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jueves, 1 de noviembre de 2018

UNA HIJA DE "EL CABITO": LA PRIMERA BOMBA SEXY VENEZOLANA EN HOLLIWOOD

Una atrevida imagen en los años veinte de Rosa Castro (conocida también como Lucille Méndez) la hija de Cipriano Castro y Doña Zoila, que hizo vida artística en EE.UU. 

Esta bellísima mujer es Rosa Castro, la hija de nada menos que Cipriano Castro y Doña Zoila. Aunque algunos erróneamente sostienen que Castro no tuvo hijos, no es así; tuvo varios en distintas mujeres.  Conocidos de algunos de sus nietos nos confirmaron que efectivamente Rosa era hija del ex dictador.  Por otra parte personalmente conocimos a una nieta de "El Cabito", hija de una muchacha de Bejuma. 
 
Rosa actuaba en papeles atrevidos, tales como bailarina o prostituta.  Aquí en una caracterización en el film "Coney Island"

La chica habría nacido en Caracas en  1908, año en que “El Cabito” fue traicionado y derrocado por Juan Vicente Gómez. A los 7 años habría sido internada en Estados Unidos, en un colegio de monjas por su madre Doña Zoila de Castro, quizás tratando de evitar que la niña sufriera los avatares políticos de su padre y tomara malos ejemplos por la vida promiscua de este.

La joven, al terminar sus estudios no tardó en vincularse al mundo del cine, y en Holliwood llamó la atención por su extremada belleza y el aspecto exótico que tenía para los norteamericanos. Debió ser una especie de “J.Lo” por su atrevimiento en aquellos lejanos años veinte, ya que hace casi cien años todavía las mujeres eran muy recatadas, pero la chica nos ha dejado una serie de fotografías bastante ligera de ropas, considerando aquellos años veinte, que aunque considerados “los años locos”, no dejan de ser atrevidas.  Era una época en que normalmente los vestidos de las damas llegaban hasta los tobillos y Rosa Castro exhibía sus espectaculares piernas con diminutos shorts acompañados de genersosos escotes. 
Rosa Castro, utilizaba también el nombre artístico de “Lucila Méndez” o “Lulcille”, inventado por Ralph Ince, uno de sus esposos, también vinculado al mundo holliwodense. Pudo tratarse de una maniobra para que no identificaran a Rosa con su padre que era un hombre muy desprestigiado en todo el mundo, especialmente en los EE. UU.
Rosa el día de su matrimonio con el afamado director de cine Ralph Ince

Rosa participó en una enorme cantidad de películas, tanto en Estados Unidos como en México, y en innumerables obras de teatro. Entre los filmes se recuerdan: Señora del frente y La Trepadora (escritas por Rómulo Gallegos entre 1944 y 1945), La Generala, El que murió de amor, TheHouse of Youth  (1926); Coney Island, (1928);  BiggerThanBarnum’s (1926); Santa (1932); El escándalo (1934); El vuelo de la muerte (1934); Pecados de amor (1934;Convention Girl (1935); Bajo el cielo de México (1937);Viejo nido (1944); La señora de enfrente El que murió de amor (1945) y La mulata de Córdoba (1945). Muchos de los films en que trabajaba eran dirigidos por su propio esposo Ralph Ince.
También trabajó en inmumerables obras teatrales, tanto en  México como en los Estados Unidos.
Poster deuna de sus películas mas taquilleras

Sus papeles cinematrográficos eran muchas veces atrevidos y con escasa ropa, interpretando entre otras cosas, el rol de prostituta, bailarina o enfermera. 
Luego de varios años de casada con Ince, terminó divorciándose.  Supuestamente el director se negaba a que la bella Rosa hiciera algunos papeles en el cine, lo que Rosa no toleró.
Estuvo por corto tiempo en Venezuela, en Caracas, en 1934 con una compañía de Teatro, luego siguió a una gira por Europa. En nuestro país dudaron de su nacionalidad venezolana, por su acento entre norteamericano y mexicano, ya que la chica practicamente había pasado toda su vida fuera de su país natal. 
Muere a la edad de 101 años el 24 de mayo de 2007 en San Diego, California, Estados Unidos.
Un retrato de la bella Rosa, dedicado a los lectores de la revista "ELITE"
El poster promocional en castellano de una de sus películas, dirigidas por su esposo Ralph Ince




miércoles, 12 de septiembre de 2018

EL DESASTRE DE CARAZÚA: CUANDO VENEZUELA INVADIÓ A COLOMBIA


EL DESASTRE DE CARAZÚA: CUANDO VENEZUELA INVADIÓ A COLOMBIA.
Por
Luis Heraclio Medina C.

La victoria tiene cien padres,
la derrota es huérfana.
Napoleón Bonaparte

El 13 de septiembre se cumplen 117 años de uno de los episodios menos conocidos de la historia militar venezolana: la batalla de Carazúa durante la disparatada invasión a Colombia por Venezuela durante el gobierno de Cipriano Castro.
Es uno de esos hechos históricos que la “historia oficial” ha tratado de ocultar o por lo menos ha minimizado de manera que casi se ha olvidado. Quizás por eso se repite tanto la mentira de que el ejército venezolano nunca ha salido de nuestras fronteras a menos que sea para libertar a pueblos hermanos.  Por lo menos esa vez invadió a un país extranjero para derrocar a su gobierno y todo fue un estrepitoso fracaso que le causó la muerte a más de un mil soldados venezolanos.  He aquí la historia:
LOS PRIMEROS ROCES
Entre fines del siglo XIX y principios del XX la frontera colombo-venezolana fue un hervidero de conspiraciones.  En un lado y otro de la frontera se refugiaban los enemigos de los gobiernos de ambos países para preparar invasiones hacia el otro lado de la frontera y tomar el poder. 
Cipriano Castro, presidente de Venezuela.
El liberal Cipriano Castro había iniciado desde Colombia su invasión a Venezuela y para principios de 1900 y luego de una arrolladora campaña se convirtió en  el gobernante del país, pero sus adversarios desde el exilio en Colombia se preparaban para arrebatarle el poder, con la colaboración del presidente conservador de Colombia José Manuel Marroquín.
A la vez Castro desde Venezuela protegía, financiaba y armaba a los liberales que exiliados en Venezuela conspiraban contra el gobierno conservador de Colombia.
A inicios de 1900 parten desde Venezuela para Colombia varios intentos de invasión de colombianos liberales acompañados de algunos voluntarios venezolanos, que incursionan desde los llanos, los Andes y la Goajira, con apoyo del gobierno venezolano, pero todos son derrotados.
En febrero de 1901 se produce una nueva invasión de liberales que provenientes de Venezuela penetran por los llanos de Casanare.  Simultáneamente el gobierno colombiano tenía que enfrentar otras invasiones de liberales que incursionaban desde Ecuador y Panamá, estas acciones se daban en lo que se conoció en Colombia como “la guerra de los mil días” un cruel conflicto interno que asoló el país por casi tres años.
José Manuel Marroquín, presidente de Colombia.
Ante esta situación el gobierno colombiano decidió tomar represalias contra Cipriano Castro; en Colombia se encontraban los exiliados partidarios del presidente Andrade, derrocado por Castro y luego de una fracasada intentona, los restos de las fuerzas de “El Mocho” Hernández, y su principal caudillo, Carlos Rangel Garbiras, enemigo de Castro, a quien el presidente Marroquín puso al frente de un ejército de 6.000 tropas regulares colombianas y voluntarios anticastritas venezolanos, que invadieron el 27 de julio de 1901 tomando las principales poblaciones fronterizas del Táchira, pero luego de 4 días de encarnizados combates las tropas invasoras fueron derrotadas en San Cristóbal y los sobrevivientes regresaron a Colombia.  En esa oportunidad ocurrió el curioso hecho de que un ejército colombiano fue comandado por el general venezolano Carlos Rangel Garbiras y frente a las tropas venezolanas de Cipriano Castro estaba el general liberal colombiano Rafael Uribe Uribe.  Lo acompañan entre  otros el joven Celestino Castro, hermano del presidente y el general  Rosendo Medina, quien muere en combate.  No era la primera vez que Castro ponía frente a las tropas venezolanas a sus más inmediatos colaboradores a militares colombianos liberales.
El general venezolano Carlos Rangel Garbiras,
enemigo de Castro.
LA GRAN NUEVA COLOMBIA
Emocionado por la victoria de sus tropas, Cipriano Castro, megalómano incurable, atiende los elogios de sus adulantes que comparan su “meteórica revolulción restauradora” con la “campaña admirable” de Simón Bolívar.  Rafael Uribe Uribe y otros amigos lo persuaden de ser el creador de una nueva “Gran Colombia”, que reúna a las naciones de gobiernos liberales: Venezuela, Ecuador, y hasta Nicaragua. Sólo falta Colombia con su gobierno conservador que cobija a los venezolanos enemigos de su gobierno. 
La prensa caraqueña se hace eco de la idea, la cual es reflejada en algunos medios internacionales.  El zalamero general colombiano Uribe Uribe, conocido por su elocuencia más que por su pericia militar, convence a Castro de invadir a Colombia con tropas regulares del ejército  venezolano, para potenciar un alzamiento de los liberales y refundar la Gran Colombia y destruir los restos de las fuerzas del “Mocho” Hernández que todavía amenazan del otro lado de la frontera.
El Gra. colombiano Rafael Uribe Uribe, aliado
de Castro y enemigo de Marroquín.
Cuando Castro presenta al gabinete su plan de invasión a Colombia, el ministro de Guerra, el Gral. Pulido, en una actitud sensata y ponderada se opone radicalmente al proyecto.  Le dice al dictador:
“Usted no tiene generales capaces para esa empresa.  Ninguno de sus generales puede derribar un gobierno extranjero y este es un país arruinado¡  Usted tendría que movilizar todos los recursos del país.  Me opongo a esta acción insensata¡” (Picón Salas, Mariano.  “Los Días de Cipriano Castro”.)
El soberbio Castro no hace caso y el ministro Pulido presenta su renuncia.
CARAZUA
Entonces Castro prepara su propia expedición. Pomposamente llaman a la fuerza expedicionaria “El ejército restaurador del Atlántico”. La componen cuatro batallones:  “Barcelona”, “Coro”, “Lara” y “La Sagrada”,  con algo menos  de 1500 hombres al mando del Gral. José Antonio Davila, quien poco tiempo atrás había aniquilado el segundo alzamiento de “El Mocho” Hernández. Cuentan con modernos fusiles “mauser”, una ametralladora y un cañon de campaña.   Lo secunda Celestino Castro, el joven hermano del dictador, ya veterano de la batalla de San Cristóbal. 
Celestino Castro,hermano del presidente
Cipriano Castro.
El 28 de agosto 1901 parte la expedición desde Maracaibo, avanzan por tierra por Sinamaica y  Paraguaipoa e irrumpen en la Goajira colombiana.  Por mar se envía una pequeña flotilla de la marina de guerra venezolana para apoyar a la fuerza terrestre desde el caribe colombiano  cuando los invasores llegaran a Riohacha. Son el “Miranda”, el “General Crespo” y el “Zumbador”, pequeños y anticuados cañoneros.  
El ejército expedicionario entra por la Goajira y su objetivo es reunirse con una fuerza insurgente liberal colombiana bajo el mando del Gral. José María Castillo,  que los debe encontrar a medio camino, proveerlos de abastecimientos  e incorporarle un grueso número de tropas liberales alzadas y tomar la ciudad de Riohacha, para desde allí encender la revolución y acabar con el gobierno conservador y sus aliados venezolanos “mochistas”.
La ruta del "Ejército Restaurador del Atlántico", desde Maracaibo hasta Riohacha, en la Goajira Colombiana.
Las tropas emprenden el largo camino por la desértica Goajira, bajo el abrasador sol, sin ningún apoyo en la ruta.  Pasan los días y pasan las semanas  y no aparece la fuerza liberal que debe llegar con los abastecimientos y más tropas.  
Durante su deambular por el desértico paisaje goajiro los pobres soldados van perdiendo las alpargatas, su único calzado y se van quedando sin agua ni comida.  Después de varios días sin ver agua, medio muertos de sed, en algún sitio desolado llegan a encontrar un pútrido pozo de agua en el que flotan unos cadáveres, del cual, desesperados calman su sed.  Al poco tiempo oficiales y soldados se enferman de disentería, la cual causa los primeros muertos.   Así lo narra el propio hermano de Cipriano Castro:
“Las tropas castristas antes de llegar a los prometidos collados de Colombia, atraviesan una pampa de arena, asada al sol.  Faltan hasta alpargatas para los soldados y estos arrastran por el paisaje inclemente sus enormes ulceras. Dias enteros sin descubrir, siquiera, el agua salitrosa de una casimba…Después de varios días de sed verdea en el desierto el ojo pútrido de un charco.  Se acercan voraces y al remover el agua para beber, tocan los cadáveres de tres mujeres…Y todos se lanzan sobre el pozo maldito…Al día siguiente comienza en la tropa una epidemia de disentería, que ha de sembrar de cadáveres el duro camino  hasta el pueblo de Treinta.” (Picón Salas, Mariano.  “Los Días de Cipriano Castro”.)
Luego de muchos días de trayecto se encuentran con los aliados liberales, pero no son un ejército como se había prometido, sino una pequeña partida con unos pocos bastimentos.
A todas estas, la operación que ha debido mantenerse en secreto ya es conocida por los militares colombianos, comandados por los generales  Carlos Alban y Ramon Ayala. 
El destacamento de Riohacha es escaso, y la única fuerza naval colombiana en el Caribe es un pequeño cañonero, el “Pinzón”, que no tiene municiones para su cañón.  Entonces los colombianos fletan un buque francés, el “Alex Bixio” para traer desde Puerto Colombia al batallón “Briceño” con 1700 soldados de refuerzo.
El buque mercante francés "Alex Bixio" fletado por el
gobierno colombiano para llevar refuerzos a
Riohacha.
LAS ACCIONES NAVALES.
Ya para esos días los tres buques venezolanos habían llegado frente a las costas de Riohacha, sembrando el terror en el pequeño pueblo, que temía se bombardeado por los buques venezolanos.  Tienen una doble misión: prestar apoyo a las operaciones de las fuerzas de tierra y por otro lado, bloquear al puerto para evitar que lleguen refuerzos a las tropas del ejército del gobierno colombiano.
Pero por aquellos tiempos Francia tenía poderosos intereses en el Caribe, ya que una empresa francesa era la que originalmente trató de construir la colosal obra del canal de Panamá y para asegurar estos intereses se encontraba en esta aguas una poderosa y moderna nave de guerra de la marina francesa, el crucero “Suchet” un buque blilndado de 3500 toneladas. 
El crucero francés "Suchet" que protegió el desembarco de las fuerzas
transportadas por el gobierno colombiano en Riohacha. 
Los colombianos logran que la “Suchet” escolte al “Alex Bixio” que traslada al batallón de refuerzo.  Al encontrarse el coloso francés con las pequeñas naves venezolanas, les advierte que defenderá el desembarco de las tropas a bordo del mercante francés si son atacados.  Las naves venezolanas tienen que retirarse ya que nada pueden hacer contra el crucero blindado y el batallón de refuerzo desembarca en Riohacha sin problemas y se suma a las tropas de la ciudad que en total alcanzan a unos tres mil hombres, el doble del ejército invasor de Castro.
El cañonero "Miranda" de la fuerza naval venezolana
desplegada para apoyar a la fuerza expedicionaria. 
Al fin, el 13  de septiembre, casi llegando a la población de Riohacha, en un lugar donde hay un pozo de agua denominado Carazúa, ocurre el primer combate entre las debilitadas fuerzas invasoras y las tropas combinadas de colombianos y los “mochistas” venezolanos.   Los venezolanos anticastristas están comandados por el general cojedeño Leopoldo Ortega Barreto, quien había sido sub-jere del estado mayor del ejercito nacionalista del “Mocho” Hernández y jefe de su guardia de honor.  A ellos se le ha unido un pequeño grupo de venezolanos anticastristas comandado por el legendario Rafael Nogales Méndez, que viene llegando por mar desde República Dominicana.
El Gral Leopoldo Ortega Barreto, jefe de las fuerzas
mochistas que operaban en la Goajira contra Castro.
Al apenas sonar los primeros tiros el batallón “Lara”, comandado por el general Abelardo Gutierrez,  que cubría el ala derecha del cuadro expedicionario, recién formado con unos 300 labriegos de ese estado, reclutados a la fuerza, se desbarata en masa, los bisoños soldados sueltan sus mausers y huyen en desbandada. Queda comprometida seriamente la situación del ejército expedicionario desde ese primer momento.  Se ha especulado que este batallón desertó en masa porque posiblemente sus integrantes eran simpatizantes del “Mocho Hernández”. Hay que recordar que el jefe de los venezolanos anticastristas, el general Ortega, había sido precisamente jefe de operaciones del ejército mochista en el estado Lara, de donde provenían esos soldados. Quizás se negaron a luchar en contra del reconocido general Ortega.  Otros sostienen que simplemente eran soldados muy jóvenes, desmoralizados, que no tenían ningún incentivo para luchar en tierras ajenas y lejanas.
La pelea se torna encarnizada, al acabarse las balas los hombres se matan a machetazos.  Así lo describe el propio Nogales Méndez en sus “Memorias”:
“Chocamos¡ Nunca olvidaré aquel terrible forcejeo que degeneró en el mas dantesco espectáculo ante mis ojos, semejante a una pesadilla.  Las cargas de machete, una tras otra, desgarraban los cuerpos sin aliento, separaban los miembros, mutilándolos en cientos de pedazos, pues si los macheteros de Dávila eran muy valientes, no superaban a los de nosotros…
Entrada la noche el fuego terminó en ambos lados para bien de todos. Cuando se oyó la voz de “Cesen el fuego” amigos y enemigos salimos como fantasmas huyendo de aquella nauseabunda y pestilente laguna, de aguas sanguinolentas… ” (Nogales Méndez, Rafael.  “Memorias”)
Rafael Nogales Méndez, quien luchó en Riohacha
junto a las fuerzas de Ortega.  Años mas tarde tendría
destacada participación en la primera guerra mundial.
Al llegar la noche, los dos bandos se retiran a sus posiciones.  El Gral. Leopoldo Ortega Barreto tiene una grave herida de  un balazo en una rodilla y el evacuado en parihuela por soldados colombianos que acuden en su auxilio.  En la retaguardia los médicos de campaña quieren amputarle la pierna para salvarle la vida, ya que la herida se ha gangrenado, pero el testarudo general se niega:
“Prefiero que digan ahí murió el general Ortega y no que ahí va el mocho Ortega”.
A los pocos días  muere el bravo jinete cojedeño, veterano de las guerras nacionalistas del “Mocho Hernández”.
Otro bravo anticastrista, el legendario Rafael Nogales Médez, también está herido de un bayonetazo en una pierna y se retira en la misma goleta que lo trajo de Dominicana.
Los castristas derrotados tratan de retirarse, pero en los siguientes días vuelven a enfrentarse a sus enemigos en el sitio de Garrapacera, donde las bajas aumentan.
Los fieros jinetes guajiros, aliados del presidente Marroquín de Colombia, que arrasaron con los restos del ejército venezolano en la Goajira. 
Los desertores del batallón Lara que no se entregan a las tropas regulares colombianas son inclementemente asesinados por las partidas de guajiros o de las tribus del famoso cacique José Dolores Arpushana, jefe del clan uayuu mas importante de la Goajira que se había convertido en lugarteniente del gobierno conservador del presidente Marroquín, quien a su vez les daba dinero y armamento. Los diestros jinetes goajiros  recompensados por el presidente Marroquín   no toman prisioneros, al rendirse los agotados soldados les quitan el fusil y los matan allí mismo.  Tiempo después el presidente Marroquín premió al cacique José Dolores con cien mil pesos por su participación en el combate de Carazúa.
El cacique José Dolores, posa con un retrato del
presidente Marroquín.
El resto del cuerpo del “ejército restaurador del Atlántico” que en pequeños grupos dispersos marcha desesperadamente para tratar de regresar a Maracaibo se pierde sin rumbo por la árida pampa goajira y  es hostigado continuamente por la caballería uayuu.  Partidas de indios montados y con modernos fusiles mauser siembran el terror en la agotada infantería, que al llegar a Venezuela apenas alcanza a unos pocos centenares de los mil quinientos que originalmente participaron en la contienda. El general Dávila, Celestino Castro y otros pocos oficiales se encuentran entre los sobrevivientes. Por el contrario, el general Abelardo Gutierrez , comandante del batallón Lara ha muerto en combate.
El gobierno y la prensa venezolanos silencian el desastre.
Cínicamente, Cipriano Castro, como si fuera un emperador romano hace traer desde San Cristóbal  a unos cuantos prisioneros colombianos de la incursión de julio y los hace desfilar ante él por las calles de  Caracas y luego los encierra en la Rotunda. Es la única manera que el dictador tiene de satisfacer su pomposa vanidad ante el desastre militar y distraer la atención del público. Este es el “héroe del nacionalismo” que en estos días se pretende convertir en un paladín de la Patria, mediante discursos y películas falseadoras de la verdad.
Un millar de soldados venezolanos perdieron su vida en esta alocada y absurda aventura de un grandilocuente dictador ávido de convertirse en el Simón Bolívar del siglo XX.
La sangre de mil hijos de esta Patria fue derramada fuera de nuestras fronteras y en ningún parte oficial fueron mencionados. Ni una palabra de consuelo para las madres, esposas e hijos que perdieron a sus seres queridos arrancados por la recluta ordenada por el dictador para complacer su capricho grancolombiano.
Ni una lápida, ni una placa o monumento para que Venezuela recuerde a quienes bajo sus banderas y con el uniforme del ejército venezolano dieron su vida en la batalla.
Sirva este trabajo para recordar a los muertos del 13 de Septiembre de 1901.  Eran vidas valiosas.  No merecen ser olvidados.

FUENTES BIBLIOGRAFICAS:
López Contreras, Eleazar.  “El Presidente  Cipriano Castro”. Bloque Dearmas. Caracas.
López Gómez, José Ramón. “Don Cipriano y la Restauradora”. Universidad de Carabobo, Dirección de Medios y Publicaciones. Valencia. 2001
López, Víctor José.  “Infatigables”.  Editorial Temple, Madrid. 2017
Nogales Méndez, Rafael.  “Memorias” Biblioteca Popular Para los Consejos Comunales.  Caracas. 2007
Picón Salas, Mariano.  “Los Días de Cipriano Castro”.  Festival del Libro Popular Venezolano.
WEB FUENTES:
https://www.facebook.com/groups/431909266843132/permalink/1200275920006459/
Tumba del Gral Lopoldo Ortega Baarreto, en la Catedral de Valencia.

Jinetes guajitos.

Guerreros guajitos, que acabaron con los restos del ejército venezolano.
Este autor ante la tumba del valiente Gra. Leopoldo Ortega Barreto.

La ruta de la fuerza naval venezolana.

El cañonero "Zumbador" de la flotilla venezolana. 
Los funerales del Gral. Leopoldo Ortega Barreto, un año después de su muete, en la Catedral de Valencia.


El "General Crespo" de la flotilla Venezolana. 


martes, 17 de julio de 2018

EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO



Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.
EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO.
El seis de junio pasados, se cumplieron los 116 años de la caída  del Puente Morillo.  Este icónico puente, construido sobre el Río Cabriales, fue el primer puente sobre el río de nuestra ciudad.  Fue construido en los tiempos de la guerra de independencia, durante los años en los que el general realista Pablo Morillo gobernaba la provincia, (1819-1820).  Antes de la construcción de este puente, para llegar a Valencia desde el Este, es decir, desde Maracay, Caracas o Guacara, o hasta de San Blas, era necesario “vadear” el río, en uno de sus puntos mas llanos, ubicado mas al Sur del actual puente, en un lugar conocido entonces como “el Paso Real”, que accedía a la antigua Calle Real.  En una gestión muy provechosa para la Valencia colonial, el general Morillo realizó varias obras de importancia, tales como el empedrado de las calles, la construcción de un nuevo cementerio y el puente que hoy lleva su nombre, con la utilización de los prisioneros de guerra patriotas  como mano de obra. 
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
editada por nosotros.
Con el transcurso de los años el puente se fue deteriorando, sumida Venezuela en guerras civiles, con gobiernos cortos que gastaban la mayoría de sus presupuestos en apertrecharse para los conflictos intestinos, seguramente no había dinero para mantenimiento o reparaciones.  Así llega el año de 1902.  Un invierno particularmente severo ese año causó estragos en la ciudad.  La sede de la universidad sufrió severos daños en su techo, que quedó casi destruido y el día 6 de junio  la crecida del Cabriales arremetió sin piedad contra el puente que quedó casi totalmente derrumbado.  Hubo quienes en esos tiempos atribuyeron el deterioro del puente a la trepidación del paso del ferrocarril muy cerca, ya que con las vibraciones del suelo se resintieron sus bases.  Lo cierto es que era imposible pasar en coche.  Para paliar la situación, improvisadamente atravesaron un riel del tranvía y  por medio de esa delgada viga la gente podía pasar a píé, pero era muy peligroso: hasta algunas personas estuvieron a punto de morir al caer al río, como lo denunció la prensa local en esos días.  Es así como en  la sociedad “Mutua Beneficiencia” de San Blas dirige una comunicación al presidente  Cipriano Castro “El Restaurador” pidiéndole la reconstrucción del puente, en su tónica de “restaurar” las cosas.  Castro encarga ordena la reconstrucción, más que reparación del puente, encargándosela a Malussena, el famoso arquitecto que tantas obras dejó como legado de su capacidad profesional.  El presupuesto fue de Bs. 240.000, una cantidad exorbitante para la  época.  Aunque algunos opinaron que se debía hacer un puente de hierro, para poder extender el tranvía hasta San Blas, se decidió hacer una réplica exacta del puente dañado, en piedra y concreto.   
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
 editada por nosotros.
El 8 de diciembre de 1902, Castro visita a Valencia y coloca la primera piedra de la obra. Los obreros que acaban de terminar las reparaciones en la universidad, dirigidos por el maestro de obras don León Burgos son contratados para la obra encargada a Malussena.  Mientras se ejecutaba la construcción opinadores y adulantes sugirieron cambiar el nombre del puente por “Restauración”, “Restaurador”, “Castro” ó “Gomez”.  El primero de junio del año siguiente, luego de seis meses de arduo trabajo fue reinaugurado el puente, como una réplica exacta del anterior, según lo señala la autorizada historiadora Luisa Galíndez, a contrario de quienes dicen que Malussena le cambió el estilo.    En esos días, un grupo de adulantes del presidente Castro, integrantes del Concejo Municipal de Valencia,  habían propuesto renombrar al puente como “Puente Restaurador” como alabanza al dictador Castro y con ese nombre se reinauguró.  El presidente, megalómano incurable, dijo en el discurso de inauguración que “la naturaleza parece ponerse de acuerdo con mi revolución restauradora, porque destruye lo antiguo para que la revolución construya lo nuevo, lo moderno”.  Aún así, la gente apoyada por varios columnistas valencianos, no aceptó el nombre que trataba de imponer el Concejo Municipal y continuó llamando a su viejo puente “Morillo”.  Años mas tarde, ya en el siglo XXI ahora no un megalómano, sino un cleptómano que en mala hora condujo los destinos de nuestra ciudad, también trató de cambiar el tradicional nombre del puente, tratando de llamarlo “Puente de los Patriotas”, por los patriotas presos que trabajaron en su construcción, pero mas tarde que pronto el pueblo valenciano rechazó el cambio de nombre y el alcalde ladrón terminó preso y destituido. Las fotos, originalmente publicadas en “El Cojo Ilustrado” a principios de siglo, para la fecha de las reparaciones, en un formato muy pequeño, han sido editadas y ampliadas por nosotros.
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.

jueves, 18 de enero de 2018

EL DICTADOR ORDENÓ QUE LO ASESINARAN: ANTONIO PAREDES

" ¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles?¿Y entonces voy a quedar en ridículo? Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte"
Gral. Antonio Paredes
“Diálogo de Ultratumba con dos generales


El general Antonio Paredes

Los dictadores siempre son cobardes.  El miedo es un fantasma que los asecha en todo momento.  Saben que sus abusos y arbitrariedades generan en muchas personas la sed de justicia y que los hombres de bien quieren hacerles pagar bien caro sus atrocidades.  Por eso están viendo conspiraciones, complots y tiranicidios por todas partes.  Por eso también es que algunas veces ordenan a sus secuaces asesinar a aquellos oponentes que no pueden reducir con el miedo, con los sobornos o con la amenaza de la cárcel.  Pero también es frecuente que esos asesinatos políticos terminan por apresurar el fin de los tiranos que los han ordenado.  Así ocurrió con Somoza cuando ordenó matar a Chamorro en Nicaragua, con Trujillo cuando mandó matar a las hermanas Mirabal en República Dominicana, o en Panamá con Noriega luego de que tramara el crimen de Hugo Spadafora.  Son asesinatos políticos del siglo XX ocurridos en nuestro inmediato Caribe.  Para no hablar del presente siglo, debemos recordar uno de los crímenes políticos más aborrecidos en la Venezuela del siglo XX: el asesinato ordenado por el dictador Cipriano Castro en contra del valiente general valenciano Antonio Paredes.
 
El Gral Antonio Paredes en su despacho.  Al fondo, arriba, un retrato del presidente Andrade.
¿QUIEN ERA ANTONIO PAREDES?
Oriundo de Valencia y descendiente directo de conquistadores y generales patriotas, el general Antonio Paredes se formó orgulloso de su linaje.  Los conceptos de honor, verdad, deber y rectitud adquieren para él un significado absoluto e intransigente.  Confesaba a sus amigos que soñaba con repetir en los tiempos modernos las hazañas de sus antepasados.   En Valencia, creció entre cuentos e historias de hazañas de guerreros,  recibió una esmerada educación, incluso estudió en la universidad de la ciudad, aunque no llegara a culminar. En la década de 1890 se destaca como un hombre valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto al incorporarse  a la “revolución legalista” de Joaquín Crespo, quien lo nombró general y Jefe del Castillo Libertador de Puerto Cabello.  Cuando el presidente Crespo decide, de manera inconsulta con la sociedad carabobeña designar como presidente del estado (gobernador) su enemigo, el general José Félix Mora, un hombre casi analfabeta, sin ningún tipo de educación y de bajo extracto social,  Paredes protesta vehementemente y rompe con Crespo.  Se tiene que ir del país y huye a Europa. 
El Gral. Paredes de uniforme.
En el viejo continente no pierde tiempo para estudiar: perfecciona sus idiomas: francés, inglés y alemán y realiza cursos en la Academia Militar de Saint-Cyr (Francia). Luego Viaja a Nueva York (1897) donde amplía su formación militar y académica.  A su regreso a Venezuela, una vez muerto Crespo, es empleado por el presidente Ignacio Andrade como jefe militar en Carabobo, donde le toca enfrentar a la “revolución de Queipa” de José Manuel Hernández (el Mocho).  Desde Valencia publica su primer libro, un panfleto en contra de su adversario militar, el “Mocho Hernández”.  Posteriormente, en septiembre de 1899  es nombrado nuevamente comandante del Castillo Libertador de Puerto Cabello. Allí le toca ser el último y obstinado bastión de defensa del gobierno de Andrade en contra de la “Revolución Restauradora” de Cipriano Castro que arrolladoramente avanzaba desde los Andes.  Resiste tenazmente por varios días como ningún otro general lo hizo en defensa del gobierno, hasta al quedarse sin municiones, decide rendirse.  Cipriano Castro envió a pactar la rendición con Paredes a un lugarteniente suyo, que se identificó como “el general Rafael Bolívar”. Pero Antonio Paredes descubre que el tal “general Bolívar” ni es general ni es Bolívar; es un aventurero colombiano de nombre Benjamín Ruiz, compinche de vagabunderías de Castro, lo que enfurece a Paredes, quien no tolera que un extranjero usurpe las jerarquías de un militar venezolano.  Pese a la inferioridad militar de la guarnición del castillo frente a los que lo sitian, apresa al falso general y está a punto de ordenar su fusilamiento, pero a ultima hora se firma la rendición con un representante legítimo de Castro.
De blanco, el Gral Paredes frente a sus tropas.
Paredes es apresado y enviado a la cárcel del Castillo  de San Carlos de la Barra, en la entrada de Lago de Maracaibo.  Allí muchas veces con grillos de 60 libras remachados a sus tobillos pasa tres años y puede escribir la que es quizás la mejor de sus obras “DIARIO DE MI PRISION EN EL SAN CARLOS”.  Cuando se produce la crisis del bloqueo de las potencias europeas a las costas venezolanas Castro ordena la libertad de todos los presos políticos, incluyendo a Paredes.  El dictador envía un barco para que todos sean llevados a Caracas a entablar con el tirano un “diálogo” en vista de la grave situación del país a causa del bloqueo, pero el general Paredes no cree en los “diálogos” con sátrapas;  El barco debe hacer escala en Curazao antes de llegar a La Guaira.  Antonio Paredes le dice a un compañero de viaje:

“Ahora que me considero en libertad, yo no iré sino hasta Curazao. ¡Que sigan hasta Caracas los que quieran deshonrarse poniéndose al servicio de Castro¡ En cuanto a mí, no tengo mas camino que la guerra contra ese tirano que ha sido y será el azote de Venezuela mientras no lo echemos de allí a balazos”   

De Curazao pasó a Trinidad, donde divide su tiempo entre escribir y conspirar obsesionado con el derrocamiento de Castro. Regresa nuevamente al país, incorporándose a la Revolución Libertadora en junio de 1903, participa en Güiria, en los últimos combates de ese movimiento y una vez derrotado regresa a Trinidad donde publicó sus obras: El Diario de Mi Prisión en el San Carlos y su Bosquejo histórico o Memorias contemporáneas y Cómo llegó Cipriano Castro al poder.
 
El Castillo-prisión de San Carlos de la Barra, a la entrada del Lago de Maracaibo, donde el Gral. Paredes estuvo 3 años preso.
EL REGRESO A LA PATRIA Y A LA MUERTE
Son pocos (o prácticamente ninguno) los casos registrados en Venezuela en que haya quedado evidenciado de manera contundente que el presidente de la república haya ordenado de manera directa el asesinato de un venezolano.  Quizás el del general Antonio Paredes sea el único.
Cipriano Castro "El Cabito". quizás el único presidente venezolano que dio de manera indubitable ordenes de asesinar a un venezolano.
A principios de 1907 el general Paredes es descubierto por las autoridades de Trinidad mientras reúne un parque de armas y organiza un movimiento revolucionario para invadir a Venezuela.   Le decomisan el armamento y se ve obligado a abandonar la isla.  Con un reducido grupo de compañeros, apenas una docena de hombres se decide a venir a Venezuela, casi sin armas, a tratar de organizar un alzamiento desde el oriente del país.  Entran por Pedernales, en lo que hoy es el estado Delta Amacuro, por las bocas del Orinoco, y pasa por varios poblados, buscando la vía de Ciudad Bolívar, pero los servicios de Castro se ponen en alerta.  El gobernador del estado Bolívar, Jesus Varela, siguiendo las instrucciones de Castro envía un vapor por el Orinoco comandado por el coronel Jesus García, que intercepta la pequeña lancha donde se traslada el grupo, el cual es capturado en las inmediaciones de Barrancas del Orinoco.  Los oficiales de Castro telegrafían inmediatamente al dictador, quien se encuentra gravemente enfermo en Macuto.  Castro le teme a Paredes; sabe que es un militar formidable y muy admirado.  También lo odia por haberlo desenmascarado en el caso del falso general colombiano y por muchos panfletos que Paredes publicó en su contra.   La respuesta no se hace esperar:

"Debe Ud. dar inmediatamente orden fusilar a Paredes y su oficialidad. Avíseme recibo y cumplimiento. D y F. Cipriano Castro"

El telegrama queda en los archivos como la prueba irrefutable de la autoría intelectual del homicidio. 
El gobernador Varela, envía otro barco al encuentro del García que tiene a los prisioneros con la orden de reiterar las instrucciones de fusilamiento, pero García es un militar, no un criminal y se niega a asesinar al general preso.  El día 15 de Febrero, en la madrugada, el Gral. Paredes y sus oficiales son llevados amarrados hasta la popa el buque donde se encuentran detenidos. Un soldado trató de vendarle los ojos a Paredes, pero el valiente general se negó a que lo taparan y  le gritó:
-Máteme pero no me veje¡ y mirando fijamente al pelotón de fusilamiento finalmente gritó:
-¡Madito seas Cipriano Castro¡
Y sonó la descarga de fusilería.
Luego de cumplida la orden de asesinato los cuerpos fueron lanzados al agua del río Orinoco.  Al poco tiempo fueron encontrados y sepultados por unos campesinos.
La noticia del crimen corrió como pólvora por toda Venezuela. La cobardía y el ensañamiento del asesinato causaron una indignación general por lo conocido de la gallardía del gral. Paredes.  La reputación del presidente Castro, que ya estaba bastante menguada por sus desaciertos administrativos, sus bravuconadas internacionales y sus excesos y perversiones se terminaba de ir a pique.  Algún tiempo después esta situación, junto con otro telegrama comprometedor fueron aprovechados por Juan Vicente Gómez para acusar a Castro de querer matarlo a él y darle el golpe de estado.  Una acusación penal por homicidio contra Castro, incoada por los hermanos del gral. Paredes terminó de sellar el destino del depuesto dictador.  Jamás regresaría a Venezuela.  Al hombrecillo de barba y levita gris le tocó vagar por el mundo, como un paria, expulsado de aquí y de allá, vigilado en todas partes y recibiendo el desprecio general.

El general Antonio Paredes no ha recibido el tratamiento que merece por la historia como ejemplo de sacrificio, inteligencia, valor personal, estudio, honestidad con sus principios y amor por su causa.  Debemos recordarlo y divulgar su ejemplo.  Finalmente dejamos unas palabras suyas, hoy más vigentes que nunca:
"Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad"
Antonio Paredes
El Gral Paredes, ejemplo de valentía y dignidad.

FUENTES:
LOPEZ CONTRERAS, ELEAZAR. “El Presidente Cipriano Castro”.Bloque Dearmas. Caracas.
NUÑEZ, ENRIQUE BERNARDO.  “El Hombre de la Levita Gris”.  Tipografía Garrido. Caracas. 1943
PAREDES, ANTONIO. “Diario de mi prisión en San Carlos” . Ediciones de la Presidencia de la República. Imprenta Nacional 1963
PICON SALAS, MARIANO.  “Los días de Cipriano Castro”.  Festival del Libro Popular Venezolano
FUENTES WEB
http://www.pressreader.com/venezuela/notitarde/20160603/281599534758289 (CUBILLÁN FONSECA, LUIS. “Antonio Paredes y Benjamín Ruiz” Diario Notitarde).