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jueves, 23 de julio de 2020

José Cecilio Tinoco, un porteño en la Batalla Naval de Maracaibo





José Cecilio Tinoco, un porteño luchando en Maracaibo
Por
Luis Heraclio Medina Canelón
En nuestro empeño por rescatar la memoria de tantos personajes históricos carabobeños de la gesta de independencia, que casi han sido olvidados,  vamos a aprovechar hoy que se celebra el aniversario del a batalla naval del Lago de Maracaibo para recordar a uno de esos protagonistas de la historia. Se trata de José Cecilio Tinoco Reyna.
Nuestro personaje nació en Puerto Cabello, en 1806. Fue hijo del capitán de artillería republicano Francisco de Paula Tinoco de Castilla y Agreda y la señora Josefa Reyna. El ilustre historiador carabobeño Luis Alfredo Colomine equivoca su nombre y su filiación ya que lo menciona como “José Francisco” y resulta que ninguno de los tres hijos del comandante patriota Tinoco tuvo ese nombre. También incurre Colomine en un error al señalar que nuestro personaje era hijo de la insigne heroína valenciana Josefa Antonia Zavaleta, ya que si bien “la Zavaleta” se casó con el padre de José Cecilio, lo hizo en febrero de 1807, es decir luego del nacimiento del muchacho, cuya madre era Josefa Reyna. No tenemos certeza de si se trataba de un hijo natural o si Tinoco enviudó antes de casarse con la Zavaleta.
Tendría José Cecilio unos seis años al momento de perder a su padre, cuando el 8 de septiembre de 1813 Francisco de Paula Tinoco es alcanzado por una bala de cañón durante el asedio de Puerto Cabello.
Así lo reseñaba la “Gaceta de Caracas”
“Por la tarde la batería de nuestro costado izquierdo, mandada por el comandante de Artillería Francisco de Paula Tinoco, empezó con la batería enemiga de «El Principe», un fuego vigoroso, y que por la nuestra se sostuvo admirablemente.  La audacia con que ha obrado este Jefe ha aterrado sobremanera al enemigo aunque ha sido desgraciada para él mismo que, al acercarse la noche fue derribado al pie de su cañón por una bala de grueso calibre que le hizo morir al cabo de cuatro horas.” 
Parece ser que José Cecilio Tinoco es adoptado por la viuda de su padre, la inolvidable Josefa Zavaleta, que a su vez ha contraído segundas nupcias. Luego de la muerte del comandante TInoco, la familia habría emigrado a Valencia, ciudad natal de Josefa ya que en 1820 el joven José Cecilio acompaña a la heroína cuando por sentencia judicial esta es expulsada de Venezuela al evidenciarse su implicación en un complot contra el gobierno realista de Palbo Morillo.
José Cecilio, también es sobrino de otro militar republicano, el hermano de su padre Manuel María Tinoco, también porteño y apenas diez años mayor que él. Tiene la vocación de militar y en 1823, con apenas 17 años aparece combatiendo en la batalla naval del Lago de Maracaibo a las ordenes del almirante Padilla.
Posteriormente acompañó a las tropas republicanas en la campaña del Sur bajo las ordenes de otro glorioso porteño: el general Bartolomé Salom, participando el la reducción del Callao, el último reducto realista en la América del Sur. Finalmente con la jerarquía de coronel fijó su residencia en Cartagena, Nueva granada, donde falleció en 1856.
FUENTES:
Alcántara Borges, Armando. “Carabobo Sendero de Libertad” Ediciones del Gobierno de Carabobo. 1992
Colomine, Luis Alfredo “Venezuela y Sus Próceres” Caracas, 1974
”Correo del Orinoco” Nro. 69. 1ero de Julio 1820
Morillo, Palbo “Manifiesto que hace a la Nación Española el Teniente General Pablo Morillo” Impreso en Caracas por Don Juan Gutierrez 1820
Robles E. Laura M. “Los Servidores de la Patria Historia de las Pensiones, el Montepío Militar y los Honores que recibieron los Héroes de la Independencia de Venezuela: 1830 – 1858. Caracas 2008

sábado, 20 de julio de 2019

LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811


LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811
Por
Luis Heraclio Medina C.
La “historia oficial” trata de ocultar algunos episodios o de olvidar otros, pero para la comprensión de los hechos es bueno recordar todas las cosas tal como realmente ocurrieron; así es más fácil entender cómo todos los hechos están entrelazados y que los unos son consecuencia de los primeros y así sucesivamente.
Uno de estos hechos, que poco se cuentan ocurrió apenas unos días luego de declarada la independencia el 5 de Julio de 1811, por parte de los diputados de las provincias de Venezuela, reunidos en el Congreso.  En este Congreso que declaró la independencia era obra casi exclusivamente de los blancos criollos, casi todos los dueños de las grandes plantaciones, los grandes terratenientes, los “grandes cacaos” que sin duda son los Padres Fundadores de la República, los llamados hasta entonces “españoles americanos” en oposición a los “españoles europeos”, quienes ejercían el poder político.
En Venezuela vivían gran cantidad de  canarios o isleños, casi todos dedicados al comercio; muchos de los comerciantes canarios más modestos (pulperos, marineros, artesanos, bodegueros, tenderos, etc), vieron con preocupación la toma del poder por los blancos criollos.  Si bien los canarios más acaudalados tenían estrechas vinculaciones con los mantuanos, los más pobres posiblemente tuvieron el temor de que sus derechos fueran afectados por los nuevos gobernantes. Nuevos impuestos, limitaciones al comercio y eventualmente, gastos y pérdidas de una guerra, tales como expropiaciones, saqueos, contribuciones especiales, etc. También hay quienes piensan que ingenuamente fueron engañados por partidarios de la monarquía que les hicieron creer que la República los despojaría de sus bienes.  Igualmente, otros habitantes no simpatizaban con la independencia declarada por los blancos criollos, especialmente los pardos venezolanos, que no tenían mayor representación en los diputados del congreso, que como se dijo, pertenecían a una clase distinta a la suya. Ni canarios pobres ni pardos tenían nada que ganar con la República, a la que consideraban exclusivista y oligárquica, en todo caso, su condición podrían verse desmejorada: Los blancos criollos ya eran dueños del poder económico, ahora dueños también del poder político no tendrían ningún contrapeso.  Canarios pobres y pardos en Caracas, Los Teques, Valencia y otras ciudades comenzaron a conspirar contra el gobierno de la Junta de Gobierno de Caracas….
Llega entonces el día 11 de Julio, todavía no se habían producido mayores hechos de violencia a causa de la independencia, no se había derramado la primera gota de sangre.  Es así que en los Teques un pequeño grupo de laboriosos comerciantes encabezados por el caraqueño José María Sánchez, el canario Juan Díaz Flores, el cura dominico Juan José Garciá y el doctor Antonio Gómez, al frente de unos sesenta vecinos, casi todos canarios, se pronuncian en contra de la declaración de independencia del Congreso. Desfilaron por las calles del pueblo, montados en mulas y burros, armados con unos viejos trabucos y con unas vetustas corazas de latón, al estilo de Don Quijote de la Mancha. Su grito es “Viva el Rey y la Virgen del Rosario” y enarbolan estandartes con la imagen religiosa.  El gobierno de la Junta Suprema de Caracas  inmediatamente envía una pequeña tropa y reduce a la modesta y ridícula tentativa sin hacer un solo tiro, apresando a todos los insurrectos.
Ahora bien, si la asonada de los canarios de los Teques fue una extravagancia, la respuesta del gobierno fue grotesca: el 15 de julio, tras un juicio sumario, dieciséis de los alzados fueron fusilados, sus cadáveres fueron expuestos en la Plaza de La Trinidad, los decapitaron y sus cabezas fueron exhibidas en largos palos en las afueras de Caracas. Todos sus bienes fueron confiscados por las autoridades.  Otros 300 españoles europeos y canarios fueron encarcelados sin juicio alguno.  A Díaz Flores no sólo lo fusilaron y lo decapitaron, sino que lo descuartizaron y sus despojos se guidaron de palos en distintos puntos de la ciudad.
Estos hechos de violencia fueron repugnantes para varios ingleses que se encontraban en el país quienes escribieron a sus coterráneos sobre  en el efecto desfavorable que estas ejecuciones tenían para la causa patriota ante la opinión pública europea. Gracias a estas correspondencias (entre otros documentos) es que podemos tener una fiel relación de los hechos.
 Este primer episodio de sangre no hizo sino propalar la llama del odio que se extendería como la pólvora. Los odios estallarán en la Primera República. Rencores diversos, de todos los inconformes con el nuevo orden, inconexos, sin ideas claras, y sobre todo, los resentidos, no sólo de isleños de orilla, sino también de pardos, de mulatos y de esclavos.
Esta fue la “primera sangre” derramada en la larga lucha de independencia. Un episodio casi olvidado de nuestra historia.  Se había abierto la caja de Pandora que por más de diez años sembraría la muerte y la destrucción en estas tierras. 
FUENTES:
PARRA-PEREZ, CARACCIOLO. “Historia de la Primera República de Venezuela” Tomo II, Caracas, Tipografía Americana, 1939
SISO MARTINEZ, J.M. “Ciento Cincuenta Años de Vida Repúblicana”, Biblioteca del Sesquicentenario. Volumen I, Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas 1963
Web fuente
MANUEL HERNÁNDEz GONzÁLEZ  “LOS CANARIOS EN LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA” Universidad de la Laguna. http://bolivarium.usb.ve/pub/anuarios/15/articulo03.pdf

viernes, 1 de marzo de 2019

LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”


LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”
Por
Luis Heraclio Medina
Ya hemos escrito varias veces sobre el comandante Rudecindo Canelón.  Pero Rudecindo no es el único Canelón que aparece en los archivos y crónicas de la guerra de independencia.  El Gral. José Antonio Páez, en su autobiografía menciona al soldado “ROSO CANELON” como formando parte de sus tropas en la heróica acción de “Las Queseras del Medio”.  Páez no nos da mayores detalles sobre este militar, solamente su nombre y su participación en esa batalla.  Ahora bien, en estos días hice referencia al mencionado soldado y nuestro amigo el coronel Fernando Falcón, quien ha dedicado dos décadas al estudio del ejército de la guerra de independencia y tiene un envidiable archivo de oficiales, soldados, cuerpos militares, insignias, etc. nos hizo la acotación, de que efectivamente en los archivos aparece el mencionado Roso Canelón, quien participó también en las acciones de Carabobo y en el asedio a Puerto Cabello y llegó a alcanzar la jerarquía de coronel.   Se señala  como oriundo del San Carlos de Cojedes.  Pero hay más: Esta información nos fue ratificada por otro de nuestros amigos, el ilustre Enrique Giacopini, quien nos recuerda que en sus “Memorias” el Gral. Rafael Urdaneta también menciona a los capitanes Canelon y su hermana.
En efecto Urdaneta  (“Memorias” Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888  pag. 118) menciona que en plena efervescencia de la guerra a muerte ( julio de 1814) en su retirada hacia El Tocuyo, cuando acompañaban a su ejército una gran cantidad de civiles no combatientes que huían del horror de las huestes enemigas, deja en San Carlos a las mujeres y los niños, quienes no podían sobrevivir la marcha,  encomendándoselos a los padres de familia de la ciudad “y al todopoderoso”.  Pero añade textualmente:
“Tres mujeres no más salieron, vestidas de hombre y a hurtadillas en las filas; estas fueron Josefa Camejo, cuyo marido estaba allí; la hermana de los capitanes Canelones y la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”
Nuestra representación de "La Canelón", la hermana de Rudecindo y Roso  Canelón, en uniforme de soldado republicano, según lo refiere Rafael Urdaneta en sus "Memorias"

De la simple lectura de este párrafo se desprenden tres cosas:  Primero:  Los oficiales “Canelón” en las tropas patriotas eran por lo menos dos, ya que Urdaneta escribe el apellido en plural dice “los capitanes”, y evidentemente estos oficiales eran hermanos.
Segundo: Al ser solamente dos los oficiales “Canelón” que conocemos en la historia (Rudecindo y Roso) inevitablemente debemos presumir que Rudecindo y Roso eran hermanos.
Tercero:  La gran novedad (y para mi lo más interesante) los capitanes tenían una hermana, que se agregó a las filas, vestida de hombre (seguramente de militar) y posiblemente hasta combatió con sus compañeros. Por lo menos recibió su “bautismo de fuego” porque esta tropa fue hostigada a tiros por las fuerzas realistas que acosaban su retirada.  Esa división llegó a Barquisimeto y luego al Tocuyo sin mayores combates. 
Ahora bien, siguiendo con las deducciones, tenemos que las otras dos mujeres que acompañaban a “la Canelón” eran según nos cuenta Urdaneta “la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”, de quien no tenemos ninguna otra noticia y la otra era nada menos que Josefa Camejo, la aguerrida patricia falconiana, esposa del coronel  Juan Nepomuceno Briceño Méndez.  Esta heroína de la independencia, una mujer verdaderamente con los ovarios bien puestos, llegó a escribir en una oportunidad en la que se ponían a la orden de las fuerzas patriotas: “lejos de temer a los horrores de la guerra, el estallido del cañón no hará  más  que alentarnos”.  La Camejo no era simplemente la esposa de un militar, era una verdadera guerrera: Josefa estuvo repetidamente en el frente de batalla, tomó las armas en más de una oportunidad y combatió contra los realistas, incluso como jefa de alguna partida patriota y a lo largo de toda la guerra pasó por toda clase de peripecias, es quizás la mas guerrera de todas las heroínas de la independencia.  Ahora bien, pensando en “la Canelón”, considerando aquello de “dime con quien andas y te diré quien eres”, y tomando en cuenta la clase de hermanos que tenía y el hecho de que según narra Urdaneta, prefirió ponerse el uniforme de soldado en vez de quedarse en la ciudad, no nos cabe duda de que “la Canelón” también fue una guerrera de nuestra independencia.  Un personaje que merece de nuestra atención y mayor estudio.
Fuentes:
Páez, José Antonio. “AUTOBIOGRAFIA” Volumen 1. Librería y Editorial del Maestro. Caracas. 1946
Urdaneta, Rafael. “MEMORIAS”. Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888  




jueves, 26 de julio de 2018

LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY.



LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY. 

La semana pasada se conmemoró el 197 aniversario de la muerte de coronel Thomas Ilderton Ferriar.

En cuanto a Ferriar la historia generalmente incurre en dos errores: Primero la crónica y la costumbre popular  escriben el apellido como “Farriar”, cuando lo correcto es “Ferriar” como se ha señalado arriba.  Incluso en la nomenclatura de las calles de Valencia  se incurre en el error.  
La otra imprecisión es que  en los relatos históricos se dice que murió en la batalla de Carabobo el 24 de junio, pero eso no es cierto; su deceso no ocurre en el campo de batalla. En el momento mas álgido de la batalla, cuando los llaneros de Páez estaban en una situación comprometida, llegó en su apoyo el batallón de Cazadores Británicos, comandados por Ferriar, que rodilla en tierra recibió el grueso del ataque de los batallones realistas, sufriendo graves bajas.  Así resultó gravemente herido Ferriar, y sus segundos Devis y Scout caen muertos.  Les siguen sucesivamente otros quince oficiales abatidos por la acometida del batallón realista “Burgos”.  

Ferriar resultó gravemente herido, pero no murió en el día de la batalla, sino que fue trasladado a Valencia y hospitalizado en uno de los llamados “hospitales de sangre” instalados en la ciudad y  fallece el 17 de julio.  El gran número de heridos que dejó el combate obligó a establecer en nuestra ciudad cinco hospitales de sangre, es decir, hospitales improvisados para atender a los heridos de un combate,  ubicados en la Casa de La Estrella, el Hospital de San Antonio de Padua, el Convento de San Buenaventura (la antigua facultad de derecho), la casa de los Celis y dos casas más de anchos corredores que se prestaban para la actividad médica. Estos hospitales, eran atendidos por algunos médicos venezolanos, entre quienes se menciona a Juan Manuel Manzo, Dionisio Bremont, Francisco Valbuena, José Eugenio Leiceaga, y Narciso Morales y por los médicos del Batallón de Cazadores Británicos, lo que también erróneamente se llama con el nombre genérico de “Legión Británica”.  

Estos hospitales estaban dirigidos por el Dr. Richard (Ricardo) Murphy (Cirujano Mayor del Ejército), un irlandés, graduado en Dublín, que aparte de galeno, también era militar y había combatido en algunas batallas bajo las ordenes de Urdaneta.   Luego de la batalla, el Dr. Murphy se residenció en Valencia, donde se casó con María de la Natividad Landaeta Codecido.  Posteriormente le fue reconocida la jerarquía de coronel del ejército por el Gral. Páez, del mismo modo  El Dr. José María Vargas le otorgó el carácter de miembro de la sociedad médica de Caracas. Años más tarde el Dr. Murphy se mudó a Puerto Cabello, donde tuvo una destacada labor en el tratamiento de los más pobres.  A su muerte, los pacientes agradecidos levantaron un monumento de mármol en el antiguo Hospital de Caridad de aquella ciudad.
Finalmente debemos aclarar otro dos errores en que frecuentemente se incurre, especialmente porque la gente confunde “británico” con “inglés”:  Las unidades llamadas “británicas” que vinieron a Venezuela, no estaban integrados exclusivamente por ingleses, mas bien, ingleses era lo que menos había en esos cuerpos; la mayor parte de sus miembros eran irlandeses, también había muchos escoceses, alemanes como Juan Uslar, quien también fundó familia en Valencia. 
El otro error es llamar  indistintamente con el nombre de “Legión Británica”; a los distintos cuerpos de voluntarios de las islas británicas. Irlanda y Alemania (Hannover) que lucharon en nuestra América.  Fueron varios los cuerpos de voluntarios que vinieron a participar en la guerra de independencia y apenas uno de ellos se llamó “Legión Británica”, nombre que duró muy poco.  Los otros cuerpos de voluntarios europeos fueron: “Cazadores Británicos”, Primero de Húsares, Segundo de Húsares, Húsares Rojos, Primero Venezolano de Rifles, Primero de Lanceros, Artillería y Segundo de Rifles Lanceros de Maceroni, Húsares, Artillería, Primero de Lanceros, Rifles, Infantería Ligera de Salabrietta y el Regimiento de Hibernia, Lanceros, Primero de Fusileros, Primero de Rifles, Segundo de Rifles, Infantería Ligera de Cundinamarca, Primero de Infantería Ligera y Húsares de la Guardia.  En total más de cinco mil guerreros irlandeses, escoceses, ingleses, alemanes y hasta italianos vinieron a luchar en nuestra independencia. 
Muchísimos murieron en estas tierras asolados por las enfermedades, el hambre y la guerra.  Muy pocos regresaron a Europa y algunos fundaron notables familias entre nosotros.
Algunas fuentes:
Díaz, Fabián de Jesús.  “La Jornada de Carabobo” artículo en la revista In-Formate, Nro. 184, Julio 1988. Valencia.
Nectario María, Hermano.  “Historia de Venezuela”. 1940
Diccionario Polar de Historia de Venezuela.

lunes, 13 de febrero de 2017

RUDECINDO CANELON Y LA BATALLA DE PANTANERO. 13 de Febrero de 1.814


No nos gusta mucho escribir sobre la guerra de independencia, quizás porque lo que estamos acostumbrados a ver es siempre más de lo mismo, meras repeticiones de lo ya tantas veces visto;  hoy de manera excepcional vamos a recordar algunos de esos detalles que casi siempre permanecen olvidados…
Ayer 12 de febrero se conmemoraba la Batalla de La Victoria.  Hoy es recordada como un combate de un solo día, pero en realidad, se trató de una serie de combates  (una batalla prolongada) librados en lo que hoy llamamos Estado Aragua, los días 11, 12 y 13 de febrero, que iniciaron en el lugar denominado  Pantanero, al sur de La Victoria, el día 11, cuando las fuerzas republicanas fueron originalmente vencidas por las tropas realistas de Morales.
Los republicanos se replegaron al centro de La Victoria y el día doce se produce en esa ciudad el combate más conocido,  donde los republicanos al mando de José Félix Ribas (cuñado de Bolívar)  vencen a los monárquicos luego de una cruenta batalla.  La historia cuenta que al propio Ribas le mataron tres caballos en el fragor del combate (Nectario María, HISTORIA DE VENEZUELA p. 141).  Hoy apenas se menciona a Ribas, pero es justicia recordar que en el combate tuvieron destacadísima actuación el coronel Luis Rivas Dávila, comandante del “Escuadrón de Soberbios Dragones de Caracas” (o “Invencible), quien murió de un tiro de fusil.   Igualmente importante fue, entre otros la actuación del neogranadino Hermógenes Maza, (rara vez nombrado en nuestro país, pero de brillante actuación durante toda la guerra),   Mariano Montilla, Carlos Soublette, y Campo Elías, quien ya cuando casi flaqueaba Ribas, llegó en tropel a salvar la situación,  al llegar con sus refuerzos, entre otros.
Los héroes poco recordados de las jornadas de La Victoria, el español Campo Elías, el andino Luis Rivas Dávila y el neogranadino Hermógnes Maza

 EL ESPAÑOL QUE  ODIABA A LOS ESPAÑOLES
Uno de esos detalles semi-ocultos que nos gusta recordar es sobre este último: Vicente Campo Elías que no era venezolano, ni siquiera americano: era español, nacido en La Rioja, pero desde muy joven partidario de la república y siempre manifestó un odio terrible contra los españoles; decía que  " iba a acabar con todos los españoles y, luego, cuando no quedara ninguno, suicidarse para que no quedara ni uno solo de su raza".   En 1.813, en plena guerra a muerte,  luego de ocupar Calabozo se cuenta que degolló a unas tres mil personas. Sus crueldades no tenían que envidiar a las de Boves.  Poco le gusta recordar esto a nuestros historiadores.
RUDECINDO CANELON Y PANTANERO
Al día siguiente de la batalla de La Victoria, José Félix Ribas ordena a su capitán Rudecindo Canelón, emprenda la persecución de las fuerzas de Bóves, que derrotadas el día anterior tratan de reagruparse peligrosamente. 
Rudencio Canelón nació en el Tocuyo estado Lara, en 1.788, según los historiadores, se trataba de un hombre de carácter recio y de alto patriotismo y calificado de “audaz” “furioso”, “desesperado”  “algo atolondrado”. Desde los primeros años de la guerra de independencia había alcanzado el grado de oficial y había caído prisionero de los realistas, al mando de Monteverde  quienes encarcelaron primero en Coro y  luego lo habían enviado preso a las mazmorras del  Castillo del Morro situado en la isla de Puerto Rico en el año 1812, de donde logró escapar, regresando a Venezuela previo paso por la Nueva Granada, donde se incorpora al ejército expedicionario dirigido por Bolívar y José Félix Ribas para liberar a Venezuela. Durante la Campaña Admirable, Rudecindo Canelón participó en la liberación de las provincias de Mérida, Trujillo, Barinas y Caracas. En Araure con una columna de apenas menos de cien hombres atacó una fuerza combinada de los terribles Yanez y Ceballos, compuesta por más de tres mil hombres, que sorprendidos y engañados al creer que eran atacados por una fuerza superior emprendieron la huida. (Documentos de la Vida Pública del Libertador)  Simón Bolívar lo refiere así: “El Mayor Manrique que dejando su soldados tendidos en el campo, se abrió paso por en medio de las filas enemigas con solo sus oficiales Planas, Monagas Canelón, Luque, Fernández, Buroz y pocos más cuyos nombres no tengo presentes y cuyo ímpetu y arrojo publican Niquitao, Barquisimeto, Bárbula, Las Trincheras y Araure (Bolívar, Simón.Discurso pronunciado en el Templo de Francisco, Caracas, 2 de enero de 1.814)

 A primeras horas del día 13 de febrero, cuando todavía las tropas patriotas curaban a sus heridos y recogían los cadáveres de La Victoria, Ribas ordena a Canelón, Capitán del Batallón de Valerosos Cazadores, que persiga a la retaguardia de Bóves.  El capitán Canelón alcanza a las tropas realistas en el lugar llamado “Pantanero”, en el camino que conducía a Villa de Cura, Cagua y el resto del país, al Sur de La Victoria donde se libra una feroz batalla, donde una vez más se hace evidente su carácter volátil y arriesgado  y muere en el fragor del combate.
Monumento en el sector Pantanero, en La Victoria conmemorativo de la muerte de Rudecindo Canelon.
Seminario Santa Rosa de Lima, de donde salieron los seminaristas reclutados por Ribas para enfrentar a las fuerzas realistas.  Casi todos murieron al poco tiempo.


LOS SEMINARISTAS EN ARMAS
Un detalle que hoy es poco recordado es que buena parte de los soldados de Ribas no eran militares, sino jovencitos que estudiaban en el Seminario de Santa Rosa de Lima para convertirse en sacerdotes.  También había algunos estudiantes de la Universidad Real de Caracas.   Una muestra de lo cruento de la batalla y de la guerra de independencia en general, es que de los 85 aspirantes a curas reclutados murieron 79 durante los combates de febrero.  En marzo murieron otros 8.  Al final sólo habría quedado uno.  Esto produjo una escases de sacerdotes en Venezuela por muchos años.


Otro aspecto que los “historiadores oficiales” olvidan o minimizan es que al justamente los días de estos combates estábamos en plena etapa de la aplicación del Decreto de Guerra a Muerte:  Desde este día 13 hasta el 16 fueron fusilados en La Guaira y Caracas unos ochocientos españoles y canarios, quizás muchos inocentes, aplicando al horrible y necesario decreto que decía:  “Españoles y Canarios, contad con la muerte si no obráis activamente a favor de la República “  Así son las cosas.
Fuentes: 
Nectario María, HISTORIA DE VENEZUELA, Ed. Venezuela, Caracas, 1.943
Páez, José Antonio.  AUTOBIOGRAFIA. Librería y Editorial del Maestro.  Caracas. 1.946
Blanco, José Felix.Documentos para la historia pública del Libertador.