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sábado, 11 de abril de 2020

El GOLPE DE EUSTOQUIO


EL GOLPE DE EUSTOQUIO
Por
Luis Heraclio Medina Canelón.

Para la segunda quincena de diciembre de 1935 Venezuela era una olla de presión a punto de explotar. Juan Vicente Gómez luego de una larga tiranía de 27 años yacía en su lecho de muerte, mientras a su alrededor sus herederos y causahabientes cavilaban sobre su destino y el futuro del país luego de que el tirano exhalara su último suspiro.

A raíz de la oscura muerte de Juan Crisóstomo (Juancho o Juanchito) Gómez, hermano del dictador y vicepresidente, asesinado en el propio palacio de Miraflores, Gómez había hecho reformar la constitución y suprimir la figura de los vicepresidentes. En aquella oportunidad se había atribuido el asesinato a intrigas palaciegas que vinculaban al otro vicepresidente José Vicente Gomes Bello (Vicentico), hijo del tirano  y su madre Dionisia. Ahora, con la inminente muerte del mandatario, sin testamento político ni que hubiera señalado sucesor, le correspondería la sucesión al ministro de guerra y marina, el general Eleazar López Contreras, apoyado por la institucionalidad militar, pero tal candidato no era buen visto por buena parte de lo más recalcitrante del “clan Gómez”.



Figuras principales de este grupo eran el presidente del estado Lara, Eustoquio Gómez Prato, primo del autócrata y Eloy (a) El Indio Tarazona, ayudante de cámara del presidente, escolta personal y asistente, a quien, siendo colombiano Gómez había dado la jerarquía de coronel del ejército venezolano.

EL PRONTUARIO DE EUSTOQUIO
Eustoquio, que había acompañado a su primo Juan Vicente desde los tiempos de la invasión de 1899 era un hombre sumamente violento e intransigente. Ya en 1907 había asesinado por una banalidad al gobernador del Distrito Federal, y fue salvado de  una larga condena de prisión por su primo recién llegado a presidente que lo liberó fraudulentamente y lo designó, bajo un nombre falso, como comandante del Castillo-Prisión de San Carlos de la Barra del Lago de Maracaibo. Allí debido a sus violencias, abusos y atropellos en contra de los soldados y los presos se le amotinó la guarnición, que se unió con los detenidos obligando al personaje a huir a nado por las aguas del lago. Años mas tarde, nuevamente Gómez le da un cargo de importancia: lo designa presidente del estado Táchira, donde si bien ejecuta una buena cantidad de obras públicas, vuelve a caracterizarse por el abuso de poder, la represión y el crimen: Entre veinte y treinta mil tachirenses se ven obligados a abandonar su estado natal refugiándose en Colombia por temor a las atrocidades cometidas por Eustoquio, siendo la más recordada la oportunidad en que colgó a varios ciudadanos acusándolos de conspiración. Es quizás la última vez que en nuestro país se colgaba a una persona, hecho que no se veía desde tiempos de la guerra de independencia. Con este currículum, que más bien parece un prontuario criminal, Eustoquio se desempeñaba ahora como presidente del Estado Lara y consideraba que era él el único que podía asegurar las millonarias propiedades habidas por los Gómez era él. Es lo que en su criterio significaba “mantener el orden”. El Indio Tarazona también tenía mucho que perder y era un perro fiel a los intereses de los gomeros estaba dispuesto a secundar al primo de su jefe en lo que fuera.


LA PRUDENCIA DE LOPEZ CONTRERAS
El general López Contreras, que conocía a Eustoquio desde los años de la invasión en 1899 sospechaba del primer mandatario del estado Lara.  Sus informantes lo habían puesto al tanto de las conversaciones de Eustoquio con los comandantes militares de Lara y Aragua, entre otros militares. Sin poder hacerlo preso sin pruebas concretas ordenó a su gente tenerlo vigilado, así como a sus mas inmediatos colaboradores. Mientras tanto Eustoquio se desplazaba entre Barquisimeto, Maracay y Caracas acompañado de una partida de matones fuertemente armados en varios vehículos.
Mientras tanto en Maracay, capital virtual de la república y luego de un ataque de prostatitis complicado con uremia sufrido por Gómez el 9 de diciembre y ante el inminente desenlace López Contreras convocó a una reunión con los Gómez. Astutamente la planificó para hacerla en la casa de Regina y Emilia, las hermanas de Gómez, donde debido a la presencia de las señoras difícilmente Eustoquio intentaría un atentado contra López. A la reunión llego el general López Contreras apenas acompañado de un edecán. Eustoquio llegó con dos de sus primos y varios de sus escoltas. López Contreras habló a la concurrencia explicando que el país podía caer en la anarquía si no se reprimían las ambiciones personales. Que el gobierno estaba decidido a ejercer sus atribuciones constitucionales. Que si ciertos parientes de los Gómez causaban divisiones en el ejército cualquier esfuerzo por mantener el orden constitucional quedaría truncado. Habló de sus responsabilidades como ministro de guerra, de su lealtad y de su buena fe y pidió que se le respondiera igualmente. Las hermanas Gómez aprobaron todo lo que López dijo y Eustoquio mintió diciendo que también estaba de acuerdo.


EL GOLPE
Pero mientras ocurría la reunión en Maracay, el Indio Tarazona ordenaba a los encargados de las haciendas de Gómez en Aragua y Carabobo que movilizaran a todos los peones, para concentrarlos y armarlos en Maracay, todo en complicidad con los presidentes de esos estados. El plan del golpe estaba en marcha…Hay que recordar que la mayoría de la peonada eran soldados del ejército que Gómez  “destacaba” en sus múltiples haciendas para que trabajaran como jornaleros.

El 11 de diciembre Tarazona y los suyos reparten máuseres, subametralladoras y municiones en Las Delicias, Ocumare de la Costa, San Juan de los Morros, El Trompillo en Carabobo  y otras haciendas propiedad de Gómez. El comandante de la guarnición de Ocumare de la Costa sería el encargado de matar o apresar a López Contreras tan pronto falleciera Gómez. El comandante de la policía de Maracay también estaba con los conspiradores. Los hoteles y pensiones de la ciudad se llenaron de sujetos extraños; son los hombres de Eustoquio que han sido llevados a la ciudad para estar listos al momento de cualquier desenlace. Cajas sospechosas de contener armas son sacadas de los cuarteles. Los agentes de López informan de todo al ministro, quien ordena estrechar la vigilancia sobre Eustoquio, que no ha dado todavía ninguna evidencia contundente de su conspiración. Se ordena intervenirle cualquier correspondencia.  
El 15 de diciembre llega al despacho de López Contreras una carta interceptada por sus oficiales. Es una correspondencia de Eustoquio dirigida a mi tío abuelo el coronel Eloy Montenegro Tirado, gobernador del distrito, en Barquisimeto que dice:
“…el General Gómez está muy grave. Esto será el día del juicio. Será un desastre. Dígale a los jefes de los batallones que pongan mucha atención, que redoblen su vigilancia y que deben consular conmigo, no obedeciendo más órdenes que las mías y que tengan cuidado de no ir contra mis deseos: aún cuando el ministro de guerra les dé órdenes, no deben moverse hasta que yo ordene…Cuando le diga <terminó el trabajo>  significa que el general se murió o está agonizando, de modo que nuestra gente se ponga sobre las armas…lo que necesitamos es unión entre todos para ser invencibles en el momento dado”...

El complot había quedado descubierto.
El día 16 Eustoquio salió a primera hora de la mañana desde Maracay para Barquisimeto, para preparar detalles del golpe, mientras mas tarde en la misma ciudad Tarazona  se enteró de la extrema gravedad de Gómez y viajó a toda velocidad a la capital larense a ultimar detalles personalmente con Eustoquio, pero ha hecho una llamada comprometedora que ha sido escuchada por alguien que hace llegar la información a militares leales y López Contreras ordena su captura. No encuentran a Tarazona en Aragua, pero se averigua que llegará en la tarde o noche. Al regresar a Maracay, Tarazona es interceptado por los militares y reducido a prisión sin ofrecer resistencia. Algunos otros oficiales claramente vinculados a la componenda son también detenidos. Horas más tarde Juan Vicente Gómez se convertía en un cadáver.

EL PRINCIPIO DEL FIN
Sin pérdida de tiempo López Contreras ordena sustituir a los pocos oficiales que consideraba adeptos a Eustoquio Gómez por militares institucionalitas.
Una vez oficializada la muerte de Gómez el Concejo de Ministros designa como presidente provisional al ministro de guerra y marina, general Eleazar López Contreras. Recibiendo la presidencia López Contreras canta el primer jaque en contra del gomecismo: Decreta la libertad de todos los presos políticos y autoriza a todos los exiliados a regresar a la Patria. Es una hábil medida que sorprende y desconcierta a Eustoquio y a toda la oligarquía gomera: Son miles de venezolanos que no quieren para nada a la familia Gómez y que apoyarán al nuevo presidente. Hay entre ellos militares, médicos, escritores y antiguos miembros de las montoneras nacionalistas, liberales y hasta castristas, muchos de ellos fogueados en los combates del primer cuarto del siglo XX. “Son un peligro para nosotros” dicen los miembros de la “familia real” gomera. A lo que López les responde: “Les doy todas las garantías y facilidades para que abandonen el país. Y les sugiero que lo hagan”.


Enterrado Gómez en Maracay, López regresa a la capital y se empiezan a producir manifestaciones en contra de los Gómez. Mientras Eustoquio piensa que todavía no está todo perdido y cuenta con viejos generales gomecistas como Vicencio Pérez Soto, León Jurado, Santos Matute Gómez, presidente de Carabobo o Félix Galavis, el gobernador de Caracas. Sale de Maracay a Barquisimeto, pero en la alcabala no lo dejan salir de Aragua. Empieza a notar su desamparo.  Se informa de que en la vecina población de La Victoria ya la gente en la calle saquea propiedades de los gomecistas, decide entonces viajar a Caracas para dar un último y desesperado golpe de mano.


LAS RATAS HUYEN ANTES DE QUE SE HUNDA EL BARCO
Antes de abandonar Maracay López Contreras había “sugerido” al clan gomero la conveniencia de abandonar el país, para lo cual puso a disposición de los Gómez y sus socios aviones y barcos. El vapor “Zamora” que siempre tenía Gómez anclado en Ocumare de La Costa para huir en caso de una emergencia sale para Curazao con un centenar de gomecistas con las alforjas atestadas de millones en billetes, monedas de oro  y joyas, una parte de lo que saquearon a Venezuela en un cuarto de siglo. Vicencio Pérez Soto, uno de los millonarios generales con que contaba Eustoquo para el golpe, huye en su yate personal a Trinidad. Otros escapan en avión, uno de los aeroplanos cae a tierra en la frontera con Colombia, pero sus ocupantes salvan la vida y atraviesan la frontera.  Emilia Gómez, una hermana del dictador que no escapó a tiempo estaba en su casa cuando la muchedumbre entró a saquear y despavorida huyo por los techos, cayendo en casa de los vecinos con un brazo fracturado. La gente toma las calles celebrando la libertad de los presos y el fin de la tiranía. López designa al general Galavis gobernador del Distrito Federal, es otro posible aliado que pierde Eustoquio.

EL VIAJE A LA MUERTE
Eustoquio llega temprano a Caracas y va directamente a ver a López Contreras al Ministerio de Guerra y Marina. Trata de reclamar y pedir explicaciones y manifiesta su intención de ir a Barquisimeto. López le informa que ya no es autoridad militar en Lara, que no vaya para allá, que tampoco debe permanecer en Caracas por los disturbios que se suceden  y le pide regrese a Maracay con su familia y hasta le ofrece una escolta armada. Gómez Prato rechaza la escolta y miente diciendo que se regresa para Maracay, pero se dirige con tres parientes que lo acompañan y sus espalderos a la gobernación del Distrito Federal. Al llegar observa en la calle las manifestaciones.
Cuando lo ven la gente grita: -“Mueran los Gómez”
 En la plaza Bolívar hablan antiguos presos políticos enemigos del gomecismo. Iracundo entra en la gobernación y pide hablar con el gobernador Galavis mientras que sus escoltas armados toman posiciones.  Alguien nota su entrada en el edificio y lo alerta a la gente. El hombre se enfurece más todavía y exige al gobernador un pelotón de policías o soldados para llevarlos él mismo a ametrallar a los manifestantes. Galavis le sugiere que evite problemas y salga por la puerta trasera, de manera discreta para que no lo vean. Eustoquio insiste en reprimir a los manifestantes:
-A esa gente hay que echarles plomo¡ dice enfurecido.
 En eso el gobernador recibe una llamada del presidente encargado, que le pregunta por la situación. Cuando López Contreras se entera de que Eustoquio lo ha engañado y se ha presentado en la gobernación ordena a Galavis  que arreste al hombre y lo traslade a Maracay.

En la gobernación se encuentran varios personajes aparte de Galavis y Gómez Prato, entre ellos Jesús Corao, prefecto de Caracas. Cuando Galavis le da la orden de arresto, Eustoquio, el hombre que ha encarcelado y torturado a miles de venezolanos, se indigna y trata de sacar su revólver, pero le pegan dos tiros. Sin poder hacer uso de su arma, sale del despacho dando tumbos y se arrastra hasta el baño de hombres.  Se sienta en la poceta. Al ver a su jefe ensangrentado, los matones huyen despavoridos por la puerta de atrás de la gobernación. A los pocos minutos Eustoquio Gómez exhala sus últimos suspiros. Jesús Corao calma a la gente que en la calle está agitada y les anuncia la muerte del curel hombre. Sin pérdida de tiempo el populacho cae sobre los dos lujosos automóviles de Eustoquio y los suyos y los convierten en una pira ardiente.  Nunca quedó claro quien o quienes fueron los autores de los disparos. El gomecismo está liquidado. Vendrán diez años de respeto a la ley, democracia y libertad.


Fuentes:
Fernández, Carlos Emilio “Hombres y Sucesos de mi Tierra” Talleres del Sagrado Corazón, Madrid 1969
Garmendia, Hermann. “Eustoquio Gómez, un general de la rehabilitación” Editorial Diana S.A. México 1955
Lavin, John. “Una Aureola Para Gómez” Distribuidora Continental. Caracas. 1950
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA.





jueves, 12 de julio de 2018

LA HISTORIA DEL LICEO PEDRO GUAL DE VALENCIA.



LA HISTORIA DEL LICEO PEDRO GUAL.
El próximo 30 de Julio se cumplen 82 años de la creación del Liceo Pedro Gual.  Fue por decreto del entonces presidente de la república, el Gral. Eleazar López Contreras, el verdadero padre de la democracia venezolana, que se crea nuestro primer liceo carabobeño de la modernidad, según decreto del ejecutivo federal del 30 de julio de 1936.  Se le dio para su primera sede la antigua casa donde funcionó la Universidad de Valencia, frente a la Plaza Sucre, lo que hoy conocemos como la “facultad de Derecho”.  Su primer director fue el Br. José Gregorio Ponce Bello y el sub-director el Dr. Leopoldo Araujo.
En sus primeros tiempos, los estudios de bachillerato eran sólo de 4 años, apenas contando el liceo con alrededor de 300 alumnos.   Tuvo la novedad, para aquellos tiempos de ser el pionero en la educación mixta, es decir, hembras y varones estudiaban juntos por vez primera.  Ya para los años cuarenta, con una nueva organización tenía casi 400 alumnos: 3 secciones de primer año (120 estudiantes), 2 secciones de segundo (80 alumnos), una sección de tercero (80 alumnos) y una de cuarto con 40 alumnos.  En cuanto al segundo ciclo, que sería el quinto año había: Ciclo de Ciencias Físicas y Matemáticas: 16 alumnos, Ciencias Sociales: 12 alumnos, Ciclo de Ciencias Biológicas: 50 alumnos.  De esta población estudiantil 80 eran muchachas.  Tanto el primer como el segundo ciclo tenían sus clases prácticas de Anatomía, Botánica, Fisiología, Física, Química, Mineralogía y Dibujo.  Las prácticas de Química Biológica las veían los muchachos en el antiguo Hospital Civil de Valencia.
Pocos años más tarde, durante la presidencia  del Gral. Isaías Medina Angarita y como ministro de instrucción pública del Dr. Rafael Vegas se decreta la construcción de un moderno edificio para sede del instituto, a semejanza del “Fermín Toro” de Caracas, con un costo extraordinario para la época de un millón ochocientos mil bolívares, el cual sería edificado en Camoruco, en  unos terrenos donados por la sucesión de Antonio Guzmán Blanco a la Municipalidad de Valencia, conocidos como el “Parque Guzmán Blanco”.  Allí quedaba en el siglo XIX la suntuosa residencia del presidente Guzmán Blanco, que solía venir por temporadas  a Valencia.  Luego de la muerte de Guzmán la residencia y el parque donde estaba enclavada fueron quedando abandonados y en ruinas y en las primeras décadas de los treinta algunos deportistas fomentaron allí unas canchas deportivas.  Allí funcionaba el “Camoruco Tenis Club” y había otras canchas basket y un parque infantil.  La nueva edificación estaría dotada de holgadas dependencias, canchas, laboratorios, comedor, aulas, abundantes áreas verdes y hasta un teatro.  También se le incorporaron los más modernos equipos y material pedagógico.
Primera sede del Liceo Pedro Gual, frente a la Plaza Sucre, antigua sede de la Universidad de Valencia. 
Entre los primeros profesores del “Pedro Gual los cronistas recuerdan, además de “el poeta” Ponce Bello, a Agustín Hurtado Oliveros, en matemáticas, que luego se haría jurista y es el autor del libro de derecho romano que utilizamos casi todos los estudiantes de derecho.  También estaba el padre John, un curazoleño que hizo suya la tierra carabobeña, que daba clases de inglés y castellano. Así mismo señalan al Dr. Fabián de Jesús Díaz, famoso médico carabobeño. Igualmente el recordado profesor Dimas Segovia Chávez, quien ininterrumpidamente fue profesor de Química,  desde 1.947 hasta su jubilación en los setenta, conocido por ser fundador y director del Colegio Juan XXIII.  Jesús Berbín López, quien lo dirigiera por muchos años. Pedro José Mujica, el prof. Tabares, etc.
A mediados de la década de los cuarenta, las chicas estrenando el nuevo edificio del liceo.
Entre la nómina de profesores de los años cuarenta, quienes “estrenaron” el nuevo edificio de Camoruco en la Av. Bolívar están: El director Vásquez Fermín, y se mencionan entre los profesores a Pastor Rojas, Armando Alfonzo.  El director en los cincuenta era el profesor Oropeza.
Y de sus  primeros alumnos, de la época de la Plaza Sucre, se puede mencionar a Guillermo Mujica Sevilla, que llegó a ser médico eminente y cronista de Valencia, Alejandro “el policía” Izaguirre, ministro de relaciones interiores de C.A.P., Guido Groscors, también ministro en los tiempos de C.A.P., una bella muchacha llamada René Lozada, que con el tiempo sería la esposa se Renaldo (Renny) Ottolina.
 
A sus inicios en el “Pedro Gual” funcionaban una serie de asociaciones dependientes del liceo, tales como, el Centro Cultural, la República Liceísta, el Teatro del Liceo, la Asociación de Padres, Representantes, Alumnos y Profesores del Liceo y los deportes en general.  Estas asociaciones no eran meros entes de papel, sino instituciones que verdaderamente funcionaban, tanto es así que hasta en una oportunidad la directiva de “República Liceísta” fue recibida en audiencia por el ministro de instrucción pública para escuchar sus planteamientos.
Promoción de Humanidades de 1978 junto a la estatua del Dr. Pedro Gual.
Por años el “Pedro Gual” fue famoso por su rigurosidad académica, formando centenares de bachilleres que luego serían exitosos estudiantes universitarios y excelentes profesionales.  Firmes directores dirigieron con acierto por muchos años el quehacer en el liceo, imponiendo con carácter y justicia su autoridad en beneficio de la comunidad liceísta.  Pero los tiempos han cambiado, el país ha perdido la brújula….desde leyes alcahuetas  hasta el temor en autoridades a asumir responsabilidades en todos los ámbitos de la vida  han llegado también hasta nuestro liceo.  Hoy, quizás ni la estructura física ni el componente humano sea el mejor de todas sus épocas.  Llegará el día de recuperar el liceo y recuperar la República.
Promoción de Humanidades 1978 frente a la entrada del teatro del Liceo.

sábado, 7 de julio de 2018

LA PRIMERA BAJA, EL GUARDIA EDECIO ALVAREZ.

Primera promoción de la Escuela Nacional de Seguridad, futuros guardias nacionales de Venezuela (1936).

LA PRIMERA BAJA, EL GUARDIA EDECIO ALVAREZ.  
En 1936 Venezuela entra en el siglo XX de manos del presidente general  Eleazar López Contreras, luego de 35 años de oscurantismo, brutalidad, atraso y tiranía.  En aquellos tiempos en que los totalitarismos avanzaban por Europa, el presidente López, quien era un demócrata cabal y enemigo convencido del comunismo y el fascismo,  crea una serie de instituciones para modernizar a Venezuela, entre ellas, le da vida a la Guardia Nacional de Venezuela (GNV), inspirado en organizaciones semejantes que en sus países gozan de reputación y admiración de la colectividad, como son la Guardia Civil en España y los Carabineros en Chile. Esta será una fuerza observadora y cumplidora de la ley, para proteger nuestras fronteras y defender a la ciudadanía del contrabando, los cuatreros, de la delincuencia y de los totalitarismos, el fascismo y el comunismo y el control de indocumentados, con los profundos sentimientos nacionalistas y verdaderamente bolivarianos que eran el norte del viejo general. Aquellos fueron muchachos formados en la “Escuela Nacional de Seguridad” con mucho estudio, de leyes y reglamentos, procedimientos, geografía e historia patria y  en estrictas normas de ética, comportamiento, presencia personal, moralidad, desprendimiento, amor a la patria, cumplimiento del deber y espíritu de sacrificio, todo esto comprendido en “La Cartilla del GN” que era su Biblia. 
 De estas primeras promociones egresó Edecio Alvarez.  Era un muchacho de Capacho, de tipo aindiado, de instrucción elemental, pero buen compañero, apreciado por sus iguales y por los superiores, quienes le tenían cariño y consideración. Era de esos sujetos que internalizaba totalmente su condición de militar; parecía que a toda hora andaba de servicio; la “cartilla del guardia nacional” era su ley de vida.  Estando de servicio en el Estado Zulia, en la zona de la Goajira venezolana, a la patrulla de la que formaba parte tuvo que atravesar el río Limón, que se encontraba algo crecido.   Sucede que, como sabe cualquiera que haya recibido entrenamiento militar, el arma de servicio es considerado algo totalmente sagrado; el soldado jamás puede ni debe dejar ni apartarse de su fusil.  En el cuartel les dicen: Su arma es su novia, si la deja sola se le va con otro.   La peor falta en que puede incurrir el soldado es descuidar su arma, porque puede caer en manos del enemigo y matarlo a él o a sus compañeros.  Este es el primer pensamiento que se le inculca al soldado, es un dogma para el militar. Así pues, al atravesar el embravecido río Limón, con su carabina,  debido a la fuerte corriente, el guardia Edecio perdió el equilibrio y cayó en las turbulentas aguas. El joven guardia, sin faltar a su juramento tomó fuertemente su arma, para evitar perderla en la corriente, pero no podía nadar.  Sus compañeros y superiores, ya a salvo en la orilla le gritaban que soltara la carabina, pero Edecio llegó a responderles: -“No puedo soltar la carabina que la Patria me confió”. Pese a las súplicas de los otros guardias, Edecio Álvarez continuó con su carabina entre los brazos hasta que se lo terminaron por tragar las aguas. La muerte del guardia nacional Edecio Álvarez fue la primera baja en servicio de la novel Guardia Nacional de Venezuela (GNV) Ese era el concepto del deber que tenían aquellos hombres formados en la antigua y ya extinta Guardia Nacional de Venezuela.  En estas fechas en las que algunos venden su Patria y por su dignidad por un puñado de monedas, cual modernos Judas caribeños, es necesario recordar al guardia Edecio Alvarez, primer gn muerto en servicio.


jueves, 18 de enero de 2018

EL DICTADOR ORDENÓ QUE LO ASESINARAN: ANTONIO PAREDES

" ¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles?¿Y entonces voy a quedar en ridículo? Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte"
Gral. Antonio Paredes
“Diálogo de Ultratumba con dos generales


El general Antonio Paredes

Los dictadores siempre son cobardes.  El miedo es un fantasma que los asecha en todo momento.  Saben que sus abusos y arbitrariedades generan en muchas personas la sed de justicia y que los hombres de bien quieren hacerles pagar bien caro sus atrocidades.  Por eso están viendo conspiraciones, complots y tiranicidios por todas partes.  Por eso también es que algunas veces ordenan a sus secuaces asesinar a aquellos oponentes que no pueden reducir con el miedo, con los sobornos o con la amenaza de la cárcel.  Pero también es frecuente que esos asesinatos políticos terminan por apresurar el fin de los tiranos que los han ordenado.  Así ocurrió con Somoza cuando ordenó matar a Chamorro en Nicaragua, con Trujillo cuando mandó matar a las hermanas Mirabal en República Dominicana, o en Panamá con Noriega luego de que tramara el crimen de Hugo Spadafora.  Son asesinatos políticos del siglo XX ocurridos en nuestro inmediato Caribe.  Para no hablar del presente siglo, debemos recordar uno de los crímenes políticos más aborrecidos en la Venezuela del siglo XX: el asesinato ordenado por el dictador Cipriano Castro en contra del valiente general valenciano Antonio Paredes.
 
El Gral Antonio Paredes en su despacho.  Al fondo, arriba, un retrato del presidente Andrade.
¿QUIEN ERA ANTONIO PAREDES?
Oriundo de Valencia y descendiente directo de conquistadores y generales patriotas, el general Antonio Paredes se formó orgulloso de su linaje.  Los conceptos de honor, verdad, deber y rectitud adquieren para él un significado absoluto e intransigente.  Confesaba a sus amigos que soñaba con repetir en los tiempos modernos las hazañas de sus antepasados.   En Valencia, creció entre cuentos e historias de hazañas de guerreros,  recibió una esmerada educación, incluso estudió en la universidad de la ciudad, aunque no llegara a culminar. En la década de 1890 se destaca como un hombre valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto al incorporarse  a la “revolución legalista” de Joaquín Crespo, quien lo nombró general y Jefe del Castillo Libertador de Puerto Cabello.  Cuando el presidente Crespo decide, de manera inconsulta con la sociedad carabobeña designar como presidente del estado (gobernador) su enemigo, el general José Félix Mora, un hombre casi analfabeta, sin ningún tipo de educación y de bajo extracto social,  Paredes protesta vehementemente y rompe con Crespo.  Se tiene que ir del país y huye a Europa. 
El Gral. Paredes de uniforme.
En el viejo continente no pierde tiempo para estudiar: perfecciona sus idiomas: francés, inglés y alemán y realiza cursos en la Academia Militar de Saint-Cyr (Francia). Luego Viaja a Nueva York (1897) donde amplía su formación militar y académica.  A su regreso a Venezuela, una vez muerto Crespo, es empleado por el presidente Ignacio Andrade como jefe militar en Carabobo, donde le toca enfrentar a la “revolución de Queipa” de José Manuel Hernández (el Mocho).  Desde Valencia publica su primer libro, un panfleto en contra de su adversario militar, el “Mocho Hernández”.  Posteriormente, en septiembre de 1899  es nombrado nuevamente comandante del Castillo Libertador de Puerto Cabello. Allí le toca ser el último y obstinado bastión de defensa del gobierno de Andrade en contra de la “Revolución Restauradora” de Cipriano Castro que arrolladoramente avanzaba desde los Andes.  Resiste tenazmente por varios días como ningún otro general lo hizo en defensa del gobierno, hasta al quedarse sin municiones, decide rendirse.  Cipriano Castro envió a pactar la rendición con Paredes a un lugarteniente suyo, que se identificó como “el general Rafael Bolívar”. Pero Antonio Paredes descubre que el tal “general Bolívar” ni es general ni es Bolívar; es un aventurero colombiano de nombre Benjamín Ruiz, compinche de vagabunderías de Castro, lo que enfurece a Paredes, quien no tolera que un extranjero usurpe las jerarquías de un militar venezolano.  Pese a la inferioridad militar de la guarnición del castillo frente a los que lo sitian, apresa al falso general y está a punto de ordenar su fusilamiento, pero a ultima hora se firma la rendición con un representante legítimo de Castro.
De blanco, el Gral Paredes frente a sus tropas.
Paredes es apresado y enviado a la cárcel del Castillo  de San Carlos de la Barra, en la entrada de Lago de Maracaibo.  Allí muchas veces con grillos de 60 libras remachados a sus tobillos pasa tres años y puede escribir la que es quizás la mejor de sus obras “DIARIO DE MI PRISION EN EL SAN CARLOS”.  Cuando se produce la crisis del bloqueo de las potencias europeas a las costas venezolanas Castro ordena la libertad de todos los presos políticos, incluyendo a Paredes.  El dictador envía un barco para que todos sean llevados a Caracas a entablar con el tirano un “diálogo” en vista de la grave situación del país a causa del bloqueo, pero el general Paredes no cree en los “diálogos” con sátrapas;  El barco debe hacer escala en Curazao antes de llegar a La Guaira.  Antonio Paredes le dice a un compañero de viaje:

“Ahora que me considero en libertad, yo no iré sino hasta Curazao. ¡Que sigan hasta Caracas los que quieran deshonrarse poniéndose al servicio de Castro¡ En cuanto a mí, no tengo mas camino que la guerra contra ese tirano que ha sido y será el azote de Venezuela mientras no lo echemos de allí a balazos”   

De Curazao pasó a Trinidad, donde divide su tiempo entre escribir y conspirar obsesionado con el derrocamiento de Castro. Regresa nuevamente al país, incorporándose a la Revolución Libertadora en junio de 1903, participa en Güiria, en los últimos combates de ese movimiento y una vez derrotado regresa a Trinidad donde publicó sus obras: El Diario de Mi Prisión en el San Carlos y su Bosquejo histórico o Memorias contemporáneas y Cómo llegó Cipriano Castro al poder.
 
El Castillo-prisión de San Carlos de la Barra, a la entrada del Lago de Maracaibo, donde el Gral. Paredes estuvo 3 años preso.
EL REGRESO A LA PATRIA Y A LA MUERTE
Son pocos (o prácticamente ninguno) los casos registrados en Venezuela en que haya quedado evidenciado de manera contundente que el presidente de la república haya ordenado de manera directa el asesinato de un venezolano.  Quizás el del general Antonio Paredes sea el único.
Cipriano Castro "El Cabito". quizás el único presidente venezolano que dio de manera indubitable ordenes de asesinar a un venezolano.
A principios de 1907 el general Paredes es descubierto por las autoridades de Trinidad mientras reúne un parque de armas y organiza un movimiento revolucionario para invadir a Venezuela.   Le decomisan el armamento y se ve obligado a abandonar la isla.  Con un reducido grupo de compañeros, apenas una docena de hombres se decide a venir a Venezuela, casi sin armas, a tratar de organizar un alzamiento desde el oriente del país.  Entran por Pedernales, en lo que hoy es el estado Delta Amacuro, por las bocas del Orinoco, y pasa por varios poblados, buscando la vía de Ciudad Bolívar, pero los servicios de Castro se ponen en alerta.  El gobernador del estado Bolívar, Jesus Varela, siguiendo las instrucciones de Castro envía un vapor por el Orinoco comandado por el coronel Jesus García, que intercepta la pequeña lancha donde se traslada el grupo, el cual es capturado en las inmediaciones de Barrancas del Orinoco.  Los oficiales de Castro telegrafían inmediatamente al dictador, quien se encuentra gravemente enfermo en Macuto.  Castro le teme a Paredes; sabe que es un militar formidable y muy admirado.  También lo odia por haberlo desenmascarado en el caso del falso general colombiano y por muchos panfletos que Paredes publicó en su contra.   La respuesta no se hace esperar:

"Debe Ud. dar inmediatamente orden fusilar a Paredes y su oficialidad. Avíseme recibo y cumplimiento. D y F. Cipriano Castro"

El telegrama queda en los archivos como la prueba irrefutable de la autoría intelectual del homicidio. 
El gobernador Varela, envía otro barco al encuentro del García que tiene a los prisioneros con la orden de reiterar las instrucciones de fusilamiento, pero García es un militar, no un criminal y se niega a asesinar al general preso.  El día 15 de Febrero, en la madrugada, el Gral. Paredes y sus oficiales son llevados amarrados hasta la popa el buque donde se encuentran detenidos. Un soldado trató de vendarle los ojos a Paredes, pero el valiente general se negó a que lo taparan y  le gritó:
-Máteme pero no me veje¡ y mirando fijamente al pelotón de fusilamiento finalmente gritó:
-¡Madito seas Cipriano Castro¡
Y sonó la descarga de fusilería.
Luego de cumplida la orden de asesinato los cuerpos fueron lanzados al agua del río Orinoco.  Al poco tiempo fueron encontrados y sepultados por unos campesinos.
La noticia del crimen corrió como pólvora por toda Venezuela. La cobardía y el ensañamiento del asesinato causaron una indignación general por lo conocido de la gallardía del gral. Paredes.  La reputación del presidente Castro, que ya estaba bastante menguada por sus desaciertos administrativos, sus bravuconadas internacionales y sus excesos y perversiones se terminaba de ir a pique.  Algún tiempo después esta situación, junto con otro telegrama comprometedor fueron aprovechados por Juan Vicente Gómez para acusar a Castro de querer matarlo a él y darle el golpe de estado.  Una acusación penal por homicidio contra Castro, incoada por los hermanos del gral. Paredes terminó de sellar el destino del depuesto dictador.  Jamás regresaría a Venezuela.  Al hombrecillo de barba y levita gris le tocó vagar por el mundo, como un paria, expulsado de aquí y de allá, vigilado en todas partes y recibiendo el desprecio general.

El general Antonio Paredes no ha recibido el tratamiento que merece por la historia como ejemplo de sacrificio, inteligencia, valor personal, estudio, honestidad con sus principios y amor por su causa.  Debemos recordarlo y divulgar su ejemplo.  Finalmente dejamos unas palabras suyas, hoy más vigentes que nunca:
"Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad"
Antonio Paredes
El Gral Paredes, ejemplo de valentía y dignidad.

FUENTES:
LOPEZ CONTRERAS, ELEAZAR. “El Presidente Cipriano Castro”.Bloque Dearmas. Caracas.
NUÑEZ, ENRIQUE BERNARDO.  “El Hombre de la Levita Gris”.  Tipografía Garrido. Caracas. 1943
PAREDES, ANTONIO. “Diario de mi prisión en San Carlos” . Ediciones de la Presidencia de la República. Imprenta Nacional 1963
PICON SALAS, MARIANO.  “Los días de Cipriano Castro”.  Festival del Libro Popular Venezolano
FUENTES WEB
http://www.pressreader.com/venezuela/notitarde/20160603/281599534758289 (CUBILLÁN FONSECA, LUIS. “Antonio Paredes y Benjamín Ruiz” Diario Notitarde).

domingo, 8 de octubre de 2017

EL Cap. LOPEZ CONTRERAS, EL Gral. MEDINA Y TOCUYITO

Hace exactamente 118 años, el 14 de septiembre de 1.899 se produjo uno de los combates mas sangrientos de nuestra historia: la batalla de Tocuyito. Cipriano Castro venía con “Revolución Restauradora”, desde los Andes, derrotando combate tras combate a las fuerzas gubernamentales del presidente ilegítimo Ignacio Andrade, quien años atrás había usurpado el triunfo electoral a “El Mocho” Hernández .
Tropas de la revolución liberal restauradora.
Esta batalla, que no es debidamente recordada y estudiada por historiadores y militares, tiene gran importancia por diversas razones, en lo político, militar e histórico, entre otras cosas, en lo político, porque en virtud de la victoria de Cipriano Castro en ese combate se inicia la larga hegemonía andina en la política venezolana, que ha perdurado hasta fechas recientes. En lo militar, fue la primera vez en la que se utilizaron masivamente las ametralladoras y la última vez que se empleó masivamente la caballería en nuestro país, como un preludio a lo que sucedería catorce años después en Europa con la primera guerra mundial. Y como se dijo arriba fue uno de los combates mas cruentos librados en nuestro país, se habla de entre mil y mil quinientos muertos e incontables heridos. Para tener una idea de lo intenso del combate, contamos, solamente entre las fuerzas de la revolución, entre los fallecidos al Cnel. Miguel Contreras, comandante del Batallón Bolívar, y el capitán Antonio Guerrero. Entre los heridos están el propio comandante de la revolución, el general Cipriano Castro, el gral. Pedro María Cárdenas que años mas tarde llegaría a ser gobernador en Los Andes, el segundo jefe del Batallón Junin, el cnel. Emilio Fernández, que luego sería general y gobernador de Carabobo, el gral. Juan Chirinos, segundo jefe del batallón Lara, los comandantes Obdulio Bello, José Ma. García, José Ma. Buitrago, y un jovencito, casi un adolescente, el más joven de todos aquellos sesenta andinos con quienes comenzó la revolución, un flaco y espigado muchacho, el capitán Eleazar López Contreras. El bisoño capitán, que se había ganado el respeto de todos sus compañeros, en su mayoría veteranos de guerras de montoneras y “revoluciones”, se batió como los mejores en el combate de Tocuyito, y en el fragor del tiroteo recibió un balazo en el hombro izquierdo con un fusil máuser.
El joven capitán Eleazar López Contreras.
La herida fue terrible. Para quien no conozca lo que era un máuser de aquellos tiempos, les diremos que se trata de una inmensa bala de puro plomo, el doble de gruesa que los fusiles que se usan actualmente, pero con la gravedad de que aquellas balas usadas en esos tiempos no tenían ningún tipo de blindaje, por lo cual el plomo se deformaba cuando el proyectil impactaba con el hueso, adoptando las mas variadas formas y produciendo terribles desgarros, fracturas y desprendimientos. De hecho, ese tipo de proyectil fue prohibido hace muchísimos años por las Convenciones de Ginebra por ser completamente inhumano.
López cayó casi inconsciente y aunque en un primer momento lo creyeron muerto, fue recogido por sus soldados y llevado a sitio seguro, donde dos de las mujeres, que valientemente acompañaban al ejército invasor casi que junto a los combates, le hicieron los primeros cuidados y curas. El propio general recuerda a estas damas: Mercedes Moros y Amelia Candiales.
Una reliquia histórica que conserva la familia Medina; el equipo de cirugía usado por Medardo a fines del siglo XIX. Dos bisturís y un torniquete en su cofre de madera. Posiblemente este equipo se utilizó para operar a los heridos de la batalla de Tocuyito.
A los dos o tres días los enfermos y heridos fueron trasladados a Valencia. En aquellos tiempos apenas existía un hospital y los poquísimos cirujanos que había en la ciudad operaban en la propia residencia del enfermo o en sus propias casas. Uno de estos cirujanos era el general Medardo Heraclio Medina Betancourt, oriundo de la capital, pero casado con una bella montalbanera, Ismenia López con quien había fundado familia en Valencia. Medardo, era veterano de las guerras civiles del siglo XIX, también había sido herido en combate, en la batalla de la Cortada del Guayabo, varios años antes y fue miembro del estado mayor del gral. Joaquín Crespo.
El médico y general Medardo Heraclio Medina Betancourt.

Medardo recibió como paciente al joven Eleazar. Le realizó una primera operación y hasta le dio hospedaje en casa de la familia Medina. Largo tiempo tardó la infección en desaparecer, hasta que al fin con los cuidadosos tratamientos cedió. Aunque en un principio desconfiaban de la mayoría de los oficiales de la revolución, en buena parte campesinos sin mayor cultura ni educación, casi que analfabetas, encontraron en el joven tachirense a alguien digno de confianza: bachiller, de buenos modales, impecable en su presencia, cristiano devoto y austero en su comportamiento. López había querido ser médico, estuvo a punto de ingresar en la Universidad de Mérida justo antes de enrolarse en la revolución, por lo que Medina sintió especial simpatía por el paciente. No tardó el viejo general Medina en establecer una buena amistad con el joven capitán, hasta que, ya medio recuperado y en condiciones de viajar, se trasladó a Caracas, donde debía terminar su tratamiento y asumir el cargo de edecán del presidente Cipriano Castro.
Pasaron treinta y seis años…El joven capitán ya había llegado a general y asumió por disposición constitucional la presidencia de la república. Las primeras medidas del nuevo presidente fue la liberación de todos los presos políticos, la separación de los gomecistas del gobierno y la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional con participación de los antiguos adversarios de la tiranía gomecista. Mientras analizaba la lista de los presos que se estaban excarcelando del Castillo Libertador de Puerto Cabello, preguntaba el origen y razones de cada preso. Le llamó la atención un valenciano que ya llevaba seis años en las mazmorras del Castillo: Luis Eudoro Medina López. Recordó que casi cuarenta años atrás había recibido atenciones de una familia Medina López en Valencia, a quienes recordaba con afecto. Alguien le informó que el hombre que estaba recobrando la libertad era hijo del viejo general Medardo y que su prisión se debía a estar implicado en el magnicidio frustrado de las bombas contra el general Gómez. El general pidió que se comunicaran con Luis Eudoro, a quien quería conocer. En el termino de la distancia el hijo del doctor y general Medina se le presentó al nuevo presidente, quien le manifestó el aprecio por el difunto padre de Luis Eudoro y le ofreció un cargo en el nuevo gobierno, a lo que ni corto ni perezoso Luis Eudoro aceptó. Así, Luis Eudoro saltó literalmente de un calabozo hasta el Palacio Legislativo, como diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1.936 y mas tarde sirvió al gobierno de López Contreras como gobernador del distrito Puerto Cabello, donde le tocó enfrentar la crisis de los buques italianos y alemanes hundidos por sus tripulaciones durante la Segunda Guerra Mundial. La estima mutua entre el gral. López Contreras y los miembros de la familia Medina López duro por toda su vida.