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miércoles, 21 de febrero de 2018

ESCAPE POR EL ORINOCO: DOS CHICOS EN PELIGRO

El puerto de Ciudad Bolívar en los años de los acontecimientos.
LOS HERMANOS LÓPEZ
Los hijos de Eudoro López nacieron y crecieron en un ambiente donde se mezclaban el intelecto y la acción, los libros y las armas.  El doctor Eudoro López era uno de esos hombres, pocos comunes hoy en día, que reunía las virtudes del pensamiento y el estudio junto con el valor de utilizar la fuerza cuando la justicia lo ameritaba.  Oriundo de Montalbán, en los fértiles valles altos de Carabobo, fue uno de los primeros médicos egresados de la Universidad de Valencia, ejerciendo la medicina alternativamente en hospitales de Valencia y Puerto Cabello, donde combinaba su profesión con sus inquietudes políticas, enfrentando a las dictaduras de Castro y Gómez.  Se cuenta que Eudoro era tan diestro con el bisturí como lo era con el sable; un día estaba curando a los heridos y al siguiente batiéndose a tiro limpio contra las tropas del gobierno.   Los cuatro hijos varones, habidos con su esposa Rafaela Ortega Barreto,  (una recia muchacha de Cojedes,  descendiente del Gral. Rafael Ortega,  uno de los oficiales patriotas más destacados del centauro del llano, José Antonio Páez) fueron Rafael Ernesto, Eudoro Santiago, Victor Manuel y Leopoldo Enrique, quienes desde la primera década del siglo XX recibieron una esmerada educación, y se les inculcó el amor al estudio, a la patria, a la lectura y a las causas de la justicia.  Los muchachos fueron creciendo en un ambiente de libros, ciencia, arte y conocimientos, por una parte, y por la otra de sables y fusiles, escuchando sobre literatura y sabiendo de conspiraciones, entre los orgullos escolares de sus notas sobresalientes y las angustias de su padre perseguido frecuente de los esbirros de Juan Vicente Gómez.
El Dr. Eudoro López
Así llega el año de 1923.  El Dr. Eudoro López gozaba de libertad, lograda luego de una de esas amnistías que algún presidente títere de Gómez acordaba algunas veces luego de estar encarcelado en el Castillo de Puerto Cabello, mientras era vigilado por los espías del régimen.  Cuando sorpresivamente en Caracas, en junio, dentro del propio Palacio de Miraflores es asesinado el vicepresidente y gobernador del D.F., “Juanchito” Gómez, el hermano del dictador.  Aunque el crimen cometido en el propio Palacio presidencial es parte de una turbulenta y sórdida trama familiar, la policía gomecista inicia una inmensa cacería de todo aquel que hubiera sido adversario del gobierno, ya que las primeras versiones indicaban que el crimen era cometido por algún enemigo del gomecismo.  El nuevo gobernador del D.F. Julio Hidalgo es el esbirro principal, el encargado de dirigir la brutal represión.  Van a parar a las cárceles centenares de venezolanos que nada tenían que ver con el crimen, simplemente porque en algún momento habían sido opositores al gobierno. Afortunadamente el doctor López, quien es uno de los “sospechosos habituales”  para el régimen,  es advertido de la persecución y antes de que la policía llegue a buscarlo se escapa y se esconde en lugar seguro. 
LOS MENORES PERSEGUIDOS
Ahora bien, fue práctica común de la dictadura de Gómez la prisión, o mejor dicho el secuestro, de niños y adolescentes vinculados a los familiares de los adversarios políticos, para tenerlos como rehenes. Así, por ejemplo, en Valencia fue detenido y enviado al Castillo de Puerto Cabello el adolescente de 16 años Francisco Nouel,  cuyo único delito fue ser hijo de un dentista del mismo apellido, quien estaba implicado en el plan de las bombas para asesinar al tirano.  El Dr. Nouel pudo escapar, pero su menor hijo pagó las consecuencias y fue enviado por años al Castillo de Puerto Cabello.  También un muchachito de 14 años llamado José García,  mandadero de una farmacia de Caracas, fue torturado y encarcelado en la Rotunda en 1.914 por unas sospechas a raíz de un atentado contra la casa de Antonio Pimentel, un compadre y socio de Gómez.  En 1928 por unos versos que el gobierno consideró insultantes o subversivos, fueron llevados primero a la Rotunda y luego con grillos a trabajos forzados en las carreteras de Araya, Herman Stelling Smith y su hijo, un muchacho  del mismo nombre, ambos descendientes de antiguos patriotas miembros de la Legión Británica. Como la policía no sabía cual de los dos era el autor de los versos se los llevaron presos a ambos.  El nuevo gobernador Hidalgo se es implacable y se ensaña especialmente con Eudoro López y su familia, enfurecido ante la desaparición en sus narices del médico carabobeño.  Ordena buscarlos por todas partes: en casa de sus parientes, de sus amigos y hasta en el hogar de los pacientes del galeno. 
Comunicación que dirige el gobernador del D.F. Julio HIdalgo al Gral Uribe, en Pto. La Cruz para que trate de capturar al Dr. López o a sus hijos.
El doctor Eudoro López hizo avisar a sus muchachos que tenían que ir a la clandestinidad.  El segundo de los hijos, Eudoro Santiago, estudiaba ingeniería en Caracas.  Era el propio científico, lo suyo eran los números, las matemáticas y los cálculos, para nada le interesaba la política.  Cuando su madre le advirtió la situación, le dijo: “Eso no es conmigo, yo no me meto en conspiraciones, lo que quiero es estudiar.”  No pasó mucho tiempo cuando una comisión de la policía tumbó la puerta de la casa y se lo llevaron amarrado y a emujones.  Directo al Castillo de Puerto Cabello, con unos grillos de 30 kgs. remachados en sus tobillos.  Dos años duraría el suplicio del joven estudiante inocente de cualquier conspiración.  El hijo mayor, Rafael Ernesto, ya se había graduado de médico, con honores, en la Universidad Central y para el momento ejercía en el oriente del país, donde se iniciaban las exploraciones buscando hidrocarburos.  Rafael Ernesto tenía  muchos conocidos entre los norteamericanos de las empresas petroleras y con la colaboración de los gringos y ayudado por sus ojos azules y piel muy blanca, con unos documentos falsos, se disfrazó de marinero norteamericano y pudo alcanzar un buque y huir del país. 
HUYENDO POR VENEZUELA
Pero quedaron los hermanos menores, apenas dos estudiantes adolescentes, de 16 y 17 años, Victor Manuel, valenciano y Leopoldo Enrique, porteño. Cuando llega la policía los jovenzuelos, apelan a sus habilidades gimnásticas, corren y saltan paredes, brincan por los tejados y burlan la persecución. Por varias semanas se esconden en casas de amigos de la familia que aún con temor, les dan cobijo. Luego de permanecer escondidos en la capital por varios meses, el 28 de enero parten de Caracas con el mayor sigilo, burlando policías y alcabalas.  Los dos hermanos se “enconchan” por varios días en su Valencia natal, hasta que organizan un plan para salir del país a lugar seguro.  Se debe recordar que en aquellos tiempos no existían muchas carreteras, sólo caminos, “los caminos del ganado” y algunas trochas que comunicaban a los pueblos y las pocas ciudades.  A las salidas de cada ciudad y pueblo había unas “alcabalas” en las que la policía detenía a todo el mundo y se verificaba su identidad y se le anotaba en un libro la salida y la entrada al pueblo. Igualmente en los puertos había un riguroso control.  Por lo tanto era imposible salir por las rutas normales.  Es así como de noche, salen a lomo de caballo por las montañas del occidente de Carabobo vía Cojedes, se internan por haciendas y descampados, desde donde llegan hasta los famosos “hatos barreteros” de  los Barreto y los Lima, parientes por parte de su madre doña Rafaela.  Así siguen en su ruta por los llanos de Cojedes, atravesando peligrosos y solitarios parajes con la ayuda de algún que otro baqueano de los hatos ganaderos, atraviesan El Laurel, El Charcote, El Totumo, la Trinidad y tantas llanuras… Luego de cabalgata casi ininterrumpida de tres días llegan a Calabozo el primero de Febrero y a San Fernando de Apure el dos de febrero.  Aunque a los venezolanos de hoy les cueste entenderlo, San Fernando era una de las puertas de salida del país, puesto que en aquellos tiempos las mejores, mas seguras y mas rápidas vías de comunicación eran nuestros grandes ríos navegables. En San Fernando tienen dos alternativas: o tomar un vapor para llegar a Guasdualito, un pueblo en la frontera con Colombia y pasar al otro lado, o llegar en barco hasta la isla de Trinidad y de allí buscar la libertad.  La navegación de nuestros ríos estaba monopolizada por una de las tantas propiedades de Gómez: la Compañía Anónima Venezolana de Navegación, que tenía una ruta que llegaba cada diez días hasta la vecina isla de Trinidad, para entonces una posesión británica.
El puerto de San Fernando de Apure en los años veinte, época del escape de los hermanos López.
ARTISTAS A BORDO
En San Fernando de Apure los muchachos asumen identidades falsas, se dicen llamar Luis Innes y Manuel Innes, y  se embarcan en el vapor “Arauca”, que  viene llegando  desde Guasdualito, buque de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación, Línea del Orinoco, donde se identifican como artistas ambulantes, una especie de acróbatas de circo, ya que eran gimnastas consagrados: Victor (Manuel Innes) el "rey del aire" y Leopoldo (Luis Innes) el "rey de los aros".  Uno de los representantes de la empresa naviera, Francisco Boscio,  que había hecho amistad con los muchachos los invita a hacer sus demostraciones artísticas en la nave, lo que hace mas divertido el monótono viaje para todos los pasajeros.  El comedor del buque se transformó en escenario y Victor luego de hacer una serie de explicaciones científicas sobre como la velocidad aligera el peso de un cuerpo en movimiento realizó sus números gimnásticos llamados por él mismo “la suerte del pescado”, en la cual colocaba una serie de sillas alineadas y de un impulso con los brazos rectos y hacia adelante volaba por sobre las sillas: primero con dos, luego tres, cuatro y hasta cinco sillas, sobre las cuales, como un enorme pez volador, hacía su suerte. El público le correspondía con fuertes aplausos. Así pudieron los muchachos pasar como unos “artistas ambulantes” burlando a las autoridades que buscaban a los hijos del doctor López.  Diez días después el “Arauca” llegó a ciudad Bolívar, luego de escalas en Arichuna, Macanillal, Cabruta, Caicara, Parmana, Las Bonitas, Las Majadas, El Piñal, Mapire, Boca de Cruz, Boca del Pao, puertos fluviales intermedios, donde quedó en la mente de aquellas gentes humildes y sencillas el recuerdo de las demostraciones gimnásticas de estos atléticos  muchachos. 
El vapor "Arauca" la primera nave abordada por los hermanos haciéndose pasar por artistas ambulantes.
En Ciudad Bolívar los hermanos estuvieron esperando por varios días que su familia les enviara desde Valencia algún dinero para poder pagar sus pasajes hasta la isla de Trinidad, y gracias al señor Francisco Boscio, y el Comisionado de Para la Frontera, general Pirela Pérez (otro amigo del viaje) fueron recibidos por la familia de Nina de Casado, quienes los cobijaron y hasta les regalaron algo de ropa para mejorar sus exiguas pertenencias traídas el viaje.  Así estaban esperando el vapor que hacía la ruta Ciudad Bolívar/Trinidad cada diez días.   Pero sucedió que un funcionario del gobierno que había llegado a la ciudad en el vapor “Venezuela” sospechó de los muchachos y los denunció ante el prefecto de Angostura, quien inmediatamente los encerró en una jaula de hierro. El señor Boscio y el general Pirela Pérez, quienes ya habían hecho amistad durante su travesía en el “Arauca”,  intercedieron ante el Jefe Civil que los había detenido, mostrando al Prefecto los pasaportes falsos que tenían los muchachos con otras identidades  y se constituyeron en garantes de la buena conducta de los detenidos y lograron la liberación de los chicos. 
Pasaporte falso de Victor Manuel López, con el nombre de "Manuel Innes" con el que pudo escapar en el vapor "Venezuela"
 Al día siguiente, con la poca plata que les pudieron enviar desde Valencia, compraron unos pasajes de segunda clase en el vapor “Venezuela” donde los embarcaron sus amigos, junto a sus escasas pertenencias, escondiéndolos en la sala de máquinas,  con orden de no salir hasta que el buque hubiera partido.
Luego de varios días de navegación llegan a Trinidad el veinticinco de febrero, y a Nueva York, destino final de este largo viaje, el día siete de marzo del año 1924, donde fueron recibidos en el puerto de esa localidad por su hermano Rafael Ernesto López, quien los había precedido y ejercía como médico en esa ciudad. Al fin pudieron reencontrarse con su familia.
Vapor "Venezuela" que hacía la ruta Ciudad Bolívar/Trinidad cada diez días.
EPILOGO
Los jóvenes atletas, ya a salvo en Nueva York.
La situación en el gran país del Norte no fue fácil para la familia. Muchas carencias y privaciones para los recién llegados exiliados   Ya se encontraban allí doña Rafaela, las hermanas hembras y Rafael Ernesto.  Eudoro seguiría en prisión por dos años más.  El Dr. López no podía ejercer en un país extranjero, por lo que estaba sin trabajo y al poco tiempo regresaría a tratar de participar en una invasión a Venezuela desde Colombia.  Los muchachos recién llegados no tardaron en buscar empleo mientras su madre alquilaba alguna habitación de la modesta casa para conseguir algunos recursos. A veces el almuerzo no era más que un caldo de huesos donde nadaba alguna verdura.   Víctor se emplea como simple obrero en una mina de cobre en el turno nocturno, con duras jornadas de pico y pala logra pagarse sus estudios diurnos, mientras que Leopoldo Enrique consigue trabajo como profesor de castellano, para poder ambos terminar el bachillerato. Luego los hermanos se inscriben en la Universidad de Columbia, donde Victor obtiene el título de ingeniero de minas, mientras que Leopoldo sigue los pasos de su padre y de su hermano Rafael Ernesto, para graduarse como médico. Incansables los hermanos continúan sus estudios de post grado obteniendo Victor el Magíster en Ingeniería de Minas y Leopoldo Enrique también hace su especialización en urología.  Transcurren doce largos años de exilio en los que los hermanos cosechan éxito tras éxito.  Finalmente al morir el dictador en 1935, la familia puede regresar a su Patria. 
Victor Manuel, recién graduado en N.Y.
El nuevo presidente, el general López Contreras, con un empeño en sacar al país del atraso y miseria en que se encontraba recurre a todos los venezolanos de valor que se encontraban en el exilio para que colaboren con su gobierno.  Así Rafael Ernesto es uno de sus primeros ministros de instrucción pública (hoy educación), donde desempeña una extraordinaria labor, poniendo en práctica los modernos conocimientos adquiridos en el extranjero,  crea la escuela de enfermería, la primera escuela agrícola modelo, “El Mácaro” en el Edo. Aragua y representa a Venezuela en la primera Asamblea de la recién creada ONU, así como imparte clases de medicina. Victor Manuel es llamado para poner sus conocimientos de minería y crea y organiza la Dirección de Minas del Ministerio de Fomento, realiza exploraciones mineras a todo lo largo y ancho del país, edita la Revista del Ministerio de Fomento, un compendio de las riquezas naturales del país, crea la Escuela de Minas, realiza un sinnúmero de actividades en la Universidad Central de Venezuela, acompaña al explorador norteamericano Jimmy Angel en varias de sus aventuras, etc. Y Leopoldo Enrique junto con su hermano Rafael Ernesto constituyen (asociados con otros profesionales) el primer moderno hospital privado de Venezuela, el Centro Médico de Caracas, inspirados en la famosa “Clinica Mayo”a imagen de los más modernos hospitales que conocieron en  EE.UU., dicta cátedras en diferentes materias en la escuela de Medicina de la UCV, donde creó la Cátedra de Ginecología  y atiende numerosos pacientes en el Hospital Vargas y otros hospitales públicos de la capital.  Esa fue la historia de unos muchachos perseguidos “vivos o muertos” por la dictadura por el simple hecho de ser hijos de un médico rebelde.
 
Propaganda de la Compañía Venezolana de Navegación en 1924

FUENTES
GALLEGOS, GERARDO.  “ Juancho Gómez.  Un Drama de la Realidad Latinoamericana” Coop. de Artes Gráficas. Caracas. 1937
LAVIN, JOHN.  “Una Aureola Para Gómez” Distribuidora Continental. Caracas.
LOPEZ, VICTOR JOSÉ. “Infatigables” (en imprenta) versión PDF
SULBARAN, PABLO.  “El Misterio de Miraflores”.  Publicaciones Seleven.  Caracas. 
Agradecimientos:
A Beatríz López por el manuscrito ESCAPADA DE LOS HERMANOS LOPEZ POR SAN FERNANDO DE APURE VIA GUAYANA A LA ISLA DE TRINIDAD (Recuerdos de Francisco Boscio)
A Victor José López por su versión todavía inédita de “Infatigables.  La Historia de Mis Abuelos”.
A Ramón Rivero Muñoz por las imágenes de los vapores “Arauca” y “Venezuela”
A Victor José López, Lorraine Nout López y Beatríz López por las fotografías de los hermanos López Ortega.


 
Ciudad Bolívar, toma desde Soledad, durante l

viernes, 26 de enero de 2018

UN ENTIERRO EN DICTADURA

El entierro de una persona, que en circunstancias normales es simplemente la despedida de un ser apreciado por sus mas cercanos amigos, en tiempos de dictaduras se puede convertir en una manifestación del repudio colectivo al tirano de turno, cuando la muerte de esa persona es producto de un crimen político causando la natural indignación en la sociedad. Por esta razón las dictaduras tratan de impedir o por lo menos minimizar las honras fúnebres de aquellos que han sido víctimas de sus atrocidades. Así ocurrió en la Valencia de 1933, que padecía la dictadura militar de Juan Vicente Gómez, quien tenía en Carabobo como lugarteniente a uno de los peores miembros del clan Gómez, Santos Matute Gómez, presidente del Estado.
Santos Matute Gómez, lugarteniente y primo de Juan Vicente Gómez, presidente del estado Carabobo.
En la ciudad funcionaba una pequeña empresa de tipografía, propiedad de dos hermanos de apellido Mariño, Joaquín y Santiago, descendientes del prócer oriental Santiago Mariño, ambos apreciados elementos de la sociedad valenciana. En la tipografía se editaban dos periódicos y toda clase de material impreso. Sucede que un infausto día, Joaquín fue detenido por la policía gomecista. Se le acusaba de estar imprimiendo material subversivo en contra del gobierno, incluso se cuenta que a Mariño se le habría decomisado un pasquín antigubernamental entre sus ropas. Otros dicen que el papel le fue introducido sin que se diera cuenta para incriminarlo. Mariño fue llevado hasta la sede de la policía ubicada para esos tiempos en la Casa Páez, en la calle del mismo nombre.
Pasquín antigomecista de 1933, posiblemente uno idéntico a este fue el que se le incautó a Joaquín Mariño.
Allí el empresario fue brutalmente torturado, como era costumbre en esos tiempos, para que confesara quienes eran los autores de los pasquines antigomecistas, con la mala suerte que el pobre hombre no aguantó las brutalidades y murió en los sótanos de la casa. El gobierno informó que Mariño “se habiá suicidado ahorcándose con los cordones de sus zapatos” y entregó el cadáver a los familiares en una urna cerrada con la orden de no abrirla. En esos tiempos los velorios se hacían en las casas y la policía envió a un par de agentes a la residencia de los Mariño, con la orden de que verificaran que en todo momento la urna estuviera cerrada y así llegara hasta el cementerio. 
Imagen actual de los sótanos de la casa Páez, donde fue torturado y asesinado Joaquín Mariño.

 SE DESENMASCARA A LOS ESBIRROS Pero en lo mas tarde de la madrugada, los dos policías que montaban guardia fueron convidados a tomar café, lo que fue aprovechado por una dama de la familia de nombre Eladia Pelayo, junto con otros parientes, destaparon la urna y revisaron el cadáver, constatando horrorizados las terribles torturas y amputaciones que presentaba, lo que evidenciaba que se trataba de un cruel homicidio y no un suicidio. Según el credo católico, quien comete suicidio, muere en pecado mortal y por lo tanto le corresponden los ritos religiosos, y el gobernador Santos Matute Gómez así se lo “recordó” al obispo de la ciudad Mons. Salvador Montes de Oca, para que la iglesia se abstuviera de celebrarle ritos religiosos al difunto, y de esta manera se corroborara la historia del suicidio, pero sucede que Montes de Oca, conocía las causas reales de la muerte de Mariño, así mismo, era amigo de la familia y conocía personalmente al difunto, de quien daba fe de sus creencias cristianas, aparte de que monseñor era adversario de la dictadura, con la que ya había tenido anteriormente serias discrepancias. Entonces, el obispo, mas que aceptar que cualquier cura celebrara un simple rito religioso de entierro normal y corriente, dispuso que él mismo, como obispo celebraría el funeral de cuerpo presente de Mariño con la mayor pompa luctuosa, desenmascarando la falsa versión oficial de los hechos.
El entierro de Joaquín Mariño fue realizado con todos los ritos eclesiásticos y la mayor pompa, a cuyo frente estaba el obispo de la ciudad,  fue una multitudinaria muestra de rechazo a la dictadura. (foto referencial)
Así el entierro salió de la casa de la familia Mariño aquella mañana de septiembre de 1933 a las diez de la mañana encabezada por el obispo Montes de Oca, como una multitudinaria procesión. La urna fue llevada en hombros por decenas de ciudadanos que se turnaban para honrar al amigo asesinado. Centenares de personas llevaban flores y velas encendidas a lo largo de la lenta marcha. Al llegar a la Plaza Bolívar un hombre con gesto de protesta y para que todos lo vieran se amarró las trenzas de los zapatos diciendo que con las trenzas no se suicidaría y muchos otros caballeros siguieron con el gesto en señal de repudio a la falsa versión oficial de la muerte. No fue hasta las tres de la tarde cuando finalmente finalizó el entierro tan concurrido, que mas que la última despedida constituyó una verdadera manifestación de protesta cívica y pacífica en contra de la dictadura. Ni siquiera la mas brutal de las tiranías sufridas por los venezolanos en el siglo XX pudo evitar que el pueblo le diera el último adiós como es debido a uno de sus ciudadanos. 
Monseñor Salvador Montes de Oca, el sacerdote caroreño, obispo de Valencia, que se enfrentó reiteradamente al régimen de Gómez

LA DICTADURA REACCIONA. La masiva manifestación de repudio al crimen de Joaquín Mariño realizada por la sociedad valenciana, con su obispo a la cabeza, molestó mucho al gobierno dictatorial, poco acostumbrado a ver desafíos colectivos tan grandes. Particularmente el obispo de Valencia era una personalidad bastante incómoda para la tiranía y ya una vez había sido expulsado del país. Al poco tiempo del entierro de Joaquin Mariño, se tramó una conspiración entre el nuncio apostólico, quien era muy simpatizante de la dictadura y ciertos curas enemigos de Montes de Oca para alejarlo de su obispado y llevarlo a un procedimiento disciplinario en Europa, donde se le obliga a renunciar a su alta investidura. Abatido y entristecido Montes de Oca decidió internarse en un monasterio en Italia, como un simple monje. Allí lo sorprende la segunda guerra mundial, y en septiembre de 1944, una vez más, pone su vida en peligro al socorrer a unos patriotas italianos que escapaban de las SS. El obispo valenciano, oriundo de Carora, es descubierto, es capturado por los nazis y a los pocos días es fusilado. Por eso es conocido como el “Obispo Mártir de Valencia”
Cuarto de tortura en los sótanos de la Casa Páez en Valencia, para esos tiempos, cuartel de la policía.

jueves, 18 de enero de 2018

EL DICTADOR ORDENÓ QUE LO ASESINARAN: ANTONIO PAREDES

" ¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles?¿Y entonces voy a quedar en ridículo? Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte"
Gral. Antonio Paredes
“Diálogo de Ultratumba con dos generales


El general Antonio Paredes

Los dictadores siempre son cobardes.  El miedo es un fantasma que los asecha en todo momento.  Saben que sus abusos y arbitrariedades generan en muchas personas la sed de justicia y que los hombres de bien quieren hacerles pagar bien caro sus atrocidades.  Por eso están viendo conspiraciones, complots y tiranicidios por todas partes.  Por eso también es que algunas veces ordenan a sus secuaces asesinar a aquellos oponentes que no pueden reducir con el miedo, con los sobornos o con la amenaza de la cárcel.  Pero también es frecuente que esos asesinatos políticos terminan por apresurar el fin de los tiranos que los han ordenado.  Así ocurrió con Somoza cuando ordenó matar a Chamorro en Nicaragua, con Trujillo cuando mandó matar a las hermanas Mirabal en República Dominicana, o en Panamá con Noriega luego de que tramara el crimen de Hugo Spadafora.  Son asesinatos políticos del siglo XX ocurridos en nuestro inmediato Caribe.  Para no hablar del presente siglo, debemos recordar uno de los crímenes políticos más aborrecidos en la Venezuela del siglo XX: el asesinato ordenado por el dictador Cipriano Castro en contra del valiente general valenciano Antonio Paredes.
 
El Gral Antonio Paredes en su despacho.  Al fondo, arriba, un retrato del presidente Andrade.
¿QUIEN ERA ANTONIO PAREDES?
Oriundo de Valencia y descendiente directo de conquistadores y generales patriotas, el general Antonio Paredes se formó orgulloso de su linaje.  Los conceptos de honor, verdad, deber y rectitud adquieren para él un significado absoluto e intransigente.  Confesaba a sus amigos que soñaba con repetir en los tiempos modernos las hazañas de sus antepasados.   En Valencia, creció entre cuentos e historias de hazañas de guerreros,  recibió una esmerada educación, incluso estudió en la universidad de la ciudad, aunque no llegara a culminar. En la década de 1890 se destaca como un hombre valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto al incorporarse  a la “revolución legalista” de Joaquín Crespo, quien lo nombró general y Jefe del Castillo Libertador de Puerto Cabello.  Cuando el presidente Crespo decide, de manera inconsulta con la sociedad carabobeña designar como presidente del estado (gobernador) su enemigo, el general José Félix Mora, un hombre casi analfabeta, sin ningún tipo de educación y de bajo extracto social,  Paredes protesta vehementemente y rompe con Crespo.  Se tiene que ir del país y huye a Europa. 
El Gral. Paredes de uniforme.
En el viejo continente no pierde tiempo para estudiar: perfecciona sus idiomas: francés, inglés y alemán y realiza cursos en la Academia Militar de Saint-Cyr (Francia). Luego Viaja a Nueva York (1897) donde amplía su formación militar y académica.  A su regreso a Venezuela, una vez muerto Crespo, es empleado por el presidente Ignacio Andrade como jefe militar en Carabobo, donde le toca enfrentar a la “revolución de Queipa” de José Manuel Hernández (el Mocho).  Desde Valencia publica su primer libro, un panfleto en contra de su adversario militar, el “Mocho Hernández”.  Posteriormente, en septiembre de 1899  es nombrado nuevamente comandante del Castillo Libertador de Puerto Cabello. Allí le toca ser el último y obstinado bastión de defensa del gobierno de Andrade en contra de la “Revolución Restauradora” de Cipriano Castro que arrolladoramente avanzaba desde los Andes.  Resiste tenazmente por varios días como ningún otro general lo hizo en defensa del gobierno, hasta al quedarse sin municiones, decide rendirse.  Cipriano Castro envió a pactar la rendición con Paredes a un lugarteniente suyo, que se identificó como “el general Rafael Bolívar”. Pero Antonio Paredes descubre que el tal “general Bolívar” ni es general ni es Bolívar; es un aventurero colombiano de nombre Benjamín Ruiz, compinche de vagabunderías de Castro, lo que enfurece a Paredes, quien no tolera que un extranjero usurpe las jerarquías de un militar venezolano.  Pese a la inferioridad militar de la guarnición del castillo frente a los que lo sitian, apresa al falso general y está a punto de ordenar su fusilamiento, pero a ultima hora se firma la rendición con un representante legítimo de Castro.
De blanco, el Gral Paredes frente a sus tropas.
Paredes es apresado y enviado a la cárcel del Castillo  de San Carlos de la Barra, en la entrada de Lago de Maracaibo.  Allí muchas veces con grillos de 60 libras remachados a sus tobillos pasa tres años y puede escribir la que es quizás la mejor de sus obras “DIARIO DE MI PRISION EN EL SAN CARLOS”.  Cuando se produce la crisis del bloqueo de las potencias europeas a las costas venezolanas Castro ordena la libertad de todos los presos políticos, incluyendo a Paredes.  El dictador envía un barco para que todos sean llevados a Caracas a entablar con el tirano un “diálogo” en vista de la grave situación del país a causa del bloqueo, pero el general Paredes no cree en los “diálogos” con sátrapas;  El barco debe hacer escala en Curazao antes de llegar a La Guaira.  Antonio Paredes le dice a un compañero de viaje:

“Ahora que me considero en libertad, yo no iré sino hasta Curazao. ¡Que sigan hasta Caracas los que quieran deshonrarse poniéndose al servicio de Castro¡ En cuanto a mí, no tengo mas camino que la guerra contra ese tirano que ha sido y será el azote de Venezuela mientras no lo echemos de allí a balazos”   

De Curazao pasó a Trinidad, donde divide su tiempo entre escribir y conspirar obsesionado con el derrocamiento de Castro. Regresa nuevamente al país, incorporándose a la Revolución Libertadora en junio de 1903, participa en Güiria, en los últimos combates de ese movimiento y una vez derrotado regresa a Trinidad donde publicó sus obras: El Diario de Mi Prisión en el San Carlos y su Bosquejo histórico o Memorias contemporáneas y Cómo llegó Cipriano Castro al poder.
 
El Castillo-prisión de San Carlos de la Barra, a la entrada del Lago de Maracaibo, donde el Gral. Paredes estuvo 3 años preso.
EL REGRESO A LA PATRIA Y A LA MUERTE
Son pocos (o prácticamente ninguno) los casos registrados en Venezuela en que haya quedado evidenciado de manera contundente que el presidente de la república haya ordenado de manera directa el asesinato de un venezolano.  Quizás el del general Antonio Paredes sea el único.
Cipriano Castro "El Cabito". quizás el único presidente venezolano que dio de manera indubitable ordenes de asesinar a un venezolano.
A principios de 1907 el general Paredes es descubierto por las autoridades de Trinidad mientras reúne un parque de armas y organiza un movimiento revolucionario para invadir a Venezuela.   Le decomisan el armamento y se ve obligado a abandonar la isla.  Con un reducido grupo de compañeros, apenas una docena de hombres se decide a venir a Venezuela, casi sin armas, a tratar de organizar un alzamiento desde el oriente del país.  Entran por Pedernales, en lo que hoy es el estado Delta Amacuro, por las bocas del Orinoco, y pasa por varios poblados, buscando la vía de Ciudad Bolívar, pero los servicios de Castro se ponen en alerta.  El gobernador del estado Bolívar, Jesus Varela, siguiendo las instrucciones de Castro envía un vapor por el Orinoco comandado por el coronel Jesus García, que intercepta la pequeña lancha donde se traslada el grupo, el cual es capturado en las inmediaciones de Barrancas del Orinoco.  Los oficiales de Castro telegrafían inmediatamente al dictador, quien se encuentra gravemente enfermo en Macuto.  Castro le teme a Paredes; sabe que es un militar formidable y muy admirado.  También lo odia por haberlo desenmascarado en el caso del falso general colombiano y por muchos panfletos que Paredes publicó en su contra.   La respuesta no se hace esperar:

"Debe Ud. dar inmediatamente orden fusilar a Paredes y su oficialidad. Avíseme recibo y cumplimiento. D y F. Cipriano Castro"

El telegrama queda en los archivos como la prueba irrefutable de la autoría intelectual del homicidio. 
El gobernador Varela, envía otro barco al encuentro del García que tiene a los prisioneros con la orden de reiterar las instrucciones de fusilamiento, pero García es un militar, no un criminal y se niega a asesinar al general preso.  El día 15 de Febrero, en la madrugada, el Gral. Paredes y sus oficiales son llevados amarrados hasta la popa el buque donde se encuentran detenidos. Un soldado trató de vendarle los ojos a Paredes, pero el valiente general se negó a que lo taparan y  le gritó:
-Máteme pero no me veje¡ y mirando fijamente al pelotón de fusilamiento finalmente gritó:
-¡Madito seas Cipriano Castro¡
Y sonó la descarga de fusilería.
Luego de cumplida la orden de asesinato los cuerpos fueron lanzados al agua del río Orinoco.  Al poco tiempo fueron encontrados y sepultados por unos campesinos.
La noticia del crimen corrió como pólvora por toda Venezuela. La cobardía y el ensañamiento del asesinato causaron una indignación general por lo conocido de la gallardía del gral. Paredes.  La reputación del presidente Castro, que ya estaba bastante menguada por sus desaciertos administrativos, sus bravuconadas internacionales y sus excesos y perversiones se terminaba de ir a pique.  Algún tiempo después esta situación, junto con otro telegrama comprometedor fueron aprovechados por Juan Vicente Gómez para acusar a Castro de querer matarlo a él y darle el golpe de estado.  Una acusación penal por homicidio contra Castro, incoada por los hermanos del gral. Paredes terminó de sellar el destino del depuesto dictador.  Jamás regresaría a Venezuela.  Al hombrecillo de barba y levita gris le tocó vagar por el mundo, como un paria, expulsado de aquí y de allá, vigilado en todas partes y recibiendo el desprecio general.

El general Antonio Paredes no ha recibido el tratamiento que merece por la historia como ejemplo de sacrificio, inteligencia, valor personal, estudio, honestidad con sus principios y amor por su causa.  Debemos recordarlo y divulgar su ejemplo.  Finalmente dejamos unas palabras suyas, hoy más vigentes que nunca:
"Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad"
Antonio Paredes
El Gral Paredes, ejemplo de valentía y dignidad.

FUENTES:
LOPEZ CONTRERAS, ELEAZAR. “El Presidente Cipriano Castro”.Bloque Dearmas. Caracas.
NUÑEZ, ENRIQUE BERNARDO.  “El Hombre de la Levita Gris”.  Tipografía Garrido. Caracas. 1943
PAREDES, ANTONIO. “Diario de mi prisión en San Carlos” . Ediciones de la Presidencia de la República. Imprenta Nacional 1963
PICON SALAS, MARIANO.  “Los días de Cipriano Castro”.  Festival del Libro Popular Venezolano
FUENTES WEB
http://www.pressreader.com/venezuela/notitarde/20160603/281599534758289 (CUBILLÁN FONSECA, LUIS. “Antonio Paredes y Benjamín Ruiz” Diario Notitarde).

jueves, 28 de diciembre de 2017

1946: EL RETORNO DE LAS TORTURAS A VENEZUELA, LOS ELECTROCHOQUES

La historia la escriben los vencedores.  Y en la historia oficial los vencedores ocultan algunos hechos, magnifican los que les son favorables y minimizan lo que no les conviene que se recuerde, pero afortunadamente quedan las actas, los expedientes, las hemerotecas y la tradición oral que nos permite reconstruir los hechos como verdaderamente ocurrieron.
A partir de la muerte de Juan Vicente Gómez, Venezuela entró en una etapa de respeto a la constitución y a la ley, de  paz y armonía ciudadana dirigida por los sucesivos gobiernos de dos generales civilistas; primero Eleazar López Contreras y luego Isaías Medina Angarita.  López Contreras con un tacto y una habilidad política extraordinaria y sin mayores traumas pasó de la feroz dictadura de Gómez a un gobierno democrático, con un profundo respeto a la ley,  sin ningún preso político y aboliendo la detestable práctica de la tortura, que en tiempos de Gómez había llegado a unas exageraciones inimaginables.  Luego con el gobierno de Medina Angarita se ampliaron mucho mas las libertades ciudadanas, con una libertad de prensa absoluta, sin presos políticos, ni exiliados de ningún tipo, legalizando los partidos de absolutamente todas las tendencias políticas y con un respeto integral a todos los derechos de cada uno de los ciudadanos.  Estos gobiernos fueron de gran amplitud política, donde participaron venezolanos de las mas diversas tendencias e ideologías, escogidos por sus méritos y cualidades y no por sus simpatías políticas, sin lugar a dudas, Venezuela tuvo entre 1936 y 1945 a los mejores de sus hijos, a los mas calificados profesionales en las labores de gobierno.
LA INESTABILIDAD
Esta situación de paz ciudadana se vio abruptamente interrumpida el 18 de octubre de 1945 cuando se rompió el hilo constitucional al producirse un cruento golpe de estado que dejó casi cuatrocientos muertos, mediante el cual llega al poder una peculiar combinación de un partido político (Acción Democrática encabezada por Rómulo Betancourt) y un grupo de jóvenes y ambiciosos militares encabezados por Marcos Pérez Jiménez y Carlos Delgado Chalbaud, entre otros.
El Br. Rómulo Betancourt.  Durante su gobierno se inicia
el uso de la tortura con electricidad como método represivo
en Venezuela.
El nuevo gobierno, que se llamó Junta Revolucionaria de Gobierno (J.R.G), fue encabezado por Rómulo Betancourt, quien formó un gobierno sectarista, exclusivamente de partido, colocando en todos los puestos altos, medios y hasta en los mas sencillos empleos públicos únicamente a los militantes de su partido, por lo que sarcásticamente el pueblo llamaba al gobierno la Junta Romuliana de Gobierno. A poco de iniciado el gobierno de Betancourt las milicias del partido, conocidas como “cabilleros” o “bandas armadas” llevaron a cabo los primeros ataques armados a las reuniones o “mítnes” los partidos de oposición, así como ataques contra  la educación privada y a la iglesia católica.
Este gobierno sectario no tardó en ganarse la animadversión de ciertos sectores de la sociedad que añoraban los tiempos de amplitud, respeto y civilidad de López Contreras y Medina.  Es así como se produjo en diciembre de 1946 el primer intento de deponer al régimen revolucionario y restablecer la constitución violentada, con pronunciamientos civico-militares en Carabobo, Aragua y Trujillo.  Una vez fracasada la intentona fueron detenidos, sin orden judicial alguna,  gran cantidad de ciudadanos, muchos de ellos notables profesionales y comerciantes de la sociedad que fueron incomunicados e internados en los distintos centros de reclusión existentes: En Valencia en el cuartel de policía, en primera instancia y al quedar ésta atestada por la enorme cantidad de  detenidos esta instalación, en la  cárcel de la ciudad y en Caracas en la cárcel Modelo y también se habilitó un local para los prisioneros, en el antiguo local del famoso club nocturno El Trocadero, el cual fue en sus buenos tiempos muy visitado por el presidente Medina y por gran parte de la sociedad caraqueña.

COMIENZAN LAS TORTURAS
A poco de producirse las detenciones de los enemigos del gobierno cundió en toda Venezuela una noticia escandalosa: Los presos políticos estaban siendo torturados. Y lo que era mas grave aún: se le estaban aplicando torturas con electricidad a los detenidos.  Lo que se creía era una detestable práctica represiva del pasado, ya superada, volvía en manos de  la Junta Revolucionaria de Gobierno.  Ni siquiera  los más crueles esbirros del régimen de Juan Vicente Gómez  llegaron a utilizar la electricidad como método de tortura y ahora, los nuevos gobernantes que se autocalificaban como demócratas empleaban los más bárbaros sistemas de represión.
Según consta en el expediente judicial respectivo, citado por Rafael Agustín Pinto Prada en “Administración de Justicia en Carabobo Durante el Trienio 1945-1948”, quienes participaban en los interrogatorios y las torturas no eran solamente los funcionarios policiales, sino también conocidos militantes del partido de gobierno, los milicianos, a quienes los detenidos denunciaron con nombres y apellidos.  Es de notar que los fiscales del ministerio público en ningún momento hicieron acto de presencia en los centros de detención.
Monseñor Bernardo Heredia, párroco de
Guacara, bárbaramente torturado.
Entre los torturados se recuerda especialmente el caso de monseñor Bernardo Heredia, párroco de Guacara, maltratado bárbaramente.
El escándalo de las torturas traspasó las fronteras de la nación y el “The Times Herald” de Washington, afirma que:
“…el gobierno venezolano presidido por Betancourt ha desatado una guerra de torturas y terrorismo contra sus adversarios, debido a lo cual se aplican colgaduras por los dedos pulgares, además de utilizar para forzar confesiones, luces de 2000 voltios en la cara, apaleados, colocados cargas en la espalda y la aplicación del tortol sobre los órganos sexuales. “ (Citado por Rafael Agustín Pinto Prada, obra citada)
EL TROCADERO
Durante los tiempos de Medina Angarita funcionó en Caracas, en una lujosa mansión del conocido gomecista Antonio Pimentel  un lujoso restaurant y Club Nocturno conocido como “El Trocadero”. Al llegar al gobierno la JRC la mansión fue expropiada y el club cerró. Poco tiempo después, y a raíz de la enorme cantidad de ciudadanos detenidos por la intentona del golpe del 11 de diciembre del 46, el Trocadero fue convertido en una especie de campo de concentración para los enemigos del régimen.  Aunque en Caracas no hubo movimientos militares, docenas de personas fueron detenidos y llevados al Trocadero; entre ellos Jóvito Villalba, principal dirigente del partido político URD y un diputado con inmunidad parlamentaria, Feliciano Ontiveros.  Allí los elementos de los cuerpos policiales también aplicaron las torturas.  Oscar Yanes, así lo recuerda:
"ESTAN TORTURANDO a los presos con corriente eléctrica en El Trocadero", la noticia se extendió por toda Venezuela y en Caracas, en las pulperías, en las escuelas, en las fuentes de soda, en "las casas de cita" y hasta en las iglesias, todos preguntaban lo mismo: "Les meten corriente eléctrica por las bolas, por el cuello, por las piernas y hasta por allá abajo...".
El "Trocadero", en sus buenos tiempos, el mejor local nocturno de Caracas.  Al llegar Betancourt al poder fue expropiado y convertido en cárcel para los presos políticos.
LAS DENUNCIAS ANTE LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE
La Asamblea Nacional Constituyente en funciones poco después de la intentona de diciembre tenía una composición pluripartidista, allí hacían vida política las variadas tendencias políticas que existían en el país, entre ellas el partido URD, cuyo principal dirigente era uno de los cientos de detenidos por el gobierno. También es de destacar que el presidente de la ANC era Andrés Eloy Blanco, que si bien pertenecía a las filas del partido de gobierno, era un demócrata convencido, y aunque  no había sufrido las torturas del gomecismo en carne propia,  si las había conocido muy de cerca ya que muchos de sus compañeros de presidio en el castillo de Puerto Cabello habían sido salvajemente torturados.  
Andrés Eloy Blanco, presidente de la ANC y ex preso político de la
dictadura gomecista.
Así las cosas se reciben en la ANC la denuncia de los familiares de los presos políticos sobre las torturas y las detenciones ilegales, la cual es secundada por los representantes del URD, quienes logran que se abra un debate sobre la cuestión y la consiguiente averiguación.  Aunque la fracción del partido de gobierno trató de evitar que se descubriera la verdad de lo ocurrido, se produjo el intenso debate y se pudo probar con cantidad de evidencias las torturas recibidas por los presos políticos, y particularmente la aplicación de electricidad. 
LOS BENEFICIOS DE LA TORTURA, SEGÚN UN DIPUTADO.
En el momento más álgido del debate intervino el diputado por Acción Democrática electo por  Caracas de nombre Manuel González y señaló que “los electrochoques eran necesarios, que eran tan buenos que hasta se usaban como terapia en la psiquiatría  moderna con buenos resultados para curar la locura y que por ser de bajo voltaje los aplicados a los presos sus vidas no corrían peligro. Que es posible que alguno de los presos políticos que ha cometido la locura de atentar contra el gobierno llegue completamente cuerdo a su casa.”  Para rematar señaló que hacía todas estas aclaratorias “para que las familias de los presos políticos estuvieran tranquilos en estos días de Navidad.”  A raíz de estas declaraciones el humorista Rafael Guinand dijo: “El diputado González es el hombre que más sale en los periódicos y su señora madre es la dama mas nombrada de Venezuela”. 

Finalmente la ANC acordó que se pasara el informe de la situación a los tribunales para que “caiga todo el peso de la ley sobre los torturadores”.  Todavía se está esperando la decisión del tribunal y han pasado setenta y un años.
Los presos políticos recluidos en el Trocadero en Caracas, donde no hubo movimiento subversivo alguno fueron liberados en enero, pero los detenidos de Valencia, donde si hubo fuertes operaciones de las fuerzas contra-revolucionarias permanecieron detenidos ilegalmente, sin que ningún fiscal les formulara cargos ni ningún juez ordenara su detención  durante todo el gobierno de Betancourt  y sólo obtuvieron su libertad cuando el nuevo presidente, Rómulo Gallegos los indultó en febrero de 1948, más de un año después de su detención.

Mucho se ha hablado de la tortura y los tratos crueles a los detenidos en Venezuela,  después de estos hechos, pero se debe recordar quien es el verdadero padre de la tortura con electricidad en nuestro país.  Después de que la tortura volvió a formar parte de las prácticas represivas en Venezuela durante el gobierno de la JRC presidida por Rómulo Betancourt, esta detestable práctica llegó para quedarse.  No fue antes ni después.
FUENTES
Rivas Rivas, José.  “HISTORIA GRÁFICA DE VENEZUELA” Edición Digital Tomo 3
Rafael Agustín Pinto Prada "Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948" 
Pinto Prada, Rafael Agustín. "Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948" http://www.ahcarabobo.org.ve/index.php

Yanes,  Oscar.  “DEL TROCADERO AL POSAPOGA”, Edit. Planeta.