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sábado, 25 de abril de 2020

EL ATAQUE A PUERTO CABELLO Y LA CABALLEROSIDAD DE ZULOAGA. ABRIL DE DE 1743




EL ATAQUE A PUERTO CABELLO Y LA CABALLEROSIDAD DE ZULOAGA. ABRIL DE DE 1743
Por
Luis Heraclio Medina Canelón.
Las crónicas  o historias de los hechos ocurridos en nuestro país antes de la independencia son poco comentadas y menos conocidas, pero durante aquellos 300 años antes de 1810 ocurrieron una gran cantidad de hechos extraordinarios protagonizados por nuestros padres creadores de la nacionalidad, aquellos hombres que vinieron a fundar lo que bautizaron como Venezuela.
Entre esos hechos tenemos algunas acciones bélicas, en las que los españoles que habían hecho suya esta tierra y sus descendientes los criollos hicieron frente a  potencias extranjeras que querían apoderarse de la Provincia de Venezuela.
Para 1743 Gran Bretaña se encontraba en guerra contra España y ambicionaba arrebatarle sus colonias en el Caribe. Es así que envía una poderosa flota al mando del Almirante Charles Knowles en contra de las costas de Venezuela. En marzo los británicos son rechazados en su ataque a La Guaira, entonces la flota real británica se refugia en Curazao, donde repara sus naves, reemplaza sus bajas y ahora arremete contra Puerto Cabello iniciando el ataque el 26 de Abril. Es una tremenda batalla que durará veinte días. Las crónicas e informes oficiales tanto españoles como británicos subsisten en los archivos y nos relatan detalladamente como ocurrieron los hechos.
Ante una confusión que es bastante común, consideramos necesario aclarar, que la flota de Knowles era la marina real británica. No se trataba de piratas, eran buques oficiales que enarbolaban el pabellón británico y representaban oficialmente a esa nación, en guerra con España. Los  piratas son otra cosa que nada tienen que ver con este relato.

 EL GOBERNADOR ZULOAGA
Por aquellos días era Capitán General de Venezuela era un excepcional  militar vasco Gabriel de Zuloaga, quien había llegado al país seis años antes.  Zuloaga era un soldado de gran visión y tremendo estratega. Tan pronto tomó su cargo dirigió sus esfuerzos a fomentar las obras de fortificación de La Guaira y Puerto Cabello, creando un sistema de defensas portuarias casi inexpugnables. Se debe recordar que en aquellos días todo el comercio desde y hacia Venezuela estaba controlado por una empresa vasca conocida como la “Compañía Guipuzcoana”, lo que molestaba a los comerciantes y contrabandistas ingleses. Además, todo esto era necesario en vista de que en aquellos tiempos España estaba en guerra con Inglaterra, potencia que merodeaba con sus naves por el Caribe asechando para tratar de arrebatar a Castilla alguna de sus colonias.
En el caso concreto del Castillo San Felipe de Puerto Cabello (conocido posteriormente como Castillo Libertador), esta construcción se había iniciado años antes con varios tropiezos y Zuloaga se dedicó a ponerla a punto. Entre las mejoras de las fortificaciones estaban la instalación de nuevos cañones de mayor calibre que los que se tuvieron originalmente. Asimismo se prepararon empalizadas para detener a la infantería que pudiera desembarcar También llegaron al Puerto dos regimientos de tropas veteranas de España, que se sumaron a las milicias criollas de la guarnición.
EL ALMIRANTE KNOWLES
Mientras el comodoro Knowles reparaba sus naves en Curazao y reclutaba personal para sustituir las bajas sufridas en La Guaira, envió mensajeros secretos a Puerto Cabello con un manifiesto dirigido a los habitantes de la provincia en el que ofrecía asegurar el libre comercio, expulsando a la Compañía Guipuzcoana, que era supuestamente era la razón de su incursión, les garantizaba continuar profesando su religión con sus propias autoridades eclesiásticas y que tendrían libertad de movimiento. También ofrecía unas recompensas por cada funcionario de la Guipuzcoana que le entregaran. Finalmente también ofrecían la libertad para los indios, negros y mulatos que colaboraran con los ingleses. Nadie se interesó por la oferta de Knowles y los manifiestos terminaron en manos de las autoridades porteñas.

EL ATAQUE
La tarde del 26 de abril aparecieron en el horizonte del mar porteño los primeros buques ingleses, de una flota de un total de veintidós naves atacantes y al poco tiempo iniciaron el bombardeo. La defensa terrestre de nuestro puerto la comandaban Manuel de Agreda y Juan Ferrer.    También el capitán Martín de Sansinea, jefe de los Guardacostas de la Compañía Guipuzcoana,  comandaba  la parte naval, ya que era el comandante del “corso de la guipuzcoana” , que es algo así como lo que llamamos hoy guardacostas. Mas tarde, ya en mayo, llegaría el propio Gabriel de Zuloaga a supervisar la defensa.
La escuadra británica estaba compuesta por 22 naves de distintos tamaños:
El navío de 70 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Suffolk_(1680)&action=edit&redlink=1"Suffolk, que en las crónicas españolas llaman “la nave almiranta”, por suponer que el comandante de la flota va en esta, el Navío de 70 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Burford_(1722)&action=edit&redlink=1"Burford, llamado en las crónicas españolas “la capitana”, los  navíos de 50 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Norwich_(1693)&action=edit&redlink=1"Norwich y HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Assistance_(1650)&action=edit&redlink=1"Assistance, el navío de 40 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Eltham_(1736)&action=edit&redlink=1"Eltham, el navío de 24 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Scarborough_(1740)&action=edit&redlink=1"Scarborough, el navío de 20 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Lively_(1740)&action=edit&redlink=1"Lively, la corbeta de 14 cañones HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Otter_(1742)&action=edit&redlink=1"Otter y el buque de 8 bombardas HMS HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=HMS_Comet_(1742)&action=edit&redlink=1"Comet. Además de 13 embarcaciones de diferentes portes y armamento para apoyo y transporte. Las tropas británicas embarcadas alcanzaban a unos cuatro mil, entre marineros y la infantería de marina. Era una fuerza verdaderamente extraordinaria: más de 300 piezas de artillería de todos los calibres que bombardeaban Puerto Cabello.
Algunos de los términos no son conocidos por todos: así por ejemplo “HMS” ("His/Her Majesty's Ship) que se antepone a cualquier buque británico de guerra, traduce algo así como “buque de su Majestad”, bombarda es un barco especialmente utilizado para asediar fortalezas o castillos, que tiene por armamento no los cañones que disparan horizontalmente, sino morteros que disparan hacia arriba, de manera que el proyectil hace una parábola y caen tras las murallas del castillo.

Por su parte los defensores serían uno dos mil, entre las tropas enviadas desde España y las milicias criollas. También estaban las fragatas “Nuestra Señora de Coro”, “Teresa” y “San Sebastian”
Los primeros bombardeos los realizó la bombarda “Comet”, para tratar de “ablandar” las defensas del Castillo San Felipe contra el que lanza 16 grandas, a lo que al día siguiente se unieron otros tres buques: Norwich, Eltham y Lively, que en total sumaban unos ciento veinte cañones, lanzando bombas y granadas explosivas sobre los defensores. En el castillo San Felipe resultó destruido un cañón y murieron tres hombres y resultaron heridos otros tantos. También dos presos que estaban en un calabozo resultaron muertos al caerles una bomba. Al contestar el fuego desde el castillo una de las naves inglesas recibió varios impactos y se tuvo que retirar, lo que hicieron las otras al llegar la noche. Casi llegando la medianoche desembarcaron para apoderarse de las baterías de Punta Brava unos mil quinientos ingleses comandados por el mayor Lucas, pero los estaba recibiendo Martin de Sansinea con dos pequeños cañones y apenas un puñado de aguerridos soldados quien los destroza y pone en desordenada fuga; el desorden de los ingleses fue tal, que los de la retaguardia dispararon en contra de los de la vanguardia que huían, dejando varios muertos en la playa, así como armas diversas y cinco prisioneros. Los tres días posteriores continuaron los bombardeos sin mayores consecuencias, a excepción de dos soldados que murieron en el castillo y el ingeniero Juan de Gayango, uno de los constructores de la fortaleza, que resultó herido al caerle una pared encima. El 2 de mayo llegó el gobernador Gabriel de Zuloaga con más refuerzos: tres compañías de soldados peninsulares y un batallón de milicianos criollos, pero al otro día resultó herido en una pierna durante los incesantes bombardeos y quedó fuera de combate por varios días.

Para el día 5 de mayo se intensificó el combate: el bombardeo era mutuo. Knowles trataba de hacer el asalto definitivo. En el Castillo San Felipe murieron 15 soldados y uno de los barcos atacantes se tuvo que retirar seriamente cañoneado. Prácticamente todos los buques ingleses atacaban simultáneamente, unos al castillo y los otros a los demás baluartes de la defensa. Los cañones del Castillo San Felipe y los baluartes de Punta Brava hacían estragos sobre la flota invasora, a los barcos ingleses les llovía el hierro colado español, caían los mástiles y se rasgaban las velas. Al penetrar las bolas de cañón por las cubiertas de madera de los barcos ingleses astillaban el casco y a su vez los trozos de madera se convertían en proyectiles que despedazaban a los marinos. El Norwich acompañado de una de las naves menores destinó sus 50 cañones a tratar de destruir las baterías de Punta Brava, pero los nuestros respondieron bravamente el ataque, acertando 87 cañonazos en el costado del buque y destrozándole los mástiles y las velas. Tuvo que ser remolcado por otros barcos mientras recogían a los treinta y cinco muertos regados por el puente y las cubiertas inferiores.
 Los españoles hundieron uno de sus propios buques frente a la entrada del puerto para obstruir la entrada de cualquier otro barco y evitar un asalto. Ya por la noche, Knowles entendió que estaba derrotado y retiró sus barcos fuera del alcance de la metralla española. A la playa comenzaron a llegar restos de mástiles, lanchas hechas pedazos, escaleras y toda clase de  fragmentos de las embarcaciones averiadas por la artillería.   También trajo la corriente  varios cuerpos muertos, extrañamente entre estos el cadáver de una mujer. Finalmente Knowles retiró su flota hacia Jamaica para nunca más volver. Durante los diez días de la batalla, los atacantes lanzaron unas novecientas bombas sobre el castillo San Felipe y las otras fortificaciones de Puerto Cabello. Se trataba de todo tipo de proyectiles: bombas incendiarias, las llamadas “granadas reales” o explosivas y balas comunes.  Los defensores tuvieron que lamentar unos treinta muertos y sesenta heridos, mientras que los ingleses sufrieron casi doscientos muertos y gran número de heridos. Entre los muertos españoles destacan José Ugalde, capitán de la “Teresa”, Pedro Gurruchaga del “Coro”y el oficial Antonio d Ebora, todos de la Guipuzcoana.

Los ataques a Puerto Cabello y La Guaira son los hechos de armas más importantes ocurridos durante los trescientos años anteriores a la independencia. La victoria de nuestros antepasados sobre la flota inglesa salvó a Venezuela de ser una colonia británica. Si los ingleses hubieran ganado, ninguno de nosotros estaría aquí, y quizás Venezuela sería otra Trinidad o Guyana.  Los defensores de Puerto Cabello no deben permanecer olvidados en la historia.
LA CABALLEROSICAD NAVAL DE AQUELLOS TIEMPOS
Una anécdota interesante ocurrió en aquellos días que mucho nos dice lo distinto de la mentalidad de aquellos personajes. Temprano por la mañana el 7 de mayo las naves inglesas estuvieron haciendo fuego sobre los buques españoles y las posiciones de la costa, ataque que ya había cesado al mediodía.  A eso de las dos de la tarde sale del Suffolk una lancha con la bandera blanca, abordo va el segundo capitán de la nave con una carta dirigida al Gobernador Zuloaga, donde le solicita hacer el canje de los prisioneros. Zuloaga responde afirmativamente y le pide que traigan a los prisioneros españoles  para que los ingleses se lleven los suyos.  Con la respuesta, Zuloaga le envía un regalo a Knowles, “una fineza” como dice un cronista español contemporáneo: dos jamones, dos quesos y 36 botellas de vino. El oficial inglés dio las gracias y pidió si que le podían dar también unos limones.
El día nueve, nuevamente Knowles se comunicó con Zuloaga. Esta vez pidió permiso para recoger agua para sus naves. Zuloaga respondió que no, pero que podía mandar a recoger unos pocos barriles de agua para él y sus oficiales. Vinieron hasta el río Borburata unas lanchas a recoger el agua permitida, lo que hicieron bajo la atenta mirada de un destacamento español enviado para que no tomaran más de la cuenta. Cuando se retiraban Zuloaga envió también otros prisioneros que habían quedado, unas terneras, unas gallinas, más botellas de vino y los limones que habían pedido días antes.  De regreso la lancha trajo a los prisioneros españoles y una carta donde el inglés notificaba que se retiraba a las islas de San Cristóbal y daba las gracias por las atenciones recibidas.
FUENTES
De Armas Chity. “Historia de Puerto Cabello” Ediciones del Banco del Caribe, C.A. Caracas 1974
Nectario María, H. “Derrota Inglesa en Puerto Cabello”  Esc. Prof. Sagrado Corazón, Madrid. 1971
www.bolivarium.com





LOS MITOS DE LA “LEGION BRITÁNICA”
Por
Luis Heraclio Medina Canelón
Es común observar que existe una tremenda confusión respecto a lo que comúnmente se llama “la Legión Británica” al estudiar la historia de la independencia. Una de las razones de estos equívocos es que la gente confunde “británico” con “inglés”: Inglaterra es uno de los países que componen la Gran Bretaña: los otros son Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Las unidades llamadas “británicas” que vinieron a Venezuela, no estaban integrados exclusivamente por ingleses, mas bien, ingleses era lo que menos había en esos cuerpos; la mayor parte de sus miembros eran irlandeses, también había muchos escoceses, y alemanes como Juan Uslar, quien por cierto fundó familia en Valencia, al igual que otro legionario de apellido Hands, que tiene honorable descendencia en esta ciudad. Incluso una de esas unidades que llegó a Venezuela estaba compuesta solamente por  soldados alemanes. Otra se llamaba “Legión Irlandesa” precisamente por estar compuesta por elementos de esa nacionalidad.

Otro error que se repite frecuentemente es que estos cuerpos de militares extranjeros que vinieron a pelear bajo los mandos republicanos eran “unos voluntarios que vinieron a luchar por la libertad”. No señores¡ Nada de idealismos¡  Luego de derrotado Napoleón en Europa, en 1815, miles de militares de las potencias vencedoras quedaron cesantes o “a media paga”. Eran hombres que habían pasado años guerreando y que quizás su única manera de ganarse la vida era como soldados, o por lo menos si no era la única, si era la que más le gustaba.  Un hombre que ha pasado años viviendo en la guerra y de la guerra difícilmente se adapte a la vida civil; es allí cuando llega a Gran Bretaña Luis López Méndez a CONTRATAR mercenarios, que por una paga que les resultaba interesante, viajarían a América a hacer la guerra a un enemigo tradicional de las Gran Bretaña como lo era España. Y es allí como empiezan a venir los mercenarios a luchar al lado de Bolívar. También ocurrió que unos pocos, especialmente oficiales, vinieron por cuenta propia, en busca de aventuras o fortuna.
Esto no le quita de ninguna manera los enormes méritos a estos cuerpos expedicionarios llamados “británicos”, que fueron de enorme importancia tanto en la formación de los cuadros militares republicanos, en la atención médica (vinieron unos 150 médicos), en la instrucción de tácticas de artillería y caballería, en la dirección de las tropas y hasta en el combate en las más feroces batallas, pero las cosas hay que decirlas como son.
También es poco conocido, que como cualquier grupo de mercenarios, en alguna ocasión incurrieron en serios actos de indisciplina. Urdaneta, en sus “Memorias” relata el episodio de un buen grupo de estos soldados que se dedicaron a  borracheras:
“…pero las tropas inglesas encontraron mucho ron en toda la ciudad (Barcelona), se desbandaron y antes de una hora no se podía contar con un soldado que no estuviera borracho y los más de ellos tendidos por las calles y las casas, pareciendo aquella división un campo de batalla derrotado…No quedó mas recurso que los 150 alemanes y los criollos del capitán Cala, que no se entregaron al vicio y sirvieron para cubrir las avenidas de la ciudad.”
También, como mercenarios que eran, simpatizaban con el saqueo, a lo que se dedicaron en más de una oportunidad en Venezuela y Nueva Granada. Leamos nuevamente a Urdaneta:
“…pero (los ingleses) se volvieron del camino, diciendo que no emprendían nada antes de saquear la ciudad que era suya, y en ese proyecto los acompañaron varios oficiales…Urdaneta  reunió inmediatamente la compañía de Cala y un piquete de alemanes y se situó con ellos a la cabeza del puente.  Llegaron los 400 hombres (los ingleses) y descaradamente persistieron en la empresa.  Urdaneta se negó a permitirles el saqueo y les contestó que si estaban dispuestos a pasar, él estaba dispuesto a impedirles el paso. Detúvolos esta respuesta y como estaban fatigados y cargados de licor, se fueron sentando u durmiendo hasta el otro día.”
En otra ocasión el comandante de la Legión, el coronel Blosset retó a duelo a otro legionario de apellido Power. Este último ganó el duelo, Blosset  resultó muerto.  Como se ve no eran unos soldaditos de plomo intachables.

El otro error es llamar  indistintamente con el nombre de “Legión Británica”; a los distintos cuerpos de voluntarios de las islas británicas. Irlanda y Alemania (Hannover) que lucharon en nuestra América.  Fueron varios los cuerpos de voluntarios que vinieron a participar en la guerra de independencia y apenas uno de ellos se llamó “Legión Británica”, nombre que duró muy poco.  Los otros cuerpos de voluntarios europeos fueron: “Cazadores Británicos”, Primero de Húsares, Segundo de Húsares, Húsares Rojos, Primero Venezolano de Rifles, Primero de Lanceros, Artillería y Segundo de Rifles Lanceros de Maceroni, Húsares, Artillería, Primero de Lanceros, Rifles, Infantería Ligera de Salabrietta y el Regimiento de Hibernia, Lanceros, Primero de Fusileros, Primero de Rifles, Segundo de Rifles, Infantería Ligera de Cundinamarca, Primero de Infantería Ligera y Húsares de la Guardia.  En total más de cinco mil guerreros irlandeses, escoceses, ingleses, alemanes y hasta italianos vinieron a luchar en nuestra independencia.  De hecho, la unidad que combate heroicamente en la segunda batalla de Carabobo, no se llamaba “Legión Británica”, ya que para ese momento no existían ningún cuerpo con ese nombre, sino “Cazadores Británicos” . Luego de la batalla, Bolívar le cambió el nombre por “Batallón Carabobo”.
Estos hombres fueron más de cinco mil. Muchísimos de ellos murieron en estas tierras asolados por las enfermedades tropicales, el hambre y la guerra.  Muy pocos regresaron a Europa y algunos fundaron notables familias entre nosotros.
FUENTES
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA
Urdaneta, Rafael, “Memorias”



sábado, 11 de abril de 2020

El GOLPE DE EUSTOQUIO


EL GOLPE DE EUSTOQUIO
Por
Luis Heraclio Medina Canelón.

Para la segunda quincena de diciembre de 1935 Venezuela era una olla de presión a punto de explotar. Juan Vicente Gómez luego de una larga tiranía de 27 años yacía en su lecho de muerte, mientras a su alrededor sus herederos y causahabientes cavilaban sobre su destino y el futuro del país luego de que el tirano exhalara su último suspiro.

A raíz de la oscura muerte de Juan Crisóstomo (Juancho o Juanchito) Gómez, hermano del dictador y vicepresidente, asesinado en el propio palacio de Miraflores, Gómez había hecho reformar la constitución y suprimir la figura de los vicepresidentes. En aquella oportunidad se había atribuido el asesinato a intrigas palaciegas que vinculaban al otro vicepresidente José Vicente Gomes Bello (Vicentico), hijo del tirano  y su madre Dionisia. Ahora, con la inminente muerte del mandatario, sin testamento político ni que hubiera señalado sucesor, le correspondería la sucesión al ministro de guerra y marina, el general Eleazar López Contreras, apoyado por la institucionalidad militar, pero tal candidato no era buen visto por buena parte de lo más recalcitrante del “clan Gómez”.



Figuras principales de este grupo eran el presidente del estado Lara, Eustoquio Gómez Prato, primo del autócrata y Eloy (a) El Indio Tarazona, ayudante de cámara del presidente, escolta personal y asistente, a quien, siendo colombiano Gómez había dado la jerarquía de coronel del ejército venezolano.

EL PRONTUARIO DE EUSTOQUIO
Eustoquio, que había acompañado a su primo Juan Vicente desde los tiempos de la invasión de 1899 era un hombre sumamente violento e intransigente. Ya en 1907 había asesinado por una banalidad al gobernador del Distrito Federal, y fue salvado de  una larga condena de prisión por su primo recién llegado a presidente que lo liberó fraudulentamente y lo designó, bajo un nombre falso, como comandante del Castillo-Prisión de San Carlos de la Barra del Lago de Maracaibo. Allí debido a sus violencias, abusos y atropellos en contra de los soldados y los presos se le amotinó la guarnición, que se unió con los detenidos obligando al personaje a huir a nado por las aguas del lago. Años mas tarde, nuevamente Gómez le da un cargo de importancia: lo designa presidente del estado Táchira, donde si bien ejecuta una buena cantidad de obras públicas, vuelve a caracterizarse por el abuso de poder, la represión y el crimen: Entre veinte y treinta mil tachirenses se ven obligados a abandonar su estado natal refugiándose en Colombia por temor a las atrocidades cometidas por Eustoquio, siendo la más recordada la oportunidad en que colgó a varios ciudadanos acusándolos de conspiración. Es quizás la última vez que en nuestro país se colgaba a una persona, hecho que no se veía desde tiempos de la guerra de independencia. Con este currículum, que más bien parece un prontuario criminal, Eustoquio se desempeñaba ahora como presidente del Estado Lara y consideraba que era él el único que podía asegurar las millonarias propiedades habidas por los Gómez era él. Es lo que en su criterio significaba “mantener el orden”. El Indio Tarazona también tenía mucho que perder y era un perro fiel a los intereses de los gomeros estaba dispuesto a secundar al primo de su jefe en lo que fuera.


LA PRUDENCIA DE LOPEZ CONTRERAS
El general López Contreras, que conocía a Eustoquio desde los años de la invasión en 1899 sospechaba del primer mandatario del estado Lara.  Sus informantes lo habían puesto al tanto de las conversaciones de Eustoquio con los comandantes militares de Lara y Aragua, entre otros militares. Sin poder hacerlo preso sin pruebas concretas ordenó a su gente tenerlo vigilado, así como a sus mas inmediatos colaboradores. Mientras tanto Eustoquio se desplazaba entre Barquisimeto, Maracay y Caracas acompañado de una partida de matones fuertemente armados en varios vehículos.
Mientras tanto en Maracay, capital virtual de la república y luego de un ataque de prostatitis complicado con uremia sufrido por Gómez el 9 de diciembre y ante el inminente desenlace López Contreras convocó a una reunión con los Gómez. Astutamente la planificó para hacerla en la casa de Regina y Emilia, las hermanas de Gómez, donde debido a la presencia de las señoras difícilmente Eustoquio intentaría un atentado contra López. A la reunión llego el general López Contreras apenas acompañado de un edecán. Eustoquio llegó con dos de sus primos y varios de sus escoltas. López Contreras habló a la concurrencia explicando que el país podía caer en la anarquía si no se reprimían las ambiciones personales. Que el gobierno estaba decidido a ejercer sus atribuciones constitucionales. Que si ciertos parientes de los Gómez causaban divisiones en el ejército cualquier esfuerzo por mantener el orden constitucional quedaría truncado. Habló de sus responsabilidades como ministro de guerra, de su lealtad y de su buena fe y pidió que se le respondiera igualmente. Las hermanas Gómez aprobaron todo lo que López dijo y Eustoquio mintió diciendo que también estaba de acuerdo.


EL GOLPE
Pero mientras ocurría la reunión en Maracay, el Indio Tarazona ordenaba a los encargados de las haciendas de Gómez en Aragua y Carabobo que movilizaran a todos los peones, para concentrarlos y armarlos en Maracay, todo en complicidad con los presidentes de esos estados. El plan del golpe estaba en marcha…Hay que recordar que la mayoría de la peonada eran soldados del ejército que Gómez  “destacaba” en sus múltiples haciendas para que trabajaran como jornaleros.

El 11 de diciembre Tarazona y los suyos reparten máuseres, subametralladoras y municiones en Las Delicias, Ocumare de la Costa, San Juan de los Morros, El Trompillo en Carabobo  y otras haciendas propiedad de Gómez. El comandante de la guarnición de Ocumare de la Costa sería el encargado de matar o apresar a López Contreras tan pronto falleciera Gómez. El comandante de la policía de Maracay también estaba con los conspiradores. Los hoteles y pensiones de la ciudad se llenaron de sujetos extraños; son los hombres de Eustoquio que han sido llevados a la ciudad para estar listos al momento de cualquier desenlace. Cajas sospechosas de contener armas son sacadas de los cuarteles. Los agentes de López informan de todo al ministro, quien ordena estrechar la vigilancia sobre Eustoquio, que no ha dado todavía ninguna evidencia contundente de su conspiración. Se ordena intervenirle cualquier correspondencia.  
El 15 de diciembre llega al despacho de López Contreras una carta interceptada por sus oficiales. Es una correspondencia de Eustoquio dirigida a mi tío abuelo el coronel Eloy Montenegro Tirado, gobernador del distrito, en Barquisimeto que dice:
“…el General Gómez está muy grave. Esto será el día del juicio. Será un desastre. Dígale a los jefes de los batallones que pongan mucha atención, que redoblen su vigilancia y que deben consular conmigo, no obedeciendo más órdenes que las mías y que tengan cuidado de no ir contra mis deseos: aún cuando el ministro de guerra les dé órdenes, no deben moverse hasta que yo ordene…Cuando le diga <terminó el trabajo>  significa que el general se murió o está agonizando, de modo que nuestra gente se ponga sobre las armas…lo que necesitamos es unión entre todos para ser invencibles en el momento dado”...

El complot había quedado descubierto.
El día 16 Eustoquio salió a primera hora de la mañana desde Maracay para Barquisimeto, para preparar detalles del golpe, mientras mas tarde en la misma ciudad Tarazona  se enteró de la extrema gravedad de Gómez y viajó a toda velocidad a la capital larense a ultimar detalles personalmente con Eustoquio, pero ha hecho una llamada comprometedora que ha sido escuchada por alguien que hace llegar la información a militares leales y López Contreras ordena su captura. No encuentran a Tarazona en Aragua, pero se averigua que llegará en la tarde o noche. Al regresar a Maracay, Tarazona es interceptado por los militares y reducido a prisión sin ofrecer resistencia. Algunos otros oficiales claramente vinculados a la componenda son también detenidos. Horas más tarde Juan Vicente Gómez se convertía en un cadáver.

EL PRINCIPIO DEL FIN
Sin pérdida de tiempo López Contreras ordena sustituir a los pocos oficiales que consideraba adeptos a Eustoquio Gómez por militares institucionalitas.
Una vez oficializada la muerte de Gómez el Concejo de Ministros designa como presidente provisional al ministro de guerra y marina, general Eleazar López Contreras. Recibiendo la presidencia López Contreras canta el primer jaque en contra del gomecismo: Decreta la libertad de todos los presos políticos y autoriza a todos los exiliados a regresar a la Patria. Es una hábil medida que sorprende y desconcierta a Eustoquio y a toda la oligarquía gomera: Son miles de venezolanos que no quieren para nada a la familia Gómez y que apoyarán al nuevo presidente. Hay entre ellos militares, médicos, escritores y antiguos miembros de las montoneras nacionalistas, liberales y hasta castristas, muchos de ellos fogueados en los combates del primer cuarto del siglo XX. “Son un peligro para nosotros” dicen los miembros de la “familia real” gomera. A lo que López les responde: “Les doy todas las garantías y facilidades para que abandonen el país. Y les sugiero que lo hagan”.


Enterrado Gómez en Maracay, López regresa a la capital y se empiezan a producir manifestaciones en contra de los Gómez. Mientras Eustoquio piensa que todavía no está todo perdido y cuenta con viejos generales gomecistas como Vicencio Pérez Soto, León Jurado, Santos Matute Gómez, presidente de Carabobo o Félix Galavis, el gobernador de Caracas. Sale de Maracay a Barquisimeto, pero en la alcabala no lo dejan salir de Aragua. Empieza a notar su desamparo.  Se informa de que en la vecina población de La Victoria ya la gente en la calle saquea propiedades de los gomecistas, decide entonces viajar a Caracas para dar un último y desesperado golpe de mano.


LAS RATAS HUYEN ANTES DE QUE SE HUNDA EL BARCO
Antes de abandonar Maracay López Contreras había “sugerido” al clan gomero la conveniencia de abandonar el país, para lo cual puso a disposición de los Gómez y sus socios aviones y barcos. El vapor “Zamora” que siempre tenía Gómez anclado en Ocumare de La Costa para huir en caso de una emergencia sale para Curazao con un centenar de gomecistas con las alforjas atestadas de millones en billetes, monedas de oro  y joyas, una parte de lo que saquearon a Venezuela en un cuarto de siglo. Vicencio Pérez Soto, uno de los millonarios generales con que contaba Eustoquo para el golpe, huye en su yate personal a Trinidad. Otros escapan en avión, uno de los aeroplanos cae a tierra en la frontera con Colombia, pero sus ocupantes salvan la vida y atraviesan la frontera.  Emilia Gómez, una hermana del dictador que no escapó a tiempo estaba en su casa cuando la muchedumbre entró a saquear y despavorida huyo por los techos, cayendo en casa de los vecinos con un brazo fracturado. La gente toma las calles celebrando la libertad de los presos y el fin de la tiranía. López designa al general Galavis gobernador del Distrito Federal, es otro posible aliado que pierde Eustoquio.

EL VIAJE A LA MUERTE
Eustoquio llega temprano a Caracas y va directamente a ver a López Contreras al Ministerio de Guerra y Marina. Trata de reclamar y pedir explicaciones y manifiesta su intención de ir a Barquisimeto. López le informa que ya no es autoridad militar en Lara, que no vaya para allá, que tampoco debe permanecer en Caracas por los disturbios que se suceden  y le pide regrese a Maracay con su familia y hasta le ofrece una escolta armada. Gómez Prato rechaza la escolta y miente diciendo que se regresa para Maracay, pero se dirige con tres parientes que lo acompañan y sus espalderos a la gobernación del Distrito Federal. Al llegar observa en la calle las manifestaciones.
Cuando lo ven la gente grita: -“Mueran los Gómez”
 En la plaza Bolívar hablan antiguos presos políticos enemigos del gomecismo. Iracundo entra en la gobernación y pide hablar con el gobernador Galavis mientras que sus escoltas armados toman posiciones.  Alguien nota su entrada en el edificio y lo alerta a la gente. El hombre se enfurece más todavía y exige al gobernador un pelotón de policías o soldados para llevarlos él mismo a ametrallar a los manifestantes. Galavis le sugiere que evite problemas y salga por la puerta trasera, de manera discreta para que no lo vean. Eustoquio insiste en reprimir a los manifestantes:
-A esa gente hay que echarles plomo¡ dice enfurecido.
 En eso el gobernador recibe una llamada del presidente encargado, que le pregunta por la situación. Cuando López Contreras se entera de que Eustoquio lo ha engañado y se ha presentado en la gobernación ordena a Galavis  que arreste al hombre y lo traslade a Maracay.

En la gobernación se encuentran varios personajes aparte de Galavis y Gómez Prato, entre ellos Jesús Corao, prefecto de Caracas. Cuando Galavis le da la orden de arresto, Eustoquio, el hombre que ha encarcelado y torturado a miles de venezolanos, se indigna y trata de sacar su revólver, pero le pegan dos tiros. Sin poder hacer uso de su arma, sale del despacho dando tumbos y se arrastra hasta el baño de hombres.  Se sienta en la poceta. Al ver a su jefe ensangrentado, los matones huyen despavoridos por la puerta de atrás de la gobernación. A los pocos minutos Eustoquio Gómez exhala sus últimos suspiros. Jesús Corao calma a la gente que en la calle está agitada y les anuncia la muerte del curel hombre. Sin pérdida de tiempo el populacho cae sobre los dos lujosos automóviles de Eustoquio y los suyos y los convierten en una pira ardiente.  Nunca quedó claro quien o quienes fueron los autores de los disparos. El gomecismo está liquidado. Vendrán diez años de respeto a la ley, democracia y libertad.


Fuentes:
Fernández, Carlos Emilio “Hombres y Sucesos de mi Tierra” Talleres del Sagrado Corazón, Madrid 1969
Garmendia, Hermann. “Eustoquio Gómez, un general de la rehabilitación” Editorial Diana S.A. México 1955
Lavin, John. “Una Aureola Para Gómez” Distribuidora Continental. Caracas. 1950
DICCIONARIO POLAR DE HISTORIA DE VENEZUELA.





lunes, 30 de marzo de 2020

LA MASACRE DE "EL CEPO"


Las luchas y sacrificios que miles de venezolanos libraron en un pasado reciente contra de la tentativa de Cuba y sus pupilos venezolanos de imponer por las armas el comunismo en Venezuela es poco conocida por la mayoría de los venezolanos. Es una parte de nuestro ayer que no se debe olvidar para entender la realidad actual y saber como enfrentarla. Uno de los episodios mas cruentos de aquel enfrentamiento entre la nación venezolana y los terroristas fue la masacre de “El Cepo”.
Las tropas regulares no estaban preparadas para la
guerra de guerrillas
Eran tiempos en que todavía los mandos militares no se habían adaptado a la nueva forma de hacer la guerra: la guerrilla rural y el terrorismo urbano requerían una manera de enfrentarla distinta a una guerra convencional, con nuevas estrategia, distintas fuerzas militares y policiales y una mentalidad de guerra diferente. Aún así, unidades militares tradicionales, apenas preparadas para la guerra convencional de la primera mitad del siglo XX habían sido destacadas en los lugares donde se encontraban operando los grupos guerrilleros comunistas financiados y entrenados por la dictadura cubana. 
Uno de estos lugares eran las montañas del estado Lara, en los alrededores de El Tocuyo, donde se había detectado la actividad de uno de esos grupos de bandoleros, extorsionadores y secuestradores, llamados eufemísticamente “guerrilleros”.  Entre las unidades militares que se enviaron a tratar de controlar esa zona se encontraba un escuadrón de caballería.  Debemos acotar, que al hablar de “caballería”, no quiere decir que sean soldados montados a caballo, eso es más que todo una denominación, aunque en sus cuarteles puedan tener algunos equinos, pero modernamente las unidades de caballería se transportan por vehículos terrestres o hasta en helicópteros.
Ahora bien este escuadrón apenas había recibido una semana de entrenamiento antisubversivo, y estaba formado por un joven teniente, tres sub-tenientes (más jóvenes todavía) y un grupo de reclutas casi sin experiencia. Fatal error.
El escuadrón de caballería estaba instalado en las montañas
del estado Lara

El escuadrón de caballería se instalo en un paraje llamado “la Fila del Tigre”, cerca de un caserío llamado “Villanueva”,  y cada cierto tiempo bajaban hasta el caserío a buscar bastimentos.
El 13 de marzo, como era rutina, una comisión compuesta por el teniente y doce soldados bajó al caserío con un Jeep y un enorme camión M-35 a recoger los bastimentos para la tropa.  De regreso un matrimonio de campesinos con su pequeña niña de tan sólo seis años, Catalina,  “les pidieron la cola” hasta las inmediaciones de otro caserío donde habitaban, que quedaba en la ruta.
La pareja de campesinos iban de lo más contentos, ya que se ahorraban la larga y agotadora caminata y sobre todo porque la niña Catalina estaba maravillada por el viaje en el enorme camión militar, ya que la familia era de escasos recursos que vivía en un apartado lugar y la pequeña nunca se había montado en un camión.
Pero el divertido paseo estaba a punto de convertirse en un infierno que cambaría la vida de Catalina y truncaría la de los otros: Cincuenta bandoleros de un frente guerrillero estaban emboscados en una curva conocida como “El Cepo” por donde obligatoriamente tenía que pasar el pequeño convoy. Cuando lo vieron pasar hacia el pueblo los terroristas armaron su maquiavélico plan: instalaron dos poderosas cargas de explosivos en la carretera, y el medio centenar de bandoleros se ubicaron estratégicamente en la montaña alrededor del lugar armados con ametralladoras pesadas, fusiles y subametralladoras.
En el sitio quedaron muertos siete militares y la pareja de
campesinos. 
Cuando regresaba la comisión, al pasar por la curva de El Cepo, uno de los guerrilleros hizo explotar la primera carga contra el jeep que se fue a estrellar contra la montaña. Inmediatamente otra carga también hizo chocar al camión contra la ladera. Al momento una lluvia de fuego desde todos los lados cayó sobre los vehículos y los soldados que pudieron salir.  Mamá y papá de Catalina la abrazaron para protegerla  con sus cuerpos, pero ambos perdieron la vida al  recibir  una andanada de balazos de los comunistas. A su alrededor caían muertos varios de los noveles reclutas  que aturdidos no atenían a aprestarse a responder el brutal ataque.
Al dispersarse el humo los bandoleros cayeron como hienas sobre los cadáveres de los militares; remataron al teniente de varios culatazos en la cabeza y le arrancaron de la muñeca un bonito reloj, regalo de su graduación. A algunos soldados que todavía se movían les daban un tiro de gracia y los registraban para quitarles lo poco que pudieran llevar. Contentos gritaban y sacaban las provisiones del camión, pero no se dieron cuenta de un soldado que quedaba vivo.  Un humilde campesino de 18 años acabados de cumplir, un recluta recién alistado, llevado por su madre al cuartel “para que aprendiera algún oficio y se hiciera un hombre de bien” como le decía su vieja. Allí se encarnó el más puro espíritu de los más bravos guerreros venezolanos de todos los tiempos. Aquel muchacho de pueblo se afincó su FAL en el hombro, apuntó a los saqueadores que se entretenían con los cadáveres,  puso el selector en modo de ráfaga y apretó el gatillo. Las veinte detonaciones parecieron un solo estampido. Dos de los bandoleros fueron alcanzados de lleno y cayeron al suelo para pagar con su vida su crimen. Los otros, desconcertados se ocultaron dándole oportunidad a aquel valiente de poner a salvo su vida y regresar a su emplazamiento.
Al rato, llegaron la base del escuadrón dos soldados que al salir expelidos del camión pudieron salva sus vidas e inmediatamente los subtenientes acudieron a la curva de El Cepo con la tropa.  Allí encontraron a su teniente, muerto y ultrajado, al igual que seis de sus camaradas. Más allá, los cadáveres de los dos bandoleros  El papá y la mamá de Catalina también estaban muertos, pero sorpresivamente, la niña aunque completamente traumatizada y empapada en la sangre de quienes le dieron la vida, no tenía ningún rasguño.
Con esta tragedia, que evidenció la poca eficacia de las unidades militares convencionales en la guerra de guerrillas,  los altos mandos militares venezolanos apuraron la creación de las unidades especializadas en lucha antisbversiva, los famosos “cazadores” unidades ultra-ligeras, que se movilizan a pié, con tácticas parecidas a las de los guerrilleros, que finalmente fueron los responsables de la victoria militar en contra de la guerrilla comunista.
EPILOGO
La niña Catalina estaba quedando sola en la vida. La llevaron al cuartel más próximo donde le hicieron las evaluaciones médicas y le dieron los primeros cuidados. Un coronel se conmovió del incierto destino de la niña.   Habló con su esposa. Sin pensarlo mucho, el matrimonio adoptó a Catalina como hija propia. Creció como una hija más de la familia, en un ambiente de clase media, muy distinto a la humildad de su caserío campesino. Se le dio todo el amor y todo el calor de familia que los “revolucionarios” le habían arrebatado en su insensata guerra.  Catalina resultó feliz en su nueva familia y una niña aprovechada en los estudios.  Se graduó de bachiller. Luego entró en la universidad donde con excelentes notas se diplomó como psicóloga.  Hoy vive en el extranjero, pero  está pendiente de su Patria y con tristeza contempla en manos de quienes ha caído Venezuela, pero ella dice que así como pese a su tragedia hubo gente buena que la amparó en el momento más difícil de su vida, siempre habrá alguien en Venezuela dispuesto a remediar las cosas. Catalina y el solitario recluta que descargó su FAL contra los bandoleros son ejemplos de la Venezuela posible.

Para leer más:
Rivas Rivas, José, HISTORIA GRÁFICA DE VENEZUELA, Tomo 11 (1963-1966) Edición Digital.


jueves, 20 de febrero de 2020

1958: XENOFOBIA EN VENEZUELA

1958: XENOFOBIA EN VENEZUELA
Por
Luis Heraclio Medina Canelón
Hoy es muy común escuchar a los compatriotas denunciando casos de xenofobia contra venezolanos en el extranjero y repitiendo aquello de que “en Venezuela sierre se ha recibido a los extranjeros con los brazos abiertos”; quizás la memoria colectiva es frágil y no se quiera recordar que también aquí se ha maltratado a los extranjeros.
No nos vamos a referir a los malos tratos que conocimos contra muchos latinoamericanos en los años 70, 80 y 90, cuando oleadas de suramericanos vinieron a Venezuela huyendo de las dictaduras  y de la pobreza de su países, quizás eso no fue xenofobia sino mas bien casos aislados de explotación y desprecio de reducidos sectores a los venidos de otras tierras,  Hoy vamos a tratar hoy es un verdadero y grave caso de xenofobia, en su más concreta acepción, entendida como odio a todo un grupo de extranjeros.

Corría el mes de febrero de 1958. El gobierno de Pérez Jiménez había sido depuesto apenas días antes. Venezuela venía experimentando un extraordinario proceso de transformación física con innumerables construcciones civiles. Edificios públicos y privados, centros comerciales, carreteras y autopistas, líneas ferrocarrileras, represas, puertos, teleféricos y aeropuertos se construían a lo largo y ancho del país financiados con la bonanza económica derivada de los buenos precios del petróleo. Este programa de construcciones se incluía en lo que el gobierno de aquél entonces llamaba en “Nuevo Ideal Nacional”, que no era otra cosa que la modernización del país,   que también, entre incluía la inmigración de europeos que escapando de la devastada y empobrecida Europa vinieran a incorporar sus conocimientos y fuerza laboral y a revitalizar la sangre de la población venezolana. Decenas de miles de portugueses, españoles y especialmente italianos llegaron a nuestro país a trabajar en centenares de obras que ejecutaba el gobierno nacional. Los técnicos, agricultores y obreros a poco de llegar enviaban por sus mujeres e hijos, quienes rápídamente se fueron integrando a la sociedad y a su vez trabajando en los mas variados destinos. Se calcula que unos 300.000 italianos llegaron a Venezuela en esos años, en lo que se conocía como la política de “puertas abiertas” del gobierno nacional.
El magnate de la construcción Filippo Gagliardi.

De todos estos inmigrantes italianos el más conocido fue Filippo Gagliardi, un constructor que había llegado al país mucho antes que la mayoría de sus paisanos y quien empieza a destacar en 1950 con la modernización de Caracas, al construir edificios de apartamentos que vende con la modalidad de propiedad horizontal.  El italiano rápidamente consigue créditos de la banca pública y se convierte en un magnate inmobiliario, que se vincula con personajes del gobierno, lo que a su vez le “facilita” la obtención de los trámites legales para construir.  A su vez se convierte en promotor y protector de más inmigración italiana, ayudando a sus compatriotas a establecerse y dándoles cobijo  y amparo en sus primeros tiempos de arribo al país.  Gagliardi se hace un personaje muy conocido por la sociedad venezolana, ya que también es un filántropo, que no escatima a la hora de contribuir con una obra social.  Se recuerda la anécdota ocurrida en el transcurso de un programa televisivo llamado “Telemaratón” (una cadena de todas las televisoras para recaudar fondos para una obra de caridad) que el animador Amador Bendayán, anunciaba la llamada telefónica de Gagliardi donando una fuerte suma de dinero. Bendayán, que también era humorista, imitando el acento italiano dijo:
-“Filipo eso es poquito¡ Pónle otro cero¡”
Al poco rato, se anunciaba la llamada del industrial italiano anunciando que multiplicaba la ya gruesa suma, agregándole el otro cero.

Pero evidentemente, el constructor estaba muy vinculado al gobierno de Pérez Jiménez.  Cuando se produce el referéndum a finales de 1957 Filippo Gagliardi encabeza un movimiento de italianos que firmarían a favor del gobierno en la consulta popular. Es de recordar que el Congreso por medio de una ley autorizaba a los extranjeros con más de dos años en el país para votar en el referéndum.  En todos los medios de prensa aparece Gagliardi y una gran cantidad de sus compatriotas apoyando al general-presidente y entregando millares de firmas a favor del gobierno.
Cuando se anuncian los resultados del plebiscito dando por ganadora a la opción del gobierno,  la oposición denuncia el fraude y se  produce la crisis que va a terminar con la salida del gobierno de Pérez Jiménez el 23 de enero.
Las colas para votar en el plebiscito de 1957

Ya en los sucesos de enero varios comercios de italianos habían sido saqueados e incendiados pero es a partir de mediados de febrero, que se empiezan a producir una serie de acciones en contra de la comunidad italiana en Caracas. Se corrió el rumor de que todos los conserjes de los edificios de Caracas eran informantes de la Seguridad Nacional. Muchos miembros de la comunidad italiana recibían llamadas anónimas con amenazas de muerte. Los italianos eran amenazados e insultados en sus trabajos y comercios y se les acusaba de perezjimenistas. Circulaban por toda Caracas panfletos anónimos pidiendo a la comunidad abstenerse de comprar productos en los establecimientos italianos. Las llamadas amenazantes y los panfletos señalaban la noche del 24 de febrero como el día que saldrían a quemar los negocios de los italianos y a asesinarlos. En algunas partes también circularon unos volantes con la leyenda:
“Españoles y Canarios….Simón Bolívar”
Que recordaba la advertencia bajo pena de muerte a los enemigos de la República.
Fascímil de uno de los panfletos. 

Las agencias internacionales difundieron la noticia de que en Venezuela se anunciaba una masacre en contra de los italianos. Esto produjo que muchos italianos atemorizados comenzaron a irse del país.  Remataron a precios irrisorios sus bienes para comprar pasajes para ellos y su familia y regresar a Europa. Desde Italia, también los familiares reunían lo que podían para enviarlo a quienes aquí todavía no tenían para pagar sus pasajes para que pudieran abandonar Venezuela antes de que se  produjeran los atentados.
Dentro de la colonia italiana en Venezuela se produjo un conflicto, ya que algunos italianos acusaban al embajador italiano de ser el culpable de la situación, ya que no prohibió a sus connacionales  adherirse al plebiscito de Pérez Jiménez.  Decían que los firmantes ( a veces humildes obreros)  muchas veces lo hicieron obligados por sus patronos, quienes tenían jugosos contratos con el gobierno y querían congraciarse con las autoridades. El embajador fue llamado a Roma y posteriormente fue sustituido por otro diplomático.
La tensión producida fue tan grave que el Ministerio del Interior hizo radiar un comunicado en el que los rumores de ataques a la comunidad italiana carecían de fundamento y que no eran respaldados por ninguna organización y que se tomarían todas las medidas necesarias para que no pudiera ocurrir ningún incidente.   Poco después el Contralmirante Wofgang Larrazábal, presidente de la Junta de Gobierno habló por cadena de radio y tv a la nación y dijo:
“Los brotes contra italianos, portugueses o españoles se dirigen a crearle dificultades a la Junta de Gobierno, a fomentar un clima de confusión y de caos…los únicos que tienen interés en tales hechos son los enemigos de la Venezuela democrática que se está consolidando”
No tardaron Fedecámaras, la Cámara de Industriales, los partidos políticos, la prensa, los escolares, los escritores y muchos elementos de la sociedad en protestar en contra de la campaña anti-italiana. Todos hemos sido en algún momento descendientes de un inmigrante, decían.
Así, llegó la noche del 24 de Febrero y no pasó nada, pero ya muchos italianos habían huido. En junio de ese año el gobierno de Larrazábal canceló la política de “puertas abiertas” que facilitaba la llegada de inmigrantes de Europa.
Para leer más:
Vallenilla Lanz, Laureano. “Escrito de Memoria” Edit. Mazatlán. México D.F. 1961
Yanes, Oscar. “Hoy es mañana o las vainas de un reportero muerto”. Edit. Planeta. 2007. Caracas. Venezuela.
Diccionario Polar de Historia de Venezuela.
https://www.researchgate.net/publication/HYPERLINK "https://www.researchgate.net/publication/49606939_LA_INMIGRACION_EN_LA_ADMINISTRACION_DE_PEREZ_JIMENEZ"49606939HYPERLINK "https://www.researchgate.net/publication/49606939_LA_INMIGRACION_EN_LA_ADMINISTRACION_DE_PEREZ_JIMENEZ"_LA_INMIGRACION_EN_LA_ADMINISTRACION_DE_PEREZ_JIMENEZ
Los saqueos de enero y febrero de 1958

jueves, 9 de enero de 2020

TRES HISTORIAS DEL CABRIALES: CANALIZACIÓN, SUICIDIOS Y PUENTES CAÍDOS


TRES HISTORIAS DEL CABRIALES:
CANALIZACIÓN, SUICIDIOS Y PUENTES CAÍDOS
¿Te imaginas embarcarte en el Lago de Valencia y navegar río arriba con tu bote cargado de naranjas de Guigue, bultos de papelón y frutas y verduras de El Roble, recorriendo los caseríos ribereños hasta llegar al puente Morillo, donde venderías tu mercancía a los comerciantes de Valencia? ¿O venir río abajo desde Naguanagua con el café fresco de las montañas y las hortalizas del valle para al centro de la ciudad?  Hoy nos puede parecer un disparate, una locura o una fantasía, pero para los concejales del Ilustre Concejo Municipal de Valencia en 1902 era un verdadero anhelo.  En efecto, en ese año, la Municipalidad de Valencia se dirigió formalmente al gobierno del presidente Cipriano Castro solicitando la canalización del Río Cabriales, desde el Lago de Valencia hasta Naguanagua, con la finalidad de impulsar la agricultura y el comercio de todo el valle de Valencia.  Eran una época en que la pobreza era general, el país llevaba años de destrucción a causa de continuas guerras civiles, y para rematar, el precio del café, principal rubro de exportación estaba bajando.   Los valles que circundan a Valencia son de los más fértiles del país, donde se produce en abundancia gran cantidad de frutas, verduras y hortalizas, gracias al riego permanente del Lago, pero si no hay como sacar a los centros de consumo la producción, nada se tiene.
Para los hombres y mujeres del siglo XX, acostumbrados a viajar por las modernas vías de comunicación, se nos hace difícil la idea de que hace apenas unos cien años, en Venezuela no existían ni carreteras ni mucho menos autopistas, es más prácticamente no existían buenos caminos.  Apenas se contaba con unos caminitos o trochas de mulas por medio de las que se movilizaban personas y mercancías; que se tardaban largas horas en llegar de un lugar a otro y en tiempos de invierno, la mayoría de esas trochas quedaban inundadas o por lo menos intransitables y campos, pueblos y caseríos quedaban completamente incomunicados. Para tener una idea de la situación, baste decir por ejemplo que de Valencia a Tinaquillo a caballo mi abuelo me contaba que se tardaba doce horas, las crónicas señalan que de Tocuyito a Valencia podían ser unas seis horas y para Puerto Cabello era imposible ir y regresar el mismo día. Por estas razones el mejor, más rápido, más seguro y más económico modo de transportarse era por vía fluvial.  En Venezuela existía una red de puertos a lo largo de nuestros ríos que permitían el transporte por todo el llano.  Eran famosos los puertos de El Baúl, San Fernando, Cabruta, Caicara, etc. por los que llegaban a todo el centro del país ganado, carne, cueros, quesos, etc., por eso tendría mucha lógica convertir el río que atravesaba toda la ciudad en la gran autopista de agua de Valencia.  La canalización no tendría que ser una obra de  proporciones extraordinarias: No lo permitiría el presupuesto de la depauperada Venezuela de esos tiempos, y no existían las maquinarias para algo de muy grandes dimensiones, que tampoco permitirían las características del río, además lo que se quería era permitir a pequeños botes la navegación; no se pensaba en buques grandes.

Una imagen de fantasía que pudo ser: Botes cargados de mercancías pasando por el Puente Morillo.


Lamentablemente el tiempo de Cipriano Castro fue una época muy turbulenta, con el bloqueo de las potencias acreedoras de las múltiples deudas de Venezuela y con diversos alzamientos de los caudillos en su contra.  La petición de la Municipalidad de Valencia nunca tuvo respuesta y el Cabriales se quedó sin canalizar.
LOS SUICIDIOS
Otras de  las historias interesantes y casi olvidadas sobre el Cabriales son las de sus suicidios.  Hoy es algo que rara vez se ven estas tragedias, pero antiguamente los ríos de alguna profundidad eran utilizados por aquellos quienes querían poner fin a sus vidas.  El profesor Juan Correa recordaba en una de sus crónicas de finales del siglo pasado dos suicidios que conmocionaron a Valencia.  En el cruce de la Av. Boyacá con calle Peña había un poso conocido como “La Peñita”, allí ocurrió el más antiguo suicidio en el Cabriales del que se tenga memoria.  Se trataba de una linda valenciana llamada Lady Zedhernán.  Era el año de 1827 y la muchacha conoció a Simón Bolívar en un baile que se le ofreció al Libertador en la ciudad.  Bolívar le habría regalado a la chica un bello abanico decorado con un paisaje japonés y finamente decorado con encajes y lentejuelas.  ¿Hubo algún corto romance entre Lady y El Libertador?  Lo cierto es que el abanico fue un regalo de despedida porque Bolívar se iba de Venezuela para no regresar jamás.  La leyenda dice que junto al abanico obsequiado venía un sonetillo titulado “Adiós” que habría sido escrito por el propio Bolívar, dedicado a Lady, que decía;
Unos Judas sin conciencia
Me proscriben en mi suelo
Tengo el corazón en duelo
Porque te dejo en Valencia
No me importa encontrar trunca
La Patria que libertara
Sólo me apena que nunca
Veré más tu linda cara.
Lo cierto que a los pocos días de partir Bolívar de Valencia, apareció el cuerpo de Lady flotando en el Cabriales, con el famoso abanico entre sus manos. Quizás la joven enamorada del Libertador, al tener su corazón destrozado puso fin a sus días.
El otro caso ocurrió a principios del siglo XX.  En esos tiempos cuando el famoso pintor Armando Reverón, era apenas un niño su madre lo entregó para que lo criaran a  la adinerada familia compuesta por Don Pancho Rodríguez Castro y Doña Carmen Zocca de Rodríguez, quienes junto a su hija Josefina, vivían en las inmediaciones del puente Bolívar.

Es aquí donde inició su carrera de pintor a orillas del Cabriales. Fueron tiempos muy felices para el joven pintor viviendo con la familia Rodríguez Zocca. Josefina era como una hermana mayor para Reverón La definían como una mujer bella e inteligente. Un trágico día, sin explicación alguna  Josefina se lanza al río para morir ahogada. Dicen que desde el suicidio de su hermana de crianza Reverón no volvió a ser el mismo.  Se volvió taciturno y amargado, de su corazón se perdió para siempre la alegría de sus años de infancia.  Quizás la muerte de su hermana de crianza desencadenó los problemas de la psiquis que aquejaron al artista por el resto de su vida.
EL DERRUMBE DE LOS PUENTES
Ya en otra oportunidad tratamos el tema del Puente Morillo. Sólo vamos a recordar que el icónico primer puente valenciano se derrumbó totalmente luego del crudo invierno de 1903, después de pasar muchos años sin mantenimiento alguno y el gobierno de Cipriano Castro ordenó construir otro nuevo puente, pero idéntico al anterior, para lo que comisionó al famoso arquitecto Malausenna, quien lo concluyó en a mediados del año siguiente.  O sea, que el puente que hoy conocemos como Puente Morillo, no es el que construyó Morillo, sino una réplica que construyó Castro, pero igualmente lo  llamaron y lo seguiremos llamando Puente Morillo.  Ahora bien este no fue el primer puente que se derrumbó sobre el Cabriales: 
Para el año de 1880 Valencia se aprestaba para la inauguración de una de las grandes obras decretadas por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, “el Autócrata Civilizador”:  El Puente “La Quinta” que uniría la parte sureste de la ciudad con el centro, ya que el río Cabriales la mantenía separada. El sector de La Quinta, en jurisdicción de la Parroquia Santa Rosa, al Sureste de Valencia, Vendría siendo donde hoy queda la Urbanización Michelena.  En aquellos tiempos en ese sector había un regular movimiento fabril, donde se elaboraban artefactos de barro cocido, así como también vivían destacados vecinos de la ciudad como por ejemplo el agrimensor francés Ernesto Luis Branger, quien sería famoso empresario y el ingeniero Carlos Navas Spínola constructor del acueducto de Valencia. El sector era conocido como “La Quinta” porque allí se encontraba una excelente vivienda: la quinta del ingeniero Mariano Revenga, y seguramente la gente comenzó a llamar al lugar de ese modo por la  residencia del ingeniero.  Por cierto, que Revenga era el profesional encargado de la construcción del puente, por lo que algunos lo llamaban también “Puente Revenga”. 
Imagen referencial
El puente de unos 18 metros de largo por menos de nueve de ancho era una obra más bien sencilla, de madera y hierro, pese a que ya en esa época se estaba construyendo puentes con concreto ladrillos en Venezuela.  Su construcción facilitaría el comercio de los establecimientos de Santa Rosa y Candelaria y agilizaría el tráfico con sectores alejados como Manuare y Los Naranjos y con todo el sector Sur-Este de rica producción agrícola.
Así, luego de dos años de construcción llegó el día de la inauguración, el 27 de Abril de 1880.  Era día de fiesta, aniversario de la revolución de Guzmán.   Unas cuatro mil personas asisten a la inauguración. Se confundían apretujados sobre la nueva construcción unas quinientas personas entre los altos funcionarios, invitados especiales, jinetes a caballo, la banda de música, niños, hombres y mujeres.  A eso de las cuatro de la tarde un personaje termina el discurso de orden y de repente el puente se viene abajo  llevándose consigo a docenas de personas que caen al río, y sobre ellos, los faroles, madera, piedra y vigas de hierro. Aplastados o ahogados hay tres muertos.  Entre los setenta heridos están el ingeniero Revenga, los miembros de la banda de música, varios de los miembros de la “junta de fomento” que había sido creada para la construcción de la obra, Alejo Machado, quien años después sería rector de la Universidad de Valencia  y otras personalidades. El puente no llegó a tener ni un día de vida.  Luego Guzmán Blanco ordenó nuevamente su edificación.
FUENTES;
Burgos, Andrés Eloy. “Desplome del puente “La Quinta” sobre el río Cabriales de Valencia (1880) Revista “Mañongo” Nro. 39. Vol XX. Julio-Diciembre 2012
Correa, Juan “Imágenes de Humo – Los Suicidios del Cabriales” Revista In-Formate. Nro 311, Febrero 1999. Institución Cultural Pedro Rojas. Grabados Nacionales. Valencia.
Galíndez, Luisa. “Historia de Valencia (1901-1950 Tomo II” EGN Comunicaciones. Valencia 1990