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domingo, 18 de agosto de 2019

LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA


LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA
Por
Luis Heraclio Medina C.
Generalmente cuando a un venezolano se le habla de coches y cocheros en lo único que piensa es en una vieja canción de Billo¨s que menciona a Isidoro, el último cochero de Caracas, pero los cocheros fueron personajes muy importantes  en todas nuestras ciudades, tanto como el personaje de la canción e incluso algunos perduraron en nuestras calles hasta hace relativamente poco tiempo. 

En el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, no existían ni carreteras, ni mucho menos autopistas, casi no había puentes.  La gente, para viajar utilizaba el ferrocarril, su caballo o en algunos casos los coches.  Igualmente para el traslado de las mercancías y las cargas se utilizaban las “parihuelas” que eran una especie de camilla para llevar una carga, llevada por dos hombres o los coches tirados por una bestia, generalmente una mula o caballos.
La primera línea de coches de que se tenga conocimiento data de 1851, era la “José Berenguer & Cía” que ofrecía sus servicios entre Valencia y Pto. Cabello. Salían de Valencia los lunes y jueves a las seis de la mañana y de Puerto Cabello los martes y sábados a la misma hora. Suponemos que en aquellos tiempos se tardarían unas diez o doce horas en el trayecto.  Cada asiento valía cinco pesos y el único equipaje permitido por pasajero era una muda de ropa. Además había que pagar un real por el peaje.  Por su parte, el Dr. Enrique Mandry Llanos (In-Formate Nro. 371 mayo 2004) recuerda que en el año de 1866 una línea de coches (Legorburu y Cía.) que hacía la ruta Caracas-La Victoria fue la primera en solicitar autorización al Concejo Municipal de nuestra ciudad para extender su ruta hasta Valencia.  Seguramente estas líneas duraron  poco tiempo, porque debieron ser desplazadas cuando aparecieron el “Ferrocarril Inglés” y el  “Ferrocarril Alemán”, porque eran mucho más rápidos y cómodos.  En esos tiempos había varias líneas internas de coches en la ciudad, entre las que recuerda a “Coches de Carabobo” de Leopoldo Velásquez, las cuales empezaron a ser reglamentadas por una ordenanza municipal  de 1883.
Coche frutero en la Venezuela de principios de siglo.
El transporte pesado en esos tiempos se hacía por unos rústicos coches generalmente manejados por su propietario,  tirados generalmente por mulas que eran más fuertes y menos briosas que los caballos. Estos coches se encargaban de las grandes mudanzas, de el aseo urbano, de la carga de los toros muertos en las corridas de Arenas de Valencia, tierra para matas, cemento, herramientas y en fin, el aserrín y los restos de madera de los aserraderos,  todo aquello que no había como transportarlo en parihuela o a caballo.  Estos coches continuaron existiendo hasta bien entrado el siglo XX, ya que su costo era mucho menor que el de los vehículos a gasolina y se los encontraba estacionados en plena calle, en distintos lugares de la ciudad, especialmente por los lados de la esquina de la Candelaria.  De estos coches el último del que se tiene recuerdo es el de un señor conocido como “Mantequilla”, que en los últimos tiempos se dedicaba al transporte y venta de tierra abonada, según recuerda Federico J. Kuper Sauné en un artículo en  la In-Formate Nro. 250 de marzo de 1993.
El antiguamente famoso "Mantequilla" el último de los cocheros de carga de Valencia.
Otro cochero, distinto y algo más reciente, era el señor Ramón López, quien tenía una caballeriza, si mal no recuerdo, en la Parroquia San José, por los lados de Agua Blanca, que en los años sesenta  hacía un recorrido por el norte de la ciudad con un simpático coche de tablitas multicolores en el que paseaba a los niños por las calles de las urbanizaciones.  También en ocasiones hacía su recorrido con unos seis o siete caballos en nos sacaban a pasear por el sector, una experiencia inolvidable para los niños de aquellos tiempos.
El cochecito de Ramón López, que hacía las delicias de los niños en los años sesenta.
También debo señalar a otro cochero, valenciano nato, pero que fue más conocido en Caracas que en su propia ciudad natal, me refiero a mi tío abuelo el Dr. Medardo Medina López.  Al contrario de los anteriores que eran unos sencillos hombres de pueblo, el tío Medardo era un destacado científico, paradigma de la elegancia y la caballerosidad, que aunque tenía un automóvil, no era amigo de manejarlo y prefería salir a pasar consulta a sus pacientes, o simplemente a pasear en un bellísimo “quitrín” o pequeño coche descubierto tirado por dos magníficos corceles (en otros países llamado spiderphaeton).  
El Dr. Medardo Medina con sus soberbios caballos alazanes.
Tenía dos parejas de bellos caballos, un par de alazanes (marrones, vamos a decir) y un par de bayos (catires en dos tonos, para entender mejor)  Medardo, amante de los caballos, insistía en usar su coche, todavía en los años 30, cuando ya todo el  mundo andaba en automóvil. Sus andares por las calles de Caracas eran tan llamativos que en diversas revistas y periódicos de la época se le hicieron reportajes gráficos.
El par de hermosos bayos del tío Medardo, nacidos en Cagua, en la hacienda de González Gorrondona, hijos de un andaluz.
En una oportunidad, paseando por El Paraíso, tuvo que parar su “quitrín” ya que a su lado pasaba a gran velocidad  una caravana de automóviles con escolta motorizada.  Era el dictador Juan Vicente Gómez.  Un poco más adelante, de manera abrupta, se detuvo la caravana presidencial y de uno de los lujosos automóviles se bajó un oficial, que corrió hasta donde estaba Medardo:
-Buenos días señor, manda a decir mi general Gómez que en cuánto le vende los caballos, que están muy bonitos.
Medardo tragó grueso, pensó en las arbitrariedades y brutalidades del dictador que no tenía ningún escrúpulo a la hora de obtener lo que quería.
-Dígale al general, que mis caballos no están en venta, que son para mí como parte de mi familia.
El militar salió corriendo hasta el automóvil presidencial, habló algo con el pasajero y regresó corriendo nuevamente donde Medardo.
-Mi general Gómez dice que lo felicita, que alguien que quiere tanto así a sus animales debe conservarlos siempre, y que tenga buenos días.
Y como el militar  llegó, se fue.  Medardo pudo continuar con sus paseos en coche por muchos años más.
Paseando en el quitrín. 
FUENTES
Revistas In-Formate Nros. 240, 311, 362 y  380.
Archivo Fundhea (Derbys López)
Archivo personal de Medardo Medina López.
REVISTA ELITE, LEYENDA:
NATURA TRIUNFA DE LA MECANICA

Un coche en los carnavales de Valencia a finales del siglo XIX
En plena era automovilística cuando nuestras estrechas calles colonialesresultan casi intransitables para el pacífico viandante, que vive en continua zozobra, aturdido por el alboroto de bocinas y cornetas, raro y plausible es el buen gusto del doctor Medado Medina, propietario de esta arrogante pareja de caballos –nacidos en Cagua, de padre genuinamente andaluz y de una yegua media sangre- que unce al lujoso tilburí en el cual pasea por las tardes. El doctor Medina pagó Bs. 6.000 por los dos pencos; uno de ellos cuenta tres años de edad y el otro tres años y medio. Vieron la complicada luz mundanal en los potreros de los González Gorrondona.
Otros coches venezolanos del siglo XIX y principios del XX:



















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jueves, 8 de agosto de 2019

II GUERRA MUNDIAL: PELEAD E PERROS EN LA ISLA LA BLANQUILLA


PELEA DE PERROS EN ISLA LA BLANQUILLA.
Por
Luis Heraclio Medina C.

En unas fechas de agosto como estas, pero de 1943 ocurrió en las inmediaciones de la isla venezolana de La Blanquilla uno de los combates más violentos y épicos de la segunda guerra mundial: la caza del submarino U-615.
Desde mediados de 1943 este sumergible se encontraba realizando ataques en contra de los buques aliados en aguas del Caribe. Incursionó en el Golfo de Paria y bordeó toda la costa venezolana sin encontrar ninguna presa.  El 28  de julio, a pocas milla al norte del estado Falcón hundió al buque tanque “Rosalía” que venía del Lago de Maracaibo con su contenido de hidrocarburos.
El "Rosalía" hundido a finales de Julio por el U-615
El 29 de julio empezó la batalla cuando un bombardero norteamericano B-18 localizó al sumergible y atacó sin resultado.
El 31 de julio lo vuelven a localizar y nuevamente fallan en el blanco y el submarino se sumerge y se le pierde la pista.
El 1ero de Agosto un bombardero B-24 basado en Curazao lo localiza y le lanza varias bombas, con el mismo resultado: el submarino escapa.
 Finalmente el 6 de agosto el submarino alemán U-615 es definitivamente localizado por aeronaves norteamericanas y se traban en una lucha que durará varios días.  Es el combate más largo contra un solo buque registrado en la segunda guerra mundial.
La madrugada de ese  día un avión PBM-3S Mariner P-6 localizó al submarino en la superficie y luego de lanzar unas bengalas para iluminar la escena atacó con dos bombas a la nave alemana que explotaron fallando el blanco, luego el avión atacante volvió sobre el buque, fallando nuevamente.  El submarino se sumergió y el avión lo perdió de vista.  Al rato llegó un buque de la marina norteamericana y al divisar el periscopio del submarino atacó  con cargas de profundidad.
Avión Mariner
Era la primera vez que un submarino enemigo estaba perfectamente ubicado en aguas del Caribe y todas las fuerzas aliadas de la zona se empeñaron en darle caza.  En Chaguaramas, Trinidad, estaba la base de buques antisubmarinos más grande de Estados Unidos y otras ubicadas en Panamá y las islas del Caribe incorporaron sus aviones y barcos a la lucha.
Más tarde, en la mañana, el sumergible tuvo que emerger para recargar las baterías y tomar aire fresco.  Poco después del mediodía el submarino, ya iniciando la inmersión  fue localizado por un avión Mariner norteamericano, que le lanzó cuatro cargas de profundidad que explotaron muy cerca del submarino, que se sumergió rápidamente para evitar ser destruido, pero las cargas de profundidad  le causaron severos daños, habían averiado el casco y los motores estaban fallando. En vista de que el submarino estaba haciendo agua, al capitán no le quedó más remedio que emerger.  Al salir  a la superficie fue inmediatamente visto por el avión Mariner, quien informó la posición a la base de Chaguaramas e inmediatamente reinició el ataque.
A su vez, el capitán del sumergible, ordenó a los artilleros de su buque tomar posiciones de combate en sus cañones antiaéreos y ametralladoras.
Cuando el avión entró en picada para lanzar sus bombas y ultimar al submarino recibió una andanada de metralla mortal, cayendo al mar y explotando.
Foto tomada desde uno de los bombarderos del momento en que el U-615 es atacado.
Unas cuatro horas más tarde llegó al lugar otro avión Mariner y empezó a ametrallarlo. Los artilleros del sumergible esperaron a que el avión atacante estuviera a tan solo unos trescientos metros para responder el fuego que impactó de lleno en el Mariner, arrancando pequeñas partes de un ala y produciendo un incendio, pero el avión lanzó cuatro cargas de profundidad que causaron más daños en el sumergible.  El timón se dañó y puso al buque a dar vueltas en círculo, mientras los marineros desesperadamente utilizaban las bombas de achique para evitar que el buque terminara de hundirse.
Una hora más tarde llegó otro avión norteamericano, esta vez un Ventura VP2 Harpoon, que lanzó cuatro poderosas bombas, que explotaron muy cerca del submarino y lo hicieron hundirse momentáneamente y lanzaron a los artilleros al agua, pero rápidamente regresaron al barco que increíblemente emergió.
A las seis de la tarde, llega un tercer avión, otro Mariner, a incorporarse al combate.  El submarino está completamente dañado, las bombas de achique no funcionan, los motores tampoco. Lo único que queda es la férrea voluntad de sus marineros y las ametralladoras y los cañones antiaéreos.

El recién llegado Mariner entra en picada en contra del submarino para dar el toque definitivo, pero recibe una andanada de plomo y fuego, matando al piloto, destruyendo el radar del avión y dañando el piloto automático.
Casi a las siete de la noche, llega otro avión Mariner a sumarse a la pelea. Al atacar, recibe una ráfaga de balas, que lo avería y lo obliga a retirarse inmediatamente a su base.
Ya de noche, se incorpora a la lucha un bombardero B-18, mas tarde llega también un dirigible de observación  K68. Pero entre la lluvia y la oscuridad de la noche, se perdió de vista el submarino. Había pasado tanto tiempo en la persecución que el dirigible K68 se quedó sin combustible suficiente para regresar a su base y tuvo que aterrizar de emergencia en La Blanquilla, pero los fuertes vientos de la tormenta desgarraron sus lonas e hicieron pedazos el dirigible.

Al quedarse sin combustible los aviones que estaban en el combate tuvieron que ser relevados por otro Mariner y regresaron a sus bases a curar a los numerosos heridos de las tripulaciones y reparar a sus naves de los tiros recibidos.
El capitán Kapitzky, del U-615
Mientras tanto, el submarino, que había sido atacado por siete aviones distintos, se había quedado sin municiones, los motores estaban paralizados, los timones se encontraban dañados, el casco estaba agujereado.  Su capitán Kapitzky, había sido gravemente herido por las balas de los bombarderos. Ya no había cómo luchar.  Era la madrugada del 7 de agosto. A lo lejos se divisaba una columna de humo de un barco que se acercaba.   El oficial al mando ordenó permitir que entrara el agua al submarino.  A las cinco de la mañana las aguas de lo más profundo del Caribe venezolano se tragaron por última vez al U-615.  Cuarenta y tres tripulantes que sobrevivieron fueron rescatados por el destructor norteamericano que llegaba desde lo lejos.  El capitán Kapitzky y otros tres tripulantes habían muerto en el combate.

En los archivos norteamericanos y de las declaraciones de los sobrevivientes del U-615, quedaron pormenorizados detalles de este combate. Incluso algunas fotografías que tomaron los tripulantes de los aviones atacantes. Un hecho ocurrido en frente a nuestras costas que pocos conocen.

La tripulación del U-615, rescatados luego del hundimiento de su submarino






miércoles, 24 de julio de 2019

LOS BOLÍVAR VALENCIANOS

LOS BOLIVAR VALENCIANOS
Por
Luis Heraclio Medina C. 
No se conoce que Simón Bolívar tuviera hijos, o por lo menos es la opinión más general, pero sí dejó descendientes colaterales, es decir, los hijos de sus hermanos y sus descendientes.  Bolívar tuvo 3 hermanos: Juan Vicente, María Antonia, Juana.
Muchos no saben que en Valencia han vivido y actualmente viven muchos de esos descendientes de El Libertador. 
El hermano mayor de Simón, llamado Juan Vicente, también estaba involucrado en las luchas por la independencia, pero en misión oficial muere prematuramente
Los hermanos Bolívar: María Antonia, Juana, Juan Vicente y Simón.
en un naufragio en 1811, dejando tres hijos: Juan, Fernando y Felicia Bolívar Tinoco.  Esta última se casó con el gran amigo, compañero de luchas, albacea, edecán y compañero de Bolívar, el general José Laurencio Silva. 
El matrimonio Silva-Bolívar se instalaron en Valencia, donde el bravo y veterano general, cuando no andaba en plan de guerra, se dedicaba a la producción agrícola.   En nuestra ciudad procrearon  a varios hijos: María Trinidad, Emilia, Josefa, Juan Vicente, Laurencio, Simón Bonifacio, y Felicia. Esta última, se casó con el doctor Luis Ignacio Celis Belisario y también fundaron familia en Valencia; valencianos son sus hijos: Josefa María, Luis Emilio, Felicia Narcisa, María Fernanda, Carlos Lino, Victor Manuel y Luisa Teresa.
El Gral. José Laurencio Silva, casado con la sobrina de El Libertador Felicia Bolívar Tinoco.
Luisa Teresa se casó con el eminente médico obstetra valenciano Luis Ravelo Pérez, galeno de gran trayectoria en nuestra ciudad, de principios del siglo XX, a quien recordamos especialmente por ser uno de los pioneros de la obstetricia en Venezuela y por su ardua labor en la lucha contra la terrible peste española que asoló a nuestro país y especialmente a Valencia en Octubre de 1918, cuando fue nombrado responsable de la Junta de Socorro del Municipio San José junto con sus colegas Francisco Codecido Baquero y Melquiades Granadillo. Luis Ravelo formó parte de la última promoción de médicos de la Universidad de Valencia, antes de que la máxima casa de estudios fuera cerrada por el dictador Cipriano Castro. Había sido alumno de los no menos ilustres, Luis Pérez Carreño, Rafael Guerra Méndez y Eduardo Celis.
El obstetra valenciano Dr. Luis Ravelo Pérez, casado con la nieta de Juan Vicente Bolívar, Luisa Teresa Celis.
Luisa Teresa Celis y Luis Ravelo tuvieron en Valencia 3 hijos:  Luis Rafael, María Teresa y José Antonio Ravelo Celis, a quienes tuvimos el honor de conocer de muy cerca y  fueron honorables miembros de la comunidad del Cabriales, gente buena y trabajadora, con sus propios méritos y a quienes la modestia les impedía  hacer alarde de en sus venas llevan la misma sangre del Libertador.  Sus hijos y nietos están con nosotros, nos los encontramos a cada rato, en el mercado, en la plaza, en la iglesia. Con todos los venezolanos siguen trabajando en sus oficinas, aulas y consultorios y luchando en las mismas barricadas donde nos encontramos todos, por la libertad, igual que hace 200 años.
Fracción del Arbol Genealógico de los Bolívar, donde aparecen los personajes mencionados en este artículo.

sábado, 20 de julio de 2019

LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811


LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811
Por
Luis Heraclio Medina C.
La “historia oficial” trata de ocultar algunos episodios o de olvidar otros, pero para la comprensión de los hechos es bueno recordar todas las cosas tal como realmente ocurrieron; así es más fácil entender cómo todos los hechos están entrelazados y que los unos son consecuencia de los primeros y así sucesivamente.
Uno de estos hechos, que poco se cuentan ocurrió apenas unos días luego de declarada la independencia el 5 de Julio de 1811, por parte de los diputados de las provincias de Venezuela, reunidos en el Congreso.  En este Congreso que declaró la independencia era obra casi exclusivamente de los blancos criollos, casi todos los dueños de las grandes plantaciones, los grandes terratenientes, los “grandes cacaos” que sin duda son los Padres Fundadores de la República, los llamados hasta entonces “españoles americanos” en oposición a los “españoles europeos”, quienes ejercían el poder político.
En Venezuela vivían gran cantidad de  canarios o isleños, casi todos dedicados al comercio; muchos de los comerciantes canarios más modestos (pulperos, marineros, artesanos, bodegueros, tenderos, etc), vieron con preocupación la toma del poder por los blancos criollos.  Si bien los canarios más acaudalados tenían estrechas vinculaciones con los mantuanos, los más pobres posiblemente tuvieron el temor de que sus derechos fueran afectados por los nuevos gobernantes. Nuevos impuestos, limitaciones al comercio y eventualmente, gastos y pérdidas de una guerra, tales como expropiaciones, saqueos, contribuciones especiales, etc. También hay quienes piensan que ingenuamente fueron engañados por partidarios de la monarquía que les hicieron creer que la República los despojaría de sus bienes.  Igualmente, otros habitantes no simpatizaban con la independencia declarada por los blancos criollos, especialmente los pardos venezolanos, que no tenían mayor representación en los diputados del congreso, que como se dijo, pertenecían a una clase distinta a la suya. Ni canarios pobres ni pardos tenían nada que ganar con la República, a la que consideraban exclusivista y oligárquica, en todo caso, su condición podrían verse desmejorada: Los blancos criollos ya eran dueños del poder económico, ahora dueños también del poder político no tendrían ningún contrapeso.  Canarios pobres y pardos en Caracas, Los Teques, Valencia y otras ciudades comenzaron a conspirar contra el gobierno de la Junta de Gobierno de Caracas….
Llega entonces el día 11 de Julio, todavía no se habían producido mayores hechos de violencia a causa de la independencia, no se había derramado la primera gota de sangre.  Es así que en los Teques un pequeño grupo de laboriosos comerciantes encabezados por el caraqueño José María Sánchez, el canario Juan Díaz Flores, el cura dominico Juan José Garciá y el doctor Antonio Gómez, al frente de unos sesenta vecinos, casi todos canarios, se pronuncian en contra de la declaración de independencia del Congreso. Desfilaron por las calles del pueblo, montados en mulas y burros, armados con unos viejos trabucos y con unas vetustas corazas de latón, al estilo de Don Quijote de la Mancha. Su grito es “Viva el Rey y la Virgen del Rosario” y enarbolan estandartes con la imagen religiosa.  El gobierno de la Junta Suprema de Caracas  inmediatamente envía una pequeña tropa y reduce a la modesta y ridícula tentativa sin hacer un solo tiro, apresando a todos los insurrectos.
Ahora bien, si la asonada de los canarios de los Teques fue una extravagancia, la respuesta del gobierno fue grotesca: el 15 de julio, tras un juicio sumario, dieciséis de los alzados fueron fusilados, sus cadáveres fueron expuestos en la Plaza de La Trinidad, los decapitaron y sus cabezas fueron exhibidas en largos palos en las afueras de Caracas. Todos sus bienes fueron confiscados por las autoridades.  Otros 300 españoles europeos y canarios fueron encarcelados sin juicio alguno.  A Díaz Flores no sólo lo fusilaron y lo decapitaron, sino que lo descuartizaron y sus despojos se guidaron de palos en distintos puntos de la ciudad.
Estos hechos de violencia fueron repugnantes para varios ingleses que se encontraban en el país quienes escribieron a sus coterráneos sobre  en el efecto desfavorable que estas ejecuciones tenían para la causa patriota ante la opinión pública europea. Gracias a estas correspondencias (entre otros documentos) es que podemos tener una fiel relación de los hechos.
 Este primer episodio de sangre no hizo sino propalar la llama del odio que se extendería como la pólvora. Los odios estallarán en la Primera República. Rencores diversos, de todos los inconformes con el nuevo orden, inconexos, sin ideas claras, y sobre todo, los resentidos, no sólo de isleños de orilla, sino también de pardos, de mulatos y de esclavos.
Esta fue la “primera sangre” derramada en la larga lucha de independencia. Un episodio casi olvidado de nuestra historia.  Se había abierto la caja de Pandora que por más de diez años sembraría la muerte y la destrucción en estas tierras. 
FUENTES:
PARRA-PEREZ, CARACCIOLO. “Historia de la Primera República de Venezuela” Tomo II, Caracas, Tipografía Americana, 1939
SISO MARTINEZ, J.M. “Ciento Cincuenta Años de Vida Repúblicana”, Biblioteca del Sesquicentenario. Volumen I, Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas 1963
Web fuente
MANUEL HERNÁNDEz GONzÁLEZ  “LOS CANARIOS EN LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA” Universidad de la Laguna. http://bolivarium.usb.ve/pub/anuarios/15/articulo03.pdf

viernes, 1 de marzo de 2019

LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”


LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”
Por
Luis Heraclio Medina
Ya hemos escrito varias veces sobre el comandante Rudecindo Canelón.  Pero Rudecindo no es el único Canelón que aparece en los archivos y crónicas de la guerra de independencia.  El Gral. José Antonio Páez, en su autobiografía menciona al soldado “ROSO CANELON” como formando parte de sus tropas en la heróica acción de “Las Queseras del Medio”.  Páez no nos da mayores detalles sobre este militar, solamente su nombre y su participación en esa batalla.  Ahora bien, en estos días hice referencia al mencionado soldado y nuestro amigo el coronel Fernando Falcón, quien ha dedicado dos décadas al estudio del ejército de la guerra de independencia y tiene un envidiable archivo de oficiales, soldados, cuerpos militares, insignias, etc. nos hizo la acotación, de que efectivamente en los archivos aparece el mencionado Roso Canelón, quien participó también en las acciones de Carabobo y en el asedio a Puerto Cabello y llegó a alcanzar la jerarquía de coronel.   Se señala  como oriundo del San Carlos de Cojedes.  Pero hay más: Esta información nos fue ratificada por otro de nuestros amigos, el ilustre Enrique Giacopini, quien nos recuerda que en sus “Memorias” el Gral. Rafael Urdaneta también menciona a los capitanes Canelon y su hermana.
En efecto Urdaneta  (“Memorias” Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888  pag. 118) menciona que en plena efervescencia de la guerra a muerte ( julio de 1814) en su retirada hacia El Tocuyo, cuando acompañaban a su ejército una gran cantidad de civiles no combatientes que huían del horror de las huestes enemigas, deja en San Carlos a las mujeres y los niños, quienes no podían sobrevivir la marcha,  encomendándoselos a los padres de familia de la ciudad “y al todopoderoso”.  Pero añade textualmente:
“Tres mujeres no más salieron, vestidas de hombre y a hurtadillas en las filas; estas fueron Josefa Camejo, cuyo marido estaba allí; la hermana de los capitanes Canelones y la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”
Nuestra representación de "La Canelón", la hermana de Rudecindo y Roso  Canelón, en uniforme de soldado republicano, según lo refiere Rafael Urdaneta en sus "Memorias"

De la simple lectura de este párrafo se desprenden tres cosas:  Primero:  Los oficiales “Canelón” en las tropas patriotas eran por lo menos dos, ya que Urdaneta escribe el apellido en plural dice “los capitanes”, y evidentemente estos oficiales eran hermanos.
Segundo: Al ser solamente dos los oficiales “Canelón” que conocemos en la historia (Rudecindo y Roso) inevitablemente debemos presumir que Rudecindo y Roso eran hermanos.
Tercero:  La gran novedad (y para mi lo más interesante) los capitanes tenían una hermana, que se agregó a las filas, vestida de hombre (seguramente de militar) y posiblemente hasta combatió con sus compañeros. Por lo menos recibió su “bautismo de fuego” porque esta tropa fue hostigada a tiros por las fuerzas realistas que acosaban su retirada.  Esa división llegó a Barquisimeto y luego al Tocuyo sin mayores combates. 
Ahora bien, siguiendo con las deducciones, tenemos que las otras dos mujeres que acompañaban a “la Canelón” eran según nos cuenta Urdaneta “la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”, de quien no tenemos ninguna otra noticia y la otra era nada menos que Josefa Camejo, la aguerrida patricia falconiana, esposa del coronel  Juan Nepomuceno Briceño Méndez.  Esta heroína de la independencia, una mujer verdaderamente con los ovarios bien puestos, llegó a escribir en una oportunidad en la que se ponían a la orden de las fuerzas patriotas: “lejos de temer a los horrores de la guerra, el estallido del cañón no hará  más  que alentarnos”.  La Camejo no era simplemente la esposa de un militar, era una verdadera guerrera: Josefa estuvo repetidamente en el frente de batalla, tomó las armas en más de una oportunidad y combatió contra los realistas, incluso como jefa de alguna partida patriota y a lo largo de toda la guerra pasó por toda clase de peripecias, es quizás la mas guerrera de todas las heroínas de la independencia.  Ahora bien, pensando en “la Canelón”, considerando aquello de “dime con quien andas y te diré quien eres”, y tomando en cuenta la clase de hermanos que tenía y el hecho de que según narra Urdaneta, prefirió ponerse el uniforme de soldado en vez de quedarse en la ciudad, no nos cabe duda de que “la Canelón” también fue una guerrera de nuestra independencia.  Un personaje que merece de nuestra atención y mayor estudio.
Fuentes:
Páez, José Antonio. “AUTOBIOGRAFIA” Volumen 1. Librería y Editorial del Maestro. Caracas. 1946
Urdaneta, Rafael. “MEMORIAS”. Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888  




viernes, 22 de febrero de 2019

JOSE HERIBERTO LÓPEZ: DESTIERRO, PERIODISMO, LITERATURA Y OCULTISMO


JOSE HERIBERTO LÓPEZ: DESTIERRO, PERIODISMO, LITERATURA Y OCULTISMO.
Por
Luis Heraclio Medina C.
Hay muchos valores carabobeños que permanecen casi que en el olvido y que debemos rescatar:  Hoy vamos a recordar a José Heriberto López, oriundo de Montalbán, tierra que dio a más de un prolífico escritor el siglo pasado.  Nacido en la década de 1870 en el seno de una familia laboriosa y estudiosa, en la que los hijos tomaron distintos caminos: su hermano Temístocles fue de los primeros farmaceutas modernos de la Valencia con su “Botica El Aguila” y llegaría a ser fundador de la Cámara de Comercio de Valencia y luego de un emporio comercial conocido a mediados del  siglo XX como COMERSA, mientras que su otro hermano Eudoro médico, político y militar, a principios del siglo pasado, fundador del Partido Nacionalista en Carabobo, fiero luchador antigomecista y uno de los hombres que acompañó hasta el final al “Mocho” Hernández en sus  revoluciones contra el contiunismo de Crespo y el autoritarismo de Castro y Gómez. 
Por su lado José Heriberto López  fue un escritor polifacético que  con su pluma incursionó en los más variados temas del conocimiento, escribiendo artículos periodísticos, ensayos, novelas, cuentos e incluso es autor de obras de teatro, casi siempre en torno al tema político, lo que más de una vez le trajo peligros e inconvenientes.  En 1908 al saberse perseguido por protestar contra la  dictadura de Cipriano Castro inicia su largo exilio.  Se embarca para Europa, y en Francia  adelanta sus estudios de derecho y comienza a escribir incursionando en el periodismo, hasta que le sorprende la primera guerra mundial.  Al quedar Europa devastada, regresa a América, alternando entre Estados Unidos y Cuba, donde comienza a publicar sus obras, de diversos estilos (ensayos, novelas, obras teatrales) y con temas que van desde lo histórico, a lo político y hasta el mundo sobrenatural, desde una óptica de excepticismo científico.
El Dr. José Heriberto López en sus tempos del exilio. 
En cuanto a su actividad política, en Estados Unidos, junto a su hermano Eudoro y  tiene una febril actividad fundando en 1918 con la “Unión Patriótica Venezolana” que preparaba una invasión a Venezuela para derrocar al tirano.  Allí es editor del órgano de la asociación revolucionaria, el periódico “Unión Patriótica” donde también escribieron Domingo B. Castillo, Ramón Muñoz Tébar, y los hermanos Horacio y Oscar Blanco Fombona.
 En la Habana escribe en varias revistas, entre ellas la famosa “Bohemia” (http://www.invasor.cu/es/secciones/historia/el-maestro-venezolano-de-lezama-lima) , y salen de la imprenta sus primeros libros: “Cuentos de Acero” (anecdotario satírico), denunciada por los agentes de Gómez en todo el Caribe, “La Víctima” (narraciones históricas), “Senderos de Luz y Sombra” (novela), “Alma Francesa” (novela), “Por los Caminos del Misterio” (ocultismo y espiritismo), “Al Margen de un Libro” (folleto político), “Guasábara” (novela), “La Vorágine del Amor” (novela), “Tragedia de Lobos” (drama trágico-político).
De la autoría del tío-bisabuelo José Heriberto solamente tenemos en nuestra biblioteca, un raro ejemplar que desencaja dentro del conjunto: su “POR LOS CAMINOS DEL MISTERIO.  OCULTISMO Y ESPIRITISMO”, un volumen de más de 400 páginas escrito en 1926, aquellos lejanos tiempos en los que aparecían nuevas tendencias del pensamiento, se derrumbaban las monarquías y se hacían descubrimientos fabulosos, como la tumba de Tutankamon, las exóticas culturas de oriente, con sus youguis y fakires, el sonambulismo, los rayos X, los avances del hipnotismo y el magnetismo junto a mitos que ya hoy casi no son aceptados, como las regresiones, la telepatía, los espiritismos, los ectoplasmas, materializaciones y apariciones, etc. Todo lo cual es tratado sin fanatismos y con buena dosis de dudas científicas.

"Por los Caminos del Misterio" un raro libreo autoría del Dr. José Heriberto López, que trataba de manera científica fenómenos poco conocidos en aquellos años veinte. 


En  1929 en La Habana, a pocos días de estrenarse una obra de teatro de crítica política,  escrita por José Heriberto,  le informan que los esbirros del régimen lo andan buscando; eran días en que la dictadura cubana de Gerardo Machado endurecía la represión,  y ante la ola de asesinatos políticos ocurridas en esos días en Cuba, el escritor rápidamente toma un barco que lo lleva a Nueva York para iniciar una nueva etapa de su exilio.  En la gran manzana escribe “Muchachita Loca” (novela psicológica), y “Veinte Años Sin Patria” su obra más conocida, un ícono del exilio antigomecista, citada entre otros por José Rafael Pocaterra en sus “Memorias de un Venezolano de la Decadencia”, por Rufino Blanco Fombona en “Ensayos Históricos” y por Carrera Damas en “El Culto a Bolívar”,  así como inumerables documentos y discursos políticos en su lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, varios de los cuales son citados por Ramón J. Velásquez en su prólogo a “LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA GOMECISTA.  LIBERALES Y NACIONALISTAS”.
José Heriberto López
Al tiempo de morir Gómez José Heriberto López regresó a Valencia, y vivió un tiempo en el famoso “Hotel Ottolina” y luego en la zona que hoy conocemos como Las Acacias.  Murió casi septuagenario esta ciudad en 1942. Dejó una veintena de libros  publicados y centenares de artículos y discursos.
Sus obras se encuentran desde la Biblioteca Nacional de Venezuela , en la Bibliotehasta en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América ( https://www.loc.gov/resource/rbpe.1330080a/?st=text ).
Uno de esos valores carabobeños que no debemos dejar que caigan en el olvido.
FUENTES
López, José Heriberto. “POR LOS CAMINOS DEL MISTERIO” . Impresa Editorial Hermes.  La Habana. 1929
Congreso de la República de Venezuela. “LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA GOMECISTA.  LIBERALES Y NACIONALISTAS”.  Ediciones conmemorativas del natalicio del Libertador Simón Bolívar.  Caracas. Venezuela. 1983


viernes, 15 de febrero de 2019

LA VICTORIA, MITOS Y REALIDADES: LOS ESCOLARES Y EL BATALLON VALENCIA.



LA VICTORIA, MITOS Y REALIDADES: LOS ESCOLARES Y EL BATALLON VALENCIA.
Por: Luis Heraclio Medina Canelón
Al cumplirse este 12 de febrero un aniversario más del combate o “Batalla de la Victoria” como tradicionalmente se le llama, seguramente se van a repetir las anécdotas que sin mucha precisión histórica se repiten todos los años, especialmente en los últimos tiempos en los que la historia ha sido tan falseada. Gracias a nuestro amigo el profesor, investigador histórico y militar Fernando Falcón, quien nos hizo algunas correcciones en nuestros conocimientos sobre la historia nos sentimos motivados a escribir esta nota y otras que seguirán mas adelante.
El primer mito, que hemos escuchado desde niños es que José Félix Ribas enfrentó a las temibles hordas de José Tomás Bóves apenas con unos estudiantes y con estos muchachos lo venció en el famoso combate y por esto se instituyó el 12 de febrero como “Día de la Juventud”.
Quizás el primitivo origen de esta leyenda está en la “Venezuela Heroica” de Eduardo Blanco, donde el autor exagera al decir que “un tercio” de las fuerzas de Ribas (1.500) eran “seminaristas” de Caracas.
Ahora bien, para Febrero de 1814 el ejército republicano tenía 6 batallones operando en la provincia de Venezuela, con los siguientes nombres, que generalmente correspondían al lugar donde se habían conformado: Batallones Valencia, Caracas, La Guaira, Barlovento, Victoria y Valeroso de Cazadores, también había Cuerpos de Milicias y de Veteranos. Adicionalmente se había constituido otras unidades, alguna llamada “Agricultores de Caracas” y un escuadrón montado llamado “Escuadrón de Escolares”, porque estaba integrado por jóvenes estudiantes de la universidad y el seminario de Caracas, que fueron puestas bajo las órdenes de Ribas. Los historiadores divergen sobre el número de integrantes de los “Escolares”. Algunos hablan de 500, otros de 85 y los que menos señalan que apenas llegarían a medio centenar. Nosotros pensamos que el número no debía ser muy grande, porque tratándose de estudiantes de la universidad en 1813, el número de 500 nos parece harto exagerado.
Estos “Escolares” formaban junto con el “Batallón Valencia”, el “Escuadrón de Soberbios Dragones de Caracas” (o “Invencible) y otras unidades las tropas de Ribas el 12 de Febrero en La Victoria. Ahora bien, los “Escolares” no eran unos bisoños, ya desde el año anterior habían entrado en combate, incluso habían peleado en el combate más largo de toda la guerra de independencia, la batalla de Vigirima, que duró tres días (23,24 y 25 de noviembre de 1813), pero si eran muy jóvenes, casi unos niños, por ejemplo, uno de ellos Santos Michelena, quien luego alcanzaría altas posiciones en la diplomacia venezolana, tenía apenas 16 años cuando fue herido en la batalla. Al Escuadrón de Escolares, no fue que los reclutaron apresuradamente para ir en auxilio de Ribas, como se ha dicho, sino que ya eran un cuerpo formado y con cierta experiencia, eso si, indudablemente debían ser todos muy jóvenes. Debían tratarse seguramente de chicos mantuanos, o por lo menos blancos adinerados por dos cosas: eran universitarios y en aquellos tiempos no iban a la universidad sino los jóvenes de alta posición social y también porque eran un escuadrón montado y el costo de un caballo no lo podía pagar cualquiera.
Pero el peso de la batalla estuvo sobre el “Batallón Valencia”, una unidad formada por blancos criollos en la ciudad del Cabriales y los “Dragones de Caracas” comandado por el merideño Luis Rivas Dávila. Tanto fue el empeño que tuvieron el “Valencia” y los “Dragones” en el combate que mientras su caballería perseguía a los realistas que ya huían derrotados, cayó muerto en el sitio de “Pantanero” a las afueras de La Victoria, su comandante el “alebrestado” comandante Rudecindo Canelón, una de las bajas más sensibles en las filas patriotas ese día. Igualmente el comandante Rivas Dávila cayó muerto de un balazo en una de las acometidas. Más de la mitad de los “Escolares” también murieron.
Después de 9 horas de fatigosa batalla, la situación fue salvada por la llegada de una columna de caballería de apoyo comandada por Campo Elías. Por cierto Campo Elías era español de nacimiento, adicto a la causa republicana. Entonces, que quede claro que los “jóvenes estudiantes” eran una honrosa pequeña parte de las heróicas tropas patriotas en La Victoria.
El otro mito, falsedad o por lo menos imprecisión que se repite continuamente es que en La Victoria se enfrentaron venezolanos contra españoles. Nada más falso. Las tropas de José Tomás Bóves eran venezolanas, estaban constituidas exclusivamente por pardos, especialmente mulatos, esclavos negros e indios. Apenas un puñado muy reducido de españoles eran algunos de los oficiales. Eran una verdadera horda de resentidos sociales, sedientos de sangre y saqueo, que apenas eran dominados por la ferocidad de su jefe máximo. En esa tropa no había ni siquiera algún blanco criollo, ya que lo que caracterizaba a esa tropa era el odio por los que habían sido los dueños de las haciendas y comercios; había allí mucho deseo de retaliación en contra de quienes habían sido sus dueños o un oscuro sentimiento de envidia en contra de quienes tenían los bienes de fortuna, en mucho esta era una guerra social.
Así que estemos preparados para los embustes y falsedades en los altisonantes discursos que pretendan acomodar la historia a intereses subalternos.
Monumento en Pantanero, La Victoria,conmemorativo de la muerte de Rudecindo Canelon.
FUENTES:
Blanco, Eduardo. “VENEZUELA HEROICA” Edit. Las Novedades. Caracas 1944
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA
Gil Fortoul, “HISTORIA CONSTITUCIONAL DE VENEZUELA”. Vol I, Edit. Cumbre. México. 1979
Jimenez, Camilo. “EL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR Y LA INDEPENDENCIA DE AMERICA” TOMO I, Tipografía Lux, Caracas, 1932.
Nectario María. “HISTORIA DE VENEZUELA”. Ediciones Salesianas s/f