muchos años estuve buscando información de Agustín Tirado Medina.  Apenas alguna escueta reseña de la detención de Delgado pude conseguir en Internet, y algo más en los libros investigados.  Cuando se me ocurrió una última carta, al recordar la sugerencia de uno de los amigos virtuales con ocasión de otra búsqueda:  la pagina familysearch, de los Mormones.  La Iglesia de Jesucristo de los Últimos días, que normalmente llamamos “los mormones” realizó a nivel mundial un titánico trabajo de microfilmar y luego llevar a la web millones de partidas de nacimiento, defunción y matrimonio, tanto eclesiásticas como civiles.  En Venezuela, por razones que desconozco, no se hizo la labor completa, pero si en muchos estados de la república.  La idea que los movió creo que es facilitar el reencuentro de las familias.  Y pues bien, al realizar mi búsqueda… bingo¡  Encontré no sólo a Agustín Tirado Medina, sino a su padre y madre, mi tía-bisabuela de nombre Manuela María Medina Betancourt, a los  hijos de Agustín, y la veta de información fue tan extraordinaria que pasé buscando mis ancestros, alguno de los cuales sólo conocía los nombres y otros que ni siquiera conocía su existencia. 
Fragmento del acta de nacimiento donde figuran las firmas autógrafas de Agustín Tirado y Manuela Medina de Tirado, padres de Agustín Tirado Medina y la de Medardo Medina, mi bisabuelo.
Así encontré a mi tatarabuelo Marcelino Medina, nacido a principios de la  guerra de independencia y a Epitacia Betancourt de Medina, mi tatarabuela nacida en 1821, el año de la batalla de Carabobo.  Desfilaron ante mi otros tíos bisabuelos Domitila, Manuel Abigail, Rita de la Cruz, Marcelino, Rita, e  Isaías Medina, nombre que me sorprendió al coincidir con el presidente que nació años después, de donde sospecho una posible relación familiar. Aparece, como cosa curiosa un niño expósito que dejaron en la puerta de la casa de la familia y fue adoptado por Isaías, y le dan el apellido. Remonto mas aún y salen a mi encuentro Domitila Medina, hermana de Marcelino, mi tatarabuelo, y hasta encuentro a los padres de mi tatarabuela Epitacia, que son Francisco Betancourt y Rita Frías¡  Nunca imaginé poder encontrar en la web a mis retatarabuelos¡
Acta de bautizo (fragmento) de Agustín Tirado Medina.

La  página web  https://www.familysearch.org es una extraordinaria herramienta para historiadores y genealogistas aficionados que es muy poco utilizada.  La recomiendo.
EPILOGO
El destino de los personajes de este relato estuvo signado por la muerte.  La dama de la guadaña se los llevó a todos de manera violenta.  El primero de ellos fue Bolo Pacha.  Durante la primera guerra mundial, las autoridades francesas descubrieron una operación mediante la cual Bolo, por medio de un banco norteamericano, con millonarios fondos que le habían suministrado los alemanes  trató de comprar a los mas importantes diarios franceses para conseguir un una política editorial pacifista que beneficiara a los alemanes.  Bolo fue arrestado, enjuiciado, declarado culpable de traición a la patria y fusilado en 1918.
Bolo Pacha declara ante el Tribunal que le enuicia por traición.  Fue condenado a muerte y fusilado.

Siguió Román Delgado Chalbaud.  Luego de doce años de terrible presido en La Rotunda de Caracas, Gómez le da la libertad, e inmediatamente viaja a Europa donde invierte lo que le queda de su fortuna (había sido literalmente esquilmado por sus carceleros gomecistas que hasta lo dejaban varios días sin nada de comer a cambio de cuantiosas sumas de dinero) y todas sus energías en planear una invasión para derrocar al dictador.  Finalmente compra un barco, el Falke, y un lote de armas y con un puñado de valientes venezolanos de las mas variadas clases, ideas y ocupaciones, entre los que se encontraban el estudiante universitario Armando Zuloaga, el escritor valenciano José Rafael Pocaterra y su propio hijo Carlos Delgado Chalbaud, trata de invadir desembarcando en Cumaná, donde gracias a los servicios de inteligencia lo esperaba para enfrentarlo el gobernador gomecista  el general Emilio Fernández. Desembarca Delgado con la bandera  en una mano y una pistola luger en la otra y se traban en fiero combate con las tropas de Fernández que lo esperan en el puente “Guzmán Blanco” sobre el río Manzanares.  En un extremo del puente Delgado recibe un balazo de fusil que le ha disparado un soldado gomecista encaramado en un árbol, muere casi instantáneamente.  Minutos después, uno de los muchachos de la expedición invasora asesta un tiro en el centro del pecho al general Emilio Fernández, que también muere instantáneamente, pero ya la invasión está derrotada. Carlos Delgado Chalbaud, Rafael Pocaterra y los pocos que se salvaron levan anclas y se retiran.
Puente "Guzmán Blanco" sobre el río Manzanares, en Cumaná.  En un extremo de dicho puente cayo muerto el gral Delgado Chalbaud.  Frente a él, al otro extremo, moría minutos después el gral Emilio Fernández, defendiendo al gobierno.
Finalmente, Agustín Tirado Medina, muchos años después de todos estos acontecimientos, está en su casa, a punto de asistir a un bautizo en una iglesia cercana.  Se ha vestido elegantemente de casimir oscuro, con traje y chaleco.  Cuando guarda el revólver que siempre porta, en el bolsillo del pantalón, el arma cae hasta el suelo: el bolsillo está roto.  No hay tiempo de cambiarse de ropa, porque se hace tarde.  Agustín es de esos hombres que jamás sale de su casa desarmado, pero por una vez que lo haga no pasará nada.  Pero si pasó.  Casi en las puertas de la iglesia, se encuentra con un delincuente que había jurado tomar venganza con el coronel. Se acerca y le da un disparo y lo mata en el acto.
TRÁGICA COINCIDENCIA.
Algo más de treinta  años después de la detención de Román Delgado Chalbaud, los hechos de manera sorprendentemente trágica se repitieron, cambiando a los personajes.  Al igual que hizo su padre en 1913, bien temprano por la mañana, Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta de Gobierno,  se dispuso a salir de su casa, rumbo a Miraflores.  Al igual que a su padre, le atravesaron un vehículo que le impidió el paso.  Igualmente gente armada le impidió llegar a su destino original.  La gran diferencia es que en vez de ser detenido sin violencia, como ocurrió con Román, en este caso los captores eran una partida de forajidos corianos, en completo estado de ebriedad, que no supieron dominar la situación, lo que terminó con el asesinato a tiros del teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud. Muchos historiadores señalan que la muerte de Carlos delgado Chalbaud fue producto de una venganza de un millonario que se sintió traicionado por el militar en el asunto de unos terrenos.
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*Carreño Delgado, Francisco.  “La Prision de Román Delgado Chalbaud” en la revista “Historia Para Todos” Nro. 2, Caracas, 1979

Fuentes:
BOLETIN DEL ARCHVO HISTORICO DE MIRAFLORES Nro. 139-140, Caracas 1992
Fernández, Carlos Emilio.  “Hombres y Sucesos de Mi Tierra”. Madrid, 1969
Ibarra, Vicente.  “De la Rotunda a la Calle Larga” Ed. Fuentes, Caracas, 1977
Yanes, Oscar.  “Memorias de Armandito”.  Ed. Planeta. Caracas. 2007
Revista “Historia Para Todos” Nro. 2. Ed. Lisbona. Caracas 1979




domingo, 8 de octubre de 2017

EL Cap. LOPEZ CONTRERAS, EL Gral. MEDINA Y TOCUYITO

Hace exactamente 118 años, el 14 de septiembre de 1.899 se produjo uno de los combates mas sangrientos de nuestra historia: la batalla de Tocuyito. Cipriano Castro venía con “Revolución Restauradora”, desde los Andes, derrotando combate tras combate a las fuerzas gubernamentales del presidente ilegítimo Ignacio Andrade, quien años atrás había usurpado el triunfo electoral a “El Mocho” Hernández .
Tropas de la revolución liberal restauradora.
Esta batalla, que no es debidamente recordada y estudiada por historiadores y militares, tiene gran importancia por diversas razones, en lo político, militar e histórico, entre otras cosas, en lo político, porque en virtud de la victoria de Cipriano Castro en ese combate se inicia la larga hegemonía andina en la política venezolana, que ha perdurado hasta fechas recientes. En lo militar, fue la primera vez en la que se utilizaron masivamente las ametralladoras y la última vez que se empleó masivamente la caballería en nuestro país, como un preludio a lo que sucedería catorce años después en Europa con la primera guerra mundial. Y como se dijo arriba fue uno de los combates mas cruentos librados en nuestro país, se habla de entre mil y mil quinientos muertos e incontables heridos. Para tener una idea de lo intenso del combate, contamos, solamente entre las fuerzas de la revolución, entre los fallecidos al Cnel. Miguel Contreras, comandante del Batallón Bolívar, y el capitán Antonio Guerrero. Entre los heridos están el propio comandante de la revolución, el general Cipriano Castro, el gral. Pedro María Cárdenas que años mas tarde llegaría a ser gobernador en Los Andes, el segundo jefe del Batallón Junin, el cnel. Emilio Fernández, que luego sería general y gobernador de Carabobo, el gral. Juan Chirinos, segundo jefe del batallón Lara, los comandantes Obdulio Bello, José Ma. García, José Ma. Buitrago, y un jovencito, casi un adolescente, el más joven de todos aquellos sesenta andinos con quienes comenzó la revolución, un flaco y espigado muchacho, el capitán Eleazar López Contreras. El bisoño capitán, que se había ganado el respeto de todos sus compañeros, en su mayoría veteranos de guerras de montoneras y “revoluciones”, se batió como los mejores en el combate de Tocuyito, y en el fragor del tiroteo recibió un balazo en el hombro izquierdo con un fusil máuser.
El joven capitán Eleazar López Contreras.
La herida fue terrible. Para quien no conozca lo que era un máuser de aquellos tiempos, les diremos que se trata de una inmensa bala de puro plomo, el doble de gruesa que los fusiles que se usan actualmente, pero con la gravedad de que aquellas balas usadas en esos tiempos no tenían ningún tipo de blindaje, por lo cual el plomo se deformaba cuando el proyectil impactaba con el hueso, adoptando las mas variadas formas y produciendo terribles desgarros, fracturas y desprendimientos. De hecho, ese tipo de proyectil fue prohibido hace muchísimos años por las Convenciones de Ginebra por ser completamente inhumano.
López cayó casi inconsciente y aunque en un primer momento lo creyeron muerto, fue recogido por sus soldados y llevado a sitio seguro, donde dos de las mujeres, que valientemente acompañaban al ejército invasor casi que junto a los combates, le hicieron los primeros cuidados y curas. El propio general recuerda a estas damas: Mercedes Moros y Amelia Candiales.
Una reliquia histórica que conserva la familia Medina; el equipo de cirugía usado por Medardo a fines del siglo XIX. Dos bisturís y un torniquete en su cofre de madera. Posiblemente este equipo se utilizó para operar a los heridos de la batalla de Tocuyito.
A los dos o tres días los enfermos y heridos fueron trasladados a Valencia. En aquellos tiempos apenas existía un hospital y los poquísimos cirujanos que había en la ciudad operaban en la propia residencia del enfermo o en sus propias casas. Uno de estos cirujanos era el general Medardo Heraclio Medina Betancourt, oriundo de la capital, pero casado con una bella montalbanera, Ismenia López con quien había fundado familia en Valencia. Medardo, era veterano de las guerras civiles del siglo XIX, también había sido herido en combate, en la batalla de la Cortada del Guayabo, varios años antes y fue miembro del estado mayor del gral. Joaquín Crespo.
El médico y general Medardo Heraclio Medina Betancourt.

Medardo recibió como paciente al joven Eleazar. Le realizó una primera operación y hasta le dio hospedaje en casa de la familia Medina. Largo tiempo tardó la infección en desaparecer, hasta que al fin con los cuidadosos tratamientos cedió. Aunque en un principio desconfiaban de la mayoría de los oficiales de la revolución, en buena parte campesinos sin mayor cultura ni educación, casi que analfabetas, encontraron en el joven tachirense a alguien digno de confianza: bachiller, de buenos modales, impecable en su presencia, cristiano devoto y austero en su comportamiento. López había querido ser médico, estuvo a punto de ingresar en la Universidad de Mérida justo antes de enrolarse en la revolución, por lo que Medina sintió especial simpatía por el paciente. No tardó el viejo general Medina en establecer una buena amistad con el joven capitán, hasta que, ya medio recuperado y en condiciones de viajar, se trasladó a Caracas, donde debía terminar su tratamiento y asumir el cargo de edecán del presidente Cipriano Castro.
Pasaron treinta y seis años…El joven capitán ya había llegado a general y asumió por disposición constitucional la presidencia de la república. Las primeras medidas del nuevo presidente fue la liberación de todos los presos políticos, la separación de los gomecistas del gobierno y la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional con participación de los antiguos adversarios de la tiranía gomecista. Mientras analizaba la lista de los presos que se estaban excarcelando del Castillo Libertador de Puerto Cabello, preguntaba el origen y razones de cada preso. Le llamó la atención un valenciano que ya llevaba seis años en las mazmorras del Castillo: Luis Eudoro Medina López. Recordó que casi cuarenta años atrás había recibido atenciones de una familia Medina López en Valencia, a quienes recordaba con afecto. Alguien le informó que el hombre que estaba recobrando la libertad era hijo del viejo general Medardo y que su prisión se debía a estar implicado en el magnicidio frustrado de las bombas contra el general Gómez. El general pidió que se comunicaran con Luis Eudoro, a quien quería conocer. En el termino de la distancia el hijo del doctor y general Medina se le presentó al nuevo presidente, quien le manifestó el aprecio por el difunto padre de Luis Eudoro y le ofreció un cargo en el nuevo gobierno, a lo que ni corto ni perezoso Luis Eudoro aceptó. Así, Luis Eudoro saltó literalmente de un calabozo hasta el Palacio Legislativo, como diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1.936 y mas tarde sirvió al gobierno de López Contreras como gobernador del distrito Puerto Cabello, donde le tocó enfrentar la crisis de los buques italianos y alemanes hundidos por sus tripulaciones durante la Segunda Guerra Mundial. La estima mutua entre el gral. López Contreras y los miembros de la familia Medina López duro por toda su vida.