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sábado, 11 de abril de 2020

El GOLPE DE EUSTOQUIO


EL GOLPE DE EUSTOQUIO
Por
Luis Heraclio Medina Canelón.

Para la segunda quincena de diciembre de 1935 Venezuela era una olla de presión a punto de explotar. Juan Vicente Gómez luego de una larga tiranía de 27 años yacía en su lecho de muerte, mientras a su alrededor sus herederos y causahabientes cavilaban sobre su destino y el futuro del país luego de que el tirano exhalara su último suspiro.

A raíz de la oscura muerte de Juan Crisóstomo (Juancho o Juanchito) Gómez, hermano del dictador y vicepresidente, asesinado en el propio palacio de Miraflores, Gómez había hecho reformar la constitución y suprimir la figura de los vicepresidentes. En aquella oportunidad se había atribuido el asesinato a intrigas palaciegas que vinculaban al otro vicepresidente José Vicente Gomes Bello (Vicentico), hijo del tirano  y su madre Dionisia. Ahora, con la inminente muerte del mandatario, sin testamento político ni que hubiera señalado sucesor, le correspondería la sucesión al ministro de guerra y marina, el general Eleazar López Contreras, apoyado por la institucionalidad militar, pero tal candidato no era buen visto por buena parte de lo más recalcitrante del “clan Gómez”.



Figuras principales de este grupo eran el presidente del estado Lara, Eustoquio Gómez Prato, primo del autócrata y Eloy (a) El Indio Tarazona, ayudante de cámara del presidente, escolta personal y asistente, a quien, siendo colombiano Gómez había dado la jerarquía de coronel del ejército venezolano.

EL PRONTUARIO DE EUSTOQUIO
Eustoquio, que había acompañado a su primo Juan Vicente desde los tiempos de la invasión de 1899 era un hombre sumamente violento e intransigente. Ya en 1907 había asesinado por una banalidad al gobernador del Distrito Federal, y fue salvado de  una larga condena de prisión por su primo recién llegado a presidente que lo liberó fraudulentamente y lo designó, bajo un nombre falso, como comandante del Castillo-Prisión de San Carlos de la Barra del Lago de Maracaibo. Allí debido a sus violencias, abusos y atropellos en contra de los soldados y los presos se le amotinó la guarnición, que se unió con los detenidos obligando al personaje a huir a nado por las aguas del lago. Años mas tarde, nuevamente Gómez le da un cargo de importancia: lo designa presidente del estado Táchira, donde si bien ejecuta una buena cantidad de obras públicas, vuelve a caracterizarse por el abuso de poder, la represión y el crimen: Entre veinte y treinta mil tachirenses se ven obligados a abandonar su estado natal refugiándose en Colombia por temor a las atrocidades cometidas por Eustoquio, siendo la más recordada la oportunidad en que colgó a varios ciudadanos acusándolos de conspiración. Es quizás la última vez que en nuestro país se colgaba a una persona, hecho que no se veía desde tiempos de la guerra de independencia. Con este currículum, que más bien parece un prontuario criminal, Eustoquio se desempeñaba ahora como presidente del Estado Lara y consideraba que era él el único que podía asegurar las millonarias propiedades habidas por los Gómez era él. Es lo que en su criterio significaba “mantener el orden”. El Indio Tarazona también tenía mucho que perder y era un perro fiel a los intereses de los gomeros estaba dispuesto a secundar al primo de su jefe en lo que fuera.


LA PRUDENCIA DE LOPEZ CONTRERAS
El general López Contreras, que conocía a Eustoquio desde los años de la invasión en 1899 sospechaba del primer mandatario del estado Lara.  Sus informantes lo habían puesto al tanto de las conversaciones de Eustoquio con los comandantes militares de Lara y Aragua, entre otros militares. Sin poder hacerlo preso sin pruebas concretas ordenó a su gente tenerlo vigilado, así como a sus mas inmediatos colaboradores. Mientras tanto Eustoquio se desplazaba entre Barquisimeto, Maracay y Caracas acompañado de una partida de matones fuertemente armados en varios vehículos.
Mientras tanto en Maracay, capital virtual de la república y luego de un ataque de prostatitis complicado con uremia sufrido por Gómez el 9 de diciembre y ante el inminente desenlace López Contreras convocó a una reunión con los Gómez. Astutamente la planificó para hacerla en la casa de Regina y Emilia, las hermanas de Gómez, donde debido a la presencia de las señoras difícilmente Eustoquio intentaría un atentado contra López. A la reunión llego el general López Contreras apenas acompañado de un edecán. Eustoquio llegó con dos de sus primos y varios de sus escoltas. López Contreras habló a la concurrencia explicando que el país podía caer en la anarquía si no se reprimían las ambiciones personales. Que el gobierno estaba decidido a ejercer sus atribuciones constitucionales. Que si ciertos parientes de los Gómez causaban divisiones en el ejército cualquier esfuerzo por mantener el orden constitucional quedaría truncado. Habló de sus responsabilidades como ministro de guerra, de su lealtad y de su buena fe y pidió que se le respondiera igualmente. Las hermanas Gómez aprobaron todo lo que López dijo y Eustoquio mintió diciendo que también estaba de acuerdo.


EL GOLPE
Pero mientras ocurría la reunión en Maracay, el Indio Tarazona ordenaba a los encargados de las haciendas de Gómez en Aragua y Carabobo que movilizaran a todos los peones, para concentrarlos y armarlos en Maracay, todo en complicidad con los presidentes de esos estados. El plan del golpe estaba en marcha…Hay que recordar que la mayoría de la peonada eran soldados del ejército que Gómez  “destacaba” en sus múltiples haciendas para que trabajaran como jornaleros.

El 11 de diciembre Tarazona y los suyos reparten máuseres, subametralladoras y municiones en Las Delicias, Ocumare de la Costa, San Juan de los Morros, El Trompillo en Carabobo  y otras haciendas propiedad de Gómez. El comandante de la guarnición de Ocumare de la Costa sería el encargado de matar o apresar a López Contreras tan pronto falleciera Gómez. El comandante de la policía de Maracay también estaba con los conspiradores. Los hoteles y pensiones de la ciudad se llenaron de sujetos extraños; son los hombres de Eustoquio que han sido llevados a la ciudad para estar listos al momento de cualquier desenlace. Cajas sospechosas de contener armas son sacadas de los cuarteles. Los agentes de López informan de todo al ministro, quien ordena estrechar la vigilancia sobre Eustoquio, que no ha dado todavía ninguna evidencia contundente de su conspiración. Se ordena intervenirle cualquier correspondencia.  
El 15 de diciembre llega al despacho de López Contreras una carta interceptada por sus oficiales. Es una correspondencia de Eustoquio dirigida a mi tío abuelo el coronel Eloy Montenegro Tirado, gobernador del distrito, en Barquisimeto que dice:
“…el General Gómez está muy grave. Esto será el día del juicio. Será un desastre. Dígale a los jefes de los batallones que pongan mucha atención, que redoblen su vigilancia y que deben consular conmigo, no obedeciendo más órdenes que las mías y que tengan cuidado de no ir contra mis deseos: aún cuando el ministro de guerra les dé órdenes, no deben moverse hasta que yo ordene…Cuando le diga <terminó el trabajo>  significa que el general se murió o está agonizando, de modo que nuestra gente se ponga sobre las armas…lo que necesitamos es unión entre todos para ser invencibles en el momento dado”...

El complot había quedado descubierto.
El día 16 Eustoquio salió a primera hora de la mañana desde Maracay para Barquisimeto, para preparar detalles del golpe, mientras mas tarde en la misma ciudad Tarazona  se enteró de la extrema gravedad de Gómez y viajó a toda velocidad a la capital larense a ultimar detalles personalmente con Eustoquio, pero ha hecho una llamada comprometedora que ha sido escuchada por alguien que hace llegar la información a militares leales y López Contreras ordena su captura. No encuentran a Tarazona en Aragua, pero se averigua que llegará en la tarde o noche. Al regresar a Maracay, Tarazona es interceptado por los militares y reducido a prisión sin ofrecer resistencia. Algunos otros oficiales claramente vinculados a la componenda son también detenidos. Horas más tarde Juan Vicente Gómez se convertía en un cadáver.

EL PRINCIPIO DEL FIN
Sin pérdida de tiempo López Contreras ordena sustituir a los pocos oficiales que consideraba adeptos a Eustoquio Gómez por militares institucionalitas.
Una vez oficializada la muerte de Gómez el Concejo de Ministros designa como presidente provisional al ministro de guerra y marina, general Eleazar López Contreras. Recibiendo la presidencia López Contreras canta el primer jaque en contra del gomecismo: Decreta la libertad de todos los presos políticos y autoriza a todos los exiliados a regresar a la Patria. Es una hábil medida que sorprende y desconcierta a Eustoquio y a toda la oligarquía gomera: Son miles de venezolanos que no quieren para nada a la familia Gómez y que apoyarán al nuevo presidente. Hay entre ellos militares, médicos, escritores y antiguos miembros de las montoneras nacionalistas, liberales y hasta castristas, muchos de ellos fogueados en los combates del primer cuarto del siglo XX. “Son un peligro para nosotros” dicen los miembros de la “familia real” gomera. A lo que López les responde: “Les doy todas las garantías y facilidades para que abandonen el país. Y les sugiero que lo hagan”.


Enterrado Gómez en Maracay, López regresa a la capital y se empiezan a producir manifestaciones en contra de los Gómez. Mientras Eustoquio piensa que todavía no está todo perdido y cuenta con viejos generales gomecistas como Vicencio Pérez Soto, León Jurado, Santos Matute Gómez, presidente de Carabobo o Félix Galavis, el gobernador de Caracas. Sale de Maracay a Barquisimeto, pero en la alcabala no lo dejan salir de Aragua. Empieza a notar su desamparo.  Se informa de que en la vecina población de La Victoria ya la gente en la calle saquea propiedades de los gomecistas, decide entonces viajar a Caracas para dar un último y desesperado golpe de mano.


LAS RATAS HUYEN ANTES DE QUE SE HUNDA EL BARCO
Antes de abandonar Maracay López Contreras había “sugerido” al clan gomero la conveniencia de abandonar el país, para lo cual puso a disposición de los Gómez y sus socios aviones y barcos. El vapor “Zamora” que siempre tenía Gómez anclado en Ocumare de La Costa para huir en caso de una emergencia sale para Curazao con un centenar de gomecistas con las alforjas atestadas de millones en billetes, monedas de oro  y joyas, una parte de lo que saquearon a Venezuela en un cuarto de siglo. Vicencio Pérez Soto, uno de los millonarios generales con que contaba Eustoquo para el golpe, huye en su yate personal a Trinidad. Otros escapan en avión, uno de los aeroplanos cae a tierra en la frontera con Colombia, pero sus ocupantes salvan la vida y atraviesan la frontera.  Emilia Gómez, una hermana del dictador que no escapó a tiempo estaba en su casa cuando la muchedumbre entró a saquear y despavorida huyo por los techos, cayendo en casa de los vecinos con un brazo fracturado. La gente toma las calles celebrando la libertad de los presos y el fin de la tiranía. López designa al general Galavis gobernador del Distrito Federal, es otro posible aliado que pierde Eustoquio.

EL VIAJE A LA MUERTE
Eustoquio llega temprano a Caracas y va directamente a ver a López Contreras al Ministerio de Guerra y Marina. Trata de reclamar y pedir explicaciones y manifiesta su intención de ir a Barquisimeto. López le informa que ya no es autoridad militar en Lara, que no vaya para allá, que tampoco debe permanecer en Caracas por los disturbios que se suceden  y le pide regrese a Maracay con su familia y hasta le ofrece una escolta armada. Gómez Prato rechaza la escolta y miente diciendo que se regresa para Maracay, pero se dirige con tres parientes que lo acompañan y sus espalderos a la gobernación del Distrito Federal. Al llegar observa en la calle las manifestaciones.
Cuando lo ven la gente grita: -“Mueran los Gómez”
 En la plaza Bolívar hablan antiguos presos políticos enemigos del gomecismo. Iracundo entra en la gobernación y pide hablar con el gobernador Galavis mientras que sus escoltas armados toman posiciones.  Alguien nota su entrada en el edificio y lo alerta a la gente. El hombre se enfurece más todavía y exige al gobernador un pelotón de policías o soldados para llevarlos él mismo a ametrallar a los manifestantes. Galavis le sugiere que evite problemas y salga por la puerta trasera, de manera discreta para que no lo vean. Eustoquio insiste en reprimir a los manifestantes:
-A esa gente hay que echarles plomo¡ dice enfurecido.
 En eso el gobernador recibe una llamada del presidente encargado, que le pregunta por la situación. Cuando López Contreras se entera de que Eustoquio lo ha engañado y se ha presentado en la gobernación ordena a Galavis  que arreste al hombre y lo traslade a Maracay.

En la gobernación se encuentran varios personajes aparte de Galavis y Gómez Prato, entre ellos Jesús Corao, prefecto de Caracas. Cuando Galavis le da la orden de arresto, Eustoquio, el hombre que ha encarcelado y torturado a miles de venezolanos, se indigna y trata de sacar su revólver, pero le pegan dos tiros. Sin poder hacer uso de su arma, sale del despacho dando tumbos y se arrastra hasta el baño de hombres.  Se sienta en la poceta. Al ver a su jefe ensangrentado, los matones huyen despavoridos por la puerta de atrás de la gobernación. A los pocos minutos Eustoquio Gómez exhala sus últimos suspiros. Jesús Corao calma a la gente que en la calle está agitada y les anuncia la muerte del curel hombre. Sin pérdida de tiempo el populacho cae sobre los dos lujosos automóviles de Eustoquio y los suyos y los convierten en una pira ardiente.  Nunca quedó claro quien o quienes fueron los autores de los disparos. El gomecismo está liquidado. Vendrán diez años de respeto a la ley, democracia y libertad.


Fuentes:
Fernández, Carlos Emilio “Hombres y Sucesos de mi Tierra” Talleres del Sagrado Corazón, Madrid 1969
Garmendia, Hermann. “Eustoquio Gómez, un general de la rehabilitación” Editorial Diana S.A. México 1955
Lavin, John. “Una Aureola Para Gómez” Distribuidora Continental. Caracas. 1950
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA.





domingo, 11 de diciembre de 2016

EL GOLPE DEL 11 DE DICIEMBRE DE 1.946



EL GOLPE DEL 11 DE DICIEMBRE DE 1.946


Para 1.946 el poder estaba en manos de Rómulo Betancourt, presidente de la llamada Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG) tras derrocar al gobierno constitucional del presidente Medina Angarita, mediante un cruento golpe de estado que rompió  el hilo constitucional,  con más de cuatrocientos muertos y miles de heridos. El gobierno de Betancourt había tomado un carácter sectario y excesivamente partidista, creando un ambiente de división en la sociedad venezolana, caracterizándose por el desorden administrativo, por la utilización del poder judicial para perseguir a los adversarios políticos mediante juicios sumarios de tribunales especiales (los llamados “tribunales de responsabilidad civil y administrativa”) y por crear un ambiente de violencia con la utilización de colectivos armados, llamados popularmente “los cabilleros”, el cierre o confiscación de medios de prensa que no le eran afines (El Morrocoy Azul, El Tiempo, Ahora, El Heraldo, etc) ataques a la educación privada y a la iglesia católica.

Esta situación produjo una radical oposición de densos sectores de la sociedad que añoraban el clima de paz de los gobiernos anteriores, de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, en los cuales la sociedad venezolana avanzaba a paso firme en un cívico proceso de democratización, con instituciones nuevas, dentro de un clima de paz,  con respeto absoluto por las libertades ciudadanas, total libertad de prensa, con la legalización de todos los partidos políticos,  sin un solo preso político o exiliado y habiendo desaparecido totalmente de la escena nacional la tortura y el crimen político.  Asimismo, dentro de los militares en el gobierno, que habían apoyado el golpe contra Medina Angarita había un grupo de oficiales que se sentían relegados, descontentos y distanciados de la JRG ya que no veían satisfechas sus aspiraciones castrenses. 
EL GOLPE
Así las cosas, el 11 de diciembre, simultáneamente en Carabobo, Aragua y Trujillo se produce un alzamiento cívico militar contra el gobierno de la JRG. En Trujillo se alzó el viejo caudillo Juan Bautista Araujo, a quien seguían ciegamente centenares de campesinos armados. Los hechos de  Valencia tienen un particular interés para mí, ya que fue el último alzamiento en el que participó mi abuelo Luis Eudoro Medina, y el único en que se implicó mi padre Heraclio Medina. Ambos terminaron siendo presos políticos por estos hechos.  En Valencia el componente civil de los golpistas estaba integrado por una extraordinaria cantidad de notables personalidades de la ciudad: abogados, médicos, productores agropecuarios, comerciantes y hasta un sacerdote hacen fila entre los golpistas; nombres como Luis .F Waskier, Darío Hoffmman, Atilio Galli, Carlos Enrique y Luis Felipe López,  los hermanos. Betancourt y Galindez, Bernardo  Antonio Heredia (el cura párroco de Guacara), Amílcar Gómez, Armando Celis Saune entre otros,  que salen a la calle junto con los militares alzados, liderados por el comandante de la guarnición de Valencia, el teniente coronel Juan Pérez Jiménez, hermano de Marcos (quien al momento era Jefe del Estado Mayor).  A tempranas horas, y aún antes de que los militares alzados tomaran sus posiciones,  las acciones civiles se inician comandadas por el sacerdote Bernardo Heredia, quien metralleta en mano toma la gobernación y hace presos al gobernador Manuel García Guevara, al prefecto Fernando Ortega y a medio centenar de dirigentes de Acción Democrática.  Cuenta Oscar Yanes que:
“El cura Heredia a punta de ametralladora obligó a hablar por radio al Gobernador del Estado para que anunciara que el golpe había triunfado.  La treta del cura terminó de sembrar la confusión en la propia ciudad de Caracas y hasta en el diario El País, vocero de Acción Democrática, los trabajadores comenzaron a comentar en voz baja:
-¡¡¡Cayó Valencia¡¡¡Esta vaina se jodió.-“ (Yanes, Oscar. “Amores de Ultima Página, p. 316, Edit Planeta.  Colombia 1.997). 

En horas de la tarde los alzados habían logrado el control total del Estado Carabobo sin hacer un solo tiro y sin derramamiento de sangre.
En Maracay se alzó el mayor Carlos Maldonado Peña, subinspector de la Aviación,  en la Base Boca de Río, quien logró que uno o dos aviones sobrevolaran Caracas e intercambiaran fuego de ametralladoras con las defensas antiaéreas del palacio de Miraflores, mientras tanto resistía el asedio por tierra y aire de las fuerzas del gobierno..  En Caracas debía alzarse el Jefe de la Guarnición de la ciudad, Teniente Coronel Enrique Rincón Calcaño, pero lo hicieron preso antes que se alzara y amenazado de muerte lo obligaron a hablar por la radio anunciando el fracaso de la conspiración.  Ante la imposibilidad de la toma del poder en Caracas, a las fuerzas alzadas en Valencia y Maracay no les quedó mas remedio que rendirse; los aviadores de Maracay huirían en sus aviones y llegarían hasta Colombia donde lograron el asilo político.  Los alzados en Trujillo continuaron algunos días la resistencia, pero al no contar con solidaridad en otras partes del país, no les quedó mas remedio que deponer las armas.
Avión Texan AT6 partiendo desde Maracay.

HERMANO CONTRA HERMANO
Esta intentona de golpe de estado, reproduce en lo micro, el macro-drama de las luchas fratricidas  en Venezuela, aquí se vieron enfrentados dos pares de hermanos: En Valencia el líder de los militares (Juan Pérez Jiménez) era hermano el Jefe del Estado Mayor del gobierno (Marcos Pérez Jiménez), quien dirigiría las operaciones contra el golpe.  Le tocó a Juan rendirse ante su hermano Marcos,  y por otro lado los Vargas Cárdenas: el capitán Mario Ricardo, ministro del interior del gobierno y el mayor Julio Cesar aupando la conspiración desde el extranjero ya que desde tiempo antes había manifestado su oposición al gobierno de Betancourt y la JRG)
Una de las pocas fotos que conocemos del mayor
Juan Pérez Jimenez, hermano de Marcos y para
la fecha comandante de la Guarnición de Valencia.


LA REPRESIÓN.
Al tomar el control de la situación las fuerzas del gobierno y los colectivos de aquellos tiempos, los “cabilleros” o “bandas armadas” de AD  emprendieron una gigantesca cacería en contra de todo miembro de la oposición que les pareciera golpista. En Valencia se llenaron los calabozos de la policía y de la vieja cárcel de la calle Libertad.  En las detenciones e interrogatorios participaron activamente los milicianos de AD, sin ser funcionarios policiales.  Así lo denunció uno de los detenidos, el Dr. Luis Rafael Betancourt y Galíndez al declarar al tribunal:
 En altas horas de la noche muchos de los detenidos fueron llamados a declarar ante miembros de “Acción Democrática”, Arturo Hidalgo, Hermes Barrios Piñango, Augusto Tarbes, Tomas Pino, José Malpica, Alejandro Izaguirre y otros, quienes haciéndose pasar por funcionarios de la policía y unas veces con amenaza y otras con promesas de libertad interrogaban a los detenidos, haciéndoles decir o declarar bajo su antojo. (  Pinto Prada, Rafael Agustín  "Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948")

  En Caracas el antiguo Club Nocturno “Trocadero”, famoso por reunir a lo mas selecto de la política y la sociedad de Caracas en los tiempos de Medina, ahora era convertido en un mini-campo de concentración a donde se llevaron a docenas de caraqueños de oposición, pese a que en la capital no hubo acciones golpistas, entre ellos Jóvito Villalba,  Guillermo Negrete, J.M. Domínguez, Horacio Guerrero, Juan Francisco Miers,  Manuel Pelucarte, entre otros.  En Maracaibo pese a que no hubo alzamientos, también se detuvo a un buen número de ciudadanos simpatizantes de  la oposición.  Muchos de los detenidos de Caracas y Valencia fueron salvajemente torturados, una práctica que los venezolanos consideraban execrada de nuestras cárceles, ya que no se había visto desde los tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Al padre Heredia le lanzaban excrementos a su calabozo y lo presionaban para que falsamente inculpara al obispo de la ciudad, Monseñor Adam, acusándolo de estar implicado en el golpe. También lo encerraron en el calabozo con unas prostitutas medio desnudas. En el Trocadero le aplicaban electricidad a los presos en los testículos, oprobiosa práctica que jamás antes se había visto en Venezuela, ni siquiera en las peores dictaduras de principios de siglo. Un grupo de damas valencianas, entre ellas Carmen Marciano, Luisa de Celis, María de Toro, Isabel Iturriza y Cecina de Galli, entre otras,  denunció  las torturas a los presos ante la Asamblea Nacional Constituyente, la que nombró una comisión especial para investigar el caso, presidida por el diputado Ambrosio Oropeza, la que comprobó la veracidad de los tratos crueles inferidos a los presos políticos.  Como es costumbre, se solicitó al poder judicial que en contra de los culpables “se aplique todo el peso de la ley y se llegue hasta las últimas consecuencias.” Los presos de el “Trocadero” fueron liberados a mediados de Enero. En cuanto a los presos de Valencia, continuaron detenidos sin juicio alguno hasta ser indultados un año después por el nuevo presidente Rómulo Gallegos.  Así fueron las cosas.

Fuentes:
Yanes, Oscar. “Amores de Ultima Página, p. 316, Edit Planeta.  Colombia 1.997
Cordero Velazauez, Luis “Betancourt y la Conjura Militar del 45”, Caracas 1.978
  Pinto Prada, Rafael Agustín  "Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948".  Ediciones de la Secretaria de la Gobernación del Estado Carabobo. Valencia. 2009

Rivas Rivas, José. “Historia Gráfica de Venezuela” Centeno Editor C.A. Tomo 3.  Edición digital.