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martes, 19 de octubre de 2021

El Club Centro de Amigos de Valencia, la casa y sus anécdotas

 

Luis Heraclio Medina Canelón
M.C. de la Academia de Historia del Estado Carabobo

Frente a la Plaza Bolívar de Valencia, se levanta, todavía majestuosa una edificación fiel testigo de nuestra historia desde hace unos ciento cincuenta años. Se trata de lo que los valencianos de todo el siglo XX conocimos como la casa del “Club Centro de Amigos”

Desde los primeros tiempos de la ciudad el terreno donde se encuentra la casa fue el cementerio, a la usanza de la época, que todas las iglesias tenían a un costado su cementerio. Este camposanto fue sustituido por otro ubicado al sur de la ciudad en el plan de mejoras civiles que emprendió el capitán general don Pablo Morillo en su estadía en la ciudad alrededor de 1818. 

En 1872 en ese terreno se construyó una suntuosa casa, que fue propiedad de una familia Maratona, quienes al poco tiempo venden el inmueble a una familia Abadie, quienes los conservan hasta finales del siglo XIX, cuando es negociado al Sr. Augusto Tarbes.

El antiguo escritor valenciano Luis Taborda dice que en el inmueble también funcionó el famoso “Colegio Cajigal” pero según otros expertos como Francisco Cariello Gubaira, la sede del “Cajigal” fue mas bien en la casa de al lado, actual sede de la Curia.

A principios de siglo el inmueble fue sede de la oficina del telégrafo, servicio público fundamental en la época, ya que era el único medio de comunicación a distancia. Posteriormente fue habitada por sus propietarios, los Tarbes, quienes venden el inmueble al “Club Centro de Amigos”.


Este club social se había fundado desde 1883 pero no llega a instalarse formalmente hasta 1889 y estaba formado por conocidos personajes de la industria, el comercio y profesionales valencianos, que querían darle a la ciudad por primera vez un club de alta categoría, donde pudieran sentirse como en su casa y participar con sus familias en amenas reuniones y eventos culturales.

Originalmente el club se había fundado en una casa del bulevar sur de la Plaza Bolívar (la antigua casa de Rafael Arvelo, epónimo del colegio que queda en el centro de la ciudad) y luego se mudó a la casa que había sido de Jorge Uslar (descendiente directo del prócer de la independencia). Finalmente, la asociación adquirió la casa de la familia Tarbes frente a la Plaza Bolívar en 1929, luego da haberlo utilizado como arrendatarios por cierto tiempo.

Para adaptarla a club de categoría la casa fue sometida a una amplia y costosa reconstrucción quedando en el estado en que mas o menos se encuentra en la actualidad. Fue decorado con lujo y esmero. Se le dotó de unas extraordinarias lámparas de cristal y de un mobiliario de primera, del cual se recuerda un enorme espejo que estaba a la entrada.

El club se caracterizó por su sobriedad, buen gusto y exclusividad. Los miembros eran muy estrictos a la hora de aceptar a alguien en sus instalaciones. Muchos “nuevos ricos” que hacían alarde de sus fortunas jamás pudieron ser bienvenidos allí, lo que ocasionó que denigraran del club, sus socios y la ciudad. Sus fortunas no les pudieron abrir esas puertas. Era lo que llamaban darle “bola negra” a quien no sería bienvenido.

La foto fue tomada el 10 de Diciembre de 1931 en un almuerzo ofrecido por miembros del club al Sr. Jorge Pocaterra ( foto Jose Agustin Bello Medina). Créditos a su autor.

Recordamos varias anécdotas.

En una oportunidad Juan Vicente Gómez vino a Valencia y los adulantes de costumbre lo invitaron al club.  Estos le ofrecieron una copa de champaña. Gómez pudo observar que muchos de los asistentes permanecían en sus sillas charlando o jugando, sin hacerle ningún caso al poderoso visitante. Tomó su copa, hizo un saludo con la misma y sin tomar un sorbo la colocó en la bandeja. Dicen que le dijo a quienes tenía al lado:

-Ni un solo “viva Gómez ¡” Mejor vámonos para otro lado.

En una oportunidad se iba a celebrar cierta reunión entre varios caballeros. Eran tiempos en que cualquier hombre, a partir de los 16 años se vestía con paltó. Jamás en mangas de camisa. Todos los concurrentes llegaron con su respectivo traje, de saco y corbata. Todos excepto uno, que vino con una reluciente liquiliqui recién planchado.  Transcurrido un buen rato y sin iniciarse la reunión, el directivo dijo al grupo: Vamos a esperar un rato, para darle oportunidad a nuestro amigo (el de la liquiliqui) vaya a su casa a vestirse como es debido y pueda regresar a reunirse con nosotros.

Hay una crónica de un baile ofrecido el martes de carnaval de 1905; vino el presidente Cipriano Castro. Conocido como “el Cabito” el “hombre de la levita gris” o “el indiecito que no cabe en su cuerito” por sus contemporáneos.

Lo cierto es que Castro era muy amigo de la bebida, carácter impulsivo y aficionado a los prostíbulos y bares de mala muerte. Invitado por los adulantes de rigor al club donde se ofrecía el baile, parece que se sintió incómodo en un ambiente que le resultaba tan extraño. Pudo observar por los enormes ventanales del club que en la plaza bailaban algunas parejas del pueblo llano y prefirió ir a buscar a una mujer de las que estaban en la plaza y se puso a bailar con ella. Ahora bien, ese año de 1905 todavía el “Club Centro de Amigos” funcionaba en la antigua casa que había sido de Uslar, en el bulevar sur de la plaza, no en la casona que conocemos hoy, como erróneamente muchos creen.

El club también fue sede de un agasajo que se ofreció en 1936 a los diputados electos a la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Eleazar López Contreras con la finalidad de reducir el mandato constitucional y descartar la reelección del presidente de la república. Un gesto de desprendimiento del poder que pocas veces hemos visto. Entre los nuevos diputados estaban algunos expresos políticos y otros ilustres miembros de la sociedad valenciana que se abría a tiempos de democracia, orden y libertad.

Diputados a la Asamblea Nacional Constituyente de 1936, entre ellos Luis Eudoro Medina, en un agasajo en el Club.

En los años cincuenta, tan pronto llegó la señal de televisión a Valencia, en el Club Centro de Amigos fue uno de los lugares donde se instaló por primera vez un aparato de TV. Era uno de aquellos enormes televisores de tubo en un soberbio mueble de madera. Los niños extasiados iban a ver las series de comiquitas y las familias de adultos se instalaban a ver los musicales, hasta que cada uno se iba decidiendo a comprar su propio aparato.

Con el tiempo, el Club fue decayendo hasta que desapareció. Sus instalaciones estuvieron prácticamente abandonadas hasta que la municipalidad se hizo con ellas. Originalmente se había dicho que se instalaría en ella un anhelo de toda la sociedad valenciana: “Un Museo Michelena” para exhibir la obra de nuestro insigne artista, pero no fue así.

Sección no restaurada de la casa (foto Tato Sánchez)

Alguna autoridad municipal decidió luego de restaurar el inmueble darle un extraño nombre: “CAVAM”, acrónimo de Centro de artes vivas Alexis Mujica. Estas siglas no dicen nada, y ese concepto de “artes vivas” todavía no es de aceptación general. Las ciudades tienen un patrimonio inmaterial que son los nombres de sus lugares, de sus puentes, sus calles y sus casas. Para Valencia el bello inmueble frente a la Plaza Bolívar fue la casa del “Centro de Amigos” por casi cien años; ese nombre se identifica con la ciudad, con la plaza y con todo el entorno. Debe ser recuperado por ser un patrimonio tradicional e histórico de la ciudad.

 

 

 

 

 

viernes, 12 de marzo de 2021

Salón Imperial, Casa de Modas

 


Luis Heraclio Medina Canelón

Esta es una de esas pequeñas historias de Valencia, que con el transcurso del tiempo trascienden del plano meramente familiar para darnos hoy, mas de medio siglo después, una idea de cómo era el espíritu, la solidaridad, el sentir y el quehacer de la vida cotidiana de nuestros abuelos.

Empieza nuestra historia en  los años veinte.  En nuestra ciudad vivían dos hermanas, oriundas  de la población de Miranda, Berta Ravelo y María del Socorro  Ravelo de Gornés, ambas ya no tan jóvenes.  Berta se había quedado soltera y María había casado ya mayorcita un Tornés culto caballero de otra vieja familia carabobeña llamado Francisco Gornés.  Los esposos Gornés-Ravelo no tenían hijos y por cosas del destino, en aquellos días muere una dama conocida de la familia, la señora Arsenia de Colón, dejando en orfandad a un pequeño niño, de nombre Cristóbal.   La pareja, profundamente católica, decide adoptar al pequeño huérfano, quien es criado como su hijo, a quien se le dan legalmente los apellidos de sus padres adoptivos y pasa a ser Cristóbal Gornés Ravelo.  

Al niño sus padres adoptivos y su tía le prodigan todo el amor y la mejor educación cristiana que la familia le puede dar, inscribiéndolo en el mejor colegio que entonces había en la ciudad, el “Don Bosco”, de los hermanos Salesianos, con quienes las hermanas Ravelo estaban vinculadas, por sus frecuentes actividades religiosas.  La llegada de este niño llenó un espacio vacío en el hogar que compartían estos adultos, que ya en la madurez de sus días no se imaginaban criando a un niño pequeño.  Designios de Dios, decía María, no  pude parir mi propio hijo, pero el señor me regaló uno para amarlo como salido de mi vientre.

Y LLEGARON LOS NIÑOS

Así las cosas, al poco tiempo, ocurre lo inesperado.  Las hermanas Ravelo tenían otra hermana, Ana de Jesús (mi abuela) casada con Sabino Canelón, con quien vivía en Guama, estado Yaracuy, y tenía una familia compuesta por seis pequeños niños.  Sucede que Ana de Jesús muere a los pocos días del parto de la última niña, a quien se bautiza como su madre, Ana de Jesús.  Ni cortas ni perezosas, las hermanas Ravelo, con la anuencia del esposo de la madre recién fallecida,  mi abuelo Sabino, asumen la crianza de los seis pequeños hermanitos Canelón Ravelo y se los traen a vivir a Valencia, a su casa en la Calle Páez, frente al antiguo “Pabellón Rojo”.  Así, en un tiempo relativamente corto, el hogar de tres adultos sin descendencia, se convirtió en la casa de siete pequeñitos que encontraron el calor de hogar que el destino les había dado: Cristóbal, ya adoptado y sus primos José Sabino, Margarita, Ana Cecilia, Jesús, Celina del Socorro y la recién nacida Ana de Jesús.

María Ravelo ofreciendo una merienda a los niños del colegio "Don Bosco" a principios de los 30.

LOS TIEMPOS DE POBREZA

En los años veinte y treinta la vida en Venezuela no era fácil.  Todavía la bonanza petrolera no se había hecho sentir.   El dictador Juan Vicente Gómez acaparaba junto a su camarilla casi toda la riqueza del país.  Las mujeres no acostumbraban a trabajar fuera de su casa y los sueldos de los padres de familia apenas alcanzaban para la subsistencia más elemental.  El hogar de las Ravelo era modesto, pero María decía, si donde comíamos tres ahora comemos cuatro, donde comen cuatro, ahora comerán los diez, el Señor es mi provisión.  Y con fe en Dios las hermanas fueron levantando a sus siete muchachitos de manera modesta pero sin que nunca les faltara nada.  Incluso de vez en cuando María y Berta se podían dar un “lujo”:  En ciertas fechas religiosas, organizaban desayunos o almuerzos, para una docena o veinte niños pobres a quienes agasajaban con una suculenta comida.  En ese día se engalanaba el comedor de la casa y las hermanas se esmeraban con lo mejor de su repertorio culinario para esos niños.


Y LLEGÓ LA GUERRA

Pero a finales de la década de los treinta, estalla en Europa la segunda guerra mundial.  Las consecuencias económicas del conflicto afectan a todo el planeta: Suben los precios de todas las mercancías y comienzan a escasear toda clase de bienes y servicios.  Por primera vez los venezolanos llegan a conocer lo que es la inflación aunada a la escases. 

Se debe recordar que en aquellos tiempos no existían prácticamente ningún tipo de industria en Venezuela, salvo contadísimas excepciones.  Casi todos los productos manufacturados venían de Europa y Estados Unidos, estos países estaban destinando sus industrias por entero al esfuerzo de la guerra.   Como si fuera poco la guerra en el Atlántico cortaba la mayor parte del tráfico comercial entre Europa y América, ya que los submarinos alemanes hundían a cualquier barco mercante que se les atravesara en el camino, tanto en el Atlántico como en el Caribe. Solamente en el primer trimestre de 1942 unos cuarenta barcos cargados de mercaderías y combustibles fueron hundidos en las aguas del Caribe, en las cercanías de Venezuela por los submarinos alemanes.

Los ataques de los submarinos interrumpieron
 el tráfico comercial en el Caribe.

Así, entonces, casi que de un día para otro, Venezuela se quedó sin poder importar, herramientas, maquinarias, vehículos, neumáticos, alimentos procesados, granos, harinas, medicinas,  calzados y ropas.  Disminuyó entonces el comercio interno ya que no había mercancías que ofertar y aumentó el desempleo.  Así lo cuenta Oscar Yánes en “LOS AÑOS INOLVIDABLES”:

“Ya la gente estaba obstinada porque con el cuento de la segunda guerra mundial todos los productos de primera necesidad habían subido de precios…” (pág. 204)

“…los muchachos no salen de noche aunque muchos desempleados prefieren irse al ejército porque la vida está muy cara y es difícil conseguir los tres platos de comida al día…Ni llegan ni salen barcos y está suspendida la navegación costeña.” (Pág. 283)

Esta crisis por supuesto que afectó al hogar de las Ravelo, con sus diez bocas que alimentar.

Y LLEGÓ EL SALON IMPERIAL

Así las cosas y en vista de lo crítico de la situación, las hermanas Ravelo, lideradas por María que era la más emprendedora, se ponen a hacer pequeños trabajos de costura con una vieja maquinita “Negrita Singer”.  Al principio ruedos, cierres, arreglos de la ropa que tiene que pasar de padres a hijos o de hermano mayor a hermano menor en vista de la situación de pobreza imperante en el país.  

La perseverancia y el cumplimiento honesto y cabal en el trabajo les fue aumentando la clientela que comenzaba a encargar la confección de sencillas ropas y que a medida que se ganaba la experiencia se hacían vestidos y prendas mas acabadas.  Las hermanas guardan y coleccionan las pocas revistas que vienen de EE.UU.  sobre cine y modas y copian los vestidos de las grandes estrellas de Hollywood. 


 

Las cuatro sobrinas Canelón Ravelo son las primeras en lucir los modelos de última moda, “made in Valencia”, que encantan a las jovencitas de la ciudad que quieren también estar a la moda y acuden a casa de las Ravelo a encargar vestidos y conjuntos.  Ante lo escaso de las telas y accesorios se tenía que improvisar, si no había encajes, se utilizaban los bordes o remates de una cortina y en fin, se ponía a trabajar la imaginación.  Si no había tal o cual color se teñía  una tela. Se tuvo que contratar a una primera costurera para que ayudara con el trabajo y se empezaron a hacer vestidos de novia, de primera comunión y de bautizo.  Luego vino una segunda costurera y después la tercera empleada.  Gracias a nuestra querida tía segunda Reyna Ravelo de Camero podemos recordar los nombres de estas pioneras de la “alta costura” en Valencia: Lucrecia Castillo, de San Blas, Ana Luisa Campos de Tinaquillo y dos primas con idénticos apellidos: Trina y Carmen González Pinto.

Finalmente se formalizó el negocio y nació el “SALON IMPERIAL, CASA DE MODAS”, en la Calle Páez, negocio que se hizo famoso en toda la ciudad por la belleza y calidad de sus trajes de ocasiones especiales, siendo la especialidad de la casa los trajes de novia, primera comunión y bautizo, que eran los preferidos de madres y señoritas de toda la ciudad y poblaciones aledañas.

Los bellos trajes del "Salon Imperial"
fueron famosos.

  

Se llegó incluso a mejorar las telas con herramientas y aparatos destinados a su modificación.  Se construyó un artefacto para hacer los pliegues de las telas (una plisadora) que trabajaba calentando la tela en una especie de horno a carbón y una serie de pesas que la aprisionaban para darle una forma permanente.  Todavía yo conservo esas pesas, especie de yunques de hierro macizo, último recuerdo existente de aquella empresa.


Y LLEGARON LOS LOGROS

Así fueron mejorando su situación y  levantando a sus muchachos, dándoles estudio y ejemplo. Ya hay cierta prosperidad y hasta un viaje a Europa se puede regalar María con sus sobrinas al finalizar la guerra.  Con el tiempo uno de los muchachos se gradúa uno de médico, otro de músico y profesor, una contabilista y muchachas y muchachos se van casando y emprendiendo el vuelo formando cada uno su hogar.  María, ya con sus años encima y superadas sus obligaciones fue dejando el trabajo y se cerró el taller y muere en 1955.  

María Ravelo de Gornés

Berta fue a acompañarla a principios de los sesenta. Hoy, una cantidad de padres y madres de familia entre quienes encontramos médicos, ingenieros, educadores, fotógrafos, artistas, abogados y empresarios, de una manera u otra, le debemos algo de lo que somos a aquellas dos viejitas que con una maquinita Singer se pusieron a inventar trajes de novia y primera comunión porque los submarinos alemanes no dejaban que los barcos llegaran a Venezuela.  Así son las cosas.

EPILOGO

Gracias a esta maravilla que es la internet y las redes sociales, en estos días y con ocasión de una foto que data del año de 1930 que publiqué en varios grupos de Facebook en la que aparecía María Ravelo de Gornés, una señora, ya octogenaria pero activa en las redes, comentó que recordaba que, siendo una niñita de seis años, su traje de primera comunión, celebrada hace más de medio siglo, provenía del taller tía María.  Todavía andan entre nosotros quienes conocieron a aquellas maravillosas mujeres.  Mi agradecimiento a la Sra.  Gladys Socorro Zamora por sus recuerdos.

jueves, 26 de julio de 2018

LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY.



LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY. 

La semana pasada se conmemoró el 197 aniversario de la muerte de coronel Thomas Ilderton Ferriar.

En cuanto a Ferriar la historia generalmente incurre en dos errores: Primero la crónica y la costumbre popular  escriben el apellido como “Farriar”, cuando lo correcto es “Ferriar” como se ha señalado arriba.  Incluso en la nomenclatura de las calles de Valencia  se incurre en el error.  
La otra imprecisión es que  en los relatos históricos se dice que murió en la batalla de Carabobo el 24 de junio, pero eso no es cierto; su deceso no ocurre en el campo de batalla. En el momento mas álgido de la batalla, cuando los llaneros de Páez estaban en una situación comprometida, llegó en su apoyo el batallón de Cazadores Británicos, comandados por Ferriar, que rodilla en tierra recibió el grueso del ataque de los batallones realistas, sufriendo graves bajas.  Así resultó gravemente herido Ferriar, y sus segundos Devis y Scout caen muertos.  Les siguen sucesivamente otros quince oficiales abatidos por la acometida del batallón realista “Burgos”.  

Ferriar resultó gravemente herido, pero no murió en el día de la batalla, sino que fue trasladado a Valencia y hospitalizado en uno de los llamados “hospitales de sangre” instalados en la ciudad y  fallece el 17 de julio.  El gran número de heridos que dejó el combate obligó a establecer en nuestra ciudad cinco hospitales de sangre, es decir, hospitales improvisados para atender a los heridos de un combate,  ubicados en la Casa de La Estrella, el Hospital de San Antonio de Padua, el Convento de San Buenaventura (la antigua facultad de derecho), la casa de los Celis y dos casas más de anchos corredores que se prestaban para la actividad médica. Estos hospitales, eran atendidos por algunos médicos venezolanos, entre quienes se menciona a Juan Manuel Manzo, Dionisio Bremont, Francisco Valbuena, José Eugenio Leiceaga, y Narciso Morales y por los médicos del Batallón de Cazadores Británicos, lo que también erróneamente se llama con el nombre genérico de “Legión Británica”.  

Estos hospitales estaban dirigidos por el Dr. Richard (Ricardo) Murphy (Cirujano Mayor del Ejército), un irlandés, graduado en Dublín, que aparte de galeno, también era militar y había combatido en algunas batallas bajo las ordenes de Urdaneta.   Luego de la batalla, el Dr. Murphy se residenció en Valencia, donde se casó con María de la Natividad Landaeta Codecido.  Posteriormente le fue reconocida la jerarquía de coronel del ejército por el Gral. Páez, del mismo modo  El Dr. José María Vargas le otorgó el carácter de miembro de la sociedad médica de Caracas. Años más tarde el Dr. Murphy se mudó a Puerto Cabello, donde tuvo una destacada labor en el tratamiento de los más pobres.  A su muerte, los pacientes agradecidos levantaron un monumento de mármol en el antiguo Hospital de Caridad de aquella ciudad.
Finalmente debemos aclarar otro dos errores en que frecuentemente se incurre, especialmente porque la gente confunde “británico” con “inglés”:  Las unidades llamadas “británicas” que vinieron a Venezuela, no estaban integrados exclusivamente por ingleses, mas bien, ingleses era lo que menos había en esos cuerpos; la mayor parte de sus miembros eran irlandeses, también había muchos escoceses, alemanes como Juan Uslar, quien también fundó familia en Valencia. 
El otro error es llamar  indistintamente con el nombre de “Legión Británica”; a los distintos cuerpos de voluntarios de las islas británicas. Irlanda y Alemania (Hannover) que lucharon en nuestra América.  Fueron varios los cuerpos de voluntarios que vinieron a participar en la guerra de independencia y apenas uno de ellos se llamó “Legión Británica”, nombre que duró muy poco.  Los otros cuerpos de voluntarios europeos fueron: “Cazadores Británicos”, Primero de Húsares, Segundo de Húsares, Húsares Rojos, Primero Venezolano de Rifles, Primero de Lanceros, Artillería y Segundo de Rifles Lanceros de Maceroni, Húsares, Artillería, Primero de Lanceros, Rifles, Infantería Ligera de Salabrietta y el Regimiento de Hibernia, Lanceros, Primero de Fusileros, Primero de Rifles, Segundo de Rifles, Infantería Ligera de Cundinamarca, Primero de Infantería Ligera y Húsares de la Guardia.  En total más de cinco mil guerreros irlandeses, escoceses, ingleses, alemanes y hasta italianos vinieron a luchar en nuestra independencia. 
Muchísimos murieron en estas tierras asolados por las enfermedades, el hambre y la guerra.  Muy pocos regresaron a Europa y algunos fundaron notables familias entre nosotros.
Algunas fuentes:
Díaz, Fabián de Jesús.  “La Jornada de Carabobo” artículo en la revista In-Formate, Nro. 184, Julio 1988. Valencia.
Nectario María, Hermano.  “Historia de Venezuela”. 1940
Diccionario Polar de Historia de Venezuela.

martes, 17 de julio de 2018

EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO



Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.
EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO.
El seis de junio pasados, se cumplieron los 116 años de la caída  del Puente Morillo.  Este icónico puente, construido sobre el Río Cabriales, fue el primer puente sobre el río de nuestra ciudad.  Fue construido en los tiempos de la guerra de independencia, durante los años en los que el general realista Pablo Morillo gobernaba la provincia, (1819-1820).  Antes de la construcción de este puente, para llegar a Valencia desde el Este, es decir, desde Maracay, Caracas o Guacara, o hasta de San Blas, era necesario “vadear” el río, en uno de sus puntos mas llanos, ubicado mas al Sur del actual puente, en un lugar conocido entonces como “el Paso Real”, que accedía a la antigua Calle Real.  En una gestión muy provechosa para la Valencia colonial, el general Morillo realizó varias obras de importancia, tales como el empedrado de las calles, la construcción de un nuevo cementerio y el puente que hoy lleva su nombre, con la utilización de los prisioneros de guerra patriotas  como mano de obra. 
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
editada por nosotros.
Con el transcurso de los años el puente se fue deteriorando, sumida Venezuela en guerras civiles, con gobiernos cortos que gastaban la mayoría de sus presupuestos en apertrecharse para los conflictos intestinos, seguramente no había dinero para mantenimiento o reparaciones.  Así llega el año de 1902.  Un invierno particularmente severo ese año causó estragos en la ciudad.  La sede de la universidad sufrió severos daños en su techo, que quedó casi destruido y el día 6 de junio  la crecida del Cabriales arremetió sin piedad contra el puente que quedó casi totalmente derrumbado.  Hubo quienes en esos tiempos atribuyeron el deterioro del puente a la trepidación del paso del ferrocarril muy cerca, ya que con las vibraciones del suelo se resintieron sus bases.  Lo cierto es que era imposible pasar en coche.  Para paliar la situación, improvisadamente atravesaron un riel del tranvía y  por medio de esa delgada viga la gente podía pasar a píé, pero era muy peligroso: hasta algunas personas estuvieron a punto de morir al caer al río, como lo denunció la prensa local en esos días.  Es así como en  la sociedad “Mutua Beneficiencia” de San Blas dirige una comunicación al presidente  Cipriano Castro “El Restaurador” pidiéndole la reconstrucción del puente, en su tónica de “restaurar” las cosas.  Castro encarga ordena la reconstrucción, más que reparación del puente, encargándosela a Malussena, el famoso arquitecto que tantas obras dejó como legado de su capacidad profesional.  El presupuesto fue de Bs. 240.000, una cantidad exorbitante para la  época.  Aunque algunos opinaron que se debía hacer un puente de hierro, para poder extender el tranvía hasta San Blas, se decidió hacer una réplica exacta del puente dañado, en piedra y concreto.   
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
 editada por nosotros.
El 8 de diciembre de 1902, Castro visita a Valencia y coloca la primera piedra de la obra. Los obreros que acaban de terminar las reparaciones en la universidad, dirigidos por el maestro de obras don León Burgos son contratados para la obra encargada a Malussena.  Mientras se ejecutaba la construcción opinadores y adulantes sugirieron cambiar el nombre del puente por “Restauración”, “Restaurador”, “Castro” ó “Gomez”.  El primero de junio del año siguiente, luego de seis meses de arduo trabajo fue reinaugurado el puente, como una réplica exacta del anterior, según lo señala la autorizada historiadora Luisa Galíndez, a contrario de quienes dicen que Malussena le cambió el estilo.    En esos días, un grupo de adulantes del presidente Castro, integrantes del Concejo Municipal de Valencia,  habían propuesto renombrar al puente como “Puente Restaurador” como alabanza al dictador Castro y con ese nombre se reinauguró.  El presidente, megalómano incurable, dijo en el discurso de inauguración que “la naturaleza parece ponerse de acuerdo con mi revolución restauradora, porque destruye lo antiguo para que la revolución construya lo nuevo, lo moderno”.  Aún así, la gente apoyada por varios columnistas valencianos, no aceptó el nombre que trataba de imponer el Concejo Municipal y continuó llamando a su viejo puente “Morillo”.  Años mas tarde, ya en el siglo XXI ahora no un megalómano, sino un cleptómano que en mala hora condujo los destinos de nuestra ciudad, también trató de cambiar el tradicional nombre del puente, tratando de llamarlo “Puente de los Patriotas”, por los patriotas presos que trabajaron en su construcción, pero mas tarde que pronto el pueblo valenciano rechazó el cambio de nombre y el alcalde ladrón terminó preso y destituido. Las fotos, originalmente publicadas en “El Cojo Ilustrado” a principios de siglo, para la fecha de las reparaciones, en un formato muy pequeño, han sido editadas y ampliadas por nosotros.
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.

viernes, 26 de enero de 2018

UN ENTIERRO EN DICTADURA

El entierro de una persona, que en circunstancias normales es simplemente la despedida de un ser apreciado por sus mas cercanos amigos, en tiempos de dictaduras se puede convertir en una manifestación del repudio colectivo al tirano de turno, cuando la muerte de esa persona es producto de un crimen político causando la natural indignación en la sociedad. Por esta razón las dictaduras tratan de impedir o por lo menos minimizar las honras fúnebres de aquellos que han sido víctimas de sus atrocidades. Así ocurrió en la Valencia de 1933, que padecía la dictadura militar de Juan Vicente Gómez, quien tenía en Carabobo como lugarteniente a uno de los peores miembros del clan Gómez, Santos Matute Gómez, presidente del Estado.
Santos Matute Gómez, lugarteniente y primo de Juan Vicente Gómez, presidente del estado Carabobo.
En la ciudad funcionaba una pequeña empresa de tipografía, propiedad de dos hermanos de apellido Mariño, Joaquín y Santiago, descendientes del prócer oriental Santiago Mariño, ambos apreciados elementos de la sociedad valenciana. En la tipografía se editaban dos periódicos y toda clase de material impreso. Sucede que un infausto día, Joaquín fue detenido por la policía gomecista. Se le acusaba de estar imprimiendo material subversivo en contra del gobierno, incluso se cuenta que a Mariño se le habría decomisado un pasquín antigubernamental entre sus ropas. Otros dicen que el papel le fue introducido sin que se diera cuenta para incriminarlo. Mariño fue llevado hasta la sede de la policía ubicada para esos tiempos en la Casa Páez, en la calle del mismo nombre.
Pasquín antigomecista de 1933, posiblemente uno idéntico a este fue el que se le incautó a Joaquín Mariño.
Allí el empresario fue brutalmente torturado, como era costumbre en esos tiempos, para que confesara quienes eran los autores de los pasquines antigomecistas, con la mala suerte que el pobre hombre no aguantó las brutalidades y murió en los sótanos de la casa. El gobierno informó que Mariño “se habiá suicidado ahorcándose con los cordones de sus zapatos” y entregó el cadáver a los familiares en una urna cerrada con la orden de no abrirla. En esos tiempos los velorios se hacían en las casas y la policía envió a un par de agentes a la residencia de los Mariño, con la orden de que verificaran que en todo momento la urna estuviera cerrada y así llegara hasta el cementerio. 
Imagen actual de los sótanos de la casa Páez, donde fue torturado y asesinado Joaquín Mariño.

 SE DESENMASCARA A LOS ESBIRROS Pero en lo mas tarde de la madrugada, los dos policías que montaban guardia fueron convidados a tomar café, lo que fue aprovechado por una dama de la familia de nombre Eladia Pelayo, junto con otros parientes, destaparon la urna y revisaron el cadáver, constatando horrorizados las terribles torturas y amputaciones que presentaba, lo que evidenciaba que se trataba de un cruel homicidio y no un suicidio. Según el credo católico, quien comete suicidio, muere en pecado mortal y por lo tanto le corresponden los ritos religiosos, y el gobernador Santos Matute Gómez así se lo “recordó” al obispo de la ciudad Mons. Salvador Montes de Oca, para que la iglesia se abstuviera de celebrarle ritos religiosos al difunto, y de esta manera se corroborara la historia del suicidio, pero sucede que Montes de Oca, conocía las causas reales de la muerte de Mariño, así mismo, era amigo de la familia y conocía personalmente al difunto, de quien daba fe de sus creencias cristianas, aparte de que monseñor era adversario de la dictadura, con la que ya había tenido anteriormente serias discrepancias. Entonces, el obispo, mas que aceptar que cualquier cura celebrara un simple rito religioso de entierro normal y corriente, dispuso que él mismo, como obispo celebraría el funeral de cuerpo presente de Mariño con la mayor pompa luctuosa, desenmascarando la falsa versión oficial de los hechos.
El entierro de Joaquín Mariño fue realizado con todos los ritos eclesiásticos y la mayor pompa, a cuyo frente estaba el obispo de la ciudad,  fue una multitudinaria muestra de rechazo a la dictadura. (foto referencial)
Así el entierro salió de la casa de la familia Mariño aquella mañana de septiembre de 1933 a las diez de la mañana encabezada por el obispo Montes de Oca, como una multitudinaria procesión. La urna fue llevada en hombros por decenas de ciudadanos que se turnaban para honrar al amigo asesinado. Centenares de personas llevaban flores y velas encendidas a lo largo de la lenta marcha. Al llegar a la Plaza Bolívar un hombre con gesto de protesta y para que todos lo vieran se amarró las trenzas de los zapatos diciendo que con las trenzas no se suicidaría y muchos otros caballeros siguieron con el gesto en señal de repudio a la falsa versión oficial de la muerte. No fue hasta las tres de la tarde cuando finalmente finalizó el entierro tan concurrido, que mas que la última despedida constituyó una verdadera manifestación de protesta cívica y pacífica en contra de la dictadura. Ni siquiera la mas brutal de las tiranías sufridas por los venezolanos en el siglo XX pudo evitar que el pueblo le diera el último adiós como es debido a uno de sus ciudadanos. 
Monseñor Salvador Montes de Oca, el sacerdote caroreño, obispo de Valencia, que se enfrentó reiteradamente al régimen de Gómez

LA DICTADURA REACCIONA. La masiva manifestación de repudio al crimen de Joaquín Mariño realizada por la sociedad valenciana, con su obispo a la cabeza, molestó mucho al gobierno dictatorial, poco acostumbrado a ver desafíos colectivos tan grandes. Particularmente el obispo de Valencia era una personalidad bastante incómoda para la tiranía y ya una vez había sido expulsado del país. Al poco tiempo del entierro de Joaquin Mariño, se tramó una conspiración entre el nuncio apostólico, quien era muy simpatizante de la dictadura y ciertos curas enemigos de Montes de Oca para alejarlo de su obispado y llevarlo a un procedimiento disciplinario en Europa, donde se le obliga a renunciar a su alta investidura. Abatido y entristecido Montes de Oca decidió internarse en un monasterio en Italia, como un simple monje. Allí lo sorprende la segunda guerra mundial, y en septiembre de 1944, una vez más, pone su vida en peligro al socorrer a unos patriotas italianos que escapaban de las SS. El obispo valenciano, oriundo de Carora, es descubierto, es capturado por los nazis y a los pocos días es fusilado. Por eso es conocido como el “Obispo Mártir de Valencia”
Cuarto de tortura en los sótanos de la Casa Páez en Valencia, para esos tiempos, cuartel de la policía.

jueves, 18 de enero de 2018

EL DICTADOR ORDENÓ QUE LO ASESINARAN: ANTONIO PAREDES

" ¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles?¿Y entonces voy a quedar en ridículo? Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte"
Gral. Antonio Paredes
“Diálogo de Ultratumba con dos generales


El general Antonio Paredes

Los dictadores siempre son cobardes.  El miedo es un fantasma que los asecha en todo momento.  Saben que sus abusos y arbitrariedades generan en muchas personas la sed de justicia y que los hombres de bien quieren hacerles pagar bien caro sus atrocidades.  Por eso están viendo conspiraciones, complots y tiranicidios por todas partes.  Por eso también es que algunas veces ordenan a sus secuaces asesinar a aquellos oponentes que no pueden reducir con el miedo, con los sobornos o con la amenaza de la cárcel.  Pero también es frecuente que esos asesinatos políticos terminan por apresurar el fin de los tiranos que los han ordenado.  Así ocurrió con Somoza cuando ordenó matar a Chamorro en Nicaragua, con Trujillo cuando mandó matar a las hermanas Mirabal en República Dominicana, o en Panamá con Noriega luego de que tramara el crimen de Hugo Spadafora.  Son asesinatos políticos del siglo XX ocurridos en nuestro inmediato Caribe.  Para no hablar del presente siglo, debemos recordar uno de los crímenes políticos más aborrecidos en la Venezuela del siglo XX: el asesinato ordenado por el dictador Cipriano Castro en contra del valiente general valenciano Antonio Paredes.
 
El Gral Antonio Paredes en su despacho.  Al fondo, arriba, un retrato del presidente Andrade.
¿QUIEN ERA ANTONIO PAREDES?
Oriundo de Valencia y descendiente directo de conquistadores y generales patriotas, el general Antonio Paredes se formó orgulloso de su linaje.  Los conceptos de honor, verdad, deber y rectitud adquieren para él un significado absoluto e intransigente.  Confesaba a sus amigos que soñaba con repetir en los tiempos modernos las hazañas de sus antepasados.   En Valencia, creció entre cuentos e historias de hazañas de guerreros,  recibió una esmerada educación, incluso estudió en la universidad de la ciudad, aunque no llegara a culminar. En la década de 1890 se destaca como un hombre valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto al incorporarse  a la “revolución legalista” de Joaquín Crespo, quien lo nombró general y Jefe del Castillo Libertador de Puerto Cabello.  Cuando el presidente Crespo decide, de manera inconsulta con la sociedad carabobeña designar como presidente del estado (gobernador) su enemigo, el general José Félix Mora, un hombre casi analfabeta, sin ningún tipo de educación y de bajo extracto social,  Paredes protesta vehementemente y rompe con Crespo.  Se tiene que ir del país y huye a Europa. 
El Gral. Paredes de uniforme.
En el viejo continente no pierde tiempo para estudiar: perfecciona sus idiomas: francés, inglés y alemán y realiza cursos en la Academia Militar de Saint-Cyr (Francia). Luego Viaja a Nueva York (1897) donde amplía su formación militar y académica.  A su regreso a Venezuela, una vez muerto Crespo, es empleado por el presidente Ignacio Andrade como jefe militar en Carabobo, donde le toca enfrentar a la “revolución de Queipa” de José Manuel Hernández (el Mocho).  Desde Valencia publica su primer libro, un panfleto en contra de su adversario militar, el “Mocho Hernández”.  Posteriormente, en septiembre de 1899  es nombrado nuevamente comandante del Castillo Libertador de Puerto Cabello. Allí le toca ser el último y obstinado bastión de defensa del gobierno de Andrade en contra de la “Revolución Restauradora” de Cipriano Castro que arrolladoramente avanzaba desde los Andes.  Resiste tenazmente por varios días como ningún otro general lo hizo en defensa del gobierno, hasta al quedarse sin municiones, decide rendirse.  Cipriano Castro envió a pactar la rendición con Paredes a un lugarteniente suyo, que se identificó como “el general Rafael Bolívar”. Pero Antonio Paredes descubre que el tal “general Bolívar” ni es general ni es Bolívar; es un aventurero colombiano de nombre Benjamín Ruiz, compinche de vagabunderías de Castro, lo que enfurece a Paredes, quien no tolera que un extranjero usurpe las jerarquías de un militar venezolano.  Pese a la inferioridad militar de la guarnición del castillo frente a los que lo sitian, apresa al falso general y está a punto de ordenar su fusilamiento, pero a ultima hora se firma la rendición con un representante legítimo de Castro.
De blanco, el Gral Paredes frente a sus tropas.
Paredes es apresado y enviado a la cárcel del Castillo  de San Carlos de la Barra, en la entrada de Lago de Maracaibo.  Allí muchas veces con grillos de 60 libras remachados a sus tobillos pasa tres años y puede escribir la que es quizás la mejor de sus obras “DIARIO DE MI PRISION EN EL SAN CARLOS”.  Cuando se produce la crisis del bloqueo de las potencias europeas a las costas venezolanas Castro ordena la libertad de todos los presos políticos, incluyendo a Paredes.  El dictador envía un barco para que todos sean llevados a Caracas a entablar con el tirano un “diálogo” en vista de la grave situación del país a causa del bloqueo, pero el general Paredes no cree en los “diálogos” con sátrapas;  El barco debe hacer escala en Curazao antes de llegar a La Guaira.  Antonio Paredes le dice a un compañero de viaje:

“Ahora que me considero en libertad, yo no iré sino hasta Curazao. ¡Que sigan hasta Caracas los que quieran deshonrarse poniéndose al servicio de Castro¡ En cuanto a mí, no tengo mas camino que la guerra contra ese tirano que ha sido y será el azote de Venezuela mientras no lo echemos de allí a balazos”   

De Curazao pasó a Trinidad, donde divide su tiempo entre escribir y conspirar obsesionado con el derrocamiento de Castro. Regresa nuevamente al país, incorporándose a la Revolución Libertadora en junio de 1903, participa en Güiria, en los últimos combates de ese movimiento y una vez derrotado regresa a Trinidad donde publicó sus obras: El Diario de Mi Prisión en el San Carlos y su Bosquejo histórico o Memorias contemporáneas y Cómo llegó Cipriano Castro al poder.
 
El Castillo-prisión de San Carlos de la Barra, a la entrada del Lago de Maracaibo, donde el Gral. Paredes estuvo 3 años preso.
EL REGRESO A LA PATRIA Y A LA MUERTE
Son pocos (o prácticamente ninguno) los casos registrados en Venezuela en que haya quedado evidenciado de manera contundente que el presidente de la república haya ordenado de manera directa el asesinato de un venezolano.  Quizás el del general Antonio Paredes sea el único.
Cipriano Castro "El Cabito". quizás el único presidente venezolano que dio de manera indubitable ordenes de asesinar a un venezolano.
A principios de 1907 el general Paredes es descubierto por las autoridades de Trinidad mientras reúne un parque de armas y organiza un movimiento revolucionario para invadir a Venezuela.   Le decomisan el armamento y se ve obligado a abandonar la isla.  Con un reducido grupo de compañeros, apenas una docena de hombres se decide a venir a Venezuela, casi sin armas, a tratar de organizar un alzamiento desde el oriente del país.  Entran por Pedernales, en lo que hoy es el estado Delta Amacuro, por las bocas del Orinoco, y pasa por varios poblados, buscando la vía de Ciudad Bolívar, pero los servicios de Castro se ponen en alerta.  El gobernador del estado Bolívar, Jesus Varela, siguiendo las instrucciones de Castro envía un vapor por el Orinoco comandado por el coronel Jesus García, que intercepta la pequeña lancha donde se traslada el grupo, el cual es capturado en las inmediaciones de Barrancas del Orinoco.  Los oficiales de Castro telegrafían inmediatamente al dictador, quien se encuentra gravemente enfermo en Macuto.  Castro le teme a Paredes; sabe que es un militar formidable y muy admirado.  También lo odia por haberlo desenmascarado en el caso del falso general colombiano y por muchos panfletos que Paredes publicó en su contra.   La respuesta no se hace esperar:

"Debe Ud. dar inmediatamente orden fusilar a Paredes y su oficialidad. Avíseme recibo y cumplimiento. D y F. Cipriano Castro"

El telegrama queda en los archivos como la prueba irrefutable de la autoría intelectual del homicidio. 
El gobernador Varela, envía otro barco al encuentro del García que tiene a los prisioneros con la orden de reiterar las instrucciones de fusilamiento, pero García es un militar, no un criminal y se niega a asesinar al general preso.  El día 15 de Febrero, en la madrugada, el Gral. Paredes y sus oficiales son llevados amarrados hasta la popa el buque donde se encuentran detenidos. Un soldado trató de vendarle los ojos a Paredes, pero el valiente general se negó a que lo taparan y  le gritó:
-Máteme pero no me veje¡ y mirando fijamente al pelotón de fusilamiento finalmente gritó:
-¡Madito seas Cipriano Castro¡
Y sonó la descarga de fusilería.
Luego de cumplida la orden de asesinato los cuerpos fueron lanzados al agua del río Orinoco.  Al poco tiempo fueron encontrados y sepultados por unos campesinos.
La noticia del crimen corrió como pólvora por toda Venezuela. La cobardía y el ensañamiento del asesinato causaron una indignación general por lo conocido de la gallardía del gral. Paredes.  La reputación del presidente Castro, que ya estaba bastante menguada por sus desaciertos administrativos, sus bravuconadas internacionales y sus excesos y perversiones se terminaba de ir a pique.  Algún tiempo después esta situación, junto con otro telegrama comprometedor fueron aprovechados por Juan Vicente Gómez para acusar a Castro de querer matarlo a él y darle el golpe de estado.  Una acusación penal por homicidio contra Castro, incoada por los hermanos del gral. Paredes terminó de sellar el destino del depuesto dictador.  Jamás regresaría a Venezuela.  Al hombrecillo de barba y levita gris le tocó vagar por el mundo, como un paria, expulsado de aquí y de allá, vigilado en todas partes y recibiendo el desprecio general.

El general Antonio Paredes no ha recibido el tratamiento que merece por la historia como ejemplo de sacrificio, inteligencia, valor personal, estudio, honestidad con sus principios y amor por su causa.  Debemos recordarlo y divulgar su ejemplo.  Finalmente dejamos unas palabras suyas, hoy más vigentes que nunca:
"Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad"
Antonio Paredes
El Gral Paredes, ejemplo de valentía y dignidad.

FUENTES:
LOPEZ CONTRERAS, ELEAZAR. “El Presidente Cipriano Castro”.Bloque Dearmas. Caracas.
NUÑEZ, ENRIQUE BERNARDO.  “El Hombre de la Levita Gris”.  Tipografía Garrido. Caracas. 1943
PAREDES, ANTONIO. “Diario de mi prisión en San Carlos” . Ediciones de la Presidencia de la República. Imprenta Nacional 1963
PICON SALAS, MARIANO.  “Los días de Cipriano Castro”.  Festival del Libro Popular Venezolano
FUENTES WEB
http://www.pressreader.com/venezuela/notitarde/20160603/281599534758289 (CUBILLÁN FONSECA, LUIS. “Antonio Paredes y Benjamín Ruiz” Diario Notitarde).