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miércoles, 4 de septiembre de 2019

II GUERRA MUNDIAL: EL DÍA QUE BOMBARDEARON A VENEZUELA




II GUERRA MUNDIAL: EL DÍA QUE BOMBARDEARON A VENEZUELA
Por
Luis Heraclio Medina C.
Las acciones que afectaron a Venezuela durante la segunda guerra mundial son generalmente desconocidas por nosotros, pese a ser bastantes, entre otras: violación de las aguas territoriales, hundimiento de buques venezolanos por los submarinos, hundimiento e incendio de barcos de alemanes e italianos en Puerto Cabello y combates aeronavales en aguas venezolanas entre los contendientes. Pero quizás el hecho menos conocido de todos es la única vez que territorio venezolano fue bombardeado: El bombardeo de la Isla de Patos.
La Isla de Patos
La Isla de Patos es una islita venezolana, ubicada en aguas del Golfo de Paria, a unos cinco kilómetros de la costa de Macuro, prácticamente a medio camino entre la península de Paraguaná y la Isla de Trinidad.  Mide 1800 metros de este a oeste y 700 mts. De norte a sur. Tiene una altura máxima de casi cien metros, lo que la hace un punto estratégico ya que desde su cima se divisa todo el tránsito marítimo en sus alrededores.
Desde hacía muchos años Venezuela reclamaba a la Gran Bretaña la ocupación de esta isla venezolana, ya que los ingleses no reconocían la soberanía venezolana sobre esta insula, ocupada por Gran Bretaña desde 1858, pero en 1942 el gobierno de Isaías Medina Angarita finalmente logra que el Reino Unido reconozca la soberanía nacional sobre ese pequeño pedazo de nuestro territorio, mediante el Tratado de Limitación de Aguas Submarinas del Golfo de Paria y el día 28 de septiembre de 942 se celebra un formal acto en el cual es arriado el pabellón inglés y formalmente es entregada la isla a Venezuela, izándose el pabellón tricolor.

En esos días de la segunda guerra mundial, Estados Unidos había convenido con el gobierno de Venezuela la instalación en nuestro país de tres baterías de cañones de defensa costera, una en Punta de Piedras (Falcón), otra en Guanta  y la tercera se instaló precisamente en Isla de Patos (Golfo de Paria),  que defendía el estratégico paso de la “Boca del Grande” por donde transitaban cientos de tranqueros que transportaban el petróleo a las refinerías de Trinidad, donde se refinaba el combustible que iba a equipar a la maquinaria de los aliados en los distintos frentes de guerra.  Se debe recordar que en esos tiempos Venezuela era el primer exportador de crudo del mundo y este petróleo venezolano fue factor fundamental para el esfuerzo de guerra de los aliados.
Por el acuerdo entre Venezuela y Estados Unidos, los militares  norteamericanos entrenaron a personal del ejército venezolano y las baterías de defensa costera se entregaron al ejército criollo a principios de 1943, que vinieron a conformar la “Batería de Costas Nro. 5”, compuesta por cuatro enormes cañones de 155mm (modelo M-1918) y una sección de ametralladoras antiaéreas compuesta por cuatro ametralladoras Browining modelo HB2 (la llamada punto 50).
Uno de los cañones de 155 mm instalaedos por el ejército norteamericano en Venezuela, luego traspasados al ejército venezolano. Una batería de estos cañones estaba en Isla de Patos.
Ahora bien, las aguas del Golfo de Paria son de las más profundas del mundo y por su cercanía a las bases de Trinidad son cientos de kilómetros cuadrados de aguas ideales para la práctica de las maniobras militares para las grandes naves de la marina norteamericana, tales como acorazados y portaaviones.  Desde principios de la guerra, los nuevos portaviones venían a esta agua con sus bisoñas tripulaciones a probar el equipo y a entrenar a las noveles tripulaciones aeronavales.
Potaviones norteamericano UUS HANCOCK, botado en enero de 1944, se trasladó al Golfo de Paria para hacer sus primeros entrenamientos en junio de 1944
Así las cosas, en junio de 1944 la marina norteamericana envió al portaviones USS HANCOCK, recién botado apenas seis meses antes,  a realizar su primer entrenamiento antes de ir al frente de guerra. Uno de los entrenamientos consistían en prácticas de bombardeo que realizaban los aviones embarcados Curtiss SB2C Helldriver, quienes realizaron lanzamientos de torpedos, bombardeos y ametrallamientos contra unos blancos flotantes que se hacían con unas siluetas que simulaban ser los barcos enemigos. Estos blancos eran bastante falsos y los pilotos los calificaban de “aburridos”.  El 30 de junio, mientras un escuadrón de los Curtiss practicaba, vieron a la pequeña isla y les pareció más real que los blancos flotantes y pensando que era una  isla desierta procedieron a bombardearla.  En la isla se encontraba la dotación venezolana de la Batería de Costas Nro. 5 que fue sorprendida por el feroz ataque de los bombarderos en picada norteamericanos.  Lo que pasó exactamente es  un misterio. Lo poco que se sabe es que los pilotos norteamericanos dijeron que ignoraban que la isla estaba habitada.  Hay versiones que dicen que entre los soldados venezolanos hubo bajas, pero los historiadores e investigadores no han podido encontrar los archivos que confirmen tal cosa. Se sabe que existió un expediente en el Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano sobre las protestas formuladas por nuestra cancillería, en contra del bombardeo contra nuestro territorio, pero no  ha sido localizado por los investigadores históricos, entre ellos Ramón Rivero Blanco, el investigador más acucioso de la historia naval venezolana.  También hay versiones de que los servidores de las ametralladoras antiaéreas habían contestado el fuego y que uno de los aviones norteamericanos habría sido derribado, pero esto tampoco está corroborado.  Por lo menos en los registros de las naves norteamericanas desaparecidas sobre territorio venezolano, no hay ninguna nave siniestrada ese dia. De lo que no cabe duda es de que efectivamente la isla de Patos fue bombardeada por los aviones norteamericanos.  Esta es la única vez que durante la segunda guerra mundial nuestro territorio fue atacado y paradójicamente, el ataque fue ejecutado por fuerzas amigas o aliadas. Cosas de la guerra.
Un bombardero en picada Curtiss SB2C Helldriver, lanzando una de sus bombas




El portaviones USS HANCOCK surtiendo de combustible a un destructor escolta.

Una pareja de bombarderos en picado Curtiss SB2C Helldriver,  semenantes a los que bombardearon la isla de Patos.

FUENTES:
Hernández González, Carlos E. “VENEZUELA EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. GOLFO DE PARIA: DEFENSA CONJUNTA Y PUNTO DE DESENCUENTRO” Revista Mañongo. Universidad de Carabobo. Nro. 41. Vol XXI. Julio-Diciembre 2013
Nieves Croes, Francisco Javier “LA DEFENSA DE COSTAS EN VENEZUELA”  Revista Mañongo. Universidad de Carabobo. Nro. 41. Vol XXI. Julio-Diciembre 2013
Océano. “ENCICLOPEDIA OCEANO DE VENEZUELA”. Océano Grupo Editorial, S.A. Barcelona, España 2001
Rivas Rivas, José. “HISTORIA GRÁFICA DE VENEZUELA.  EL GOBIERNO DE MEDINA ANGARITA 1941-1945” Tomo II, Centro Editor C.A. Caracas 1989



domingo, 18 de agosto de 2019

LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA


LOS ANTIGUOS COCHEROS DE VALENCIA
Por
Luis Heraclio Medina C.
Generalmente cuando a un venezolano se le habla de coches y cocheros en lo único que piensa es en una vieja canción de Billo¨s que menciona a Isidoro, el último cochero de Caracas, pero los cocheros fueron personajes muy importantes  en todas nuestras ciudades, tanto como el personaje de la canción e incluso algunos perduraron en nuestras calles hasta hace relativamente poco tiempo. 

En el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, no existían ni carreteras, ni mucho menos autopistas, casi no había puentes.  La gente, para viajar utilizaba el ferrocarril, su caballo o en algunos casos los coches.  Igualmente para el traslado de las mercancías y las cargas se utilizaban las “parihuelas” que eran una especie de camilla para llevar una carga, llevada por dos hombres o los coches tirados por una bestia, generalmente una mula o caballos.
La primera línea de coches de que se tenga conocimiento data de 1851, era la “José Berenguer & Cía” que ofrecía sus servicios entre Valencia y Pto. Cabello. Salían de Valencia los lunes y jueves a las seis de la mañana y de Puerto Cabello los martes y sábados a la misma hora. Suponemos que en aquellos tiempos se tardarían unas diez o doce horas en el trayecto.  Cada asiento valía cinco pesos y el único equipaje permitido por pasajero era una muda de ropa. Además había que pagar un real por el peaje.  Por su parte, el Dr. Enrique Mandry Llanos (In-Formate Nro. 371 mayo 2004) recuerda que en el año de 1866 una línea de coches (Legorburu y Cía.) que hacía la ruta Caracas-La Victoria fue la primera en solicitar autorización al Concejo Municipal de nuestra ciudad para extender su ruta hasta Valencia.  Seguramente estas líneas duraron  poco tiempo, porque debieron ser desplazadas cuando aparecieron el “Ferrocarril Inglés” y el  “Ferrocarril Alemán”, porque eran mucho más rápidos y cómodos.  En esos tiempos había varias líneas internas de coches en la ciudad, entre las que recuerda a “Coches de Carabobo” de Leopoldo Velásquez, las cuales empezaron a ser reglamentadas por una ordenanza municipal  de 1883.
Coche frutero en la Venezuela de principios de siglo.
El transporte pesado en esos tiempos se hacía por unos rústicos coches generalmente manejados por su propietario,  tirados generalmente por mulas que eran más fuertes y menos briosas que los caballos. Estos coches se encargaban de las grandes mudanzas, de el aseo urbano, de la carga de los toros muertos en las corridas de Arenas de Valencia, tierra para matas, cemento, herramientas y en fin, el aserrín y los restos de madera de los aserraderos,  todo aquello que no había como transportarlo en parihuela o a caballo.  Estos coches continuaron existiendo hasta bien entrado el siglo XX, ya que su costo era mucho menor que el de los vehículos a gasolina y se los encontraba estacionados en plena calle, en distintos lugares de la ciudad, especialmente por los lados de la esquina de la Candelaria.  De estos coches el último del que se tiene recuerdo es el de un señor conocido como “Mantequilla”, que en los últimos tiempos se dedicaba al transporte y venta de tierra abonada, según recuerda Federico J. Kuper Sauné en un artículo en  la In-Formate Nro. 250 de marzo de 1993.
El antiguamente famoso "Mantequilla" el último de los cocheros de carga de Valencia.
Otro cochero, distinto y algo más reciente, era el señor Ramón López, quien tenía una caballeriza, si mal no recuerdo, en la Parroquia San José, por los lados de Agua Blanca, que en los años sesenta  hacía un recorrido por el norte de la ciudad con un simpático coche de tablitas multicolores en el que paseaba a los niños por las calles de las urbanizaciones.  También en ocasiones hacía su recorrido con unos seis o siete caballos en nos sacaban a pasear por el sector, una experiencia inolvidable para los niños de aquellos tiempos.
El cochecito de Ramón López, que hacía las delicias de los niños en los años sesenta.
También debo señalar a otro cochero, valenciano nato, pero que fue más conocido en Caracas que en su propia ciudad natal, me refiero a mi tío abuelo el Dr. Medardo Medina López.  Al contrario de los anteriores que eran unos sencillos hombres de pueblo, el tío Medardo era un destacado científico, paradigma de la elegancia y la caballerosidad, que aunque tenía un automóvil, no era amigo de manejarlo y prefería salir a pasar consulta a sus pacientes, o simplemente a pasear en un bellísimo “quitrín” o pequeño coche descubierto tirado por dos magníficos corceles (en otros países llamado spiderphaeton).  
El Dr. Medardo Medina con sus soberbios caballos alazanes.
Tenía dos parejas de bellos caballos, un par de alazanes (marrones, vamos a decir) y un par de bayos (catires en dos tonos, para entender mejor)  Medardo, amante de los caballos, insistía en usar su coche, todavía en los años 30, cuando ya todo el  mundo andaba en automóvil. Sus andares por las calles de Caracas eran tan llamativos que en diversas revistas y periódicos de la época se le hicieron reportajes gráficos.
El par de hermosos bayos del tío Medardo, nacidos en Cagua, en la hacienda de González Gorrondona, hijos de un andaluz.
En una oportunidad, paseando por El Paraíso, tuvo que parar su “quitrín” ya que a su lado pasaba a gran velocidad  una caravana de automóviles con escolta motorizada.  Era el dictador Juan Vicente Gómez.  Un poco más adelante, de manera abrupta, se detuvo la caravana presidencial y de uno de los lujosos automóviles se bajó un oficial, que corrió hasta donde estaba Medardo:
-Buenos días señor, manda a decir mi general Gómez que en cuánto le vende los caballos, que están muy bonitos.
Medardo tragó grueso, pensó en las arbitrariedades y brutalidades del dictador que no tenía ningún escrúpulo a la hora de obtener lo que quería.
-Dígale al general, que mis caballos no están en venta, que son para mí como parte de mi familia.
El militar salió corriendo hasta el automóvil presidencial, habló algo con el pasajero y regresó corriendo nuevamente donde Medardo.
-Mi general Gómez dice que lo felicita, que alguien que quiere tanto así a sus animales debe conservarlos siempre, y que tenga buenos días.
Y como el militar  llegó, se fue.  Medardo pudo continuar con sus paseos en coche por muchos años más.
Paseando en el quitrín. 
FUENTES
Revistas In-Formate Nros. 240, 311, 362 y  380.
Archivo Fundhea (Derbys López)
Archivo personal de Medardo Medina López.
REVISTA ELITE, LEYENDA:
NATURA TRIUNFA DE LA MECANICA

Un coche en los carnavales de Valencia a finales del siglo XIX
En plena era automovilística cuando nuestras estrechas calles colonialesresultan casi intransitables para el pacífico viandante, que vive en continua zozobra, aturdido por el alboroto de bocinas y cornetas, raro y plausible es el buen gusto del doctor Medado Medina, propietario de esta arrogante pareja de caballos –nacidos en Cagua, de padre genuinamente andaluz y de una yegua media sangre- que unce al lujoso tilburí en el cual pasea por las tardes. El doctor Medina pagó Bs. 6.000 por los dos pencos; uno de ellos cuenta tres años de edad y el otro tres años y medio. Vieron la complicada luz mundanal en los potreros de los González Gorrondona.
Otros coches venezolanos del siglo XIX y principios del XX:



















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jueves, 8 de agosto de 2019

II GUERRA MUNDIAL: PELEAD E PERROS EN LA ISLA LA BLANQUILLA


PELEA DE PERROS EN ISLA LA BLANQUILLA.
Por
Luis Heraclio Medina C.

En unas fechas de agosto como estas, pero de 1943 ocurrió en las inmediaciones de la isla venezolana de La Blanquilla uno de los combates más violentos y épicos de la segunda guerra mundial: la caza del submarino U-615.
Desde mediados de 1943 este sumergible se encontraba realizando ataques en contra de los buques aliados en aguas del Caribe. Incursionó en el Golfo de Paria y bordeó toda la costa venezolana sin encontrar ninguna presa.  El 28  de julio, a pocas milla al norte del estado Falcón hundió al buque tanque “Rosalía” que venía del Lago de Maracaibo con su contenido de hidrocarburos.
El "Rosalía" hundido a finales de Julio por el U-615
El 29 de julio empezó la batalla cuando un bombardero norteamericano B-18 localizó al sumergible y atacó sin resultado.
El 31 de julio lo vuelven a localizar y nuevamente fallan en el blanco y el submarino se sumerge y se le pierde la pista.
El 1ero de Agosto un bombardero B-24 basado en Curazao lo localiza y le lanza varias bombas, con el mismo resultado: el submarino escapa.
 Finalmente el 6 de agosto el submarino alemán U-615 es definitivamente localizado por aeronaves norteamericanas y se traban en una lucha que durará varios días.  Es el combate más largo contra un solo buque registrado en la segunda guerra mundial.
La madrugada de ese  día un avión PBM-3S Mariner P-6 localizó al submarino en la superficie y luego de lanzar unas bengalas para iluminar la escena atacó con dos bombas a la nave alemana que explotaron fallando el blanco, luego el avión atacante volvió sobre el buque, fallando nuevamente.  El submarino se sumergió y el avión lo perdió de vista.  Al rato llegó un buque de la marina norteamericana y al divisar el periscopio del submarino atacó  con cargas de profundidad.
Avión Mariner
Era la primera vez que un submarino enemigo estaba perfectamente ubicado en aguas del Caribe y todas las fuerzas aliadas de la zona se empeñaron en darle caza.  En Chaguaramas, Trinidad, estaba la base de buques antisubmarinos más grande de Estados Unidos y otras ubicadas en Panamá y las islas del Caribe incorporaron sus aviones y barcos a la lucha.
Más tarde, en la mañana, el sumergible tuvo que emerger para recargar las baterías y tomar aire fresco.  Poco después del mediodía el submarino, ya iniciando la inmersión  fue localizado por un avión Mariner norteamericano, que le lanzó cuatro cargas de profundidad que explotaron muy cerca del submarino, que se sumergió rápidamente para evitar ser destruido, pero las cargas de profundidad  le causaron severos daños, habían averiado el casco y los motores estaban fallando. En vista de que el submarino estaba haciendo agua, al capitán no le quedó más remedio que emerger.  Al salir  a la superficie fue inmediatamente visto por el avión Mariner, quien informó la posición a la base de Chaguaramas e inmediatamente reinició el ataque.
A su vez, el capitán del sumergible, ordenó a los artilleros de su buque tomar posiciones de combate en sus cañones antiaéreos y ametralladoras.
Cuando el avión entró en picada para lanzar sus bombas y ultimar al submarino recibió una andanada de metralla mortal, cayendo al mar y explotando.
Foto tomada desde uno de los bombarderos del momento en que el U-615 es atacado.
Unas cuatro horas más tarde llegó al lugar otro avión Mariner y empezó a ametrallarlo. Los artilleros del sumergible esperaron a que el avión atacante estuviera a tan solo unos trescientos metros para responder el fuego que impactó de lleno en el Mariner, arrancando pequeñas partes de un ala y produciendo un incendio, pero el avión lanzó cuatro cargas de profundidad que causaron más daños en el sumergible.  El timón se dañó y puso al buque a dar vueltas en círculo, mientras los marineros desesperadamente utilizaban las bombas de achique para evitar que el buque terminara de hundirse.
Una hora más tarde llegó otro avión norteamericano, esta vez un Ventura VP2 Harpoon, que lanzó cuatro poderosas bombas, que explotaron muy cerca del submarino y lo hicieron hundirse momentáneamente y lanzaron a los artilleros al agua, pero rápidamente regresaron al barco que increíblemente emergió.
A las seis de la tarde, llega un tercer avión, otro Mariner, a incorporarse al combate.  El submarino está completamente dañado, las bombas de achique no funcionan, los motores tampoco. Lo único que queda es la férrea voluntad de sus marineros y las ametralladoras y los cañones antiaéreos.

El recién llegado Mariner entra en picada en contra del submarino para dar el toque definitivo, pero recibe una andanada de plomo y fuego, matando al piloto, destruyendo el radar del avión y dañando el piloto automático.
Casi a las siete de la noche, llega otro avión Mariner a sumarse a la pelea. Al atacar, recibe una ráfaga de balas, que lo avería y lo obliga a retirarse inmediatamente a su base.
Ya de noche, se incorpora a la lucha un bombardero B-18, mas tarde llega también un dirigible de observación  K68. Pero entre la lluvia y la oscuridad de la noche, se perdió de vista el submarino. Había pasado tanto tiempo en la persecución que el dirigible K68 se quedó sin combustible suficiente para regresar a su base y tuvo que aterrizar de emergencia en La Blanquilla, pero los fuertes vientos de la tormenta desgarraron sus lonas e hicieron pedazos el dirigible.

Al quedarse sin combustible los aviones que estaban en el combate tuvieron que ser relevados por otro Mariner y regresaron a sus bases a curar a los numerosos heridos de las tripulaciones y reparar a sus naves de los tiros recibidos.
El capitán Kapitzky, del U-615
Mientras tanto, el submarino, que había sido atacado por siete aviones distintos, se había quedado sin municiones, los motores estaban paralizados, los timones se encontraban dañados, el casco estaba agujereado.  Su capitán Kapitzky, había sido gravemente herido por las balas de los bombarderos. Ya no había cómo luchar.  Era la madrugada del 7 de agosto. A lo lejos se divisaba una columna de humo de un barco que se acercaba.   El oficial al mando ordenó permitir que entrara el agua al submarino.  A las cinco de la mañana las aguas de lo más profundo del Caribe venezolano se tragaron por última vez al U-615.  Cuarenta y tres tripulantes que sobrevivieron fueron rescatados por el destructor norteamericano que llegaba desde lo lejos.  El capitán Kapitzky y otros tres tripulantes habían muerto en el combate.

En los archivos norteamericanos y de las declaraciones de los sobrevivientes del U-615, quedaron pormenorizados detalles de este combate. Incluso algunas fotografías que tomaron los tripulantes de los aviones atacantes. Un hecho ocurrido en frente a nuestras costas que pocos conocen.

La tripulación del U-615, rescatados luego del hundimiento de su submarino






miércoles, 24 de julio de 2019

LOS BOLÍVAR VALENCIANOS

LOS BOLIVAR VALENCIANOS
Por
Luis Heraclio Medina C. 
No se conoce que Simón Bolívar tuviera hijos, o por lo menos es la opinión más general, pero sí dejó descendientes colaterales, es decir, los hijos de sus hermanos y sus descendientes.  Bolívar tuvo 3 hermanos: Juan Vicente, María Antonia, Juana.
Muchos no saben que en Valencia han vivido y actualmente viven muchos de esos descendientes de El Libertador. 
El hermano mayor de Simón, llamado Juan Vicente, también estaba involucrado en las luchas por la independencia, pero en misión oficial muere prematuramente
Los hermanos Bolívar: María Antonia, Juana, Juan Vicente y Simón.
en un naufragio en 1811, dejando tres hijos: Juan, Fernando y Felicia Bolívar Tinoco.  Esta última se casó con el gran amigo, compañero de luchas, albacea, edecán y compañero de Bolívar, el general José Laurencio Silva. 
El matrimonio Silva-Bolívar se instalaron en Valencia, donde el bravo y veterano general, cuando no andaba en plan de guerra, se dedicaba a la producción agrícola.   En nuestra ciudad procrearon  a varios hijos: María Trinidad, Emilia, Josefa, Juan Vicente, Laurencio, Simón Bonifacio, y Felicia. Esta última, se casó con el doctor Luis Ignacio Celis Belisario y también fundaron familia en Valencia; valencianos son sus hijos: Josefa María, Luis Emilio, Felicia Narcisa, María Fernanda, Carlos Lino, Victor Manuel y Luisa Teresa.
El Gral. José Laurencio Silva, casado con la sobrina de El Libertador Felicia Bolívar Tinoco.
Luisa Teresa se casó con el eminente médico obstetra valenciano Luis Ravelo Pérez, galeno de gran trayectoria en nuestra ciudad, de principios del siglo XX, a quien recordamos especialmente por ser uno de los pioneros de la obstetricia en Venezuela y por su ardua labor en la lucha contra la terrible peste española que asoló a nuestro país y especialmente a Valencia en Octubre de 1918, cuando fue nombrado responsable de la Junta de Socorro del Municipio San José junto con sus colegas Francisco Codecido Baquero y Melquiades Granadillo. Luis Ravelo formó parte de la última promoción de médicos de la Universidad de Valencia, antes de que la máxima casa de estudios fuera cerrada por el dictador Cipriano Castro. Había sido alumno de los no menos ilustres, Luis Pérez Carreño, Rafael Guerra Méndez y Eduardo Celis.
El obstetra valenciano Dr. Luis Ravelo Pérez, casado con la nieta de Juan Vicente Bolívar, Luisa Teresa Celis.
Luisa Teresa Celis y Luis Ravelo tuvieron en Valencia 3 hijos:  Luis Rafael, María Teresa y José Antonio Ravelo Celis, a quienes tuvimos el honor de conocer de muy cerca y  fueron honorables miembros de la comunidad del Cabriales, gente buena y trabajadora, con sus propios méritos y a quienes la modestia les impedía  hacer alarde de en sus venas llevan la misma sangre del Libertador.  Sus hijos y nietos están con nosotros, nos los encontramos a cada rato, en el mercado, en la plaza, en la iglesia. Con todos los venezolanos siguen trabajando en sus oficinas, aulas y consultorios y luchando en las mismas barricadas donde nos encontramos todos, por la libertad, igual que hace 200 años.
Fracción del Arbol Genealógico de los Bolívar, donde aparecen los personajes mencionados en este artículo.

sábado, 20 de julio de 2019

LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811


LA MATANZA DE LOS CANARIOS o LA PRIMERA SANGRE: 15 de JULIO DE 1811
Por
Luis Heraclio Medina C.
La “historia oficial” trata de ocultar algunos episodios o de olvidar otros, pero para la comprensión de los hechos es bueno recordar todas las cosas tal como realmente ocurrieron; así es más fácil entender cómo todos los hechos están entrelazados y que los unos son consecuencia de los primeros y así sucesivamente.
Uno de estos hechos, que poco se cuentan ocurrió apenas unos días luego de declarada la independencia el 5 de Julio de 1811, por parte de los diputados de las provincias de Venezuela, reunidos en el Congreso.  En este Congreso que declaró la independencia era obra casi exclusivamente de los blancos criollos, casi todos los dueños de las grandes plantaciones, los grandes terratenientes, los “grandes cacaos” que sin duda son los Padres Fundadores de la República, los llamados hasta entonces “españoles americanos” en oposición a los “españoles europeos”, quienes ejercían el poder político.
En Venezuela vivían gran cantidad de  canarios o isleños, casi todos dedicados al comercio; muchos de los comerciantes canarios más modestos (pulperos, marineros, artesanos, bodegueros, tenderos, etc), vieron con preocupación la toma del poder por los blancos criollos.  Si bien los canarios más acaudalados tenían estrechas vinculaciones con los mantuanos, los más pobres posiblemente tuvieron el temor de que sus derechos fueran afectados por los nuevos gobernantes. Nuevos impuestos, limitaciones al comercio y eventualmente, gastos y pérdidas de una guerra, tales como expropiaciones, saqueos, contribuciones especiales, etc. También hay quienes piensan que ingenuamente fueron engañados por partidarios de la monarquía que les hicieron creer que la República los despojaría de sus bienes.  Igualmente, otros habitantes no simpatizaban con la independencia declarada por los blancos criollos, especialmente los pardos venezolanos, que no tenían mayor representación en los diputados del congreso, que como se dijo, pertenecían a una clase distinta a la suya. Ni canarios pobres ni pardos tenían nada que ganar con la República, a la que consideraban exclusivista y oligárquica, en todo caso, su condición podrían verse desmejorada: Los blancos criollos ya eran dueños del poder económico, ahora dueños también del poder político no tendrían ningún contrapeso.  Canarios pobres y pardos en Caracas, Los Teques, Valencia y otras ciudades comenzaron a conspirar contra el gobierno de la Junta de Gobierno de Caracas….
Llega entonces el día 11 de Julio, todavía no se habían producido mayores hechos de violencia a causa de la independencia, no se había derramado la primera gota de sangre.  Es así que en los Teques un pequeño grupo de laboriosos comerciantes encabezados por el caraqueño José María Sánchez, el canario Juan Díaz Flores, el cura dominico Juan José Garciá y el doctor Antonio Gómez, al frente de unos sesenta vecinos, casi todos canarios, se pronuncian en contra de la declaración de independencia del Congreso. Desfilaron por las calles del pueblo, montados en mulas y burros, armados con unos viejos trabucos y con unas vetustas corazas de latón, al estilo de Don Quijote de la Mancha. Su grito es “Viva el Rey y la Virgen del Rosario” y enarbolan estandartes con la imagen religiosa.  El gobierno de la Junta Suprema de Caracas  inmediatamente envía una pequeña tropa y reduce a la modesta y ridícula tentativa sin hacer un solo tiro, apresando a todos los insurrectos.
Ahora bien, si la asonada de los canarios de los Teques fue una extravagancia, la respuesta del gobierno fue grotesca: el 15 de julio, tras un juicio sumario, dieciséis de los alzados fueron fusilados, sus cadáveres fueron expuestos en la Plaza de La Trinidad, los decapitaron y sus cabezas fueron exhibidas en largos palos en las afueras de Caracas. Todos sus bienes fueron confiscados por las autoridades.  Otros 300 españoles europeos y canarios fueron encarcelados sin juicio alguno.  A Díaz Flores no sólo lo fusilaron y lo decapitaron, sino que lo descuartizaron y sus despojos se guidaron de palos en distintos puntos de la ciudad.
Estos hechos de violencia fueron repugnantes para varios ingleses que se encontraban en el país quienes escribieron a sus coterráneos sobre  en el efecto desfavorable que estas ejecuciones tenían para la causa patriota ante la opinión pública europea. Gracias a estas correspondencias (entre otros documentos) es que podemos tener una fiel relación de los hechos.
 Este primer episodio de sangre no hizo sino propalar la llama del odio que se extendería como la pólvora. Los odios estallarán en la Primera República. Rencores diversos, de todos los inconformes con el nuevo orden, inconexos, sin ideas claras, y sobre todo, los resentidos, no sólo de isleños de orilla, sino también de pardos, de mulatos y de esclavos.
Esta fue la “primera sangre” derramada en la larga lucha de independencia. Un episodio casi olvidado de nuestra historia.  Se había abierto la caja de Pandora que por más de diez años sembraría la muerte y la destrucción en estas tierras. 
FUENTES:
PARRA-PEREZ, CARACCIOLO. “Historia de la Primera República de Venezuela” Tomo II, Caracas, Tipografía Americana, 1939
SISO MARTINEZ, J.M. “Ciento Cincuenta Años de Vida Repúblicana”, Biblioteca del Sesquicentenario. Volumen I, Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas 1963
Web fuente
MANUEL HERNÁNDEz GONzÁLEZ  “LOS CANARIOS EN LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA” Universidad de la Laguna. http://bolivarium.usb.ve/pub/anuarios/15/articulo03.pdf

viernes, 1 de marzo de 2019

LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”


LOS OTROS “CANELÓN” DE LA INDEPENDENCIA: ROSO Y “LA CANELON”
Por
Luis Heraclio Medina
Ya hemos escrito varias veces sobre el comandante Rudecindo Canelón.  Pero Rudecindo no es el único Canelón que aparece en los archivos y crónicas de la guerra de independencia.  El Gral. José Antonio Páez, en su autobiografía menciona al soldado “ROSO CANELON” como formando parte de sus tropas en la heróica acción de “Las Queseras del Medio”.  Páez no nos da mayores detalles sobre este militar, solamente su nombre y su participación en esa batalla.  Ahora bien, en estos días hice referencia al mencionado soldado y nuestro amigo el coronel Fernando Falcón, quien ha dedicado dos décadas al estudio del ejército de la guerra de independencia y tiene un envidiable archivo de oficiales, soldados, cuerpos militares, insignias, etc. nos hizo la acotación, de que efectivamente en los archivos aparece el mencionado Roso Canelón, quien participó también en las acciones de Carabobo y en el asedio a Puerto Cabello y llegó a alcanzar la jerarquía de coronel.   Se señala  como oriundo del San Carlos de Cojedes.  Pero hay más: Esta información nos fue ratificada por otro de nuestros amigos, el ilustre Enrique Giacopini, quien nos recuerda que en sus “Memorias” el Gral. Rafael Urdaneta también menciona a los capitanes Canelon y su hermana.
En efecto Urdaneta  (“Memorias” Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888  pag. 118) menciona que en plena efervescencia de la guerra a muerte ( julio de 1814) en su retirada hacia El Tocuyo, cuando acompañaban a su ejército una gran cantidad de civiles no combatientes que huían del horror de las huestes enemigas, deja en San Carlos a las mujeres y los niños, quienes no podían sobrevivir la marcha,  encomendándoselos a los padres de familia de la ciudad “y al todopoderoso”.  Pero añade textualmente:
“Tres mujeres no más salieron, vestidas de hombre y a hurtadillas en las filas; estas fueron Josefa Camejo, cuyo marido estaba allí; la hermana de los capitanes Canelones y la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”
Nuestra representación de "La Canelón", la hermana de Rudecindo y Roso  Canelón, en uniforme de soldado republicano, según lo refiere Rafael Urdaneta en sus "Memorias"

De la simple lectura de este párrafo se desprenden tres cosas:  Primero:  Los oficiales “Canelón” en las tropas patriotas eran por lo menos dos, ya que Urdaneta escribe el apellido en plural dice “los capitanes”, y evidentemente estos oficiales eran hermanos.
Segundo: Al ser solamente dos los oficiales “Canelón” que conocemos en la historia (Rudecindo y Roso) inevitablemente debemos presumir que Rudecindo y Roso eran hermanos.
Tercero:  La gran novedad (y para mi lo más interesante) los capitanes tenían una hermana, que se agregó a las filas, vestida de hombre (seguramente de militar) y posiblemente hasta combatió con sus compañeros. Por lo menos recibió su “bautismo de fuego” porque esta tropa fue hostigada a tiros por las fuerzas realistas que acosaban su retirada.  Esa división llegó a Barquisimeto y luego al Tocuyo sin mayores combates. 
Ahora bien, siguiendo con las deducciones, tenemos que las otras dos mujeres que acompañaban a “la Canelón” eran según nos cuenta Urdaneta “la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco”, de quien no tenemos ninguna otra noticia y la otra era nada menos que Josefa Camejo, la aguerrida patricia falconiana, esposa del coronel  Juan Nepomuceno Briceño Méndez.  Esta heroína de la independencia, una mujer verdaderamente con los ovarios bien puestos, llegó a escribir en una oportunidad en la que se ponían a la orden de las fuerzas patriotas: “lejos de temer a los horrores de la guerra, el estallido del cañón no hará  más  que alentarnos”.  La Camejo no era simplemente la esposa de un militar, era una verdadera guerrera: Josefa estuvo repetidamente en el frente de batalla, tomó las armas en más de una oportunidad y combatió contra los realistas, incluso como jefa de alguna partida patriota y a lo largo de toda la guerra pasó por toda clase de peripecias, es quizás la mas guerrera de todas las heroínas de la independencia.  Ahora bien, pensando en “la Canelón”, considerando aquello de “dime con quien andas y te diré quien eres”, y tomando en cuenta la clase de hermanos que tenía y el hecho de que según narra Urdaneta, prefirió ponerse el uniforme de soldado en vez de quedarse en la ciudad, no nos cabe duda de que “la Canelón” también fue una guerrera de nuestra independencia.  Un personaje que merece de nuestra atención y mayor estudio.
Fuentes:
Páez, José Antonio. “AUTOBIOGRAFIA” Volumen 1. Librería y Editorial del Maestro. Caracas. 1946
Urdaneta, Rafael. “MEMORIAS”. Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, Caracas, 1888