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sábado, 11 de agosto de 2018

MAGNICIDIO EN MIRAFLORES

MAGNICIDIO EN MIRAFLORES
por
Luis Heraclio Medina C.



(La copla de Miraflores)
Arpa, cuatro y maracas
Conforman un buen sarao
Siendo el primer invitao
El gran jefe de Caracas
El Bagre a las maracas,
Va su hijo al arpa sin brollo
¿Y para el cuatro criollo
Digan quién es exquisito?
En cuatro, el bueno es Juanchito¡


 
El magnicidio es el asesinato de una persona con gran importancia política, alguien que tiene mucha influencia o un cargo muy poderoso.  No tiene necesariamente que ser el presidente.  Se puede tratar de un príncipe, un rey, un ministro, etc., alguien que tenga mucha importancia política.  El primer magnicidio de nuestra historia moderna es el asesinato ocurrido en el Palacio de Miraflores la noche del 30 de junio de 1923 cuando fue asesinado a puñaladas el Primer Vicepresidente de la República y Gobernador del Distrito Federal Juancho Gómez.  Se trató de la más sórdida trama de corrupción, nepotismo, falta de escrúpulos, intriga, engaño, violencia, poder, ambición, celos, pasiones y hasta depravaciones, que nos hacen recordar a las leyendas de la familia Borgia en la lejana Italia del siglo XIII.
Hay que conocer el entorno familiar, social y político-militar para entender el drama.
En tiempos de represión, miedo, secretismo y censura total no había prensa que informara, tampoco expedientes judiciales confiables.  Todo lo controlaba el régimen que no permitía que se supiera nada de la vergonzosa verdad, pero quedan la tradición oral y  la prensa extranjera de esos días.  También los libros que luego de muerto el dictador se han publicado y recogen las versiones extraoficiales que circularon en esos tiempos.  Los relatos de los pocos sobrevivientes que pudieron hablar.  De allí vienen nuestras fuentes.
José Vicente (Vicentico) Gómez, segundo vicepresidente e
inspector genral del ejército.
Eran tiempos de la feroz tiranía de Juan Vicente Gómez.  El presidente Gómez tenía dos vicepresidentes: el primer Vicepresidente era su hermano Juan Crisóstomo Gómez (Juancho) y el Segundo Vicepresidente era el hijo del dictador, José Vicente Gómez Bello (Vicentico).  Juancho también era gobernador del Distrito Federal y Vicentico era a su vez era inspector general del ejército, que en la práctica era la más alta jerarquía militar.
Dionisia Bello, la primera concubina
de Gómez.

José Vicente Gómez  Bello (Vicentico), era uno de los hijos adulterinos de la primera concubina del Gómez,  Dionisia Bello.  Dionisia era una bella muchacha casada en San Cristobal con un pobre hombre de apellido Torres, con quien tenía dos hijas.  Cuando Juan Vicente, que era un adinerado ganadero le ofreció a Dionisia abandonar a su esposo para irse con él, la muchacha no lo pensó dos veces y abandono al marido , a las hijas y a la pobreza. 
Juancho era un sujeto muy distinto a su hermano, casi diametralmente opuesto.  Mientras el dictador era un militar nato, ávido de poder, Juancho nunca tuvo carrera militar (aunque lo llamaban general)
Juancho Gómez, primer vicepresidente y
gobernador del D.F.
  y no se le conoció particular ambición de poder.  Juan Vicente, pese a ser el hombre más rico de Venezuela era un hombre de costumbres sencillas y campechanas, vestía casi siempre con un liquiliqui de dril, gustaba de vivir alejado de Caracas y se acompañaba de gente sencilla, campesinos y preferiblemente paisanos andinos y disfrutaba del campo, sus haciendas y su ganado,  mientras que Juancho (Juanchito para sus íntimos) vestía a la más moderna moda europea, siempre con finos trajes, bien perfumado, le encantaba la vida de la sociedad caraqueña y era amante del teatro y la ópera.  Mientras el dictador era todo un padrote, engendrando hijos en dos concubinas notorias e infinidad de otras mujeres, a “Juanchito” no se le conoció ni esposa, ni novia, ni mujer. No tuvo nunca hijos, pero se le veía siempre acompañado de jóvenes oficiales andinos o elegantes patiquines caraqueños.
Aquella madrugada del 30 de junio el cuerpo de Juancho fue encontrado por su servidumbre en su habitación del palacio de Miraflores con varias puñaladas en el cuerpo que le habían causado la muerte.  Miraflores servía simultáneamente como residencia presidencial y sede del poder ejecutivo (no es como ahora que la residencia es La Casona y Miraflores es el despacho del presidente).
Como es natural el revuelo y la alarma no se hicieron esperar.  Lo primero que hicieron las autoridades de la dictadura fue acusar a la resistencia, que mayormente se encontraba en el exilio. Los pocos enemigos conocidos del gobierno que se encontraban en el país fueron perseguidos implacablemente.  Se detuvo a centenares de ciudadanos que absolutamente nada tenían que ver con el crimen, por el sólo hecho de ser los “habituales sospechosos”.  Pero la oposición nada tenía que ver.

Poco tiempo antes, Juan Vicente Gómez había estado enfermo.  En el entorno del poder se hablaba de la sucesión.  Había un grupo, amigos de Vicentico, que creían que el sucesor natural del dictador debía ser su hijo. Entre estos estaban la madre del joven general Dionisia Bello y su esposa Josefina Revenga Sosa, una bella jovencita de la sociedad caraqueña.  Esta muchacha tuvo la osadía de decir en público “Cuando será que se va a morir el viejo para que Vicentico sea presidente”. Eran los llamados “vicentistas”, que incluían a jóvenes militares, a los otros hijos de Dionisia, y a un grupo de caraqueños relacionados con los otros hijos e hijas de Dionisia, quien había hecho casar a toda su prole con miembros de la sociedad capitalina. Por otro lado estaban los que rodeaban a Juanchito, los “juanchistas”el primer sucesor en el orden constitucional. Con él estaban la mayoría de los viejos militares andinos: los otros hermanos del dictador, sus hermanas Regina, Ana, Indalecia, Elvira y Emilia y sus maridos, todos generales, el primo Eustoquio, y los viejos militares andinos.  Esta gente no veía con buenos ojos que el joven Vicentico accediera al poder pasando sobre todos ellos, viejos militares curtidos en las batallas.  Vicentico había sido nombrado general por su padre a los 23 años, sin echar un solo tiro ni pasar nunca por una escuela militar.
Otra de las razones de la ruptura dentro de los Gómez fue que el dictador abandonó a Dionisia, ya cuarentona, y hizo su nueva barragana a una jovencita caraqueña de 16 años, Dolores Amelia Nuñez, hija de un abogado bien posicionado en la sociedad caraqueña.  Esta pérdida de influencia de los Gómez-Bello acentuó la fractura en el  clan.
Santos Matute Gómez, presidente del Edo. Zulia para los
momentos de la muerte de Juancho. 
Ahora bien, otro miembro del clan, el pérfido Santos Matute Gómez, primo o medio hermano del presidente, proxeneta dueño de garitos y burdeles, pedófilo que compraba humildes niñas campesinas para ponerlas a trabajar en sus prostíbulos, varias veces presidente de estados, había abandonado a su concubina de toda la vida y con la intención de atornillarse a la familia dueña del poder, pactó matrimonio con Margarita Torres,  hija del matrimonio de  Dionisia con el pobre Torres y media hermana de Vicentico.  Esta era una mujer ya no tan joven, que no había conseguido alguien que se casara con ella y que corría el riesgo de quedarse solterona.  Ganancia para todos: Margarita conseguía marido, Dionisia terminaba por casar a la última hija que le quedaba soltera y Santos se casaba con una dama de la familia.
Juanchito y Eustoquio, ya habían tenido varios encontronazos con el clan de Dionisia y al enterarse del pactado matrimonio en el cual Santos Matute pasaba a engrosar las filas del otro clan se sintieron preocupados al perder una importante ficha de las suyas que se sumaba a los contrarios.
Juancho buscó a  Santos y le dijo que la hija de Dionisia no era una mujer decente.  Que estaba soltera por su mala conducta y no era recomendable ese matrimonio. Que quedaría como un pendejo si celebraba esa unión. Santos Matute Gómez  se sintió burlado, entró en cólera, inmediatamente fue a casa de Dionisia y Margarita y luego de gritos y toda clase de improperios desbarató el compromiso.  Margarita quedó desecha en un mar de lágrimas.
Al día siguiente la pobre Margarita humillada y despreciada, apareció en su cuarto con un tiro en la cabeza.  Nunca se supo si se suicidó o la mando a matar Santos.  Dionisia, llena de dolor y de ira juró venganza.
Según una de las versiones, Juanchito había relegado en sus preferencias a uno de los que había sido sus hombres de confianza, un oficial llamado Isidro Barrientos, por lo cual el hombre se encontraba bastante dolido.  Dionisia y Vicentico habrían entrado en contacto con este oficial para matar dos pájaros de un solo tiro: Se cobraba la venganza por la afrenta sufrida y a la vez se eliminaba el único obstáculo entre Vicentico y la presidencia.  Al resentido oficial se le habrían ofrecido prebendas y ascensos para cuando todo estuviese hecho.
Es así como aquella noche, bien por si mismo o por medio de algún  soldado de los que montaban guardia en el Palacio de Miraflores, entran en la habitación de Juancho y lo matan.  Tiene que haber sido alguien del extremo circulo de Miraflores, alguien que conocía los aposentos y que tuviera libre acceso a todas las áreas, pasadisos y aposentos. Alguien para quien no eran obstáculos los muros, las cercas, los soldados, ni  los sagrados que custodiaban el palacio.
Según otra de las versiones, la muerte de Juanchito fue una consecuencia indeseada de un plan ideado por Dionisia y Vicentico.  Originalmente el plan consistía en contratar a un soldado de la guardia, para fingir un atentado al propio Gómez, inculpando a Juancho, para que perdiera la confianza de su hermano, pero todo se enredó y el soldado terminó matando al vicepresidente.
Al saberse la noticia el terror cunde en toda Venezuela, la gente sabía que vendría una terrible ola de represión y tortura.  En un primer momento la dictadura trató de inculpar a la oposición, encarcelando a todo el enemigo conocido que encontraran, pero puertas adentro las averiguaciones iban en contra del personal de Miraflores.  Fueron hechos presos y torturados absolutamente todos los soldados y oficiales de guardia esa noche y muchos de los destacados en la custodia de Miraflores que no estaban de servicio.  También se torturó salvajemente a la servidumbre civil, incluyendo a varias mujeres inocentes.  Esta barbarie de sangre la dirigieron Tarazona y Julio Hidalgo, el sustituto de Juancho y gobernador encargado.
El entierro de Juancho. A la derecha del dictador, Vicentico.
El cuerpo de Juanchito fue enterrado inmediatamente sin autopsia por  ordenes de Gómez.  El general ordenó que no se hablara más nunca del asunto.  En total se calcula que fueron asesinados luego de los interrogatorios y torturas todos los sirvientes civiles (hombres y mujeres), la tropa de guardia ese día y el oficial Barrientos, en total unas quince a veinte personas.
Al poco tiempo, Gómez hizo reformar la constitución y eliminó las figuras del Vice-presidente.  A Vicentico lo separó del ejército, le prohibió usar más el uniforme y finalmente le ordenó irse de Venezuela junto con su madre con una buena cantidad de millones que les permitieron comprar un castillo en Francia…. Pero el siniestro hijo mayor no disfrutó mucho sus millones… a los pocos años murió de tuberculosis, mucho antes de que muriera su padre.  Hay quienes dicen que Vicentico murió mas bien envenenado.  Esta es parte de la historia,  aún así hay quienes dicen que Gómez fue el mejor presidente de Venezuela.  ¿Qué tal?
Fuentes:
Cordero Velásquez, Luis. “Gómez y las Fuerzas Vivas” Edit. Lumego.  Caracas 1971
Gallegos, Gerardo. “Juancho Gómez, un drama de la realidad americana”. Coop. De Artes Gráficas.  Caracas 1937
Lavin, John.  “Una Aureola Para Gómez” Distribuidora Continental. Caracas.
Sulbarán, Pablo. “El Misterio de Miraflores ¿Quién Mató a Juancho Gómez?” Publicaciones Seleven Caracas
Diccionario Polar de Historia de Venezuela.
La tradición oral.

jueves, 2 de agosto de 2018

LOS YANKEES MUERTOS POR NUESTRA INDEPENDENCIA.







LOS YANKEES MUERTOS POR NUESTRA INDEPENDENCIA.
En días pasados, se cumplió un aniversario más de la muerte de un grupo de norteamericanos y europeos que habían acompañado al generalísimo Francisco de Miranda en su primera tentativa de rebelión en contra del imperio español. La enfemérides pasó sin un recuerdo, un discurso o siquiera una  ofrenda floral.  Se quiere tapar la realidad histórica con la indiferencia.
En efecto, el 21 de julio de 1806 en el Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello (hoy conocido como Castillo Libertador) fueron ejecutados en la horca, diez oficiales, extranjeros que habían sido capturados por las naves realistas frente a las costas de Ocumare (Edo. Aragua) cuando la flotilla de Miranda, fue interceptada por buques de la armada imperial y dos de los barcos revolucionarios fueron abordados y hechas presas sus tripulaciones.
Meses antes, Francisco de Miranda, prepara una invasión a Venezuela desde los Estados Unidos.  Tras una serie de reuniones con el presidente Thomas Jefferson y James Madison, secretario de Estado, logra la colaboración de la autoridad del puerto el coronel William Smith y consigue un buque con el empresario Samuel Ogden. También logra entusiasmar al empresario y marinero Thomas Lewis, a quien encarga de capitanear el barco.
 Miranda enrola a una tripulación de unos 200 hombres, casi todos yankees, contando con 40 cañones de diverso calibre, 1.500 fusiles, 6.000 lanzas, y abundantes municiones.  La expedición tenía 3 naves las goletas Bacchus y Bee (Baco y La Abeja) y  el Leander, la corbeta norteamericana donde ondea por primera vez en la historia el pabellón tricolor venezolano.
Así debió ser el "Leander"
El 27 de abril la expedición llegó frente a las costas de Ocumare, pero los servicios de inteligencia españoles ya habían advertido a las autoridades en Venezuela de la intentona, por lo cual dos naves realistas (el Argos y el Celoso) estaban esperándolos y luego de un corto combate capturaron a las dos goletas e hicieron huir al Leander con Miranda a bordo. Unos cincuenta marineros norteamericanos y otros europeos que formaban parte de la expedición fueron capturados, entre ellos británicos, un sueco y  un  polaco.
Dibujo de la época que recrea la captura del Bee y el
Bacchus. (Imaagen tomada del blog de Grisel
Lecuna García)
Dibujo de la época que representa la ejecución de los
compañeros de Miranda. (Imagen tomada del blog de Grisel
Lecuna García)
La mayoría de marineros fueron encarcelados y enviados a diversas fortalezas españolas pero tres meses después  en el Castillo de Puerto Cabello en acto público fueron ejecutados en la horca los oficiales comandante Thomas Donahue; capitanes James Gardner, Gustavus Burgudd (o Bergud) y Thomas Billopp; y tenientes Charles Johnson, Daniel Kemper, John Ferris, Miles L. Hall, Francis Farquarson y Paulo George.
La “historia oficial” o la “nueva versión de la historia” no quiere recordar a esos gringos.  En estos tiempos, cuando se llena el Panteón nacional de “restos simbólicos” y de personajes de dudosa reputación,  no se les hace a estos mártires de nuestra independencia un homenaje o un simple recordatorio.  Los historiadores “oficialistas” parecen olvidar o quizás hasta quisieran ocultar que ningún venezolano murió en la primera tentativa de Miranda  de darnos la independencia,  fueron unos norteamericanos en su mayoría, y otros cuantos europeos, los primeros que derramaron su sangre en la primera de las intentonas del generalísimo Francisco de Miranda.  Fueron norteamericanas las naves de Miranda y fueron norteamericanos quienes ayudaron a Miranda a preparar su expedición.  Esa es la verdad histórica, pese a que no le guste a algunos. 
La "Columna de los Americanos" monumento inaugurado el
4 de Julio de 1896, decretado por Joaquín Crespo.
Si existe en Puerto Cabello un monumento, un cóndor andino, con sus alas extendidas, a punto de volar hacia la libertad, remembranza del águila norteamericana, que recuerda a aquellos hombres que desde las frías aguas de Baltimore y Philadelphia vienieron al Caribe a dejar su vida por la independencia de un pueblo que hoy los olvida.  
Es de notar que el presidente Gral. Joaquín Crespo, a fines del siglo XIX,  en el momento de decretar el monumento de Puerto Cabello, decretó que los norteamericanos eran “próceres de la independencia de Venezuela”.
En Maracay también existe un monumento recordando a los héroes de Ocumare.

miércoles, 1 de agosto de 2018


LA TUMBA DEL GRAL. LEOPOLDO ORTEGA BARRETO: 
En la Iglesia Catedral de Valencia, a pocos metros del altar principal, se encuentra la lápida que identifica la tumba del general Leopoldo Ortega Barreto.  Es una de las pocas tumbas de la Catedral que ha superado los gustos y caprichos de cuanto obispo ha pasado por nuestra iglesia matriz, que han modificado el templo a su libre criterio, quitando y hasta eliminando las lápidas que distinguían el lugar de último descanso de muchos venezolanos ilustres.  Ortega es quizás el único militar venezolano del siglo XX que reposa en nuestra Catedral, ultima morada de muchos clérigos, pero pocos hombres ajenos la curia.  El otro militar es Atanasio (corregir) Girardot, pero este patriota es un personaje mucho más antiguo que Ortega, pues data de la época de la independencia…
La lápida que señala el lugar de descanso del Gral Leopoldo Ortega Baarreto en la Catedral de Valencia. El año señalado en la lápida está equivocado,ya que lo correcto es 1901.
Pero ¿Quién fue Leopoldo Ortega Barreto?  El general Ortega nació en el Baúl, estado Cojedes, en 1870, proviene de una familia de militares desde  la guerra de independencia, cuando su abuelo, el general Rafael Ortega fue un destacado oficial de José Antonio Páez.  Su familia siempre estuvo vinculada al llano, tierra de hombres bravos y de a caballo, pero desde muy temprano alternó su vida con Valencia, donde fundó familia y residían buena parte de sus parientes, los Barreto, en la famosa esquina de la Cruz Verde.   En la ciudad del Cabriales inició estudios de ingeniería en la incipiente  Universidad de Valencia, pero prematuramente los interrumpió al ser seducido por la llama de la política, llevado sus principios éticos y su conciencia civilista y apego a la legalidad.  Se incorporó a la “revolución legalista” de Joaquín Crespo que se rebelaba en contra el gobierno que violaba la constitución para tratar de perpetrase en el poder.  En los combates de la “legalista” el diestro jinete llanero recibe su bautismo de fuego y es conocido por su valor en combate, por lo que se le reconoce al joven la jerarquía de capitán. 
La esquina "Cruz Vede" donde residían los Barreto.
Años mas tarde, cuando con ocasión de las elecciones de 1897 se realiza la primera campaña electoral popular y moderna en Venezuela se incorpora activamente al Partido Nacionalista, el cual organiza y dirige en los estados Carabobo y Cojedes, junto con su cuñado el Dr. Eudoro López y sus parientes  los Barreto y los Lima.  Promueve y sostiene la candidatura de “El Mocho Hernández”, la cual cuenta con una enorme mayoría popular, prepara los primeros simulacros de votación para educar en materia electoral a aquella ciudadanía que jamás había votado,  organiza mítines, giras de propaganda y conferencias del candidato en Valencia, Puerto Cabello, Tinaco, San Carlos, etc., ganando las simpatías del electorado, pero el día de las elecciones, hombres armados afectos al oficialismo toman las urnas electorales, amenazan a los nacionalistas, les impiden votar, secuestran el proceso y cometen un fraude gigantesco, proclamando vencedor a Ignacio Andrade, candidato de el antiguo “legalista” Joaquín Crespo, quien ahora abandona sus principios y a su vez violenta la constitución y avala el fraude que en las elecciones que le burlan la victoria popular a José Manuel Hernández “El Mocho”. 
A los pocos días el gobierno encarcela a todos los dirigentes de la oposición, los cuales permanecen presos hasta enero, cuando son liberados.  Ante semejante fraude “El Mocho” escribe secretamente Ortega y otros sus partidarios para organizar una sublevación y viene a Valencia, para desde la capital del estado Carabobo iniciar su famosa “Revolución de Queipa” desde la antigua hacienda al sur de la ciudad.  Le toca a Leopoldo Ortega recibir al “Mocho” y llevarlo a caballo hasta la hacienda Queipa, en las inmediaciones de lo que hoy conocemos como “la vía a El Paíto.  Desde allí nuevamente Ortega se incorpora a la batalla, siempre al lado de “El Mocho”, participando siempre al frente de las tropas en los combates de Tinaquillo, el asalto al hato “Totumo Barretero” que fue lo que hoy llamamos una  “operación comando” en la que despojaron a las tropas del gobierno de gran cantidad de caballos, fusiles y hasta una ametralladora, novísima arma para aquellos tiempos.  Luego está presente en la famosa batalla de “la Mata Carmelera” donde muere el ex presidente Joaquín Crespo,  jefe de las tropas del gobierno y finalmente acompaña al “Mocho” en los combates de Churuguara y Yumare, cuando finalmente la “Revolución de Queipa” es derrotada y caen presos sus líderes.
En 1900, nuevamente cae preso “El Mocho Hernández”,  luego de alzarse contra la dictadura de Castro.  Entonces  el general Ortega junto a muchos venezolanos anticastristas se repliega a la Goajira colombiana. En Colombia se encuentra también el Gral. Rangel Garbiras, jefe de los nacionalistas del occidente de la república, quien por segunda vez  prepara acciones para invadir Venezuela y derrocar al dictador Castro. Simultáneamente en Colombia se libra una cruel guerra civil entre los conservadores (en el gobierno y enemigos del gobierno venezolano de Castro) y los liberales, con apoyo del dictador venezolano.


A la Goajira llega, para apoyar a Ortega Barreto el célebre Rafael de Nogales Méndez, quien años mas tarde sería héroe de la primera guerra mundial.
Cipriano Castro, a su vez, alista un ejército expedicionario y lo envía a Colombia por la Goajira, hacia Riohacha para destruir a los conspiradores venezolanos y tratar de apoyar una insurrección en contra del gobierno conservador colombiano.  En un desértico lugar de la Goajira colombiana denominado Carazúa, el 13 de Septiembre  de 1901 ocurre la cruenta batalla en la cual Leopoldo Ortega Barreto recibe un balazo de fusil en una de sus rodillas, la cual queda totalmente destrozada.  Herido y trasladado a la retaguardia los médicos quieren amputarle la pierna, a lo que el llanero obstinadamente se niega, pero la herida gangrena y muere el 7 de octubre. Cuentan que cuando los médicos pretendieron amputarle la pierna se negó y exclamó:  “Prefiero que digan ahí murió el general Ortega y no que digan ahí va el mocho Ortega.”. 
Al saberse en Valencia la muerte del general Ortega, tan lejos, fuera de su amada Venezuela, causa hondo pesar. Su parentela es muy querida y respetada en la ciudad.  Son los Ortega, los Barreto, los Lima, los López, gente muy respetada y apreciada.  Su esposa María Isabel Lima de Ortega junto a sus hijos Leopoldo, Carlos, Héctor, Luis, Ricardo, Luis Augusto y Anita desconsolados ni siquiera tienen un cuerpo que enterrar.  Años mas tarde, en 1903, se logra repatriar los restos del último general venezolano muerto en combate; son traídos a Valencia y velados en capilla ardiente en la Iglesia de San Francisco, para luego ser trasladados en hombros hasta la Santa Iglesia Catedral donde tienen su descanso definitivo, a pocos metros del altar mayor.
El lugar de la lápida, a 8 metros del Altar Mayor.
Para leer más del Gral. Leopoldo Ortega Barreto:
Galíndez, Luisa. “HISTORIA DE VALENCIA 1901-1950” (Extractos publicados en In-Formate Nro. 216, Marzo 1991
Lecuna, Vicente: “LA REVOLUCIÓN DE QUEIPA”. Tipografía Garrido, Caracas 1954
López, Victor José. “INFATIGABLES” Edit. Temple. Madrid 2017
Nogales Méndez, Rafael: “MEMORIAS”. Fund. Edit. El Perro y la Rana. Caracas 2007

jueves, 26 de julio de 2018

¿QUIEN CONSTRUYÓ LA CIUDAD UNIVERSITARIA? LA HISTORIA DEL CAMPUS DE BÁRBULA





¿QUIEN CONSTRUYÓ LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO?  LA HISTORIA DEL CAMPUS DE BÁRBULA.  La Universidad de Carabobo funciona en un monumental complejo urbanístico de unas doscientas hectáreas conocido como el “Campus de Bárbula” o “Ciudad Universitaria de Bárbula”, ahora bien, en los distintos foros de la web he visto ciertas discusiones sobre a quién se le debe la construcción de la Universidad de Carabobo.  En honor a la verdad histórica debemos distinguir: Una cosa es el decreto que crea la máxima casa de estudios carabobeña, que se le debe al presidente provisional Edgar Sanabria, en 1959 y otra cosa muy distinta es hablar de la construcción del campus de Bárbula donde funciona la casa de estudios.  Pues bien, lo que hoy conocemos como “ciudad universitaria” o “campus universitario” fue inaugurado como “Colonia Psiquiátrica de Bárbula” el 9 diciembre de 1951, en tiempos de la Junta de Gobierno de Marcos Pérez Jimenez, German Suarez Flamerich y Luis Felipe Llovera Páez, posteriores obras se construyeron  en 1955  tiempo de la presidencia del Cnel. Marcos Pérez Jimenez;   es decir siete años antes de que se decretara la U.C.

La colonia, considerada el mejor complejo de salud mental a nivel continental, consistía en una urbanización en forma de triángulo, con una amplia vialidad consistente en una avenida periférica y calles secundarias paralelas con redomas complementadas con abundante vegetación. Contaba con iglesia, teatro, residencia del director, y treinta pabellones de hospitalización, servicios y administración con capacidad para unos mil doscientos internos. La capilla y el teatro (hoy conocido como Anfiteatro Celis Pérez) fueron  colocados frente a la avenida, que representa la base del triángulo, con una ubicación estratégica para permitir un acceso rápido y directo desde la avenida principal. Todos los elementos utilizados de alta calidad, de manera que hoy en día, sesenta y cinco años después de construidos todavía se encuentran en perfectas condicione estructurales.  El teatro y la iglesia son  al estilo colonial venezolano: cubiertas inclinadas de caoba y teja criolla, ventanas enrejadas, corredores, arcadas de medio punto, en un entorno agreste, rodeado de abundante vegetación.
La iglesia y el teatro del complejo, hoy conocido como Anfiteatro Celis Pérez.
El teatro que se encuentra frente a la iglesia está emplazado en una gran extensión de área verde, en una nave cubierta a dos aguas en dos niveles y ordenado a partir de tres corredores.  Rodean este centro religioso y cultural la administración, los consultorios, los depósitos, las cocinas, los comedores, el lavadero y el hospital, en pabellones independientes de uno y dos pisos de altura. Era una estructura urbana autónoma, alejada de la ciudad, lo que era ideal para el tratamiento de los enfermos mentales, quienes estarían rodeados de naturaleza, aire puro, paz y tranquilidad. La mitad de la superficie del lote, unas 100 hectáreas, se destinó a las actividades agrícolas. Entre los espacios para la siembra, las actividades deportivas y otras al aire libre, el proyecto contaba con varios pabellones de hospitalización independientes, con los cuales se organizaron los pacientes de acuerdo con el nivel de la enfermedad, por sexo y por edades, y otros pabellones de servicios para la lavandería, la cocina, los talleres y garajes, la sala de fiestas, la morgue y residencias para personal médico, enfermero y obrero, zona residencial independiente y varios campos deportivos, así como el sector de cria de animales, todo esto  con el doble propósito de curar a los enfermos por medio de la laboraterapia y el autosustento. La Colonia Psiquiátrica de Bárbula fue en su momento la mejor instalación psiquiátrica de Latinoamérica y llegó a tratar a 30.000 pacientes a lo largo de su historia.  Luego del golpe de estado de 1958 comenzó la decadencia: por cuestiones demagógicas se permitieron las invasiones en espacios de la colonia, lo que llevó a la pérdida de los terrenos de cultivo y trabajo terapéutico y trajo la presencia de personas ajenas a la institución en detrimento del tratamiento de los pacientes. La administración fue decayendo, la burocracia, llegó al extremo de tener más empleados que pacientes,  la corrupción, las mafias sindicales de los partidos políticos, el abandono y maltrato a los pacientes, fueron destruyendo la extraordinaria obra asistencial.  Sucesivamente  tiempo le fueron entregados a la universidad pabellones y terrenos de la colonia, hasta que en los años setenta fueron entregadas en comodato por 50 años casi todas las instalaciones a la Universidad de Carabobo.  Pero honor a quien honor merece.  La obra es de los gobiernos de Marcos Pérez Jimenez, por cierto, el mismo gobierno que edificó la Ciudad Universitaria de la Universidad Central de Venezuela de Caracas.  En la foto, un momento histórico: 1955: El ministro de Sanidad y Asistencia Social deja inauguradas obras de la Colonia Psiquiátrica de Bárabula, hoy, Universidad de Carabobo.



LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY.



LA MUERTE DE FERRIAR, LOS HOSPITALES Y EL Dr. MURPHY. 

La semana pasada se conmemoró el 197 aniversario de la muerte de coronel Thomas Ilderton Ferriar.

En cuanto a Ferriar la historia generalmente incurre en dos errores: Primero la crónica y la costumbre popular  escriben el apellido como “Farriar”, cuando lo correcto es “Ferriar” como se ha señalado arriba.  Incluso en la nomenclatura de las calles de Valencia  se incurre en el error.  
La otra imprecisión es que  en los relatos históricos se dice que murió en la batalla de Carabobo el 24 de junio, pero eso no es cierto; su deceso no ocurre en el campo de batalla. En el momento mas álgido de la batalla, cuando los llaneros de Páez estaban en una situación comprometida, llegó en su apoyo el batallón de Cazadores Británicos, comandados por Ferriar, que rodilla en tierra recibió el grueso del ataque de los batallones realistas, sufriendo graves bajas.  Así resultó gravemente herido Ferriar, y sus segundos Devis y Scout caen muertos.  Les siguen sucesivamente otros quince oficiales abatidos por la acometida del batallón realista “Burgos”.  

Ferriar resultó gravemente herido, pero no murió en el día de la batalla, sino que fue trasladado a Valencia y hospitalizado en uno de los llamados “hospitales de sangre” instalados en la ciudad y  fallece el 17 de julio.  El gran número de heridos que dejó el combate obligó a establecer en nuestra ciudad cinco hospitales de sangre, es decir, hospitales improvisados para atender a los heridos de un combate,  ubicados en la Casa de La Estrella, el Hospital de San Antonio de Padua, el Convento de San Buenaventura (la antigua facultad de derecho), la casa de los Celis y dos casas más de anchos corredores que se prestaban para la actividad médica. Estos hospitales, eran atendidos por algunos médicos venezolanos, entre quienes se menciona a Juan Manuel Manzo, Dionisio Bremont, Francisco Valbuena, José Eugenio Leiceaga, y Narciso Morales y por los médicos del Batallón de Cazadores Británicos, lo que también erróneamente se llama con el nombre genérico de “Legión Británica”.  

Estos hospitales estaban dirigidos por el Dr. Richard (Ricardo) Murphy (Cirujano Mayor del Ejército), un irlandés, graduado en Dublín, que aparte de galeno, también era militar y había combatido en algunas batallas bajo las ordenes de Urdaneta.   Luego de la batalla, el Dr. Murphy se residenció en Valencia, donde se casó con María de la Natividad Landaeta Codecido.  Posteriormente le fue reconocida la jerarquía de coronel del ejército por el Gral. Páez, del mismo modo  El Dr. José María Vargas le otorgó el carácter de miembro de la sociedad médica de Caracas. Años más tarde el Dr. Murphy se mudó a Puerto Cabello, donde tuvo una destacada labor en el tratamiento de los más pobres.  A su muerte, los pacientes agradecidos levantaron un monumento de mármol en el antiguo Hospital de Caridad de aquella ciudad.
Finalmente debemos aclarar otro dos errores en que frecuentemente se incurre, especialmente porque la gente confunde “británico” con “inglés”:  Las unidades llamadas “británicas” que vinieron a Venezuela, no estaban integrados exclusivamente por ingleses, mas bien, ingleses era lo que menos había en esos cuerpos; la mayor parte de sus miembros eran irlandeses, también había muchos escoceses, alemanes como Juan Uslar, quien también fundó familia en Valencia. 
El otro error es llamar  indistintamente con el nombre de “Legión Británica”; a los distintos cuerpos de voluntarios de las islas británicas. Irlanda y Alemania (Hannover) que lucharon en nuestra América.  Fueron varios los cuerpos de voluntarios que vinieron a participar en la guerra de independencia y apenas uno de ellos se llamó “Legión Británica”, nombre que duró muy poco.  Los otros cuerpos de voluntarios europeos fueron: “Cazadores Británicos”, Primero de Húsares, Segundo de Húsares, Húsares Rojos, Primero Venezolano de Rifles, Primero de Lanceros, Artillería y Segundo de Rifles Lanceros de Maceroni, Húsares, Artillería, Primero de Lanceros, Rifles, Infantería Ligera de Salabrietta y el Regimiento de Hibernia, Lanceros, Primero de Fusileros, Primero de Rifles, Segundo de Rifles, Infantería Ligera de Cundinamarca, Primero de Infantería Ligera y Húsares de la Guardia.  En total más de cinco mil guerreros irlandeses, escoceses, ingleses, alemanes y hasta italianos vinieron a luchar en nuestra independencia. 
Muchísimos murieron en estas tierras asolados por las enfermedades, el hambre y la guerra.  Muy pocos regresaron a Europa y algunos fundaron notables familias entre nosotros.
Algunas fuentes:
Díaz, Fabián de Jesús.  “La Jornada de Carabobo” artículo en la revista In-Formate, Nro. 184, Julio 1988. Valencia.
Nectario María, Hermano.  “Historia de Venezuela”. 1940
Diccionario Polar de Historia de Venezuela.

martes, 17 de julio de 2018

EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO



Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.
EL DERRUMBE DEL PUENTE MORILLO.
El seis de junio pasados, se cumplieron los 116 años de la caída  del Puente Morillo.  Este icónico puente, construido sobre el Río Cabriales, fue el primer puente sobre el río de nuestra ciudad.  Fue construido en los tiempos de la guerra de independencia, durante los años en los que el general realista Pablo Morillo gobernaba la provincia, (1819-1820).  Antes de la construcción de este puente, para llegar a Valencia desde el Este, es decir, desde Maracay, Caracas o Guacara, o hasta de San Blas, era necesario “vadear” el río, en uno de sus puntos mas llanos, ubicado mas al Sur del actual puente, en un lugar conocido entonces como “el Paso Real”, que accedía a la antigua Calle Real.  En una gestión muy provechosa para la Valencia colonial, el general Morillo realizó varias obras de importancia, tales como el empedrado de las calles, la construcción de un nuevo cementerio y el puente que hoy lleva su nombre, con la utilización de los prisioneros de guerra patriotas  como mano de obra. 
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
editada por nosotros.
Con el transcurso de los años el puente se fue deteriorando, sumida Venezuela en guerras civiles, con gobiernos cortos que gastaban la mayoría de sus presupuestos en apertrecharse para los conflictos intestinos, seguramente no había dinero para mantenimiento o reparaciones.  Así llega el año de 1902.  Un invierno particularmente severo ese año causó estragos en la ciudad.  La sede de la universidad sufrió severos daños en su techo, que quedó casi destruido y el día 6 de junio  la crecida del Cabriales arremetió sin piedad contra el puente que quedó casi totalmente derrumbado.  Hubo quienes en esos tiempos atribuyeron el deterioro del puente a la trepidación del paso del ferrocarril muy cerca, ya que con las vibraciones del suelo se resintieron sus bases.  Lo cierto es que era imposible pasar en coche.  Para paliar la situación, improvisadamente atravesaron un riel del tranvía y  por medio de esa delgada viga la gente podía pasar a píé, pero era muy peligroso: hasta algunas personas estuvieron a punto de morir al caer al río, como lo denunció la prensa local en esos días.  Es así como en  la sociedad “Mutua Beneficiencia” de San Blas dirige una comunicación al presidente  Cipriano Castro “El Restaurador” pidiéndole la reconstrucción del puente, en su tónica de “restaurar” las cosas.  Castro encarga ordena la reconstrucción, más que reparación del puente, encargándosela a Malussena, el famoso arquitecto que tantas obras dejó como legado de su capacidad profesional.  El presupuesto fue de Bs. 240.000, una cantidad exorbitante para la  época.  Aunque algunos opinaron que se debía hacer un puente de hierro, para poder extender el tranvía hasta San Blas, se decidió hacer una réplica exacta del puente dañado, en piedra y concreto.   
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902,
 editada por nosotros.
El 8 de diciembre de 1902, Castro visita a Valencia y coloca la primera piedra de la obra. Los obreros que acaban de terminar las reparaciones en la universidad, dirigidos por el maestro de obras don León Burgos son contratados para la obra encargada a Malussena.  Mientras se ejecutaba la construcción opinadores y adulantes sugirieron cambiar el nombre del puente por “Restauración”, “Restaurador”, “Castro” ó “Gomez”.  El primero de junio del año siguiente, luego de seis meses de arduo trabajo fue reinaugurado el puente, como una réplica exacta del anterior, según lo señala la autorizada historiadora Luisa Galíndez, a contrario de quienes dicen que Malussena le cambió el estilo.    En esos días, un grupo de adulantes del presidente Castro, integrantes del Concejo Municipal de Valencia,  habían propuesto renombrar al puente como “Puente Restaurador” como alabanza al dictador Castro y con ese nombre se reinauguró.  El presidente, megalómano incurable, dijo en el discurso de inauguración que “la naturaleza parece ponerse de acuerdo con mi revolución restauradora, porque destruye lo antiguo para que la revolución construya lo nuevo, lo moderno”.  Aún así, la gente apoyada por varios columnistas valencianos, no aceptó el nombre que trataba de imponer el Concejo Municipal y continuó llamando a su viejo puente “Morillo”.  Años mas tarde, ya en el siglo XXI ahora no un megalómano, sino un cleptómano que en mala hora condujo los destinos de nuestra ciudad, también trató de cambiar el tradicional nombre del puente, tratando de llamarlo “Puente de los Patriotas”, por los patriotas presos que trabajaron en su construcción, pero mas tarde que pronto el pueblo valenciano rechazó el cambio de nombre y el alcalde ladrón terminó preso y destituido. Las fotos, originalmente publicadas en “El Cojo Ilustrado” a principios de siglo, para la fecha de las reparaciones, en un formato muy pequeño, han sido editadas y ampliadas por nosotros.
Foto del puente Morillo publicada en "El Cojo Ilustrado" en 1902, editada por nosotros.

jueves, 12 de julio de 2018

LA HISTORIA DEL LICEO PEDRO GUAL DE VALENCIA.



LA HISTORIA DEL LICEO PEDRO GUAL.
El próximo 30 de Julio se cumplen 82 años de la creación del Liceo Pedro Gual.  Fue por decreto del entonces presidente de la república, el Gral. Eleazar López Contreras, el verdadero padre de la democracia venezolana, que se crea nuestro primer liceo carabobeño de la modernidad, según decreto del ejecutivo federal del 30 de julio de 1936.  Se le dio para su primera sede la antigua casa donde funcionó la Universidad de Valencia, frente a la Plaza Sucre, lo que hoy conocemos como la “facultad de Derecho”.  Su primer director fue el Br. José Gregorio Ponce Bello y el sub-director el Dr. Leopoldo Araujo.
En sus primeros tiempos, los estudios de bachillerato eran sólo de 4 años, apenas contando el liceo con alrededor de 300 alumnos.   Tuvo la novedad, para aquellos tiempos de ser el pionero en la educación mixta, es decir, hembras y varones estudiaban juntos por vez primera.  Ya para los años cuarenta, con una nueva organización tenía casi 400 alumnos: 3 secciones de primer año (120 estudiantes), 2 secciones de segundo (80 alumnos), una sección de tercero (80 alumnos) y una de cuarto con 40 alumnos.  En cuanto al segundo ciclo, que sería el quinto año había: Ciclo de Ciencias Físicas y Matemáticas: 16 alumnos, Ciencias Sociales: 12 alumnos, Ciclo de Ciencias Biológicas: 50 alumnos.  De esta población estudiantil 80 eran muchachas.  Tanto el primer como el segundo ciclo tenían sus clases prácticas de Anatomía, Botánica, Fisiología, Física, Química, Mineralogía y Dibujo.  Las prácticas de Química Biológica las veían los muchachos en el antiguo Hospital Civil de Valencia.
Pocos años más tarde, durante la presidencia  del Gral. Isaías Medina Angarita y como ministro de instrucción pública del Dr. Rafael Vegas se decreta la construcción de un moderno edificio para sede del instituto, a semejanza del “Fermín Toro” de Caracas, con un costo extraordinario para la época de un millón ochocientos mil bolívares, el cual sería edificado en Camoruco, en  unos terrenos donados por la sucesión de Antonio Guzmán Blanco a la Municipalidad de Valencia, conocidos como el “Parque Guzmán Blanco”.  Allí quedaba en el siglo XIX la suntuosa residencia del presidente Guzmán Blanco, que solía venir por temporadas  a Valencia.  Luego de la muerte de Guzmán la residencia y el parque donde estaba enclavada fueron quedando abandonados y en ruinas y en las primeras décadas de los treinta algunos deportistas fomentaron allí unas canchas deportivas.  Allí funcionaba el “Camoruco Tenis Club” y había otras canchas basket y un parque infantil.  La nueva edificación estaría dotada de holgadas dependencias, canchas, laboratorios, comedor, aulas, abundantes áreas verdes y hasta un teatro.  También se le incorporaron los más modernos equipos y material pedagógico.
Primera sede del Liceo Pedro Gual, frente a la Plaza Sucre, antigua sede de la Universidad de Valencia. 
Entre los primeros profesores del “Pedro Gual los cronistas recuerdan, además de “el poeta” Ponce Bello, a Agustín Hurtado Oliveros, en matemáticas, que luego se haría jurista y es el autor del libro de derecho romano que utilizamos casi todos los estudiantes de derecho.  También estaba el padre John, un curazoleño que hizo suya la tierra carabobeña, que daba clases de inglés y castellano. Así mismo señalan al Dr. Fabián de Jesús Díaz, famoso médico carabobeño. Igualmente el recordado profesor Dimas Segovia Chávez, quien ininterrumpidamente fue profesor de Química,  desde 1.947 hasta su jubilación en los setenta, conocido por ser fundador y director del Colegio Juan XXIII.  Jesús Berbín López, quien lo dirigiera por muchos años. Pedro José Mujica, el prof. Tabares, etc.
A mediados de la década de los cuarenta, las chicas estrenando el nuevo edificio del liceo.
Entre la nómina de profesores de los años cuarenta, quienes “estrenaron” el nuevo edificio de Camoruco en la Av. Bolívar están: El director Vásquez Fermín, y se mencionan entre los profesores a Pastor Rojas, Armando Alfonzo.  El director en los cincuenta era el profesor Oropeza.
Y de sus  primeros alumnos, de la época de la Plaza Sucre, se puede mencionar a Guillermo Mujica Sevilla, que llegó a ser médico eminente y cronista de Valencia, Alejandro “el policía” Izaguirre, ministro de relaciones interiores de C.A.P., Guido Groscors, también ministro en los tiempos de C.A.P., una bella muchacha llamada René Lozada, que con el tiempo sería la esposa se Renaldo (Renny) Ottolina.
 
A sus inicios en el “Pedro Gual” funcionaban una serie de asociaciones dependientes del liceo, tales como, el Centro Cultural, la República Liceísta, el Teatro del Liceo, la Asociación de Padres, Representantes, Alumnos y Profesores del Liceo y los deportes en general.  Estas asociaciones no eran meros entes de papel, sino instituciones que verdaderamente funcionaban, tanto es así que hasta en una oportunidad la directiva de “República Liceísta” fue recibida en audiencia por el ministro de instrucción pública para escuchar sus planteamientos.
Promoción de Humanidades de 1978 junto a la estatua del Dr. Pedro Gual.
Por años el “Pedro Gual” fue famoso por su rigurosidad académica, formando centenares de bachilleres que luego serían exitosos estudiantes universitarios y excelentes profesionales.  Firmes directores dirigieron con acierto por muchos años el quehacer en el liceo, imponiendo con carácter y justicia su autoridad en beneficio de la comunidad liceísta.  Pero los tiempos han cambiado, el país ha perdido la brújula….desde leyes alcahuetas  hasta el temor en autoridades a asumir responsabilidades en todos los ámbitos de la vida  han llegado también hasta nuestro liceo.  Hoy, quizás ni la estructura física ni el componente humano sea el mejor de todas sus épocas.  Llegará el día de recuperar el liceo y recuperar la República.
Promoción de Humanidades 1978 frente a la entrada del teatro del Liceo.